extraño

CAPÍTULO 1: Espejo

por Tonyjazz


Está todo listo.

El espejo reflejando su cuerpo desnudo, ella a su espalda, con la vela encendida.
Los hongos están en su estómago desde hace unos minutos y empezarán a actuar en breve.
Carne de Dios, así es como los llamaban algunos Chamanes.

Vale, dice, muévete un poco a la derecha, y hacia atrás, tienes que hacer que mi sombra coincida con mi reflejo, ¿Vale?
Ella asiente y se desplaza un poco hacia atrás. La sombra va cuadrando, se mueve un poco de vez en cuando; es por la vela, la luz eléctrica no serviría para esto.

Está bien, dice, sostenla ahí.

¿Y ahora?, dice ella.
Ahora sólo hay que esperar, estas cosas son cuestión de paciencia.

En el siguiente parpadeo la sombra parece sobreponerse al reflejo, dos parpadeos más y es el reflejo el que se sobrepone a la sombra, cuatro parpadeos después la sombra y el reflejo se están mezclando.

Vale, dice él, no te muevas ahora.

Cierra sus ojos e inspira. La imagen del espejo empieza a formarse en el lugar donde, por norma, no suele haber nada.

Voy a entrar, anuncia.
Puedes pasar, contesta una voz.

Camina hacia delante (¿hacia delante?) y la sombra y el reflejo siguen en la misma posición. Puede verla a ella, reflejada, observando. No parece darse cuenta de lo que ocurre.

Lo que ocurre es que, cuando te alejas de una fuente de luz, tu sombra suele variar su tamaño y posición, y no es eso lo que está ocurriendo. Su reflejo sigue ahí, con los ojos cerrados y con su propia sombra envolviéndolo, entrando y saliendo, ganando presencia y difuminándose en intervalos que no parecen seguir ninguna pauta fija.
Vaya con la carne de Dios, piensa, jodidos chamanes.

Vale, voy a entrar, anuncia otra vez.
Puedes pasar, repite la voz.

Dentro.

Está sentado frente a una mesa. Es de madera. El tacto le hace pensar en árboles que trepó cuando era niño. Sin embargo la superficie parece pulida. La textura y la sensación no coinciden. El tamaño tampoco está claro.
El tiempo y el espacio parecen haberse tomado unas vacaciones.
Calma.
Frente a él hay un hombre mayor, unos cincuenta y algo, pelo canoso, lleva un sombrero, piel oscura; tiene muy buen aspecto, piensa.

Creíamos, dijo el hombre, que no ibas a entrar nunca.
¿Dónde estamos exactamente?
En tu propio campo de singularidad, desde aquí se accede a todas las cosas con las que estás conectado en un nivel bastante por encima de lo físico.

Los dos sonríen.

¿Sabes por qué he entrado?
Sí, lo sabemos. Quieres respuestas sobre ciertos asuntos que están siempre presentes de un modo u otro en tu existencia.
Sabemos. Eso es plural, sólo te veo a ti.
Soy el modo en que has elegido representar una serie de fuerzas vinculadas a ti.

Vaya con la carne de Dios.

El alucinógeno, dice, te permite acceder a niveles de percepción que normalmente no forman parte de la manifestación física de la realidad consensuada. Lo Señores hicieron bien su trabajo en ese aspecto.
¿Así que existen?
Siempre has sabido que sí, incluso te has cruzado con alguno, ¿Recuerdas la sensación de peligro en aquella calle concurrida? Aquel hombre en la otra parte de la acera. La única vez que te has escondido de algo.
No recordaba eso. Pero sí, sé lo que dices.
Ellos saben de cada uno de nosotros.
¿Y nosotros?
A veces, los encarnados lo tenéis un poco más difícil, pero tú no lo estás haciendo mal del todo.

Un destello, ella mirándole a través del espejo, sabor amargo en la boca, frío en los pies. La mesa, el tacto de la mesa, céntrate en eso.

La realidad, sonríe el hombre, te está reclamado. No se puede estar fuera mucho tiempo. Lo que tienes que saber es: Sí, tus pensamientos de los últimos días son acertados y sí, la vía de acción que has escogido abre numerosas posibilidades que pueden favorecer a nuestro… llamémosle bando para no complicar más el asunto.

Está bien.

Está bien. Sabor amargo, lengua seca, pies fríos, los brazos colgando, el pelo de sus muslos haciendo cosquillas en las yemas de sus dedos, su corazón latiendo, la habitación entera.

Abre los ojos.

Un chico desnudo, una chica detrás con una vela, el espejo reflejándolo todo. La sombra casi inapreciable proyectada sobre su reflejo.

¿Y hay que esperar mucho?, dice ella, moviendo el pie de forma exagerada, bromeando.

Él se gira y le mira a los ojos.
No, ya está.
¿Y ahora qué?

Ahora, dice sonriendo, vamos a tener que hacer algo para sudar estos hongos.
Ella se ríe mientras él la levanta y la lleva hacia la cama.

Stephen, estás como un cencerro.
Denúnciame por la mañana.