-PARTE SEGUNDA DE CUATRO-,

por GONZALO ÁLVAREZ-ALIJA

SALON DE ACTOS “LIONEL LUTHOR”, EDIFICIO LUTHOR

La música, el bullicio ligero de los invitados... Aquella era la fiesta que a Luthor le gustaba.

Lex llegó con su guapísima acompañante y, tres pasos atrás, a su guardaespaldas y a su alrededor varios periodistas.

-Lex.- Le llamó uno de los periodistas.- ¿Quién es su acompañante? ¿Es su prometida?-
-La bella dama que me acompaña esta noche es Jennifer Kreuk y no, no es mi prometida.-
-¿Qué siente al saber que será nombrado hombre del año de Metrópolis?- Preguntó una reportera poniéndole una grabadora delante a Luthor.
-Imagíneselo.- Sonrió Lex.- Para mí es un gran orgullo.-
-Se rumorea que ha hecho reformas en las plantillas de varias de sus empresas tecnológicas para, según se sabe, conseguir un mayor rendimiento.- Expuso otro periodista.-Algunos dicen que muchos de esos despidos son injustos ¿qué tiene que decir al respecto?-
-¿En serio se traga esas cosas?- Le miró Lex.- Sinceramente, las reducciones de plantilla nos hacen quitar el pan de la boca de mucha gente, lo reconozco, pero todos los despidos que Lexcorp hace, son despidos justificados y meditados de antemano. No tomamos ninguna decisión a la ligera.-

Los ojos de Lois Lane se clavaron en Lex y soltó su pregunta rauda y veloz.

-¿No le parece raro que Bruce Wayne, uno de sus amigos y socios económicos en Gotham no este hoy aquí?-
-Los asuntos del señor Wayne no son de mi incumbencia, Señorita Lane.- Respondió categóricamente Lex.- Y creo que todos sabemos lo oscura que es su vida privada. Si no ven aquí a Bruce Wayne será porque tenía otros asuntos que atender.-
-Señor Luthor.- Dijo un reportero del Star.- se rumorea que la muerte de su padre, Lionel Luthor, fue un asesinato y que puede que usted estuviera detrás de todo ¿Qué tiene eso de cierto?-

Lex se quedó quieto, mirando con gesto de indignación a aquel reportero.

-La muerte de mi padre me afectó mucho.- Dijo con voz severa.-Estuve dos días llorando por él. No consiento que usted, por muy representante de los medios de comunicación que sea, empañe ni mi buen nombre ni el de mi difunto padre con calumnias.-

Ottis se acercó a los periodistas.

-Me temo que Mister Luthor no tiene ganas de más preguntas, chicos.- Dijo.
Al otro lado del salón, estaban Perry White y Jimmy Olsen, vestidos de Smoking. Perry daba profundas caladas a su puro y Jimmy cargaba su cámara de fotos con un nuevo carrete.

-¿Has visto, chaval?- Preguntó White a Jimmy.- Hace unos años las empresas de Lionel Luthor eran importantes pero ahora, en manos de su hijo Lex, el apellido Luthor resuena con más fuerza aun.-
-Sí ya, maravilloso.- Respondió Jimmy tras cerrar la tapa del compartimiento del carrete de su cámara.- Pensara que soy un maleducado, jefe, pero ahora mismo me encantaría estar en una hamburguesería sentado con mi novia en vez de hacer fotos a un grupo de gente vestida de pingüinos.-
-Aunque no lo creas, te entiendo perfectamente, Olsen.- Confesó Perry tras expulsar por la boca el humo de su puro.- Cuando era como tú deseaba vivir mi vida con tranquilidad, pero cuando llegues a mi edad sabrás que estar en el lugar que menos te gusta puede traerte muchas sorpresas.-

Justo en ese momento, Lex, acompañado de Jennifer y de su guardaespaldas Ottis, se acercó a Perry.

