EPISODIO 2: PUÑO DE HIERRO, EL ARMA VIVIENTE

por RugalB


– Claudio, dame la lista de los daños.
– Una catástrofe, señor Bushmaster.
Bushmaster lanza un bufido de resignación desde su sillón de piel. Saca un cigarro, un puro habano de contrabando, de los mismos que él introduce en la ciudad, y lo enciende, mientras su ayudante prosigue con el balance de daños provocados por los dos compañeros de Misty Knight.
– Cinco hombres han muerto, y otro más ha sido mutilado. Hay desperfectos por todo el edificio, por valor de más de dos millones de dólares. La policía ya se ha ido.
– ¿Llegaron al sótano?
– No, el sótano está intacto. El proyecto no corre peligro.
– Muy bien. –deja de hablar unos segundos mientras guarda su mechero.– ¿Qué está haciendo Cage?
– Ha salido ya, señor. –responde Claudio.– Lo hemos enviado a unas oficinas en la Cocina del Infierno, Knightwing Restorations. Allí encontrará a Misty Knight y a sus compañeros.
– Está bien, Claudio. Avíseme cuando Cage vuelva.
– Sí, señor Bushmaster.

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Mientras tanto, en las oficinas de Knightwing Restorations, Misty Knight, Colleen Wing y Daniel Rand (más conocido como Puño de Hierro) trazan un plan para acabar con Bushmaster. Deben hacerlo deprisa, antes de que Bushmaster golpee primero. No saben lo corto que realmente es el tiempo de que disponen.
Misty es la cabecilla del grupo, la estratega y la directora. Colleen y Danny tan sólo le dejan hacer. Su parte viene después, cuando ejecuten el plan de forma tan precisa que pocas personas en el mundo podrían igualar.
– Aquí, en el muelle 25, está atracado el yate donde Bushmaster se quedará hasta que reparen su casa, según mi contacto.
Marca sus indicaciones con un bolígrafo, mientras toma de vez en cuando un sorbo de la taza de café. Cada vez que lo hace, un dolor en el labio le recuerda lo cerca que estuvo de morir el día anterior.
– Tenemos que encontrar la forma de entrar allí y llegar hasta Bushmaster. El barco estará lleno de guardias, aunque no creo que sean un problema; sin embargo, ese tal Cage si que... – hace una pequeña pausa tratando de coger una rosquilla de la caja vacía.– Vaya, se han acabado los donuts.
– ¿Ya se han acabado? Pero si la caja era de las de doce...
– ¿A quién le toca?
– Creo que le toca a Colleen.
– De eso nada, le toca a Danny. Yo fui la última vez.
– Anda Danny, ve a comprar más.– Misty sabe que si no zanja ella el tema se pelearán. No sería la primera vez.
– Está bien.
Danny se levanta, coge la cazadora y se marcha. Cuando sale aún puede oír a las chicas discutiendo sobre los turnos. Baja las escaleras pensando en su más que posible duelo con el mastodonte de dos metros y trescientos kilos. Pocas posibilidades de triunfo, a menos que rompa su promesa.
Entra en la cafetería de Tony, un lugar que se ha convertido prácticamente en su segundo hogar. Es un local pequeño, con un gran ventanal para disimular su reducido tamaño. Seis mesas y la barra es todo lo que hay. No tiene mucha clientela, pero los pocos que acuden cada mañana son totalmente fieles y no podrían aguantar todo un día sin el café que Tony les sirve cada mañana.
El local está totalmente vacío, a excepción de Alicia, una atractiva estudiante española que por las tardes enseña inglés a los inmigrantes hispanos antes de venir a servir cafés, y del mismo Tony, el único italiano de Nueva York que abrió una cafetería en lugar de una pizzería.
– ¡Hola, Tony!
– ¡Qué hay, Danny!
– Dame tres cajas de donuts. De las grandes.
– ¿Ya os habéis comido las otras? ¿Las de doce? A este paso me haréis rico. Bueno, espera un momento, voy a por ellas.
Tony se marcha a la trastienda, mientras Alicia, que ha acabado de recoger la última mesa, se acerca a Danny con una sonrisa amistosa. A Danny le encanta cuando hace eso.
– Qué, Danny, ¿estáis metidos en otra gran misión?
– Sí, esta vez es algo bastante gordo. Tenemos que coger a un tipo, pero tiene un guardaespaldas que nos lo va a poner difícil.

