(Artículo publicado originalmente en
Zona
Negativa)
Starman
de James Robinson
Colección de 81 números más algún derivado,
disponible casi por completo a través de los
siguientes recopilatorios USA: Sins of the
father; Night and day; A wicked inclination;
Times past; Infernal Devices; To reach the
stars; Stars my Destination; A starry Knight;
Grand Guignol; Sons of the father.
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Jack Knight, un Héroe a su pesar |
El primer recopilatorio fue publicado en
castellano por Ediciones Zinco. Después
Dolmen Ediciones ha sacado dos nuevos tomos
pertenecientes a Night and day. Ahora la
serie pasará a disposición de Planeta que
aún no tiene programada su fecha de
publicación.
Starman es a James Robinson lo que
Swamp Thing a Alan Moore o Sandman
a Neil Gaiman. El uso de una franquicia
conocida, con multitud de revisitaciones más
o menos inconexas y no especialmente
exitosas, para gestar una obra totalmente
personal que, a la vez, integra la historia
previa con respeto y en un todo homogéneo.
La afirmación debería matizarse en el caso
de Swamp Thing. Cierto que esta
cabecera había albergado sólo a dos
variaciones del personaje y había dado a luz
a historias que por si solas ya han entrado
en la historia de los clásicos del género.
Pero Moore se permitió recrearla acogiendo
en ella, en su teoría del personaje, a todos
los primos que a la criatura de Wein y
Wrightson le habían salido allende de DC
(Man-Thing en Marvel, Heap en Eclipse, etc).
Gaiman a su vez hizo lo mismo con Sandman,
englobando, en su vasta historia sobre el
Señor del Sueño, a todos los portadores de
dicho nombre y a todo aquel personaje
relacionado con el universo onírico de DC.
Y le llegó el turno a Robinson, recién
salido de su loable y exitosa miniserie
Golden Age donde había tratado con los
personajes de los años cuarenta de DC. Ted
Knight, el Starman original, entre ellos.
Según el autor:
Empecé a buscar personajes que me
parecía poseían un potencial no explotado
dentro del DCU, y enseguida tuve la
impresión de que el potencial de Starman
nunca había sido explotado a fondo a pesar
de que siempre ha habido un Starman dentro
del Universo DC desde la década de los años
cuarenta.
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Shade, Uno de los mayores hallazgos
de Robinson |
Repasé las historias de la Edad de Oro
de Jack Burnley, el creador de Starman, y me
parecieron oscuras, misteriosas y llenas de
sombras. Había una atmósfera general de cine
negro o de terror que nunca ha vuelto a
estar presente en el mito de Starman desde
aquel entonces. Todo surgió de estos
elementos: quería trabajar con la clase de
personaje cuyas aventuras me gustaría leer,
lo cual significa este tipo muy joven y
despectivo, y mezclarlo con el Starman
original de la Edad de Oro. Ese fue mi
auténtico punto de partida.
Si hubo un fallo en las encarnaciones
anteriores de Starman, es que todas ellas
eran un poco como islas. Ninguna
interactuaba lo más mínimo con los demás
Starman. No había ningún gancho que las
anclase al universo DC, aparte del hecho de
que compartían el nombre con Ted Knight. En
este cómic habrá un sentido de linaje e
historia. Cada persona, viva o muerta, que
ha llevado el nombre de Starman, tendrá
alguna resonancia y significado en este
nuevo cómic.
Con estas intenciones en mente y mucha
ambición creativa, empezó nuestro autor su
trabajo en esta extensa obra.
A lo largo de sus ochenta números, más algún
derivado, muchos serán los elementos dignos
de mención que irán aflorando en la serie.
Sin duda demasiados como para que quepan en
una reseña de esta extensión que, por larga
que sea, se va a quedar corta. Es por esto
que me limitaré a dejar correr en cascada,
como en una lluvia de ideas, todo aquello
que resulta sugerente y destacable de esta
esplendida creación, sin voluntad de ofrecer
un análisis en profundidad que sólo en otro
formato tendría cabida y sentido.
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|
Ted Knight, El Starman de la edad de
oro |
Starman es un paseo por lo mejor del
Universo DC. Pasado, presente y futuro. No
sólo por los personajes que alguna vez
llegaron a enarbolar la bandera de ser
hombres de las estrellas, aunque
también. Las colecciones que, en el momento
de la publicación de Starman, estaban
destacando por su calidad, como Sandman
Mystery Theatre o Power of Shazam,
cruzan sus caminos con ella. Personajes en
desuso, como Elongated Man, Solomon Grundy o
Black Condor, reciben brillantes
interpretaciones de las manos de Robinson.
