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THE WORLDS PRESENTA:

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GREEN LANTERN: High School
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por Diego Núñez (DNM)

Brad Ryan estaba cansado. Muy cansado. Esa noche no había dormido demasiado. Llevaba mucho tiempo pensando en Ire. Desde que habían roto, ella no le había prestado la mas mínima atención, se limitaba a “ser su amiga”. En ningún momento Brad había dejado de quererla, y en el fondo ella a él tampoco, asi que intentaba aprovecharlo, intentaba volver a estar con la única chica que hacía caso al friki de la clase. Ella le daba largas lo mas que podía, lo disuadía de sus itentos, pero Brad albergaba una esperanza... cada día mas pequeña tras los últimos acontecimientos, pero aún asi una esperanza.

- Mister Ryan, ¿podría usted explicarme de que estábamos hablando? – La voz de Mr. Winslow, el profesor de física y química le despertó.
- De... ¿el espectro lumínico...? – Brad no había prestado atención. La autoritaria voz del rollizo profesor acababa de sacarlo de sus meditaciones.
- Eso fue la semana pasada... ya veo que es interesante mirar por la ventana... ¿verdad?
- Es una preciosidad... ¿puedo seguir haciéndolo?

Todos en la clase rieron, Mr. Winslow avergonzado continuó con la clase. Ire se giró y le dedicó una sonrisa, a Brad le dio un vuelco el corazón y se la devolvió. Ire continuó haciendo señas con los dedos, pero el chico no las entendía, en ese momento vio que sus ojos no estaban centrados en él. Miró a su derecha, y vió a Glenn devolviéndole la sonrisa. Estaba claro que cada día Ire se olvidaba mas de que Brad existía.

Seguía sumido en sus pensamientos, cuando se le ocurrió mirar el reloj. Las diez y cuarto de la mañana... y seguía siendo de noche. Lo normal es que durante la primera clase, al ser tan temprano, aún no hubiese amanecido, pero hacía tiempo que la tercera hora había comenzado y la calle seguía a oscuras. Las luces de las farolas se habían apagado, y eso le daba un aspecto tétrico.

A Brad se le ocurrió mirar al cielo... estaba cubierto de nubes... nubes oscuras, casi opacas... seguramente ellas impedían la entrada de luz solar. En ese momento empezó a llover, primero una suave llovizna, que difuminaba el ambiente. Luego una furiosa tormenta que lo emborronaba todo. Sonó un trueno, y Brad se sobresaltó. No había habido ningún rayo, estaba seguro, no podía haber sonado ningún trueno si no había habido rayo. Cada vez todo se ponía mas raro.

Y llegó el rayo. Uno rápido, fugaz y ¿verdoso? No pudo distinguirlo muy bien, porque en menos de un segundo, ese rayo había destrozado la ventana de la clase, y había arrasado parte de la misma. Quedaba una nube de humo que se disipó muy brevemente. Había un bulto verde, con forma humana. Todos estaban asustados, pero no tanto como Brad. A la misma velocidad que llegó, el hombre se puso en pié, y desapareció con otro rayo verdoso.

El chico estaba muy seguro de lo que había visto. Había visto un Green Lantern. Un hombre vesitdo de verde, con antifaz y un anillo en el dedo corazón de la mano derecha. Un símbolo verde en el pecho, que casi pudo distinguir como una linterna. Era un Green Lantern, seguro que si. Pero no era ninguno de los que él conocía por los tebeos, ni Hal Jordan, ni Guy Gardner, ni John Stewart, ni Kyle Rayner. Este tenía el pelo dorado, tirando a grisaceo. ¿Alan Scott? No... ese no era un corp...

¿Estoy loco? – Pensó – Los superhéroes de comic no existen, eso que he visto no ha podido ser un Green Lantern, los Green Lantern no existen, son solo fruto de la imaginación de Gil Kane, Neal Adams... Ha sido una alucinación, seguro.

Miró a sus compañeros.

Vale, era un Green Lantern – discrepó - ¿por qué sino fuera un Green Lantern iban a tener esa cara de empanados todos?

