
Prólogo
Robert Brian Banner se divertía golpeando a su mujer y su hijo todas las noches en que volvía borracho. Todas las noches hasta que mató a la pobre Rebeca, hasta el momento en que el pequeño Robert “Bobby” Bruce Banner explotó e hizo todo lo necesario para que su padre acabase en la cárcel.
THE WORLDS PRESENTA:
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HULK: Año Cero. Capítulo 1: El Origen de
Todo
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por Diego Núñez (DNM)
Bruce Banner jamás volvió a explotar en veinte años. Se convirtió en un reputado científico, lo que le valió un importante empleo en el ejército. Había llegado el momento en que pondría a prueba el gran proyecto que llevaba tanto tiempo realizando para el gobierno, la bomba Gamma. Junto a su amigo y compañero, el Doctor Leonard Samson, famoso psicólogo y físico, había concebido, desarrollado y puesto a punto una bomba incapaz de matar. Una bomba que no podría destruir los tejidos vivos, tan solo las propiedades materiales. Esa idea fascinaba a Bruce. Pero se vió obligado a llevarla a cabo antes de tiempo por las exigencias del general Thaddeus “Trueno” Ross. Hoy, como cada mes que hacía una visita a las instalaciones Timely, discutía y gritaba por los pasillos.
- ¡¡Van a saltar chispas, Banner!! – Repetía una y
otra vez por el complejo, mientras todos le hacían burla.
- Señor Ross, por favor, cálmese – Susurraba tímidamente
Bruce.
- ¿Te he explicado alguna vez por qué me llaman Trueno, Robert?
- No me llame Robert.
- Eso es lo que figura en tu expediente.
- Prefiero Bruce, o Dr. Banner. Y sí, me lo ha contado como un centenar
de veces desde que me trasladaron junto a mi equipo a Nuevo México.
- Pues eso, ya hemos hablado el tema, y el lunes será la demostración
del potencial de su bomba. Avise a Samson.
- Le recuerdo que el núcleo de radiación gamma no estará
operativo al cien por cien hasta dentro de diez dias.
- Le recuerdo que me importa una mierda.
Bruce volvía a soñar con aquella fatídica noche. Volvía
a ver a su madre tendida en el suelo, con un cuchillo clavado, y volvía
a ver la cara de su padre sonriendo por lo que acababa de hacer, era tan real...
El timbre del teléfono le despertó.
- ¿Robert Bruce Banner?
- Llámeme Bruce por favor. ¿Con quién hablo?
- Mi nombre es William Byrne, le llamo de la prisión Ryker, en Nueva
York.
Bruce se extrañó.
- Es por Robert Banner, su padre. – Bruce no sabía como reaccionar.
- Lo siento, se ha equivocado de número. – Hizo ademán de
colgar, pero algo le impulsó a no hacerlo.
- Sé que no hay error alguno. Escúcheme por favor. Se le ha concedido
la libertad condicional a su padre, no tiene a donde ir. Ha pedido verle.
Silencio. Con mezcla de compasión y miedo, Bruce se decidió a volver a ver a su demonio personal tras veinte años.
- Está bien...
Nueva York no era el tipo de ciudad que agradaba a Bruce. Demasiado impersonal,
demasiado grande y demasiado repleta. Su espíritu torpe y desgarbado
no encajaba allí. La gente se paraba a mirarle mientras hablaba con su
compañero Samson por teléfono para aclararle las condiciones de
su forzada marcha.
- ¿Y cuando volverás? – Dijo Samson.
- El sábado.
- ¿El sábado?
- Sí, ¿crees que serás capaz de encargarte de todo tu solo?
¿podrás conseguir que el núcleo esté operativo para
entonces?
- Tranquilo, podré, pero no es eso...
- ¿Entonces que ocurre, Doc?
- El sábado viene Ross a hacer una última visita antes del día
de la prueba.
- ¡¡No!!
- Te aseguro que sí.
- Mierda, ese cabrón quiere meternos prisa, Doc. Siento dejarte con todo
el marrón.
- No pasa nada. Disfruta de Nueva York.
- Si...
Disfrutar, no era eso precisamente lo que le esperaba a Bruce. Nunca había disfrutado estando con su padre. Aún no sabía porqué había montado en ese ferry, ni porqué se acercaba cada vez mas a la isla Ryker. Aún no sabía porqué sentía compasión por su padre. Era como si una parte de él aún fuera un niño y estuviese deseando perdonar lo que hizo.
- Señor Banner. – Dijo la vocecilla de un hombre bajo y feo, mientras
ofrecía su mano a Bruce. – Soy Bill Byrne, hablamos el otro día
por teléfono.
- Le recuerdo. – Rehusó darle la mano.
- Vamos, su padre nos espera en esa sala.
Entraron. Al otro lado de una larga mesa se encontraba un hombre custodiado por dos policías. Temblaba mirando al suelo y alzó la vista. Se le saltaron las lágrimas, su voz temblaba.