-Señor White.- Sonrió Lex.- Me alegra tanto verle hoy aquí. Mi padre siempre me habló muy bien de usted.-

Perry estrecho la mano a Luthor.

-Tenía ganas de poder estrechar la mano del hombre más poderoso de Metrópolis, Mister Luthor.- Dijo Perry.
-Por favor, señor White... Llamame Lex y le imploró que no me doré la píldora.- Pidió Lex.- No creo que en su posición de editor jefe del Planet sea algo lógico. Debería ser un tanto imparcial. ¿No sé si me entiende? .-
- Sí, Lo entiendo. Por cierto, Lex, ¿Conocé a Jimmy Olsen?.- Presentó Perry al fotógrafo.
-No, pero si conozco sus fotos. Son increíbles.- Lex estrecho la mano a Jimmy.
-Gracias, Mister Luthor.- Respondió Jimmy.- Viniendo de usted es todo un elogió.-

Del centro del Salón surgió Henry Boring, Director del orfanato de Metrópolis.

-Por favor, si me prestan atención un momento... -Gritó a la sala.- No quiero dejar de aprovechar la ocasión para agradecer a nuestro anfitrión esta velada. Pues son sus esfuerzos beneficios los que mantienen abierto el orfanato de Metrópolis después de la horrible crisis vivida en él. Sólo quiero decir que es en estos momentos cuando descubrimos quienes son nuestros amigos... Y yo sé que Lex Luthor es un amigo, por eso hemos decidido bautizar al orfanato con el nombre de Orfanato Lex Luthor.-

Una oleada de aplausos envolvió el salón y en los labios de Lex se dibujo una sonrisa. Una siniestra sonrisa.

GRANJA DE LOS KENT. SMALVILLE, KANSAS 

El saloncito de los Kent transmitía calor de hogar, tal vez amor. Por este motivo, Clark siempre sentía una atípica sensación de seguridad. Oler esos campos, ver aquel cielo de Kansas... Le hacía ser... Aun mejor.

-Bueno, Clark.- Sonrió Martha Kent.- ¿Has venido por algún motivo en especial?
-No sé si decir que es especial, pero sí que hay algo que me trae aquí.- Confesó Clark
-Dínoslo, hijo.- Le animó Jonathan.- Siempre sabes que puedes confiar en nosotros.-
-Es que... a pesar de todo lo bueno que pudiera hacer... Me siento fuera de lugar... como si pudiera ser algo más que un ciudadano... No sé si me entendéis.-
-Creo que sí.- Dijo Martha.-Y siempre hemos sido conscientes de tu posible destino.-
-¿Mi posible destino?- Preguntó Clark.
-Sí, Clark. Tu tienes capacidades que te hacen ser digno de poder ayudar a mucha gente que lo necesita.- Explicó Jonathan.
-Lo sé, papá, y creo que por eso vine a veros hoy.- Sonrió Clark.- Creo que necesitare un disfraz con el que poder ayudar como me decís.-
-Pues habrá que ponerse manos a la obra.- Martha devolvió la sonrisa a su hijo.

Tras varias horas cosiendo. Martha terminó con satisfacción el uniforme que Clark deseaba.

-Le falta algo.- Murmuró Clark.-
-Creo tener la solución a ello.- Sonrió Jonathan Kent antes de sacar una caja metálica de su armario y abrirla.- Cuando te encontramos llevabas contigo varias cosas en tu cápsula espacial.-

Jonathan le enseñó a Clark una extraña S.

-Con esto y la manta que te envolvía podremos hacer algo.- Dijo Jonathan.
-Sí.- Asintió conforme Clark tras coger entre sus manos la S.

Tras otros retoques, Martha Kent terminó aquel traje. Clark se lo probó, se quitó las gafas y miró a sus padres.

-¿Y bien?- Preguntó.
-¡Maravilloso!- Dijeron al unísono los Kent.