Y de nuevo sonó un trueno. Algunos de los compañeros, Mr. Winslow y Brad que acababan de salir del shock, miraron por la ventana, o por lo que quedaba de ella. Nada. Todo estaba normal excepto la clase, que estaba destrozada. Brad tuvo un mal presentimiento, acertó. Un nuevo rayo, pero esta vez no cayó en la clase, sino en el suelo de la calle, tres pisos mas abajo.

El hombre de antes estaba tendido, sangrando, su postura horrorizaba, tenía que tener la espalda rota. Estaba en uno de los jardines del instituto, y murmuraba algo entre sollozos y gritos de claro dolor. Ahora ya no había luz verdosa. Tanto prestar atención al hombre, les había hecho olvidarse del cielo. Otro hombre brillaba con luz amarillenta.

El hombre se reía, tanía la piel rosa y una especie de armadura ceñida al cuerpo. También llevaba un anillo, solo que el suyo era amarillo.

¿Los Qwardianes? ¿Sinestro? – Pensó Brad - ¿Pero que coño es esto? ¿Mi vida escrita por Geoff Johns?

- Ponte en pié, Green Lantern, para que pueda ver tu cara suplicándome mientras te mato. – Dijo el “hombre” rosáceo.

El Green Lantern murmuró algo en el suelo, no se le entendía, seguramente tuviese la mandíbula desencajada.

- Por cada minuto que sigas ahí tendido, infligiré una dolorosa muerte a uno de estos débiles humanos.

Hubo gritos y sobresaltos. En ese momento Brad se dio cuenta, no solo su clase estaba mirando por la ventana, todo el instituto lo hacía. Incluso los vecinos de los edificios contiguos.

- Cinco... cuatro... tres... dos... uno... – El hombre de piel rosácea mostró su enfado. – Ahí va el primero, para que no creas que no voy en serio.

Fugazmente se acercó a la clase de Brad, que era a la que mas fácilmente podía acceder, por la zona que el supuesto Green Lantern había destrozado. Agarró a Mr. Winslow, y a Ire. Brad se colapsó. No sabía que hacer. Mr. Winslow soltó un grito, profundo y agudo. El hombre rosáceo le apuntaba con su anillo, y una luz amarilla le rodeaba, hasta que se quedó blanco. El hombre rosáceo lo soltó y cayó contra el suelo.

De nuevo el Green Lantern farfulló algo. El hombre rosáceo lo debió de entender, porque no paró de reirse. No paró de hacerlo hasta que volvió a entrar en la clase. Todos conmocionados, no sabían que hacer. El hombre rosáceo agarró a Glenn... y a Ire. Salió volando por la ventana, y envolvió a ambos con la misma luz amarilla que a Mr. Winslow.

- Me lo he pensado mejor, Lantern. – Dijo sarcástico. – Esta vez serán dos.

Y en ese momento, por fin, Brad Ryan reaccionó. Por primera vez en su vida, sabía exactamente lo que tenía que hacer, y estaba exactamente en el lugar que tenía que estar. La sensación de que algo podría pasarle a Ire le sobrecogía, y a la vez lo armaba de valor.

- ¿Sois idiotas? – Gritó acalorado a todos los que miraban desde las ventanas sin hacer nada. – Un hombre cae muerto, y solo os paráis a mirar. ¡¡ Seguro que nadie ha llamado a la policía!! ¡¡Es un puto Green Lantern!! Poneros el anillo, y machacadle su culo rosáceo al este gilipollas. ¿Es que no habéis leido ningún comic en la vida? ¿No tenéis fuerza de voluntad suficiente?

Brad miró al suelo. Alli estaba tendido el Green Lantern, moribundo, con su anillo apagado. Algo fallaba, algo no debería ser asi. Algo tendría que haber ocurrido, como siempre que moría un Green Lantern. Entonces se dio cuenta, el anillo tendría que haber designado un sucesor. Siempre que un Lantern se acerca al filo de la muerte, el anillo elige uno nuevo, un valiente de buen corazón capaz de cargar con el peso de tanto poder. Y esta vez no había sido asi.

