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ULTIMATE ATOM #2: Pequeñas diferencias Parte 2de 2

-¡Oh, cielo santo!- Exclamó Paul.- ¿Ray? ¿Eres tú de verdad?-

-¡Pues claro que soy yo!- Gritó asustada Rachel Palmer.-¿Se puede saber que coño ha pasado conmigo? Soy pequeña. Soy pequeñísima. Soy... Soy... Campanilla. Eso es lo que soy.-

-Tranquila, Ray... Cálmate. Buscaremos una solución.- Dijo Paul.- Lo primero es... taparte... Estás desnuda.-

Ray se tapó con sus manos sus partes intimas. Estaba roja de vergüenza.

-La primera vez que Paul me ve desnuda y tiene que ser cuando tengo un problema tan grande.-Pensó Rachel.

Paul puso su mano cerca de Rachel.

-Sube.- Le sonrió Paul.

-¿Estás de coña? ¡Ni loca! Es una humillación.- Dijo la diminuta chica morena. -¡Venga ya! No te hagas ahora la digna.- -Solo porque mida una mierda no te creas que te puedes tomar libertades conmigo. Estoy muy enfadada.- Explicó Ray.- Muy, pero que muy enfadada.- -¿Crees que es momento para esto?.- Dijo Paul al advertir que se volvía a avecinar la misma discusión de costumbre. -Sí, Paul. Estoy harta de que interpongas tu trabajo a... a lo nuestro, sea lo que sea lo nuestro. Quiero que vayamos a cenar. Quiero ir al cine, aunque sea para ver una de esas horribles películas de Leslie Nielsen. Quiero vivir, Paul. Tengo 24 años y, ¡joder!, quiero pasármelo bien, porque nunca sabes cuando va a pasar algo que te lo mande todo al carajo, y....- -Sí, como esto por ejemplo. Si no solucionamos lo de tu tamaño, poco te vas a poder divertir.- Expuso Paul.- Así que sube a mi mano y deja que te ayude.- Rachel refunfuñó y subió a la mano de Paul. Era calida y en cierto modo cómoda, pero aquella sensación no dejaba de desagradar a la pequeña Rachel. Paul la llevó con cuidado hasta la mesa de su labo. Entre cerró la mano antes de entrar. -¡Cuidado!- Dijo Rachel. -Callate, ¿Quieres?- Indicó Paul. -Es tarde ya, Jan.- Dijo Paul a su compañera, que seguía haciendo pruebas con el contador Geiger.- Lo mejor es que lo dejemos por hoy.- -Pero... Ahora no es momento de dejarlo.- Dijo Janet.- Hemos avanzado mucho en nuestra investigación y...- -Son casi las cuatro de la mañana. Necesitamos descansar.- Explicó con una sonrisa Paul.- Hazme caso. Vete a casa.- Janet sonrió tenuemente. -Está bien.- Dijo Janet.- Pero estaré aquí a las siete.-Y diciendo esto, le dio un beso en la mejilla a Paul y salió del labo. -¡Será zorra!- Gruñó indignada Rachel al ver lo que Janet Lee acababa de hacer. -Dejalo ya, Ray.- Dijo Paul mientras dejaba a Rachel en una mesa del labo con sumo cuidado.- Detesto cuando te pones celosa.- -¿Celosa? ¡Ja!- Dijo fingiendo la pequeña chica morena. Paul sonrió. -Para que nos vamos a engañar... ¡Soy un monstruo!- Gimoteó Rachel mientras se tapaba la cara con las manos.

-¡No llores! ¡No eres un monstruo!-

-¡Te engañé!- Se rió Rachel.- Eres tan fácil de convencer.-

-No me gusta que me hagas eso.- Le riñó Paul.

-Soso. Ni bromear me dejas. De algún modo he de desahogarme de todo esto, ¿no?-

-Necesitare hacer varias pruebas.- Dijo Paul.

-Espero que no hagas ningún intento extraño, muchacho.- Bromeó Rachel.

-¡Para ya!-

Tras una hora de pruebas, Paul encontró una respuesta al estado de Ray:

-Radiación Atómica.- Dijo Paul.

-¿Qué?- Se extrañó Rachel.

