super

 

Número 7: UNA JUGADA MAESTRA

METROPOLIS. HACE 12 AÑOS.

El pequeño Winslow Scott miraba el escaparate de una de aquellas tiendas de juguetes que tanto le gustaban de la enorme avenida central de Metrópolis.

-Venga, muchacho.- Le sonrió su padre mientras posaba su mano en uno de sus pequeños hombros.
-Papá, ¿Sabes que voy a ser de mayor?- Preguntaba Winslow con una mirada de ilusión.
-No lo sé, hijo. Dímelo.-
-Seré juguetero. El mejor juguetero que exista.-
-Muy bien.- Sonrió el padre de Winslow.- Seguro que lo serás.-

Entonces un hombre se paró delante de ellos dos.

-¿Tú?- Se asombró el padre de Winslow.
-Mannheim te manda recuerdos.- Dijo el hombre antes de sacar una pistola y disparar cinco veces contra el señor Scott.

Se desplomó y empezó a sangrar, creando un charco rojizo a su alrededor.

-¡NO! ¡Papá!- Gritó Winslow Scott tras acercarse a su padre y abrazarse a él. Lloraba amargamente su perdida. En sus ojos había un ápice de amargura y de sed de venganza.

METROPOLIS. HOY

Un edificio en llamas. Un incendio salvaje que ni el cuerpo de Bomberos pudo controlar. Un par de niños atrapados dentro del edificio. Una madre que grita por que alguien les rescate. Ese alguien está por llegar.

A una velocidad supersónica, caía en picado y entraba en el edificio y sacaba como un ángel guardián a los dos niños: una niñita de ocho años y un niño de seis.

-Estamos volando. Estamos volando.- Musitaba asustada la niñita.
-Tranquila.- Sonrió Superman, el salvador de aquellos chicos.- Agárrate fuerte.-
-No tengo miedo.- Explicó la niña.-Bueno... Sólo un poco.-

Superman descendió poco a poco hasta posarse en el suelo muy suavemente.

-Mamá, mamá, Superman me ha salvado.- Dijo la niña tras correr, junto a su hermanito, a los brazos de su madre.
-Tranquila, hija mía, tranquila...- les abrazó.- Gracias, Superman. Gracias...

Superman sonrió.

-¡Alto ahí, Superman!- Gritó un agente de policía.- Te vendrás con nosotros. Tenemos muchas preguntas que hacerte.-
-¡No!- Gritó el padre de los niños.- Venga, hombre. Ha salvado a mis hijos.-
-Es un supuesto asesino. Apártese. Le vamos a detener.-
-Tendrá que pasar por encima de mí.- Dijo el hombre.
-Y de mí.- Dijo otro
-Y de mí.-
-Y también de mí.-

-No lo hagan.- Dijo Superman.- No puedo dejar que se arriesguen por mí.-
-Nunca nos hemos creído lo que dice la televisión, Superman.- Explicó la madre de los niños.-Incluso antes de lo de esta noche. Sabemos lo que la ciudad le debe a usted. Es un héroe.-
-Gracias.- Dijo Superman antes de alzar el vuelo.- Gracias a todos. Su valor da esperanza para hacer lo correcto.-

Y una vez más, se perdió en la noche.

-Otra noticia espectacular.- Expresó Chloe Sullivan.
-Y que lo diga, señorita Sullivan.- Secundó Chris Demetral.-Pero me temo que a mister Taylor no le va a gustar. Recuerde que le sacó de esta investigación sobre Superman.-
-¿Y? La ciudad merece saber de esto.- Dijo Chloe.- Aunque tenga que perder mi empleo.-

PARQUE FLEISCHER.
A 8 MANZANAS DEL EDIFICIO LUTHOR. AL DIA SIGUIENTE

Era una fría mañana de invierno. No obstante, La ceremonia de entrega de la llave de la ciudad a Bruno Mannheim iba a seguir según lo planeado.

Hacía unos minutos que el alcalde Gerard Chistophert había llegado al lugar del evento.

-¿Desde cuando se le da a un mafioso la llave de una ciudad?- Dijo Lois a su compañero, Clark Kent.
-Lois, aunque te molesté mucho, no hay pruebas suficientes para demostrar que Bruno Mannheim es un capo mafioso.- Explicó Clark.- Tarde o temprano se descubrirá él solo. Mientras tanto, aguantaremos el tipo.-

Bruno Mannheim subió al escenario donde iba a recibir esa llave.

El alcalde Chistophert termino su discurso. Un discurso muy escueto y le entregó la enorme llave de la ciudad al Mannheim.

Clark oyó un zumbido leve. Un zumbido de motores tal vez, de motores pequeños.

-Miren.- Se oyó.- ¡Son aviones de juguete teledirigidos.-
-¡Que ocurrente!-

Aquellos aviones dieron piruetas sobre las cabezas del publico y de pronto... Una ráfaga de balas provenientes de los tres aviones se dirigieron al escenario.