“¿Y si se ha quedado sin batería?” Pensó Brad, pero algo le decía que no era asi. “Solo puedo hacer una cosa, ya que estos gilipollas no se mueven, y no saben lo que se debe hacer en estos casos” y Brad saltó por la ventana, para caer tres pisos mientras el hombre de piel rosácea se reía, y los demás gritaban desde las ventanas por el pobre crio que se precipitaba al suelo.

Abrió los ojos, no debía de haber pasado ni un minuto, porque el hombre rosáceo todavía se reia, y mantenía a Ire y a Glenn con vida. Le dolía la espalda, tenía la pierna derecha rota, y la izquierda no la sentía, notaba como se le había dislocado un hombro, la boca se le llenaba de sangre y la cabeza no paraba de darle vueltas. Pero aún asi, sin saber como, sacó la fuerza necesaria para acercarse al Lantern moribundo.

- Tranquilo... yo me encargo... – Dijo mientras escupía sangre a medio coagular.

Le quitó el anillo del dedo, y tras un momento de duda se lo puso. Y entonces todo cambió, ya no le dolía nada, estaba de pié, casi volando. Todo a su alrededor se volvía verdoso. El se sentía mucho mas fuerte, mucho mas alto, mucho mas seguro. Tenía la cabeza centrada. Pensó que le gustaría estar a la altura del hombre rosáceo, para poder decirle unas cuantas cosas. Y sin darse cuenta, había volado hasta él.

- Pelea ahora contra mi. – No sabía de donde había sacado el valor, pero lo había dicho.
- Estaré encantado de degollar a un crio con un anillo. – De nuevo rió.

Esa risita ponía histérico a Brad, no hacía ni cinco minutos que la oía, pero parecía que llevase una eternidad. Sintió que quería golpearle, y lo hizo, el anillo desplegó un enorme guante de boxeo, y de un rápido movimiento, le saltó los dientes al hombre rosáceo, que inmediatamente dejó de reir.

- Con que lo de los guantes de boxeo viene de serie... – Rió Brad.
- Te faf fanado una fuena. – Farfulló el hombre rosáceo.

Un rayo de luz amarilla se precipitaba sobre Brad, este se intentó defender creando un escudo de luz verde. El luz amarillo lo atravesó. “Amarillo, ese es el punto débil de un anillo de poder... no puedo hacer nada contra lo amarillo” el rayo le golpeó, y le costó recuperarse.

Y en ese momento, recordó todo lo que había estudiado en clase sobre el espectro lumínico... todo vino a su cabeza, como un torrente de ideas. “Los anillos proyectan plasma, y el plasma es básicamente materia convertida en luz, la mia es verde, la suya amarilla. Su color depende del tipo de luz que emiten, y de cómo se refleja esta. Tengo que distorsionarla o cubrirla para que la luz amarilla no me afecte” Brad se sorprendió pensando como un científico. “El problema es como lo hago.”

Un nuevo rayo le golpeó. Tenía que hacer algo. Lanzó un perro gigante contra el hombre rosáceo, pero se desvaneció nada mas chocar con una pared amarilla.

- ¿Efo ef lo mejor que fabef hafer?- Y continuó riéndose.

Brad miró al suelo. “Barro” pensó “esto lo he leido en un tebeo... tengo que cubrir lo amarillo... de barro... asi se distorsionará su luz... el verde tendrá efecto...” Le parecía una chorrada, era imposible que pudiese funcionar, pero lo hizo. No tenía nada que perder. Creó un cubo gigante, y lo llenó con todo el barro que pudo. Mientras, envió un rayo directo al pecho del hombre rosáceo, que a su vez convocó un escudo amarillo para protegerlo. “Ha llegado el momento” pensó.

Vació el cubo sobre el escudo. Su rayo verde lo atravesó y golpeó al hombre rosáceo, que quedó semi inconsciente. Murmuraba algo en un idioma extraño. “Ahora es el momento” Pensó “Las funciones básicas de un anillo son ataque y defensa, ahora no necesito defenderme, no necesito hacer preciosas esculturas repletas de creatividad, tengo que darle un buen golpe” Y asi fue.

