stark
por RugalB

Capítulo 1: Pésames

-Lo siento mucho, muchacho.

-Gracias, señor Fisk.

-¿Qué vas a hacer ahora? ¿Sabes ya dónde te vas a quedar a vivir, qué vas a hacer para pagarte los estudios?

-Todavía no. Con el sueldo de mi padre y el mío, apenas llegábamos a pagar el alquiler y la universidad.

-No te preocupes, Matt. Llámame, sabes mi número. Puedo darte un trabajo mejor, en el que me serás más útil, que te dejará tiempo para estudiar, y con un buen sueldo. Y esto no lo hago por caridad, porque era amigo de tu padre, sino por tus cualidades. No lo tomes como una limosna.

-Me lo pensaré.

-Llámame sea cual sea tu respuesta. ¿Tienes donde quedarte hoy?

-Sí, el señor Nelson me ha ofrecido su casa.

-Pues ve con él y descansa. Y no te preocupes de los culpables, el señor Nelson y yo haremos todo lo posible para encontrarlos.

Y dicho esto, Wilson Fisk abandonó el tanatorio, seguido de sus guardaespaldas. Matt se quedó un rato más junto al cuerpo inmóvil de su padre, cogiéndole la mano, oliendo su olor, que aún conserva pese a los potingues que le han puesto en la funeraria, hasta que Foggy y los Nelson se acercaron a él y consiguieron arrancarlo del ataúd.

Cuando llegaron a casa, una amplia y lujosa mansión en las afueras de Nueva York, una criada preparó la habitación de Matt, una habitación que era casi tan grande como todo su viejo apartamento en la Cocina del Infierno. A continuación, la criada le explicó dónde está situada cada cosa para evitar accidentes y golpes, ya que Matt es ciego. Luego se acostó y trató, sin conseguirlo, de conciliar el sueño.

Al día siguiente, el señor Nelson llevó a Foggy y Matt a la Cocina del Infierno, al piso de Matt, a recoger sus cosas antes de que finalizara el mes de alquiler que estaba pagado. Después, el señor Nelson deja a los chicos en la oficina de Wilson Fisk, pues Matt prefiere hablar con él en persona.

Cuando entran en su oficina, Foggy queda impresionado y no puede reprimir un bufido de la impresión. Es un despacho enorme, gigantesco, con una gran mesa al final, delante de la ventana y, junto a la mesa, el señor Fisk, uno de los hombres más influyentes de Nueva York. Es grande, muy grande, más de dos metros de alto y un sobrepeso más que notable. Sus manos son tan grandes que podría coger las cabezas de los dos muchachos con tan sólo una de ellas. Sobre su corpachón, vestido con un elegante traje blanco con corbata, asoma una cabeza demasiado pequeña en comparación, con una gran papada debajo de su amplia sonrisa de interés, con unos ojillos hundidos bajo la frente protegidos de las grandes gotas de sudor que caían de ella por unas espesas cejas negras, que por su completa calvicie representaban todo el pelo de su cabeza.

Con un gesto indicó a Matt que se sentara en las sillas que había delante de la mesa, sentándose él a continuación en el sillón que había detrás. Se deshizo de Foggy hábilmente, encasquetándoselo a su secretaria, que se lo llevó de allí para enseñarle cualquier cosa que se le ocurriera.

-Me alegra que hayas venido, Matt. Estas cosas se arreglan mejor cara a cara que por teléfono. ¿Has decidido ya si vas a aceptar mi oferta?

-Sí.

-¿Y cuál es tu respuesta?

-Acepto el trabajo.

-¿Estás seguro? ¿Sabes exactamente a qué te dedicarás?

-Sí. Aunque le advierto que no quiero verme envuelto en asuntos sucios o de naturaleza dudosa. Sólo participaré en aquéllos en los que su vida o sus negocios legales se vean en peligro. Nada más.

-Matt, soy un hombre honrado. No tengo negocios de naturaleza dudosa.

-Mejor para los dos.

-Toma esta tarjeta. Es de Victor Lediakhov, él te entrenará.