PLAZA MORT WEISINGER. CENTRO DE METROPOLIS. 

El alcalde Gerard Chistophert cortó la cinta que inauguraba aquel Monorraíl que Lexcorp tardó cinco años en diseñar, realizar y preparar.
Un muro de aplausos sitió el evento.

-Este es un momento grande para una de las ciudades más grandes del mundo.- Dijo el alcalde.- Otra vez, Metrópolis da un paso de gigante en la evolución de su transporte con el Monorraíl. Un monorraíl que hará más cómoda, fácil y segura la vida de nuestros ciudadanos.-
-¿Soy yo o este alcalde es el más pedante que ha tenido la ciudad?- Musitó Jimmy a Lois.
-La verdad es que no es el mejor que tuvimos...- Respondió Lois- Pero no vinimos a criticar, Jimmy, vinimos a cubrir esta noticia.-
-A cualquier cosa le llamas noticia.-

A varios metros de allí, John Corbin miró tras sus gafas de sol con cristales azules y sacó de su bolsillo un pequeño artilugio con forma de detonador.

-Odio los trenes.- Dijo Jimmy tras sentarse en su asiento del Monorraíl.- Una vez me monté en uno y me puse malo de verdad. Vomite todo... Fue un asco.- Entonces sacó una chocolatina de su bolsillo y le ofreció a Lois. -¿Quieres? Tiene almendras.-

El Monorraíl comenzó a moverse, seguro por aquellas duras y firmes vías...

A 4 KILOMETROS DE ALLÍ... 

Un borrón morado sobre volaba a gran velocidad el cielo. Justo por encima de campos de trigo, carreteras y coches.

-¡Mira, mamá!- Gritó un niño asombrado en el interior de un coche.- ¡Un hombre volador!
-¡Jerry Siegel! ¿Cuántas veces te he dicho yo que no mientas?- Le riñó la madre.- ¡Los hombres voladores no existen!-
-Pero... Mamá... Es verdad.- Gimoteó el pequeño Jerry.
-¡Esta bien, jovencito! ¡Hoy te has quedado sin postre por mentiroso!- Sentenció la madre.

PLAZA MORT WEISINGER. CENTRO DE METROPOLIS.

Corbin apretó el botón rojo del detonador y un tramo de las vías saltó por los aires.

-¡Cielo santo!- Exclamó el conductor del vehículo justo antes de accionar los frenos, pero de poco serviría, pues el tramo dañado de las vías era muy cercano al Monorraíl.

En los vagones se sintió una gran sacudida que asustó y tiro al suelo a muchos de sus ocupantes.

-¿Qué diablos está pasando?- Preguntó Jimmy sin recibir respuesta alguna.

A 8 millas de allí, el borrón morado se movía más y más rápido, cortando el aire a su paso. Aquel borrón podía sentir los ruidos de los metales chocando y los gritos de nerviosismos de los pasajeros.

El Monorraíl llegó al tramo dañado y cayó al vacío. Un vacío de casi 10 metros.

-¡Vamos a morir!- Gritó histérico el alcalde.

De repente, como si de un milagro se tratase, el Monorraíl se quedó parado y descendió muy suavemente.

Todo allí dentro fueron dudas.

Fue entonces cuando, con un chirrido molestó, las puertas fueron abiertas por alguien.

-Están todos a salvo.- Dijo el imponente hombre con capa roja y traje azul oscuro con una extraña “S” en su pecho.- Pueden ir saliendo en orden.-

El salvador de aquellas personas miró a su derecha y se desvaneció, o eso pensó Lois.

John Corbin, observando aquella hazaña, salió corriendo de allí, pero justo entonces se le apareció aquel hombre delante de él.

-¿Va a algún sitio?- Preguntó con seriedad el salvador del monorraíl.

Corbin, nervioso, apuntó con su pistola al veloz individuo.