Mannheim se tiró al suelo y se intento cubrir por el atril que había cerca de él. El alcalde huía a todo correr de allí.

-¡Dios santo!- Exclamó Lois.- ¿Has visto eso, Smallville? ¿Clark? ¿Dónde se ha metido ese granjero de Kansas?-

Aquellos aviones dieron otro giro. Estaban dispuestos a volver a disparar. En eses preciso momento, una estela violeta se dirigía al rescate. ¡Superman había llegado!
El hombre del mañana miró fijamente a los tres avioncitos de juguete. Las balas rebotaban en su pecho.
Quemó una de las alas del avión más cercano con su visión calorífica, haciendo que cayese en picado.
Raudo como de costumbre, aplastó uno de aquellos aviones con sus manos y luego al otro.

-Asunto resuelto.- Dijo Superman tras acercarse a Mannheim y ayudarle a levantarse del suelo.- ¿Está usted bien?-
-Sí... ahora sí.- Respondió Mannheim.
-¿Sabe quien pudo atentar así contra usted?- Preguntó Superman
-¿Contra mí?-
-Sí, esos aviones apuntaban a usted.-
-¡No tengo ni idea de quien puede usar esas niñerías para asesinarme!- Gritó encolerizado Mannheim.
-Niñerías o no, estuvieron apunto de matarle.- Explicó el hombre de acero.- Ándese con ojo.-

Y entonces... Despegó a toda velocidad perdiéndose en el cielo.

A SIETE METROS DE ALLÍ...

El Juguetero miraba aquella escena de su frustrado intento de asesinato escondido debajo de un sombrero de ala ancha y una gabardina.

-Tendré que pensar algo para entretener a Superman si quiero tener éxito.- Musitó mientras se marchaba del lugar.

DAILY PLANET

Jimmy Olsen buscaba medio Sándwich que le sobro hace dos días en uno de sus cajones, pues aquel mes el joven fotógrafo iba muy justo.

-¡Maldito Sándwich!- Farfullaba.- ¿Dónde lo habré metido?-
-Disculpa, ¿Sabes donde está Lois Lane? Ya sabes, la periodista.- Preguntó una voz femenina.
-Ahora mismo no está.- Respondió Jimmy sin mirar a quien preguntaba.- ¿Quiere que le dejé algún mensaje?-
-Sí, dile que su hermana Lucy ha venido a verla.- Dijo la voz.

Jimmy levantó la vista y vio a una chica de unos 19 años, con ropas anchas y la cara más angelical que Jimmy Olsen vio en su corta vida.

-Eh... Ah... Sí, creo que se lo podré decir.- Dijo con dificultad Jimmy.
-Tú no eres un buen orador ¿No es así?- Bromeó Lucy.
-Soy James Olsen, pero mis amigos me llaman Jimmy.- Se presentó el reportero grafico.- Tú me puedes llamar Jimmy.
-Y yo Lucy Lane, Jimmy.- Le estrechó la mano.
-Oye, Lucy, tal vez te parezca que soy un atrevido pero... ¿Te apetecería tomar algo conmigo cuando termine el trabajo? Salgo a las nueve.-
-Tienes razón: Eres un atrevido.- Respondió Lucy con una amplia sonrisa.

Lois llegó entonces a la redacción seguida de Clark.

-¡Lucy! ¿Qué haces aquí?-
-¿Qué hay, hermanita?- Saludó Lucy.- ¿No te alegras de verme?-
-Lucy Lane, Te doy un minuto para que me digas que haces aquí.- Dijo con severidad Lois.
-Me he ido de casa.- Respondió Lucy mirando al escritorio de Lois.
-¿Otra vez?-
-¿Se fue de casa otras veces? ¡Vaya!- Comentó Clark.
-¡Callate, Clark!- Rugió Lois.- ¿Tú estás mal de la cabeza? ¡Dios! ¡Claro que lo estás!-
-¡Hey, calma! Que me empiezas a recordar a papá.- Confesó Lucy con cierto atrevimiento.- No quiero que también mi hermana me trate como a una criá.-
-¡Eres una cría! ¿Y esta vez por qué fue?-
-Porque no aguanto a nuestro padre más. Es un intransigente. Siempre nos trata como si fuéramos soldaditos de plomo suyos.-
-¿Y te has venido desde Atlanta hasta aquí solo por una estúpida riña vuestra?-
-¿No me escuchas? ¡Se acabó vivir con él y con mamá!-
-¿Y donde esperas vivir?-
-Contigo.- Sonrió Lucy.
-¡Ni hablar!- Dijo con rotundidad Lois.
-¡Venga, Lois! ¡Soy tu hermana pequeña!- Lucy hizo morritos a Lois.-¡Por favor! Tú no serías capaz de dejarme en la cuneta. ¿Verdad?-
-¡Oh, cielo santo! ¡Odio cuando haces eso!... Muy bien, te quedas conmigo... Pero voy a llamar a papá y mamá y hablaremos los cuatro.-
-¡Gracias, Lois!- Lucy abrazó a su hermana.- ¡Eres la mejor!-
-Ya, seguro que sí.- Dijo Lois con sarcasmo.