El golpe dejó al hombre rosáceo sangrando en el suelo. Esta vez estaba definitivamente inconsciente. Brad se notó mucho mas cansado, todo volvió a dolerle. Descendió al suelo muy lentamente, mientras sentía como el anillo se apagaba. Cuando estuvo arrodillado en el suelo, y la boca volvió a sangrarle, el anillo soltó una debil luz. Una especie de holograma apareció ante un sorprendido Brad, y ante cientos de personas que miraban atónitas desde sus ventanas, y gritaban al heroe que acababa de salvarlos.

- Brad Ryan, has actuado bien. – La cabeza de un hombre muy anciano, con el pelo blanco, y la piel azul apareció en el holograma. Un guardián. – Brad Ryan, de la Tierra, por un momento has sido un Green Lantern. Los guardianes del universo estamos en deuda contigo. En un momento de desesperación has guardado la compostura y has ayudado a defender tu planeta de un gran mal. Muchas gracias.
- Eso suena a que no podré quedarme el anillo... ¿verdad? – El guardián esbozó lo que parecía una sonrisa.
- No, Brad Ryan, de la Tierra. Por suerte, y gracias a ti, el Green Lantern Corp. protector de este sector continua vivo.
- Tengo muchas preguntas. – Añadió Brad.
- Puedes formular algunas, pero no se si podré contestarlas todas.
- ¿Por qué el anillo no dijo quien tenía que sustituir a este tio? ¿De verdad existís? ¿Tiene esto que ver con los comics?
- Tranquilo, las preguntas de una en una. Primero, el anillo no pudo designar un sucesor porque el Green Lantern Corp. protector de este sector, como he dicho anteriormente, aún no había muerto, ni iba a hacerlo. Por lo tanto, a pesar de encontrarse malherido, estaba vivo, y no necesitaba ayuda, al menos en teoría. Como tu mismo has podido comprobar, si existimos. Pero no somos exactamente como vuestra ficción nos describe, hay muchas cosas distintas. No es mas que eso, ficción.
- ¿Por qué pude utilizar el anillo si su portador aun estaba vivo? ¿Y por qué funcionó mi estúpida idea del barro?
- El anillo no puede ser utilizado por nadie que no sea su legítimo portador, cierto, pero eso es por regla general. Si en casos extremos, como este, un valiente de corazón puro emplea el anillo para bien, este funcionará. El anillo no funciona ligado a vuestras ciencias exactas. La fuerza de voluntad, el valor y el honor lo alimentan. Tu deseabas que tu idea funcionase, por eso funcionó. El anillo de poder es el arma mas poderosa que ha existido jamás, y no necesita la lógica para funcionar.
- No lo entiendo.
- Es difícil comprender como se ejecuta el poder de los Green Lantern.

Brad miró apenado el anillo.

- ¿Y que pasará con Mr. Winslow? ¿Qué pasará conmigo? ¿Qué pasará con toda esta gente?
- No podemos resucitar un cadáver, eso es algo fuera de nuestro alcance y del de cualquier ser. Borraremos la memoria de todos los presentes, y restauraremos todos los daños. Vosotros estaréis de nuevo en vuestro aula, y creeréis que Mr. Winslow sufrió un ataque cardíaco.
- ¿Entonces.... no recordaré nada?
- Lo siento... pero asi ha de ser...
- Vaya... – Brad contenía las ganas de llorar.
- Tu hazaña ha demostrado que estás preparado para ser un Green Lantern. Pero aún eres joven, y ya hay un agente patrullando la Tierra. Pero quizá algún día seas apto, el propio Hal Jordan acaba de comentarmelo.
- Hal... Hal Jordan...

Y mientras Brad Ryan se sorprendía, todo volvía a su sitio. De nuevo estaba en clase, mirando por la ventana un nuevo amanecer. Y sonreía. Todos sus compañeros corrían horrorizados a socorrer a Mr. Winslow por su infarto, pero el solo podía mirar por la ventana, y no sabía porque, pero un nombre le venía a la cabeza.

- Hal Jordan...

FIN