-No sé que #@%$ eres, pero te voy a mandar al otro barrio.- Sonrió maliciosamente Corbin.

El héroe aplastó el cañón de la pistola como si fuera de papel y acto seguido sujetó por las solapas de la cazadora a Corbin levantándole del suelo.

-¡Suelta, maldito monstruo!- Gritó John asustado.- ¡No eres humano!¡No eres humano!-

El peculiar hombre se alzó del suelo y voló con Corbin sujeto.

-Sargento.-
-¿Qué pasa, oficial Cain?- Preguntó el Sargento de policía George Reeves.
-El conductor dice haber visto a un hombre volador que rescató el Monorraíl.- Explicó el oficial Dean Cain.
-¿Un hombre volador?.- Rió el Sargento.- Ya me gustaría ver a ese supuesto hombre volador.-

Justo en ese momento, el campeón volador descendió y puso a Corbin en el suelo, delante de el sargento y el oficial.

-Sargento.- Dijo.- Aquí tiene al causante del “accidente” del Monorraíl. Métalo entre rejas.-
-Eh... Sí...Claro.- Respondió asombrado el Sargento Reeves.
-¡Vaya! Si es nuestro buen amigo John Corbin.- Sonrió el oficial Cain.- ¿Cuántas veces son ya, John? ¿Cinco? ¿Seis tal vez?-
-¡Callase de una vez!- Gruñó Corbin antes de ser esposado.

Una nube de periodistas se presentó delante del salvador del alcalde y muchos más ocupantes del vehículo.

-¿Cómo puede volar?- Preguntó uno de los periodistas.
-¿Qué significa esa “S”?- Preguntó uno más de los periodistas.
-¿Tiene alguna tipo de conexión con el justiciero de Gotham?- Preguntó otro.
-¿Se va a unir a la JSA?- Preguntó otro más.

El héroe miró furtivamente a Lois Lane y despegó con gran velocidad perdiéndose de vista al poco tiempo.

-¡Vaya!- Exclamó Jimmy Olsen.- ¡Eses tipo es superior!
-Yo no diría eso, Jimmy.- Sonrió Lois.

EDIFICIO LUTHOR. AL DÍA SIGUIENTE. 

Afuera había tormenta. Una tormenta ruidosa y espectral.
Lex salió entonces de la ducha, se puso su albornoz y se dirigió a su enorme salón recibidor donde la televisión se encontraba encendida.

-Buenos días, Metrópolis.- Saludo Angela Chen, la presentadora más conocida de Metrópolis.- La noticia de hoy es el rescate del monorraíl ayer por un peculiar individuo volador, pero, ¿Quién es él? El jefe de policía Jack Larson declaró que no es ningún tipo de agente especial del cuerpo de Metrópolis...-

Luthor miró atentamente la pantalla. Sus ojos estabán abiertos como platos. Se acercó a su intercomunicador y apretó el botón de conversación con su secretaria.

-Señorita Teschmacher, cancele todas mis citas de hoy.- Ordenó Lex.
-Señor, hoy a las 10 tiene una reunión con el grupo de investigaciones Loeb en Los Ángeles, y a las cuatro un almuerzo con el Alcalde Chistophert para hablar de lo de sus permisos de construcción.- Explicó la secretaria.
-¡Da lo mismo!- Rugió Lex.- Invéntese una excusa. Dígales que tengo compromisos previos.-
-Como guste.-
-Y dígale a Mercy que prepare la limusina.-

