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Superman/Batman:

Enemigos Públicos

Norma Editorial www.dccomics.com 14 € 144 págs
GUIÓN DIBUJO ENTINTADO PORTADA

Jeph Loeb

 Ed McGuinness Dexter Vines Ed McGuinness
 

Reconozco que he disfrutado a fondo con el Superman escrito por Jeph Loeb, y es una confesión avergonzada, porque Loeb ha hecho cosas con las que no estoy en absoluto de acuerdo y que califico de soberanos errores. Pero las ha hecho con gracia, con cierta inteligencia, y dejando detrás de sí tebeos muy entretenidos, fáciles de leer y de deleitarse con ellos, sobre todo gracias a los dos pedazo de compañeros de viaje con los que ha contado Loeb: Tim Sale y Ed McGuinness.

Las Cuatro Estaciones ya fue un avance de lo que luego nos encontraríamos en la serie regular. Sencillez, majestuosidad, mucho tratamiento de personajes y poca historia. En ese sentido, el Superman de Loeb quiere ser siempre más definición que historia, más retrato que relato. Pasan pocas cosas (mejor, porque cuando pasan suelen estar mal llevadas), y donde mejor brillan esos tebeos es en la descripción de quién es Superman y aquellos que le rodean.

Luego, en la serie regular, Loeb dejó grandes momentos sumados a los crossovers patateros con los que también apechugó Joe Kelly o Joe Casey y que, en el fondo, son los que han desvirtuado una época que, en otras circunstancias, hubiera pasado a la Historia del Hombre de Acero revestida de buenos tiempos. Crossovers aparte, Loeb también se lió la manta a la cabeza, empeñado en enmendarle la plana a John Byrne y su Krypton desolador e insuperable. Lo hizo proponiendo una vuelta a lo de siempre, al planeta de algodón de azúcar de los años cincuenta y sesenta. Por fortuna, sus sucesores se encargaron de dejarlo todo en ensoñación villanesca, pero he de confesar que la historia en sí me gustó, por mucho que abominara del planteamiento.

Hete aquí que Loeb y McGuinness dejan Superman, el título principal, con unos cuantos cabos sueltos pendientes de atar, y, con toda la maquinaria de marketing de Dan DiDio a sus pies, ponen en marcha Superman / Batman, título fabricado con el objetivo, del todo respetable, de alzarse a los primeros puestos de ventas, y que viene una vez más a ampliar las ya de por sí desmesuradas franquicias de ambos personajes. Más del primero que del segundo, que lo que ha sucedido en sus páginas ha afectado fundamentalmente a Superman, dejando a Batman en una cómoda postura de testigo.

A priori, hubiera preferido que ambos autores hubieran seguido en Superman, y que lo hubieran hecho sin crossovers, con la posibilidad de contar sus propias historias, que es lo que han hecho bien en estos años. Sin embargo, y también a priori, la serie no deja de tener su morbo. Loeb ha trabajado también con Batman, sabe como funciona (por mucho que haya algún malicioso que piense que un Batman guionizado por Loeb es un detective más tonto que el de Gosford Park) y cruzar a los dos grandes espadas de DC es motivo de alegría desde que Byrne (otra vez Byrne) tuviera la genial idea de que se cayeran mal.

Acabo, pues, dejando de lado lo que pudo ser y no fue y comprando la serie con ganas, leyendo cada número con religiosidad y llegando al final de la primera saga de la misma para concluir que menudo gol nos han metido a los lectores. Y menuda patata.

Antes decía que lo de Loeb no es contar historias: es describir personalidades. En este caso, la serie se podría haber beneficiado de una tensión constante entre Superman y Batman. De hecho, lo pide a gritos, no ya por las diferencias existentes, sino porque el estilo narrativo de Loeb invita a ello: acción insustancial por un lado e introspección por otro, sin que una cosa no llegue a coincidir con la otra más que en señaladas ocasiones. Es el truco, desvelado en alguna que otra ocasión por el guionista, según el cual el dibujo cuenta una cosa y el texto con el pensamiento del héroe otra totalmente diferente. Es un truco bonito y efectista, que a veces queda repetitivo (¿alguien recuerda los discursos presidenciales en Nuestros mundos en guerra?) pero que en general Loeb sabe cuadrar con cierto estilo.