CALLE 21 CON LA PRIMERA. A LA TARDE SIGUIENTE.

Clark Kent no hubiera cambiado por nada del mundo aquel momento. Tomar un café con Lana Lang, su buena amiga.

-¡Deja de mirarme así!- Se quejó Lana.
-¿Cómo?-
-Como lo haces. Me da la sensación de que me estas mirando con tus rayos X- Explicó Lana.
-Me alegra estar aquí contigo, Lana.- Confesó Clark.
-¿De verdad?-
-Claro.- Sonrió él.

Un grito. Clark oyó un grito y alguien que pedía auxilio.

-¿Qué sucede?- Se interesó Lana.
-Me necesitan.- Explicó Clark.
-Pues corre.- Susurró Lana.- Este parece un trabajo para Superman, tú ya me entiendes.-
-Gracias.- Le guiñó el ojo Clark y se dirigió corriendo al baño.

Como un cometa violeta, Superman sobrevoló por las calles hasta llegar a 3 millas de allí.

-¡No es posible!- Se asombró el hombre de acero al ver un enorme osito de peluche de cuatro metros destrozando a su paso.- Ayer los aviones y hoy esto...-

El hombre de acero descendió justo a cuatro pasos del enorme oso de peluche y se lanzó sobre él, golpeándole con violencia.

-Te quiero mucho.- Dijo el oso tras expulsar una llamarada de fuego por la boca, dejando a Superman algo aturdido.

Enfurecido, el hombre del mañana giró a gran velocidad alrededor del oso de cuatro metros, creando un tornado que dejó atrapado a su enemigo y que lo lanzó al aire, momento que aprovechó Superman para empujarlo a la estratosfera y perdiendose de vista.

-¡Estoy harto de estos juegos!- Pensó Superman mientras se marchaba volando de allí.

DAILY STAR

-¿Estamos locos?- Ladraba a la redacción George Taylor, Editor jefe del Star, levantando un ejemplar de su diario.- ¿Desde cuando “Batman: ¿Alien o Demonio?” es el titular de primera plana del Star? ¡Que alguien me explique eso!-

Un silencio sepultó el lugar.

-¡Mirad por la ventana!- Siguió su sermón Taylor.- En esta bendita ciudad pasan grandes cosas que interesan, suficientes como para saber que no tenemos que echar mano de los chismes de Gotham y su justiciero nocturno! ¡No somos un periodicucho sensacionalista con el que se puede envolver el pescado! ¡Esto es el Star y lleva en pie desde 1938! ¡Maldita sea! ¡Nunca nos hemos hecho eco de bobadas como estas!-

En ese preciso momento, Chloe Sullivan entró en la redacción con paso ágil.

-¡Sullivan!- Rugió el editor jefe del Star.- ¡A mi despacho! ¡Quiero hablar contigo ahora mismo!-

Chloe siguió a George hasta su despacho y le miró preocupada. Pensaba que su editor tal vez sabia que, en secreto, seguía investigando lo de Superman.

-Chloe, estuve pensando lo que hablamos hace un mes sobre Superman y esa gran exclusiva que querías hacer y... Bueno, creo que tengo algo mejor para ti. ¿Te apetecería entrevistar a Bruce Wayne?-Preguntó Taylor.
-¿Qué?-
-Sí, veras, hemos recibido un chivatazo de que Wayne visitara Metrópolis dentro de dos semanas y creo que tú eres la persona más indicada para entrevistarle. Consígueme esa entrevista y ya hablaremos de lo de Superman.-
-Eh... En fin... Gracias, George.-
-Ahora, puedes irte... Pero antes abre la puerta de par en par un momento.- Pidió el editor.

Chloe lo hizo.

-¡Y que sea la ultima vez que me desobedeces, Sullivan! ¡Aquí se trabaja, no se viene para hacer vida social! ¿Está claro?- Rugió George Taylor, haciendo su papel de ogro para ser respetado.
-Sí, Mr Taylor.- Sonrió levemente Chloe.

MIENTRAS TANTO, EN UNA FABRICA A LAS AFUERAS.

