iguiendo
con esta sección destinada a redescubrir a los lectores noveles
algunas de las obras pioneras de cómic japonés en este país,
le toca el turno a la que, por ahora, considero mejor de ellas: Sanctuary,
publicada aquí como Santuario (¡Cielos! ¡Un título
traducido de forma fidedigna!)
Y
es que Santuario es uno de esos mangas que, a la hora de echar un
primer vistazo inicial, puede provocar algún recelo al aficionado
común. Su estilo de dibujo realista, y su temática, enclavada
en el mundo de la política y la yakuza (el crimen organizado japonés),
es posible que eche para atrás a un buen número de potenciales
lectores. Y por qué no decirlo, la triste evidencia de no tener
al alcance, en principio, más que el primer tramo de la historia.
Sí,
porque Santuario, que comenzó su breve andadura hispana en
el año 1993, es otro de esos mangas que engrosan la tristemente
larga lista de colecciones cerradas a las primeras de cambio. De los doce
tomos japoneses que componen la obra, tan sólo se llegaron a publicar
tres, antes de que los índices de ventas dictasen su implacable
ley. La aún escasa madurez del fándom por aquella época
(en la que todo manga que no contara con un extraterrestre lanzando rayitos
o un plantel de nenas macizorras mostrando carne, parecía condenado
al fracaso), y el recurrente tema del inadecuado formato cómic-book,
terminaron por impedirnos alcanzar el santuario. Mas no desesperéis,
que alternativas haylas. Más adelante hablaremos de ellas.
Dos autores conocidos en nuestro país son los artífices de
esta maravilla. La idea argumental fue concebida por el guionista de El
Puño de la Estrella del Norte, Yoshiyuki Okamura (más
conocido por sus dos sobrenombres, Buronson y Sho Fumimura),
y el maestro Ryoichi Ikegami (Crying Freeman, Mai)
fue el escogido para traspasarla al papel. Como ya informaron los gonzos
en un número anterior, la pareja ha vuelto a unirse recientemente
para dar a luz una nueva obra, Strain, que ardo en deseos de tener
en mis manos.
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LA
HISTORIA
¿Y
de verdad Santuario es "sólo" un manga de políticos y mafiosos?
Bueno, en principio puede darnos esa impresión. La historia transcurre
en el Japón contemporáneo, donde aterrizan los dos protagonistas
de la serie: Hojo y Asami. En su niñez, habían
sobrevivido milagrosamente al infierno de un campo de concentración
camboyano. Una vez de vuelta a Japón, descubren que su población
está muerta, estancada. A pesar, o por causa de su aparente bienestar,
nada les mueve ni les motiva a progresar y evolucionar. En esta situación,
su país natal podría ser víctima de las corrientes
recesionistas, y presa fácil de las economías emergentes
de su entorno.
Es
por esto que, en una edad en que la mayoría de nosotros estamos
pensando en la juerga y en el ligoteo (algunos más que otros...
y no miro a nadie), ellos se plantean un reto: cambiar el Japón.
Ahí es nada. Para ello, uno ascenderá por la vía "legal",
la política, mientras que el otro le apoyará desde los bajos
fondos, la yakuza japonesa. Pero claro, semejante meta no es moco de pavo.
A lo largo de los doce tomos que componen la obra, se relatan las vicisitudes
por las cuales ha de pasar la pareja protagonista para alcanzar su sueño
particular, su santuario.
Así,
aunque una lectura muy superficial podría sugerirnos que nos encontramos
ante uno de esos guiones en los que los protagonistas se enfrentan a unos
rivales, los vencen y aparecen otros más poderosos (el dire me va
a matar por insinuar una cosa así (NdL.: Estoy a punto, así
que espabila)), una lectura más profunda nos hace ver que Santuario
es una profunda reflexión sobre cómo las sociedades actuales
se enfrentan a la falta de ideales y de ambiciones que provoca una vida
resuelta, y de cómo las ansias de cambio de la juventud chocan de
cara contra el conservadurismo de los ancianos dirigentes. No es descabellado
afirmar que Santuario es una obra revolucionaria. Las ideas y las
propuestas que "Buronson" Okamura pone en boca de sus personajes
son tan atrevidas como sensatas. Parece mentira que la sociedad actual,
quién sabe por qué razones, no se detenga a pensar en cuáles
son las verdaderas causas de su decadencia. Y parece mentira que en un
medio de expresión pretendidamente infantil/juvenil como el cómic,
se encuentren más respuestas que en muchos medios "cultos".
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