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– Cage, espabila, que estamos llegando.– Rattler suele ser así de amable. Sobre todo con el negro que le quitó el trabajo como guardaespaldas personal de Bushmaster. – Ése es el portal. Están en el décimo piso. Tienes que coger a Misty Knight y de paso convencer a sus compañeros de que no es una buena idea meterse con Bushmaster mientras tú eres su guardaespaldas.
Mientras tanto, Colleen y Misty se terminan su café arriba en la oficina. Esperan a Danny para seguir con las planificaciones. Danny es una pieza fundamental.
– Tarda mucho Danny, ¿no?
– Sí, se habrá entretenido con Alicia, como siempre.
– Claro que tú no estás celosa.
Claro que no lo estoy. – dice Misty dándose la vuelta y mirando por la ventana. No esperaba ver lo que ve. –¡No, mierda! ¡Es Cage! ¡Está ahí abajo! ¡Seguro que va a subir a por nosotras!
– ¿Qué?
Luke sube las escaleras. Hace crujir sus nudillos y se prepara para meterse en una buena pelea, de las que le disfrutaría si no fuera por la situación en que se encuentra. Se detiene ante la puerta y respira hondo. Tiene dos opciones: llamar al timbre y que le abran o echar la puerta abajo. Por supuesto, la va a echar abajo. No sólo para impresionarlas, sino porque, aparte de las albóndigas de su madre, tirar puertas es lo que más le gusta.

– ¡Misty Knight, he venido a por ti! Será mejor que no te resistas, o tendré que volver a barrer el suelo contigo.
Irrumpe en el piso como un huracán. Hace la puerta astillas de un puñetazo, aunque hay algo que le hace frenar en seco. Misty Knight está delante de él y le apunta con una escopeta del tamaño de un bisonte.

Recibe el disparo en el pecho, y salé disparado un par de metros hacia atrás. No es una herida grave, pero el dolor es casi insoportable. Esto hace que se enfurezca, pese a que no suele perder los nervios. Misty dispara otra vez, pero Luke consigue esquivarlo. Recibe otro par de disparos, pero los soporta hasta que consigue llegar hasta su enemiga. Aplasta el cañón de la escopeta con la mano, y de un manotazo estampa a Misty contra la pared, dejándola inconsciente.

Se da cuenta entonces de que Colleen está también allí. La chica desenvaina su espada y se acerca hacia Luke muy despacio.
– Mira, sólo tengo que llevarme a la señorita Knight. Si no te resistes, no tendré que hacerte lo mismo.
Como esperaba, Colleen no piensa dejarle marchar sin pelear. Se abalanza sobre él, con la intención de rebanarlo con su espada. Se mueve tan rápido que Luke apenas puede cubrirse. Sin embargo, no le hace falta, la espada, que alcanza su cuello, se rompe, incapaz de penetrar su piel. Luke se sorprende tanto como la misma Colleen, que desarmada no puede hacer otra cosa que ser arrollada por la mole de trescientos kilos.
–Sí que son duras las cabronas. Me va a doler el cuello una semana. Por no hablar del agujero donde antes tenía el pecho.
Luke suspira, agotado. Se acerca a Misty y la mira con detenimiento. Su cara está totalmente deformada por las heridas y moratones, fruto de la tortura a la que fue sometida hace tan sólo unas horas. Bushmaster no es trigo limpio, Luke lo sabe de sobra. Entregará a la chica y exigirá a Bushmaster que le revele el paradero de Reva. Si se niega, se liberará a Misty y le sacará la información a golpes. De todas maneras, ni siquiera sabe si Reva merece el esfuerzo.

–Cage...

Una voz y un pequeño toquecito en el hombro lo sacan de sus pensamientos. Cuando se gira, ve que Puño de Hierro esta detrás, y que está furioso. Sin embargo, esta vez no va a perder, ahora sabe cómo tratarlo. O eso cree. De repente, el puño derecho de Danny comienza a humear, a brillar, hasta que se vuelve como de hierro. Y entonces, golpea, y Luke sale disparado a través de la pared, y choca contra el edificio de enfrente, y cae al suelo.

Los guardaespaldas de Bushmaster, que aún esperaban en la puerta, no dan crédito a sus ojos. Luke se levanta poco a poco. La cabeza le da vueltas y no es capaz de enfocar la vista. Y ahora sí que le duele el pecho.
–¿Qué coño ha sido eso? Me siento como si un tren me hubiera pasado por encima. No, un momento... Aquello me dolió menos.

Luke siempre ha sido un cabezota, así que, cuando deja de ver doble, vuelve corriendo a buscar a Puño de Hierro. Sin embargo, no llega a cruzar el portal del edificio, pues Danny le esperaba allí, y recibe otro colosal puñetazo que le hace atravesar de nuevo la calle y traspasar ahora sí la pared del edificio que frenó su caída la primera vez, parando finalmente al chocar contra la pared del final del rellano.