Otros, como Swamp Thing, merecidos y justos
homenajes. Desde filibusteros como Black
Pirate a indios renegados como Scalphunter,
pertenecientes a la extensa historia de
publicaciones de esta editorial, encuentran
su lugar en la colección de manera nada
forzada, sino plenamente coherente y,
además, potenciando y dando forma al relato
principal. Un extenso relato unitario, en la
línea de lo que hizo Morrison con Animal
Man, pero a un nivel mucho más ambicioso.
Incluso futuros y pasados probables reciben
el toque de Midas del genial escritor: Jor-El,
los Omega Men, la Legión de Superhéroes…
Starman es una historia de personajes
en tres dimensiones. Malvados de gustos
refinados, policías de todo tipo, ladrones
de banco reconvertidos, hombres de ciencia,
hombres de acción, pensadores, bohemios,
gente corriente. Y frikies, coleccionistas
de cachibaches, como el mismo protagonista
principal. Donde los héroes son
terriblemente humanos y los villanos
también. Con malos que no lo son tanto y
buenos que tampoco. Es, a este nivel, una
historia de redenciones y encuentros, de
degeneración y desengaño. Es, también por
eso, una historia de amores y amistades.
Algunas que se van forjando lentamente,
otras que se ven truncadas.
Es una historia sobre lo difícil y lo
sencillo que puede llegar a ser comportarse
como un héroe. Un héroe de verdad, sin pose
ni impostura. Simplemente dejándose llevar
por la necesidad de implicarse en los
problemas de los que tenemos al lado y nos
importan.
Es una historia sobre una de las mejores
ciudades imaginarias que habrase visto nunca
en un cómic: Opal City. Más por delante que
a la par de Gotham, Bette Noire, Terminal
City o cualquiera de las creaciones de
Peeters y Schuitten. Y es que Opal es telón
y protagonista, es un puzzle de ciudades y
una ciudad única. Es poesía y ciencia.
Heroísmo y perfidia. El amor de los amores
de la gente que la habitan. Sin duda, una
ciudad que enamora.
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Opal City, un lugar donde dejar
volar la imaginación |
Es una historia de experimentos narrativos
que, aunque no siempre acertados plenamente,
consiguen transmitir y profundizar en la
historia a partir de esos caminos de riesgo.
Un ejemplo podría ser ese vaivén temporal al
que nos vemos sometidos durante la saga de
Grand Guignol, en una adelante y
atrás alrededor de los mismos hechos según
diferentes puntos de vista.
Una historia hecha desde la implicación
artística de todos los que en ella
participan. Robinson, Goyer, Harris,
Snejbjerg dejan pedazos de si mismos en cada
página. Un Robinson más literario en la
primera fase de la obra, más natural en la
segunda. Un Harris que fue creciendo tanto
como artista durante ese proyecto y fue tal
la perfección a la quería llegar en cada
página como digno tributo a su sosías, Jack
Knight, que acabó dejando la obra al no
poder estar a la altura de las
circunstancias en una serie mensual. Un
Snejbjerg que, como Harris, empezó siendo
prometedor y acabo siendo un dibujante
completo y soberbio del que se ha publicado
demasiado poco desde el final de la serie.
Starman es, también y sobretodo, para ir
acabando la reseña y siendo consciente de
dejarme muchas cosas en el tintero, una
historia de padres e hijos. Sobre como los
primeros se proyectan en los segundos y
sobre como los segundos traducen lo que de
sus progenitores aprendieron en su propia
vida. Es por eso una historia de linaje. En
la que se vierten los desencuentros, los
choques y las diferencias que puntean una
relación que, finalmente, se descubre como
repleta de afecto y admiración. Un afecto y
admiración que cuestan de expresar, incluso
de percibir, en un día a día que se nos
lleva y nos impide cuidar aquello que más
nos importa. Que cuestan de expresar,
incluso de percibir, en el mar caprichoso e
intempestivo de nuestro sentir interior.
Starman es a Robinson lo que Swamp
Thing a Moore o Sandman a Gaiman.
Un 8′5 sobre 10, frente a las de Moore o
Gaiman que se mueven por encima del nueve.
Pero una de las mejores historias que ha
dado el cómic en estos últimos años.
Toni Boix