No ocurre así en Superman / Batman. Lo que nos encontramos es que Loeb lleva al terreno de la caracterización lo que ya había plantado en la narración. Es decir, la vuelta a presupuestos pre-Crisis. En este caso, la idea, estúpida y absurda a la luz de lo ocurrido del Man of Steel a esta parte y ratificado en Kingdom Come, de que Supes y Bats no sólo han de llevarse bien, sino además han de admirarse mutuamente, hasta convertirse en dos buenos camaradas. Vamos, que no dejan de hacerse la pelota en todo el tebeo, por no usar una denominación para eso más castiza y de bastante mal gusto que todos os podéis imaginar por vosotros mismos.

De esta forma, el guionista se carga buena parte del interés que pudiera tener el título. Nos queda la historia. Y aquí es donde termina de defenestrar la serie. La historia es tan sencilla como todas las que hace Loeb, pero su problema no es ése: su problema es que es simple. Es recurrir a un tópico de los de toda la vida (Superman desacreditado por Lex Luthor y perseguido por el resto de los héroes) y estirarlo a lo largo de seis números, para culminar con un episodio final plagado de despropósitos, desde un gigantesco robot a lo Mazinger Z mitad Batman, mitad Superman, que haría enrojecer de vergüenza ajena hasta al más radical lector de la Golden Age, hasta una solución apresurada y rupturista de una trama que Loeb ha construido durante varios años: la de la presidencia de Luthor. No puedes plantear todo un argumento en virtud del maquiavelismo del villano para al final darle carpetazo con una solución de aprendiz de guionista que nada tiene que ver lo contado hasta el momento. Es como si cerramos la última temporada de El Ala Oeste con un final a lo Embrujadas.

Luego está McGuinness, tan estupendo como siempre. Loeb no es tonto, y le saca el máximo partido a los dibujantes con los que trabaja. Aquí pone a Mc a coreografiar batallas, y batallas, y batallas... que quedan muy bien, que se disfrutan como es debido, pero que de poco sirven cuando cierras cinco minutos en leerte el tebeo, y la sensación final es una inmensa... nada.

Terminado el primer (y bochornoso) arco argumental nos hemos encontrado con una historia unitaria que sigue la estela de la anterior. En este caso, Pat Lee hace las veces de artista especial en un número protagonizado por Nightwing y Superboy en el que, otra vez, nos casca Loeb un par de robots gigantes, por aquello de que Lee viene de dibujar pin-ups de los Transformers. Buen criterio ése, ya que le pueden quedar muy bien las cafeteras, pero lo de retratar personas no es definitivamente lo suyo, y aquí lo demuestra en cada página. Un horror, tanto de guión como de dibujo. Si los seis primeros números son ofensivos pero leíbles, el séptimo es ofensivo, ilegible y horrible.

La segunda "gran" aventura es en la que se nos presenta una ¿nueva? Supergirl. Todavía no se ha terminado de publicar, pero cada número produce una tremenda pereza. Dibuja esta vez Michael Turner, con momentos brillantes y otros muy de la Image de los comienzos. Poses sin sentido, vamos. El punto de partida no puede ser más Loeb. Allá donde Peter David se inventaba mil teorías para justificar la existencia de una Kara Zor-El, Loeb se limita a tirar por la opción más facilona: que aparezca un buen día con su navecita y resulte ser la prima de Superman, y ya está. O no, que he visto a Harbinger en el tercer capítulo de la saga, aunque todavía no he encontrado fuerzas para leerlo. Ya digo: pereza.

Dicen que luego viene Carlos Pacheco. Por favor, que ponga algo de coherencia en este despropósito. O que al menos nos deje sin habla ante el dibujo, porque lo que es la historia...

Julián M. Clemente