Se marea y pierde la visión por momentos. Le cuesta respirar, probablemente tenga un par de costillas rotas. Trata de nuevo de levantarse. El mareo y la oscuridad le impiden ver con claridad, pero reconoce la silueta de la puerta. En un último esfuerzo, Luke se levanta, y se acerca tambaleante a su enemigo. Le oye hablar, grita como un loco, pero no consigue entender nada, lo oye demasiado lejos.

–¡Oh, no! ¡Ahí llega otra vez! Ahora entiendo por qué le llaman Puño de Hierro. Este tío no es normal. Claro que yo tampoco lo soy.
Lanza un puñetazo que Danny esquiva fácilmente.
–Ahora estoy encabronado. Se va a enterar.
Falla otro puñetazo. Danny lo golpea sin compasión. Luke se tambalea, pero no cae. Sigue intentándolo.
–Le voy a dar para el pelo– recibe otro puñetazo en la cara, y la boca se le llena de sangre.– En cuanto consiga conectarle un puñetazo.
Danny le sigue golpeando una y otra vez. Luke ya no puede más. Todo se vuelve negro, sus piernas ya no tienen fuerza para sostenerle en pie. Finalmente cae de rodillas frente a su enemigo.
–Me rindo.
–¿Cómo dices?
–Que me rindo.
–De eso nada.

- - -

–¿Has visto eso?
Kristopher, el conductor aún no puede creer lo que ha visto. Luke es su amigo, pero está tan asustado que no puede mover un músculo.
–Increíble– Rattler está tan asustado como él.
–A lo mejor necesita ayuda.
–Estás loco si crees que voy a entrar ahí.
La conversación es interrumpida por un fuerte golpe en el capó. Al mirar, ven que es Puño de Hierro. Ha tirado el cadáver de Luke sobre el coche
–Decidle a Bushmaster que lo mataré a él también si nos ataca otra vez.
Los dos matones se quedan petrificados por el miedo, hasta que Rattler atina a decir “arranca”. Kristopher vuelve en sí, arranca el vehículo, pisa el acelerador y los saca de allí en unos segundos.
–¿Se han ido ya?– dice Luke. Danny le ayuda a levantarse del suelo.
–Sí.
–Buf, podrías haberme tirado contra el coche con más cuidado.
–Lo siento. Vamos a ver cómo están las chicas.

- - -

Una par de horas después, Kristopher y Bushmaster caminan por el jardín de su mansión. Bushmaster tiene un plan para acabar con Puño de Hierro, pero necesita un voluntario lo suficientemente ingenuo como para aceptar. El doctor Noah Burstein, un viejo conocido de Luke, espera impaciente en el sótano a que Bushmaster le entregue a su voluntario. Kristopher sonaba como el candidato idóneo.
–¿Y por qué no se somete usted a la operación?
–Bueno, porque cada uno debe desempeñar su labor. La mía es los negocios...
–Y la extorsión.
–Sí.
–Y el tráfico de droga.
– >Ah< Si, eso también. Yo no puedo perder el tiempo en esas tonterías. Entiéndeme, no es que tu trabajo sea una tontería, al fin y al cabo, alguien tiene que protegerme. Y ahora necesito que me protejan de Puño de Hierro y, aunque confío mucho en ti, un superhéroe es demasiado para cualquiera. Mira lo que le hizo a nuestro compañero Luke. Por eso, la única manera de vencerlo es con ese nuevo traje.
– ¿Cómo sería de fuerte? ¿Como la Cosa?
–La Cosa a tu lado será un alfeñique. Si es que la Cosa realmente existe.
–Sí... Creo que sí quiero hacerlo. Sería genial ser tan fuerte.
–Sí, genial. Pasa, bajemos al laboratorio. Todo está listo ya.
Bushmaster ha llevado la conversación por donde él ha querido. Por supuesto, no le ha contado a Kristopher las consecuencias negativas de someterse al tratamiento del Doctor Burstein. Amablemente, abre a Kristopher la puerta que lleva al laboratorio. Bajan por una escalera hasta llegar a una gran habitación llena de grandes máquinas, con una cama con correas en el centro y un gran tanque lleno de un líquido verdoso. Junto a la cama, sonriente, vemos a un hombre con bata blanca de corta estatura, con gafas, bigote y ancho de frente.
Tras las correspondientes presentaciones, conducen a Kristopher hasta la cama. Lo atan fuertemente con las correas, y el ayudante del doctor, un muchacho joven y desgarbado, activa un par de máquinas ruidosas y llenas de luces. Kristopher está empezando a arrepentirse.
–Ahora no te muevas, hijo–, el doctor lo nota la inquietud de su paciente.– Dolerá un poco, pero será rápido.