-Es un tipo de radiación que tanto Janet como yo creíamos inofensiva para nosotros, pero se ve que si tiene efectos.-

-¡No me digas! Ni me di cuenta.- Dijo con sarcasmo la diminuta chica morena.- Me da igual lo que sea, Paul, yo quiero ser normal, ¿Me oyes? Ser normal.-

-Por favor, Ray... cálmate. –el científico la tomo con delicadeza en su mano y la acercó a su rostro. Sus ojos pardos, inmensos para Rachel, estaban llenos de afecto y preocupación.- Ya tengo algo con lo que trabajar, y encontraré un remedio. Me importas más de lo que crees, ¿sabes? Sé que no te lo digo a menudo y quizá no sea el mejor momento, pero... te quiero mucho, Rachel Palmer.

-Paul... –la voz de la chica temblaba un poco y su rostro se relajó, con una expresión tierna. –Acabas de recordarme por qué estoy con un tonto como tú, cariño.

Rachel sintió entonces como cada molécula de su cuerpo se agitaba y comenzó a sentirse más y más extraña.

-Paul... ¿Qué me pasa ahora?- Preguntó asustada Ray.

Pero para cuando se quiso dar cuenta había vuelto a su 1, 65 de estatura.

-Ray, estás... ¡Rachel! -de súbito, su pensamiento se volvió real. Había recobrado su tamaño, y Paul la sostenía en cueros. Su rubor se acrecentó. Paul la besó en la mejilla

-¡Soy alta! Bueno... Nunca lo fui mucho, pero... ¡Qué coño! ¡Soy alta!- Se alegró Rachel.

-Bueno, no sé como lo has hecho pero me alegra tenerte de vuelta. Mmm... -Observó el encarnado rostro de la joven- Así que la excitación sexual ha revertido el cambio. Pero... ¿cómo lo lograste?- Se interesó Paul.

-Si tú no lo sabes que eres el genio, ¿lo voy a saber yo?- Sonrió Rachel e, inevitablemente, al mirarse a los ojos con tanta ternura, le dió un profundo beso a Paul.

-Me alegro de verte más animada.- Dijo Paul.

-Calla y besame, bobo.- Le ordenó dulcemente Rachel.- Ya te daré yo excitación sexual...

AL DÍA SIGUIENTE... Rachel Palmer estaba en mitad de un sueño muy extraño donde era la reina de las hormigas y bailaba en un pastel de merengue, cuando el timbre de su puerta la despertó. Somnolienta, se dirigió a la puerta y la abrió torpemente. Era su madre, Sharon Palmer Kane. -Cariño, ¿No te habré despertado?- Preguntó Sharon.

-No, mamá.-

-Menos mal. A ver, ¿cual es la gran urgencia?.- Dijo la madre de Rachel.

-Pero... cuando te llamé ayer por la tarde me dijiste que no podrías venir hasta dentro de unos días. ¿Por qué nunca me avisas con tiempo?- Se quejó Ray.

-¿Y dejarte sola cuando me necesitas? Ni hablar. Prefiero haber dejado colgada a Catherine Zeta Jones; que se busque la vida si necesita ropa.- Explicó Sharon.

-Eres la mejor, mamá. A ver, miraré de abreviar, que he quedado a comer con Paul.

-¿Con Paul?¿Sigues con ese chico? Pero, mi niñita, no te conviene un tipo así.- Le indicó su madre.- Ese tipo de personas se obsesionan y llenan sus enormes cerebros con su trabajo, pero en lo que se refiere a la casa... Bueno, si tu vieras como era de desastre tu padre cuando en la cama...

-¡Mamá! No me interesa eso y además, no me llames niñita! ¡No soy una cría!-

-Para mí aun sigues siendo mi hijita pequeña y linda.- rió Sharon, burlona.

-Mamá, tengo algo importante que contarte.- Confesó Ray.

-¡Oh, dios mío!

-Sí, verás, la otra noche, Paul y yo...

-¿Estás embarazada?- Se asustó la madre.

-¿Qué? No, no estoy...

-No temas, hija, tienes todo mi apoyo, tanto si quieres tenerlo como si no.- Explicó Sharon.

