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Resulta
que hoy es día de huelga. Antes de que alguien se haga preguntas capciosas,
o, peor aún, que sienta la irresistible necesidad de hacerlas aquí, supongo
que debo manifestar mi opinión sobre la huelga.
Estoy a favor. De
hecho cualquier muestra de "fuerza" por parte de la sociedad (así, en general)
al gobierno me parece bien. Al menos desde un punto de vista teórico-ideológico,
que luego esto de las huelgas se convierte en un cachondeo. Vale, tal vez
preparar una huelga según ganó por primera vez la derecha las elecciones habría
sido un poco... exagerado. Incluso puede que hacerlo justo después de que
ganara por mayoría absoluta, en plan "no te olvides de quién manda aquí"
habría resultado un tanto prepotente por parte del pueblo, aunque quizá eso
habría evitado que la prepotencia se instalara en la Moncloa. Quién sabe.
El
caso es que hoy hay huelga y a mí me parece bien. Pero no por ello me dejan
de extrañar algunas cosas. Por ejemplo, ¿por qué la huelga parece cada vez
más una competición de miedo? A ver, a ver, ¿qué te da más miedo, la empresa
amenazadora o el piquete "informativo"? ¿Es preferible dejar de asistir al
trabajo sabiendo que tu empresa no se lo va a tomar bien (cómo si una empresa
se fuera a tomar bien algo) o enfrentarte a esas amables personas que tienen
de informativo lo que los telediarios de la Primera?
Por un lado
tienes la permanente espada de Damocles, el despido, el recorte de nómina,
el puteo por haber hecho algo opuesto a las doctrinas de la todopoderosa
Ley de la Empresa (escrita en dos tablas y guardada en el Banco con el resto
de los activos). Quizá si pudieras demostrar algo deberías hacer un examen
de conciencia y no acudir al trabajo. En ese caso luego podrías tratar de
explicárselo a tus jefes, y éstos a los suyos y así hasta... depende, hasta
arriba si la empresa es española, cien por cien y con un sellito que dice
Denominación de origen. Pero de esas hay pocas, muy pocas. Ahora lo que se
lleva es la multinacional/ pancontinental/ mundial que tiene su centro en
Boston, delegaciones en Kinshasa, una oficina en la City de Londres y una
fábrica en Lyon. Trata de explicar a todas esas personas (bueno, tú no, tu
jefe) que en España, un pequeño (no tanto) país de Europa, al fondo a la
izquierda, van a hacer un día de huelga y no van a estar operativos. La globalización
es lo que tiene, va a haber que hacer huelgas globales, todos los sindicatos
del mundo poniéndose de acuerdo para la primera huelga global de la historia.
Pero me temo que nada sería capaz de paralizar al mundo entero, ni siquiera
lo consigue el mundial ni lo logró en su día la muerte de Lady Di como para
lograrlo con una huelga.
Por el otro lado tenemos el miedo a los exaltados
revolucionarios, esa gente que se sabe de memoria lo de "Si los curas y monjas
supieran..." y que se saben tan bien la de "Arriba, parias de la tierra..."
que la cantan cada vez que empieza Crónicas Marcianas. Gente que tiene un
Deseo Revolucionario Insatisfecho y sabe que solo en este tipo de actos (amen
de celebraciones de victorias electorales, de triunfos deportivos y de los
premios globales, salvo quizá el Nobel de Literatura) pueden desmelenarse
y acercarse a sus hijos (y saben también que su partido no ganará en la vida,
que sus victorias deportivas serán festejar permanencias el año que se pueda
y que lo más cerca de bañarse en una fuente que ha estado fue cuando el Nobel
a Saramago). Total, que se lo tienen que pasar bien aprovechando el momento,
y lo hacen al estilo de las pelis, como cuando en las del Oeste llegaban
los tipos diciendo "¿No sabe que si no contrata un seguro a Pa’ O’Brigthon
su negocio pude sufrir algún accidente que no estará cubierto?" Y el tipo
de la tienda paga. Pues en esas estamos. Si alguien se molestara en hacer
datos fiables (fiables sobre todo, datos va a haber para aburrir) se vería
que la huelga está siendo secundada por empresas familiares, tiendas de barrio
y esa gente que solo dispone de si misma para salir adelante. Es decir, los
que no son grandes empresas internacionales. Bueno, también entre la administración
pública, aunque no queda claro como van a hacer eso de los servicios mínimos...
anda que como se vaya a la huelga el tipo al que le toca trabajar ese día...
uno de los nueve que quedan a hacerle la suplencia... pues vaya.
Lo
que no tengo muy claro es que tengo que hacer yo, es decir, al trabajo no
voy a ir, faltaría plus, pero... ¿debería estudiar? ¿leer las lecturas obligatorias?
¿acaso algo que sirva de provecho como leer, visitar exposiciones o callejear,
incluso pensar? Me gustaría saber como justifican algunos eso de "No voy
a escribir hoy en internet" ¿qué pasa que alguien les paga? ¿Pueden pasarme
el número de teléfono? Y los que hacen un trabajo de fondo, es decir, yo
escribo hoy algo que un día se publicará... entonces debería poner "Este
párrafo se escribió durante la Huelga General: ¡Jodeos todos, Piquetes!"
¿y los periodistas? No solo los que han tomado las calles, que casi se podría
decir que hay un periodista para cada sindicalista ¿no se supone que lo que
salga mañana en los periódicos será lo que hagan hoy? Entonces... ¿por qué
es hoy cuando no hay periódicos?
Esto del trabajo en días de huelga
me plantea una pregunta fundamental. A ver, los tipos estos que organiza
la huelga, que velan por la normalidad, que se procuran de que todo salga
a pedir de boca (aunque con un algo de entusiasmo que quizá sea algo violento)
[Me refiero a los sindicalistas, no a la policía, OJO] ¿No se supone que
están haciendo su trabajo? Entonces, ¿cómo es que los que piden la huelga
trabajan ese día? Me resulta extrañamente paradójico, algo del estilo de
"Muero para que muráis" o de "Esto me va a hacer más daño a mí que a ti"
o "¿Tú te crees que yo quiero pasarme una semana en Barbados con mi secretaria,
la Susi, en vez de estar aquí contigo durante la semana que nos va a venir
a visitar tu madre?". Algo así.
En fin, que hoy hay huelga, que espero
que el gobierno entienda el mensaje y se muestre menos prepotente. Dicho
lo cual voy a escribir mi carta a los Reyes Magos.
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