-¿Dónde estoy?- Preguntó un aturdido Bruno Mannheim que se encontraba atado y a oscuras.- ¿Hay alguien ahí?-
-Bruno, Bruno, Bruno...- Se oyó una voz aguda y burlona.- ¿No te acuerdas? Estabas en tu yate cuando abriste esa caja de sorpresas con un potente somnífero y te traje aquí a jugar conmigo ¿Acaso tienes miedo? Solo los niños tienen miedo.-
-¿Quién eres?-
-Un Juguetero. El mejor juguetero que existe.- Un hombre de 1,60, vestido con un chaleco blanco, una camisa negra y una pajarita roja encendió las luces. Su cara estaba ocultada por una cara de muñeco de porcelana enorme con una sonrisa entre siniestra y alegre.- ¿Sabes cuantos años he estado planeando este momento? Casi diez años.-
-Oye, Podemos llegar a un acuerdo. Tengo dinero. Tengo influencias... Solo pide lo que quieres y te lo daré.- Dijo Mannheim.
-¿De verdad?- Rió el Juguetero.-¿crees acaso que eso me puede ayudar? ¿Puede ese dinero tuyo pagarme un nuevo padre? ¿Pueden tus influencias arreglar un pasado marcado por la desgracia? Lo dudo mucho.-

El Juguetero tomó control remoto y apretó un botón y detrás de una puerta mecánica salieron cuatro soldado de plomo de tamaño natural.

-¿Una ultima voluntad?- Preguntó burlón el Juguetero.

El techo se desprendió y como un Titán apareció Superman.
-¿Superman?- Se extrañó el Juguetero.- ¿Cómo...?-
-Supe que secuestraste a Mannheim y fue sencillo seguirte el rastro.- Explicó Superman.- Ahora, dejalo ya y entregate sin resistirte.-
-¡Tú no sabes lo que he tenido que sufrir!- Gritó el menudo personajillo.-¡He pasado de un orfanato a otro, como el juguete viejo que nadie quería!-
-Eso no justifica el asesinato.- Expuso el hombre del mañana.-Dejale libre.-
-¿Quieres a Mannheim? ¡Muy bien! Sé cuando estoy vencido- Dijo el Juguetero tras lanzarle una muñeca al hombre de acero.- Pero antes llevate esto como un obsequio.-

Superman lo sujetó entre sus manos y miró la muñeca.

-Mamá.- Dijo la muñequita tras soltar una descarga de luz que dejo ciego al hombre de acero durante un minuto.

Después, el Juguetero había huido.

Fundió los rifles de los soldados de plomo con su visión calorífica y desató a Mannheim.

-Salga de aquí.- Le ordenó a Bruno Mannheim.- Yo me encargare de su captor.-

El hombre del mañana recorrió los diferentes pasillos de aquella fabrica abandonada, siguiendo el sonido de los pasos del Juguetero, que corría dirección a una salida de incendios cercana.

-¡Alto!- Gritó Superman tras alcanzar al Juguetero y sujetarle por los brazos.- ¡Estoy más que harto de tus juegos!-
-Es mi trabajo, Superman. Soy un juguetero.- Dijo antes de desmontarse en las manos de Superman. Era un señuelo. Solo un muñeco más.

DAILY PLANET. AL DÍA SIGUIENTE

Clark llegó al Planet a la hora de costumbre.

-¡Hey, Smallville! ¿Has oído la noticia del día?- Le preguntó Lois.
-¿Cuál noticia?- Se interesó Clark.
-Bruno Mannheim confesó todos sus crímenes. Puede pasar los próximos 20 años entre rejas.-
-¿En serio?-
-Sí. Al parecer, tenías razón. Tarde o temprano tenía que caer.-
-Parece que necesito que un criminal empedernido tome el buen camino para conseguir que estés de acuerdo en algo conmigo, Lois. Debería ocurrir más a menudo.
-Sí, claro... sólo tienes que encontrar a Superman a ver si él quiere ayudarte a convencerlos.-
-Quizá lo haga.-
-Pues buena suerte. La necesitaras.- Dijo Lois dando por terminada la conversación.


EPILOGO: UNA SEMANA DESPUÉS.

Una niña rubita miraba el escaparate de una de aquellas tiendas de juguetes de la enorme avenida central de Metrópolis. Sus pequeños ojitos se habían posado en una linda muñeca.

-¿Te gusta?- Preguntó un hombre de 1,60, vestido con un chaleco blanco, una camisa negra y una pajarita roja.
-Eh... Sí, señor.-Respondió la niña.
-No temas.- Dijo él tras sacar una muñeca idéntica a la del escaparate.- No te quiero hacer daño.-
-¿Para mí?- Se asombró la niña.- ¡Gracias!-
-De nada, pequeña.- El hombre se giró y camino lejos de la niñita.
-¡Señor! ¿Es usted Santa Claus?- Preguntó la niña.
-No, querida mía. Soy solo un juguetero.- Respondió con una sonrisa él tras perderse entre la gente.

Y EN EL PROXIMO NUMERO:
Cierto murciélago sobrevolará Metrópolis
(Yo que tu no me lo perdía)