- Bobby, hijo mío...
- Llámeme Bruce, rechacé su nombre hace años. – Acentuó
Bruce con desagrado.
- Hijo... – Los ojos de Robert estaban vidriados. – Han pasado muchos
años... estoy rehabilitado.
- Por extraño que te parezca no me lo creo.
- Hace veinte años...
- Me extraña que te acuerdes – Apretó los dientes.- pero
si, el domingo hará ya veinte años.
- Por favor, quiero empezar una nueva vida. Quiero estar contigo hijo.
De nuevo esa sensación de retroceso a la infancia volvió a invadirle.
- Está bien. Te vienes a Nuevo México. Pero has de encontrar
un trabajo, y no quiero conflictos o te irás a la calle. – La voz
de Bruce sonaba autoritaria, pero tranquila.
- Gracias, hijo, muchas gracias.
De nuevo llegaba tarde, y no era la primera vez. Corría por los pasillos,
torpemente sacaba la identificación para pasar los controles de seguridad.
Sabía que Samson iba a matarle por llegar tarde, y que “Trueno”
Ross ya estaba allí, pero algo retrasó aun mas su marcha. Mejor
dicho, alguien, una preciosa joven de unos veinticinco años. Pelo castaño,
tez clara y mirada sonriente. Bruce chocó con ella para después
quedar embobado.
- Disculpe. – Dijo ella.
- ... – Bruce seguía perplejo.
- Eehhh... hola... – Hizo un gesto con la mano ante los ojos de Bruce.
Este por fin reaccionó.
- Ho- hola. – Tartamudeó.
- Me llamo Betty Ross. Estoy buscando a mi padre, me han dicho que está
en el pabellón A-23.
- A-23... eso está a la otra punta del complejo, lamento no poder ayudarla,
pero voy a... – En ese momento Bruce se dio cuenta. El pelo castaño,
buscaba a su padre y se apellidaba Ross. Era la hija de “Trueno”.
– Espere... su padre es Thaddeus Ross, ¿no?
- Sí, ¿lo conoce?
- Precisamente ahora tengo que ir a hablar con él sobre un experimento
que realizaremos el lunes. Y me han indicado que está en esa sala. –
Señaló una puerta frente a él y se ajustó las gafas.
- Pues uno de los dos debe estar mal informado, porque mi padre está
en el pabellón A-23.
- Mierda. Entonces le acompañaré. Mi nombre es Bruce, Bruce Banner.
– Volvió a tartamudear y comenzaron a caminar con rapidez en dirección
al pabellón.
- ¿Es el físico Bruce Banner? He leído sus ensayos en la
facultad. Estoy basando mi doctorado en sus logros.
Bruce se ruborizó.
- Oh, bueno, eso me halaga bastante la verdad. Quizá podamos charlarlo
un día tomando un...
- ¡¡¡¡Banner!!!! – Una voz que sonaba como un
trueno perturbó a Bruce. – Llevamos media hora esperándole
en el pabellón, ¿donde se había metido?
Por suerte, Betty le socorrió.
- Ha sido culpa mía, papá. Me perdí e hice que el Dr.
me ayudase a orientarme. Luego descubrimos que nos dirigíamos al mismo
lugar, pero mi torpeza hizo que nos volviésemos a extraviar. Es tan grande
este complejo.
- No es para menos, hija mía. Está bien, Banner por esta vez se
ha librado. Pero como ha llegado tarde, ya he hablado todo lo que tenía
que hablar con Samson. Así que me marcho, me comento que en estos días
habíais logrado poner el núcleo de rayos alfa...
- Radiación gamma. – Replicó Bruce con timidez.
- Lo que sea. Pues como ya está todo listo, quiero que el lunes cuando
asistan los altos cargos a la demostración todo funcione como esta planeado
Banner.
“Trueno” agarró del brazo a Betty y tiró de ella
para que no permaneciese ni un segundo mas con Bruce. Sin embargo esta se giró
y movió los labios diciendo “te llamaré”, cosa que
despertó una sonrisa en Bruce. Sonrisa que era totalmente contraria a
lo que pensaba Bruce. ¿Qué había pasado para que el núcleo
estuviese operativo? Samson tenía que haber hecho algo, y Bruce temía
que pudiese pasar algo fuera de los cálculos...
Por fin lo encontró y pudo discutirlo con él.
- Doc. – Llamó Bruce para advertir la atención de Samson.
- ¡Bruce! Llevamos toda la mañana buscándote, ¿dónde
te habías metido? He tenido que hablar yo solo con “Trueno”,
por lo menos ha merecido la pena ver a su hija, estaba bastante bien.
- Doc, ¿qué coño le has dicho a “Trueno”?
- Eh... pues nada que no sepas...
- Sí hay algo que no se. ¿Qué es eso de que el núcleo
está operativo y listo para funcionar?
- Bueno, pues aumenté la potencia para...