DAILY PLANET

-“¡Es SUPERMAN!”¡Me gusta esté titular, Lois!-Confesó Perry White mientras sujetaba una edición del Planet entre sus manos.-
-Me alegra que así sea, Jefe.- Sonrió Lois.
-Tanto es así que a partir de este mismo momento, querida mía, investigaras todo sobre ese chico volador.- Explicó Perry tras dejar el periódico en su mesa.
-Pero... Jefe, ¿Y mi articulo sobre la delincuencia juvenil en nuestra cuidad?-
-Terminalo si quieres.- Contestó Perry.- veras, Lois, tú eres una de las mejores reportera y escritora que he visto en mucho tiempo... Eres única en tu especie.-
-Me siento halagada.-
-Pues no lo estés.- La voz de Perry se llenó de severidad.- Porque espero de ti cosas por encima de las posibilidades de muchos de los que trabajan aquí. Si no me consigues noticias jugosas de ese “Superman” perderé la fe en ti... Y no te aconsejo que hagas que pierda mi fe pues suelo ser muy poco razonable si la pierdo ¿Me sigues?-

Lois asintió.

-Intentare no defraudarle, jefe.- Dijo Lois.
-No lo intentes, hazlo.- Respondió White.- Y ahora, a trabajar.

Lois salió del despacho de Perry y se dirigió a su mesa. Al llegar se sentó y continuó con su articulo sobre delincuencia juvenil.

-Lois.- Oyó que alguien la llamaba. Era Clark.- Me enteré de lo que os pasó ayer a Jimmy y a ti. ¿Cómo te encuentras?-
-¿Además de atareada, Smallville?- Respondió con sequedad la reportera.
-Debió ser toda una experiencia.-Sonrió Clark.- Con ese... ¿Como lo llamaban?-
-Superman.- Respondió Lois.
-¡Eso! ¿A que memo se le ocurriría un plagio tan claro a Nietzsche?-

Lois miró fijamente y con desden a Clark.

-A mi, Clark.- Respondió con voz fría.- Se me ocurrió a mí.-
-Oh...Bueno... Sí lo ves bien... Pues...-
Entonces, Lois se levantó, miró a su derecha, sonrió, se acercó a un hombre fuerte y moreno, le rodeó la cintura con sus brazos y le dio un tremendo beso de tornillo.

Clark se quedó asombrado.

-Veo que ya conoces a David.- Dijo con una sonrisa Jimmy a Clark.
-¿David?- Preguntó Clark.
-Sí , el novio de Lois. Llevan saliendo desde la universidad. Es profesor de instituto. Creo que da Literatura o algo así.- Explicó Jimmy.
-¡Vaya!- Susurró Clark.

CEMENTERIO DE METROPOLIS

El agua que la tormenta dejaba caer empapaba a Lex Luthor, pero parecía que no le importaba mucho.

-¿Señor? ¿Mister Luthor?- Le llamó su chofer Mercy.- Se está mojando, ¿De verdad que no quiere paraguas?-
-No lo necesitó, Mercy.- Respondió con una sonrisa arcaica.- Me gustan las tormentas.-

Lex se paró delante de una lapida durante cinco minutos, sin decir nada, solo mirándola.

-Hola, padre.- Dijo al fin.-Es curioso... Llevas varios años muerto y aun no sé cómo hablar contigo. Nunca lo supe... aunque tu tampoco lo supiste bien. Debe ser cosa de familia. Siempre me decías: “Lex, los débiles nunca llegan a nada siéndolo, pero los fuertes nunca descansan de ser fuertes, pues siempre habrá alguien que lo será más que ellos.” Era tu forma de decirme que debía valerme por mí solo... Y cuando te iba a demostrar que era fuerte te moriste solo para fastidiarme... Así eras tú. Siempre me decepcionaste. Te oigo aun riéndote de mí, insultándome, creyéndome un necio... Pero, ¿Sabes qué? Me alegro profundamente de que estés muerto.-

Un rayo iluminó la inscripción de la lapida:

LIONEL LUTHOR
ESPOSO, PADRE Y REY DE TODO LO QUE LE RODEABA


Entonces Lex depositó un ramo de rosas rojas en la tumba de Lionel Luthor.

-No volveré a verte.- Dijo Lex.- Y menos después de lo que ocurrirá.-

Un trueno resonó en la tormenta.

CONTINUARÁ...