stark
por RugalB

Capítulo 1: No tengo miedo

Año 1837. En un bosque en las cercanías de París, cuatro jóvenes bandidos aguardan encaramados a un árbol una carreta que atravesará el camino hacia la ciudad. Una fría y oscura noche de noviembre, en la que las nubes tapan casi por completo los rayos de una luna llena que hoy no tiene ganas de alumbrar.

-Veljko, no sé si quiero arriesgarme con este golpe. Si el alcalde descubre quién atracó a su hija, lo vamos a pasar muy mal...

-No lo descubrirá, André-, responde fríamente Veljko. -No va a quedar ningún testigo con vida.

Veljko es claramente el cabecilla del grupo. Es un joven croata ilirista que abandonó su patria, inconforme con la soberanía austrohúngara. Tras vagar por toda Europa, acabó estableciéndose en Francia donde se convirtió en uno de los criminales más perseguidos del país, asaltando con su banda los caminos que conducen a París.

La carreta se retrasa demasiado. Veljko se impacienta; si alguien se ha ido de la lengua y advirtió al alcalde del atraco, se arrepentirá. De pronto, se oyen unos disparos a lo lejos, seguidos de un grito de mujer y un histérico relincho de unos caballos.

¿Alguna otra banda, se ha adelantado? Imposible, ése es su territorio, nadie se atrevería a invadirlo, conociendo cómo se las gasta Veljko. Debe ser otra cosa. Los forajidos se miran entre sí, preguntándose qué ha podido ocurrir. A un gesto de Veljko bajan todos del árbol y se dirigen corriendo a la fuente de los ruidos.

Cuando encuentran el carromato, no dan crédito a lo que ven. Sobre el vehículo volcado, un hombre sujeta entre sus brazos a la hija del alcalde, totalmente ensangrentada. Los cadáveres del cochero y un guardia yacen en un suelo tintado de sangre. Un segundo guardia descarga su carabina contra un par de hombres que estallan en carcajadas cada vez que reciben un impacto; entonces se cansan de jugar y se lanzan hacia él, mordiendo su cuello.

La presencia de los bandoleros no pasa desapercibida. Cuando los asesinos los descubren, salen corriendo hacia ellos. Los bandidos, horrorizados, huyen perdiéndose en el bosque con sus enemigos pisándoles los talones. Pero no han huido todos, Veljko sigue en pie, impasivo, mirando fijamente al hombre envuelto en una capa que chupa el cuello de la hija del alcalde.

Cuando ha satisfecho su sed de sangre, el extraño sujeto se eleva en el aire, y su silueta se transforma en la de un enorme murciélago, que se acerca velozmente a Veljko, para finalmente caer frente a él y recuperar su forma humana. La luz de la luna muestra sus rasgos demoníacos: ojos rojos, piel pálida y unos colmillos extraordinariamente largos y afilados.

-Vas a desear haber huido con tus camaradas, mortal. Ahora vas a sufrir el poder de Drácula. -Coge a Veljko de las solapas, y lo levanta como si fuera de papel. -¡Pardiez!¡No tiemblas ni suplicas clemencia!¡No gritas ni tratas de huir!¿Es que no ves que estás en poder de Drácula y que ésta será la última noche en la que cometerás tus fechorías?

-No te tengo miedo.

Drácula mira fijamente los ojos del eslavo. Durante unos segundos, se le ve reflexionar, hasta que dobla el cuello de su víctima y clava sus colmillos en la yugular. Cuando lo suelta, Veljko cae de rodillas al suelo, mareado, con la vista nublosa. Drácula corta con la uña del pulgar las venas de su muñeca, derramando su sangre.

-Alégrate, mortal. Hoy serás recompensado por tu elogiable carácter. Cuando bebas de la sangre de Drácula, recibirás el don de la vida eterna.

Dicho esto, el vampiro toma la cabeza del joven y le hace beber la sangre que escurre por su brazo, muriendo a continuación. Sin embargo, dentro de tres noches volverá a despertar, aunque ya nada será igual.