- ¿Qué aumentaste la potencia? ¿Cómo se te ha ocurrido
hacer eso?
- Para poder tenerlo listo para el lunes había que ahorrar tiempo como
fuese posible...
- ¡¡No!! Un aumento de potencia no entra dentro de los parámetros.
Esto podría descontrolarse.
- Bueno, estuve haciendo números y creo que el cambio podría ser
tan infinitesimal que ni se notaría en el resultado final.
- Espero que tengas razón Doc...
Domingo. Hogar social David. Afueras de Albuquerque.
Rachel fue abandonada cuando tenía cuatro años. Hasta que no
cumplió los siete, pensaba que sus padres la devolvieron porque tenía
algún defecto de fábrica. Ahora sabe la verdad. Tiene diecisiete
años y había tenido que hacerse su propio hueco en el mundo. Para
ella, deberían llamarlo Penitenciaría David. Llevaba en ella trece
años y cada día le parecía una eternidad. Sus compañeros
le habían tratado siempre mal, así que para sobrevivir había
tenido que tratarles peor, hasta convertirse en una especie de líder.
Si alguien hacía algo contra las reglas del “orfanato” Rachel
tenía que superarlo. Esa era su filosofía de vida, “si no
quieres que el mundo te machaque, machácale tu antes”.
Aquella tarde Jason había vuelto entre vítores y aplausos de sus
compañeros.
- ¿Qué coño es este ruido? – Rachel no sabía
lo que estaba pasando cuando Jason entro en la sala común del hogar social.
- Jones, ¿no te has enterado? Es Jay, esta mañana se ha colado
en el complejo militar al sur de aquí.
- ¡¡Hey Jones!! – Era la aguda voz de Jason. – A que
tu no tienes cojones a entrar mañana por la mañana. Eso está
lleno de militares, seguro que te harás pipi encima.
Todos se burlaban de Rachel. Estalló. Se acercó a Jason y desde muy cerca le dijo:
- No solo voy a entrar, sino que voy a robarles un coche y me pasearé
ante sus narices por el enorme descampado que tienen.
- Claro Jones, todos te creemos...
- Cállate gilipollas. Mañana veremos quien manda aquí.
Todos se quedaron en silencio y “Jones” se fue a su habitación. Tenía que aprender a medir sus palabras.
Por fin había llegado la mañana del temido lunes. Bruce temblaba.
Rachel temblaba. Doc Samson se reía tirándole los tejos a una
soldado. “Trueno” Ross estaba echando chispas porque su espectáculo
no había comenzado aún.
- ¡¡¡Banner!!! – De nuevo aquella voz perforaba los
tímpanos de Bruce.
- ¿Sí...?
- ¿Por qué no está todo listo?
- Porque...
- No le he pedido explicaciones, cállese cuando hablo. Están aquí
el secretario de estado, el ministro de defensa, y cuatro de los mas altos cargos
del ejército americano... entre los cuales me encuentro. – Bruce
le hacía burla. Era la misma frase que llevaba repitiendo una y otra
vez toda la mañana.
- Tranquilo señor Ross. Está todo listo. Váyanse a disfrutar
de la primera prueba de la bomba Gamma, yo iré con Leonard a ponerla
en marcha.
- Nada va a salir mal... ¿Cierto Banner?
- Cierto señor.
Al acabar de decir esto, una extraña premonición sobresaltó a Bruce. Algo iba a salir mal. Estaba seguro. Y lo hubiese estado aún mas si hubiese sabido que en esos momentos Rachel Jones estaba golpeando a un par de soldados para robar un jeep con el que entrar en la zona de pruebas del complejo. Pero no tardó en enterarse, porque nada mas llegar, Samson se lo hizo saber.
- ¿A que no adivinas quien acaba de visitar nuestro campo de pruebas?
- No es momento para tonterías Doc.
- Bien, míralo tu mismo en los monitores.
Bruce lo hizo, y vio a Rachel delante de una trinchera, sin saber que hacer. De un impulso Bruce comenzó a dar órdenes.
- ¿Qué coj...? Para la cuenta atrás, yo mismo iré a sacar a esa chavala de ahí. Avisa a “Trueno”, hay un civil en el campo de pruebas. Detén la explosión.
El Dr. Banner corrió como no lo había hecho en la vida. Sorteando a los soldados entró en el campo de pruebas y llegó hasta Rachel. Pero Samson no le había hecho caso.
- ¿Doc? – Dijo uno de sus ayudantes. – Paramos la bomba,
¿no?
- ¿Estás de broma? Es una oportunidad única. Se supone
que esta bomba no mata, solo destruye propiedades. Entonces no hay nada que
temer, Bruce solo volverá un poco despeinado, y esa chica será
demandada.
Y la demostración siguió su curso. Una enorme explosión tuvo lugar, y Bruce solo pudo reaccionar instintivamente arrojando a la trinchera a una sorprendida Rachel. Ni si quiera tuvo tiempo de salvarse él.
Continuará...