COMENZAR DE NUEVO
por Arwen
Pícara despertó a las primeras horas de la mañana, gimiendo suavemente por la manera en que la luz del sol golpeaba sus párpados, exigiendo que ella despertara. Ella hizo una leve mueca de desagrado, no deseando darse a las demandas del sol, e intentó moverse para sacudir el sueño de sus miembros cuando sintió una pesadez peculiar en su cintura que la congeló. Su cuerpo se tensó al ella sentir la piel suave de la persona a su lado; un leve movimiento sobre ella. Ese brazo trajo a su cabeza las memorias del día anterior. Ella mantuvo sus ojos cerrados; ¿oh, qué había hecho ella? Moviendo su cabeza, asustada de lo que vería, contuvo la respiración suavemente y abrió los ojos. Su corazón saltó de un golpe.
Una nariz solo a unos centímetros de la suya, el sueño suavizando la expresión generalmente hosca en su rostro, su Pyro la sostenía tan cerca de él como ella se lo permitiera. Inmediatamente, un enjambre de emociones contradictorias la inundó. A medida que ella continuó mirándolo fijamente, los fragmentos de una conversación se agolparon a su cabeza.
-Eres tan patética. ¿Lo hiciste por él? -
-No, lo hice por mi. –
El la tomó con aspereza por sus brazos. –No te atrevas a mentirme, maldita sea.- Su voz estaba llena de odio y sus manos la asieron con mas rudeza.
-John, me estás lastimando. –
-Esto no es nada… con lo que realmente quiero hacerte; no tienes ninguna idea de cuánto deseo lastimarte ahora, Marie. –
Él levantó su mano, el dispositivo en su mano creando una bola de fuego. Ella lo miró fijamente con desafío. ¿Quién habría pensado que ella iba a morir ese día, quemada hasta ser solo una montaña de cenizas, después de que ella había tomado su oportunidad para ser libre? Ahora ella nunca sabría si la cura trabajaba o no. Continuaron mirándose fijamente uno al otro, John movió con agilidad su muñeca y una ráfaga de llamas salió disparada de su mano en la dirección de la clínica donde ella había tomado la cura. Antes sus horrorizados ojos, el edificio estalló, engullido por el humo y las llamas.
Y entonces... él la besó. Mientras esa boca se movía de manera sensual sobre la suya, le agradó descubrir que la cura si trabajaba. Ella se acercó a él y al beso, mientras la multitud que allí protestaba huía aterrorizada alrededor de ellos, en busca de seguridad.
Ese beso incluso ahora le quemaba, dejando detrás una marca que le había chamuscado dentro de ella. Le dejó sin aliento, deseando más que apenas un poco beso. En un momento maravilloso, en un capricho, ella había aceptado lo que él le ofreció. Borrar por siempre todas esas noches incontables donde el sueño la eludía pensando en él. Acabando para siempre con los pensamientos en su cabeza que la plagaban con esos torturantes "y si..." Ella odiaba los "y si." El pensamiento de esa frase la dejaba con una sensación vacía, una que se burlaba con lo qué habría podido ser si hubiese tomado algunas decisiones diferentemente.
Ella había deseado una memoria para guardar ferozmente como suya. El destino le concedió una. Para toda la eternidad seguiría guardando la memoria de piel en piel, de su boca en la suya, en su corazón; su calor por siempre impregnado en su alma. Ésta era la memoria que alejaría la frialdad de noches solitarias por venir. La única cosa que la mantendría a seguir adelante en meses por venir.
Ella salió de la cama, cuidadosa de no despertarlo, y buscó su ropa entre las que se encontraba dispersada en el barato piso del motel. Ella se encogió mentalmente; ¿qué tan bajo había llegado para tener esa noche con John? Detrás de ella, John roncaba suavemente mientras tanto ella se vestía. Asiendo su bolso tipo militar, ella se volteó para posar su mirada en él. Dormía por completo arrellanado en la cama, totalmente inconsciente de la agitación en el interior de ella, las frazadas cubriendo la mitad inferior de su cuerpo desnudo. Ella deseaba...
¿Qué?
¿El final de un cuento de hadas?
¿Vivir para siempre feliz?
Era una estúpida e ignorante si ella pensaba que alcanzaría eso a su lado. Caminando decididamente hacia la puerta, ella luchó continuamente contra el impulso de regresar y de echarse a su lado y volver a tener esos brazos fuertes alrededor suyo por una vez más. Ella giró su cabeza, dándole un último vistazo para grabar en su mente antes de abrir la puerta. El aire frío de la mañana hizo que temblara. ¿O era porque ella dejaba atrás su otra mitad?
Ella caminó enérgicamente, mientras más fuera la distancia que ella agregara entre ella y John, más disminuía las posibilidades de regresar a él. Y entonces, cuando apenas pensó que ella estaba fuera de toda tentación de volver a él, escuchó el sonido de cristales estallando. Ella paró precipitadamente. Cerrando los ojos dolorosamente, no se atrevió dar la vuelta y así ver lo que ella temía debía estar sucediendo. No había duda en su mente; John estaba encendiendo el lugar en fuego. Sus ojos brillaron con las lágrimas, una mano subió rápidamente a su boca, cubriendo un sollozo desolador. Ella comenzó a correr, tan rápidamente como ella podía, tan pronto como ella escuchó ese grito lleno de dolor y de rabia.