-¡No estoy embarazada!-

-¿Seguro?-

-Sí.- Dijo Rachel.-A menos que haya sido el espíritu santo. Veras, es algo más... Complicado. Verás... anoche... Algo... Algo me pasó. Algo malo, muy malo. Pero... Pero también algo bueno. Y ahora tengo... Este otro lado. Un lado bueno...-

-¡Oh, dios mío!

-Mamá, ¿qué...?

-Eres lesbiana. Es eso ¿Verdad?.- Se alarmó la madre de Rachel.- Por eso querías que estuviera contigo, para decírselo a Paul. Ya sabía yo que Desde que pusieron “Ellen”...

-¿Qué?- Se asombró Ray.

-Rachel, te quiero y te querré siempre, seas como seas. No vas a dejar de ser mi hija por preferir a las mujeres. Mi amiga Carol me describió esos sentimientos que me explicas antes de proponerme...

-¿Quieres escucharme de una vez? ¡No estoy embarazada! ¡No soy lesbiana! ¡Solo puedo encogerme de tamaño!- Gritó molesta Rachel.

Sharon se quedó callada unos minutos.

-¿Qué...? Bueno, hija...- Intentó decir algo la madre de Rachel.

-Me quemé con algo en el laboratorio de Paul y me “Súper cargué” con una extraña radiación y me encogí a solo unos pocos centímetros.- Explicó Ray.- Ahora... creo que puedo cambiar de tamaño si me concentró mucho. Lo presiento, pero me da un poco de miedo probar.-

-Hija mía, creo que estas algo cansada... Tal vez si te...-

Rachel cerró los ojos e intentó concentrarse en volverse tan pequeña como la anterior noche. Notó de nuevo esa vibración tan extraña en las moléculas de su cuerpo y rápidamente se perdió entre su ropa, ante los atónitos ojos de su madre. Ray salió como pudo de entre su ropa y miró a su madre.

-¡Santo Dios!- Exclamó asustada Sharon.- Esto es... Es...-

-¿Horrible? ¿Monstruoso? ¿Perverso?- Preguntó Ray.

-¡Fantástico!-

-¿Cómo?-

-Hija mía, esto es una bendición. ¿No te das cuenta? ¡Tienes un superpoder! Ahora podrás codearte con héroes, con seres tremendamente poderosos y famosos.- Explicó la madre de Rachel.- Tal vez termines saliendo con Superman o incluso con Flash. Mira las posibilidades. ¡Puedes hacer cosas grandes!-

-¿Yo una heroína?- La idea no terminó de desagradar a la diminuta joven morena.- No suena nada mal. No señor.- Sharon cogió con cuidado a su hija y la puso en su mano.

-Y yo te ayudare a hacerte un traje para serlo, cariño.-

ESE MISMO DÍA, A MEDIA TARDE... El traje de heroína ya estaba listo. Con aquellos colores azules y naranjas Ray se vería genial.

-¿Has pensado ya un nombre?- Le preguntó Paul mientras trataba con radiación Atómica el traje.

-Había pensado un par: Lady Liliputiense, Pulgarcita, Pequeña luz... Enumeró Rachel.- nada que me guste.- concluyó.

-¿Y algo relacionado con tus poderes atómicos?-

-¿Por ejemplo?-

-¿Qué tal Átomo?- Sugirió Paul.

-¿Átomo? Mmm... Me gusta... suena muy bien... ¡Me llamare Átomo!- Decidió Ray.

Paul le dio el traje a Rachel para que se lo pusiera.

-Si mis cálculos no fallan, la ropa cambiara de tamaño contigo. Pero prométeme que tendrás cuidado- dijo Paul.

Ray se lo puso apresuradamente y miró a Paul.

-¿Y bien?- Preguntó ella.- ¿Cómo me queda?-

-¡De maravilla!- Exclamó Paul.

-Pues que tiemble la ciudad y algunos jóvenes héroes casaderos, pues acaba de llegar... ¡Átomo!- Dijo Rachel.

-¿Héroes casaderos?- Preguntó extrañado él.

-Olvidalo. No dije nada.-

EL COMIENZO DE ALGO... CREO.