stark

por RugalB

Capítulo 2: Golfos

- ¡Esto es un atraco!

Un atraco. Para David Haynes, dueño de un pequeño supermercado, no es una novedad, viviendo en el barrio en el que vive. Pero eso no quiere decir que no se irritase cada vez que volvía a pasar. Esta vez, tres chavales de unos diecisiete años le han puesto una navaja en la garganta. Para él eso no es nada, pues le han apuntado desde con pistolas hasta con una metralleta (incluso un tío raro vestido de amarillo le apuntó con unos guantes que lanzaban rayos, pero esa es otra historia).

Se nota que los chicos son novatos, la voz del que sujeta la navaja tiembla como la de un viejo. Probablemente sea el primer atraco que cometen. Los otros dos chicos se apresuran a meter todo el dinero de la caja fuerte en una bolsa, además de tabaco y alguna cosa más. Después, salen presurosos de la tienda, sólo para darse de bruces con un par de agentes de policía que iban a entrar en ella. Porque, no sé si lo sabían (probablemente no), pero Davie Jr era policía desde hacía un par de años. Los chicos tienen la suerte de que Davie Jr y su gordo compañero “Gordo” (sobrenombre imaginativo donde los haya) caen al suelo en el choque, así que salen por patas lo más rápido como pueden, mientras a lo lejos se oye al señor Haynes gritarle a su hijo que los persiga.

El joven policía se levanta con presteza y se lanza tras ellos, mientras Gordo aún intenta levantarse del suelo. Corren un par de manzanas, esquivando niños en patinete y mujeres con la bolsa de la compra, hasta que tuercen a la izquierda y se meten en un callejón sin salida. No obstante, los chicos no entran en pánico, pues hay un montón de cajas apiladas en la pared que les permitirán escapar como si subieran escaleras y pasar al otro lado. Sin embargo, cuando el tercer muchacho va a subir, las cajas se desmoronan y cae.

- ¡Rich, ayúdame!

El muchacho grita, pero su amigo lo ignora y siguia corriendo por el otro lado (demasiado miedo a ser arrestado). El chaval trata de trepar por el muro, pero tres metros y medio son muchos metros para él, así que, finalmente, Davie Jr le atrapa y le esposa.

Gordo llega al callejón y se ocupa del muchacho, mientras su compañero escala el muro sólo para ver que ha perdido a los otros dos atracadores, que han corrido durante un par de manzanas más. Corren y corren sin parar, y cuando no pueden más, siguen corriendo. Corren tanto, tan rápido y tan desesperadamente que no ven que el semáforo está en rojo y que el autobús no los ve a tiempo de parar. Rich, que iba detrás, puede frenar, pero su amigo Robbie no tiene tanta suerte, y el vehículo lo embiste.

Sin embargo, sucede algo que ni el mismo Robbie podía esperar. En lugar de ser aplastado, rebota. Como una pelota de béisbol. Como una bola de pinball. Es más, a su alrededor surgen decenas de bolas de pinball de colores que lo envuelven. Y avanza en parábola por el aire varios kilómetros, girando descontrolado y sin freno mientras grita histérico. Grita hasta quedarse afónico y sin voz, hasta que un gruñido gutural es todo lo que su garganta es capaz de producir. Y finalmente llega hasta el puente colgante de Brooklyn, hasta una de las altas torres que sujetan el cableado, donde el destino quiere que vaya a parar. Desde abajo, un tipo ve desde su coche el aterrizaje, y las lucecitas que envolvían al muchacho le resultan familiares y decide llamar a su jefe para comentarle lo que acaba de ver.

El muchacho se queda en lo alto de una de las torres, completamente aterrado por lo que acaba de suceder, acurrucado en el centro de la torre, temblando de miedo y frío, hasta que un helicóptero aparece de la nada un par de horas después, presto al rescate. Sin embargo, el helicóptero no es de la policía (ni siquiera del Canal 4). Un tipo trajeado sale de él y se acerca al muchacho. Se sienta a su lado, como si estuvieran en un banco del parque, y le hace una pregunta.

- Hola. ¿Eres Robbie Baldwin?

- ¿Eh?

- Hola, soy Ron Lassiter- dice el hombre tendiendo la mano al chico, que la mira y después le mira a él, sin estrechársela. - ¿Eres Robbie Baldwin?

- Sí.

- Bueno, vengo a explicarte qué es lo que acaba de pasarte.

- ¿Quién eres tú?

- Soy Ron Lassiter. Vengo a explicarte por qué de alguna manera has rebotado hasta aquí.

- Ah.