Lo que compartieron la noche anterior nunca debió haber sucedido. No obstante, ella no lamentó la decisión que hizo el día antes al no prohibirse esa noche con John. Ella lo añoraba demasiado para lamentarse.
Algunas semanas después
Pícara era un saco de nervios. Ella había arrastrado a Logan junto a ella esta vez. Ella no podría hacer frente sola al posible resultado; ella necesitaba a alguien con ella. Mirando fijamente hacia delante, sentada entre otros espectadores (seguramente familia de los difuntos en la lucha de Alcatraz), ella posó su mirada en el sello de San Francisco. Al lado de éste estaba la dama de la justicia, una venda cubriendo sus ojos. Pícara no pudo evitar contener un resoplido de indignación. ¿Qué tan ciega podía la justicia ser para un mutante?
-¿Estás bien, pequeña?-
Ella cabeceo, afirmando que si lo estaba. Carajo, ella era una mentirosa. Estaba muy lejos de sentirse bien. Una mano áspera agarró la suya con tierna firmeza. Eran horribles los posibles panoramas que atravesaban por su mente. Ella estaba asustada, totalmente y desesperadamente asustada. Tenía miedo, de hecho, de qué podría sucederle a su John si lo encontraban culpable. Prisión. Esa palabra hizo que un estremecimiento recorriera todo su cuerpo. Había escuchado muchos cuentos horribles sobre esos lugares...
Una puerta se abrió y ella palideció. John entró, sus manos y tobillos encadenados. Ella deseó correr a él, sostenerlo y protegerlo contra todos los espectadores enojados y sentir esos brazos una vez más, al igual que aquella noche profética. Logan debió haber sentido, o al menos haber detectado sus tumultuosas emociones, porque su brazo se posó sobre los hombros femeninos.
No era esta la primera vez que ella le veía así. Ella había venido a su primer juicio, aventurándose a venir sola. Grave error. John le había mirado una vez, apenas una vez. Él le había enviado una fulminante que de poder hacerlo la hubiese transformado en cenizas en el punto. El juez comenzó a hablar sobre la imparcialidad que todos debían mantener ‘y la presunción absoluta de la inocencia hasta que no fuera encontrado culpable '. Ella dudó que fueran justas y que presumirían la inocencia para un mutante; nadie deseaba la imparcialidad, Todos anhelaban venganza y John era su boleto para conseguirla. Después de fijar la fecha para su juicio final, ella se acercó a él.
-No deseo verte otra vez.- Él dijo con frialdad, su voz profunda desprovista de toda emoción.
Pero ella sabía que él estaba herido por lo que ella había hecho y en toda honradez, ella no podía culparlo. Mas sin embargo, eso no la detuvo de derrumbarse en el suelo, fuera de la sala de tribunal, su cuerpo atormentado por temblores incontrolables. Ella comenzó a sollozar pronto después eso. En última instancia, fue Logan quien vino de Nueva York a buscarla en un hospital próximo al edificio del tribunal.
Mientras él caminaba hacia su lugar, John buscó de nuevo su presencia entre la audiencia. Esa mirada vacía hizo que ella deseara devolver lo qué ella había comido para el almuerzo. Todos se colocaron de pie, el juez entró en la sala y luego, se sentaron para escuchar. Con sus ojos entrenados en John todo el tiempo, ella no podía oír una sola palabra. La sangre corría por sus oídos, creando un zumbido que la ensordecía.
El juez llamó al representante del jurado.
La náusea se empeoró.
El hombre dijo la primera ofensa enumerada contra John; asesinato en primer grado. No culpable.
Pícara cerró los ojos, apenas conteniendo las nauseas.
Entonces la segunda ofensa fue nombrada; asesinato en segundo grado. No culpable.
Ella agradeció silenciosamente al cielo; Erik le había enviado un buen abogado.
Ella la apretó las manos; la tercera y última ofensa; delito de incendio premeditado. Culpable. Ella comenzó a caerse y a caerse, las palabras del juez se repetían en el interior de su cabeza. Diez años de encarcelamiento con una audiencia para la libertad condicional en cinco años. Se lo habían arrebatado, por lo menos, cinco años; cinco largos y terribles años. Ella intentó luchar para mantener el sentido, su visión se nubló y un gran deseo de gritar a cada uno en la sala de tribunal que comenzó a aplaudir y a chillar con alegría, comenzó a apoderarse de ella. Logan la cogió a unos centímetros justo antes de que ella golpeara el suelo, la nube en su mente haciendo que casi perdiera la consciencia.
-¡Sácala de aquí, maldita sea! - Ella oyó a John rugir sobre la orden del silencio del juez.
Logan no necesitó que se lo dijeran dos veces. Acunándola en sus brazos, él caminó por el pasillo, entre gritos y silbidos, enviándole una mirada asesina a todos los espectadores, y salió de la sala de tribunal. Una vez que estuvieran afuera, Pícara comenzó a intentar a subir fuera de sus brazos.
-Logan, por favor, bájame.- Ella susurró urgentemente. A regañadientes, él la dejó ir, pero la sostuvo a su lado tomándola de la cintura en caso de que volviera a desfallecer. Mientras tanto una sensación repugnante subía con alarmante rapidez por su garganta. Pícara se separó de sus brazos con violencia y corrió al cuarto de baño a través del pasillo, derramando el contenido de su estómago en el lavabo tan pronto como ella estuvo adentro.
Continuará...
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de mi web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Arwen