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por RugalB
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Capítulo
2: Algo Especial
- ¿Por qué es este chico tan especial?
Victor Lediakhov atusó su barba con una mano mientras con la otra sujetaba
el teléfono. Era un hombre maduro, de unos cincuenta y tantos, más
bien gastado. Su cara llena de arrugas y su pelo completamente cano sugerían
una vida más dilatada, pero su gran corpachón aún ágil
y musculoso surtía el efecto contrario. Una larga cicatriz atravesaba
su cara desde su ceja derecha hasta que se perdía entre los pelos de
su barba descuidada de tres días. Solía trabajar como agente del
KGB en su mejor época, hasta que la URSS se disolvió. Desde entonces,
ha estado dando tumbos de aquí a allá, hasta que el magnate Wilson
Fisk le contrató para que entrenara soldados de élite para fines
privados.
- Hazme caso. No me equivoqué con la hija de Natchios ni con Neil- la
voz grave de su patrón sonó al otro lado del aparato.
- La chica es buena, pero Neil sí es una equivocación. Es un puto
loco.
- Es así como me gustan.
- ¿Este Matt Murdock también está chiflado?
- No, todo lo contrario. Como puedes ver en su informe, tiene la cabeza demasiado
en su sitio. Su conciencia será un estorbo. De hecho, esto puede causar
algún problema con el que tendrás que lidiar. Sospecha que tengo
negocios sucios y desconfía de mí.
- Me parece natural. Acabas de cargarte a su padre.
- Eso es algo de lo que nunca se enterará.- Fisk hace una leve pausa.
- Se pasará por tu apartamento mañana por la mañana. Habla
con él a ver qué te parece, pero creo que te va a gustar. Hazme
un favor y no te duermas.
- Estaré listo.
- Por cierto, no me has mencionado nada sobre su ceguera.
- No me importa. Hace tiempo conocí a un tipo ciego que no echaba en
falta la vista para estas cosas.
- - -
Toc, Toc.
Matt llamó a la puerta con los nudillos, tras comprobar que el timbre
no funcionaba (igual que cada una de las bombillas del pasillo del edificio,
pero eso a Matt le daría igual aunque fuera de noche). Tras insistir
un par de veces, oyó una voz recién levantada responder con acento
ruso. A través de la puerta, un sinfín de olores llegaban a la
nariz de Matt; olor a ropa sucia, a vodka, a comida de lata y a berraco. Sus
oídos captaban cómo unos pies entorpecidos por el sueño
que aún pesaba sobre su dueño palpaban el suelo en busca de unas
zapatillas, cómo después se encaminaban hacia la puerta. También
oyó cómo goteaba el grifo del baño, el ris?ris de un ratón
royendo el mueble de la cocina, el golpeteo insistente de una mosca tratando
de atravesar un cristal. Y es que Matt tenía un oído excelente
y un olfato agudísimo, que suplían con eficiencia su carencia
completa de vista.
Un tipo en bata y calzoncillos abrió la puerta. Bostezó y se estirazó
como si no hubiera nadie más con él que notara su falta de educación.
Finalmente, su cerebro algo resacoso consiguió reunir las neuronas suficientes
para formar una frase coherente.
- Hey.
- Buenos días, señor Lediakhov. Soy Matt Murdock. Me envía
Wilson Fisk.
- Ah, sí. ¿Qué hora es?
Matt ignoró la pregunta.
- Supongo que sabe a qué he venido.
- Claro que sí, chaval. Tengo que vestirme. Pasa y siéntate si
quieres.
- No, mejor le esperaré fuera.
Veinte minutos después, los dos estaban sentados en una cafetería.
Charlaron mientras el ruso devora con avidez unas tortitas y un café.
El chico le resumió su vida. Le dijo que sufre desde pequeño una
enfermedad degenerativa que le ha hecho perder la vista por completo, pero que
de alguna manera sus otros sentidos se han desarrollado tanto que ya no necesita
sus ojos. Le contó que posee lo que podríamos considerar un sexto
sentido, una especie de radar, que le permite moverse como un hombre con plenas
facultades visuales. Esto es algo que resultó familiar a Lediakhov, es
una historia que ya le han contado en forma de dossier. Después, el muchacho
pasó a hablarle de su vida privada, de cómo pese a su ceguera
despuntaba en los campeonatos juveniles de kárate, cómo el señor
Fisk financió su afición y su posterior incorporación a
la facultad de derecho de la ESU con una beca que su padre, un boxeador incapaz
de sacar adelante una vieja escuela de boxeo, no podía mantener. Le explicó
cómo comenzó a hacer de recadero para Fisk, y cómo de repente
su padre murió apalizado en su propio gimnasio.
Como Lediakhov prestaba más atención al trasero de la camarera
que al reciente asesinato de su padre, Matt cambió de tema y le propuso
que le enseñara el lugar donde a partir de entonces aprendería
el arte de la lucha y la infiltración. Salieron del café y se
marcharon a la Torre Fisk, el edificio de oficinas de Wilson Fisk. Subieron
al ascensor y bajaron a unos cuantos niveles del subsuelo apretando un botón
que necesitaba una llave para ser accionado.
- ¿La Torre Fisk? ¿Por qué no me citó el señor
Fisk contigo aquí directamente?
- Porque antes quería que hablara contigo a ver qué me parecías.
Las puertas se abren. Atraviesan un pasillo y entran en una habitación,
donde les esperan una chica muy atractiva y un muchacho rapado.
- Matt, te presento a tus nuevos compañeros, Elektra y Neil. Os llevaréis
bien.