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Cuando desperté esperaba que siguiera allí. Pero no, la noticia era cierta. Augusto Monterroso ha muerto.
Quizá podría dejarlo aquí, homenajear su brevedad. Pero era más que brevedad, también podía tener cuentos largos. Lo importante en la obra literaria de Monterroso es el humor y la inteligencia, no la duración.
Si tuviera la oportunidad dividiría la producción de Monterroso en tres.
Primero sus cuentos, su fábulas, sus pequeñas historias que componen el comienzo de su carrera publicada: “Obras completas (y otros cuentos)”, “La oveja negra y demás fábulas”, “Movimiento perpetuo”.
Tras estos tres libros llega el centro, su novela // no-novela, sobre Eduardo Torres. En la grandísima “Lo demás es silencio” el juego de espejos y la mirada inteligente sobre los libros y sus alrededores llega al máximo grado de complicación dentro de la obra de Monterroso.
A partir de ese momento se dedicará a charlar, mediante el ensayo, la entrevista, la reflexión... muchas variantes para seguir hablando de la literatura. “Viaje al centro de la fábula”, “La palabra mágica”, “La letra e”, “Los buscadores de oro”, “La vaca”, “Pájaros de Hispanoamérica”. En todos ellos charla sobre libros con sus lectores de tú a tú. Incluso cuando se trata de hacer de editor de una antología como en “Antología del cuento triste” en compañía de Bárbara Jacobs.
Son tres obras bien diferenciadas, aunque unitarias gracias al autor. Reunidas en su mayor parte por Alfaguara (editorial que últimamente editaba todas sus obras) y que resulta uno de los mejores libros recopilatorios que se puedan encontrar.
Monterroso, tan aficionado a hablar de la vida, tiene ahora por delante tiempo suficiente para perfeccionar sus textos. Espero que eso le haga feliz.
No sé cómo acabar esto, quizá lo mejor sería terminar con uno de los apuntes de Monterroso y que cesé allí este recordatorio. Al fin y al cabo, como reza la frase de "La Tempestad" que Eduardo Torres escogió para el libro que sobre él escribió: “...Lo demás es silencio”
Humorismo
El humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. Excepto mucha literatura humorística, todo lo que hace el hombre es risible o humorístico. En las guerras deja de serlo porque durante éstas el hombre deja de serlo. Dijo Eduardo Torres: “El hombre no se conforma con ser el animal más estúpido de la Creación; encima se permite el lujo de ser el único ridículo”.
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