LA PRINCESA Y EL LADRÓN, EL CUENTO.

Por Dawn

Erase una vez en un reino muy lejano que vivía una princesa. Pero no era una princesa cualquiera  ni vivía en un castillo cualquiera ni era un reino cualquiera.

Era la princesa mas bella del mundo, tanto que se comentaba en todos los reinos que no había existido nunca una princesa tan hermosa. Era alta, esbelta con hermosos ojos de un verde esmeralda en un rostro de color marfil. Su piel era suave como el terciopelo, sus labios rojos y jugosos como fresas, pero lo mas impresionante de la princesa era que su cabello largo y rojizo estaba surcado por un mechón blanco como la nieve.

Como todas las princesas vivía en un castillo, un castillo construido en mármol y en el centro del castillo había una torre donde la princesa estaba encerrada por culpa de una maldición. La torre era alta y lisa, tan lisa que nadie podía escalarla y tan alta que desde lo alto se podía ver todo el reino. Las ventanas estaban selladas por un encantamiento, que era como una fina tela que impedía a la princesa tocar a nadie o salir. Cuando la princesa era pequeña fue presa de una maldición por la cual no podría tocar nunca a nadie hasta que su nombre fuese revelado y para asegurar que nadie conocía ese nombre hizo que fuera borrado de las mentes de todos los habitantes del reino. Solo la princesa lo conocía pero no podía decirlo porque la maldición lo había encerrado en lo mas profundo de su mente. Así con los años se la empezó a conocer solo como La Princesa. La maldición incluía un hechizo que impedía a nadie estar mas de 14 días junto a La Princesa. Cada dos semanas una tormenta de rayos azotaba el castillo y derribaba todo lo que encontraba, salvo la torre matando a todos los que se encontraban cerca.

El rey hizo correr el mensaje de que quien liberase a La Princesa se casaría con ella y recibiría de regalo joyas y honores. Animados por el desafío y por la recompensa, los príncipes y caballeros llegaron a cientos, pero todos se volvían desesperanzados a sus reinos al no poder liberar a La Princesa. Y el tiempo pasaba y La Princesa crecía y se hacia mas hermosa, su cabello mas largo y sus hermosos ojos verdes se volvían mas tristes. Tenía todo lo podía desear, ya que solo con pensarlo aparecían ante ella joyas, vestidos, comida...pero estaba sola y cada vez mas sola. Un día se despertó y descubrió que habían pasado los años y ya no venía gente al castillo, estaba sola en medio de las ruinas de lo que un día fue su hogar. Hasta que un día notó que llamaban en los muros de la torre.

- Princesa - dijo una voz desde el otro lado de la ventana.

Cuando miró a través de la ventana vio un hombre. Hacía mucho tiempo que no venía nadie a verla y le observó con detenimiento. Era alto, fuerte, su ropa se notaba usada y su cabello castaño necesitaba un buen corte. Pero lo mejor eran sus ojos, tenían un brillo rojizo que hacia que su hermoso rostro tuviera una apariencia pícara.

- ¿Eres un príncipe?

- No - dijo el extraño con una media sonrisa - No soy un príncipe.

- ¿Un caballero entonces? - ahora empezaba a estar intrigada.

- No - respondió con una sonrisa - soy un ladrón.

- ¿Un ladrón? ¿y que esperas robar aquí? No queda nada en el reino salvo mi torre y no se puede entrar ni salir de ella. Me temo que no eres un ladrón muy bueno.

- Ahí te equivocas, soy el mejor ladrón del mundo. Ya tengo joyas y dinero mas que suficientes, pero cuando me enteré que nadie había conseguido robar tu nombre quise ver si era capaz de hacerlo. Puedo robar cualquier cosa en cualquier lugar, no me debería costar robar un nombre.

- De acuerdo, pero deberás irte en 2 semanas por que si no la maldición te matará.

- Está bien. Tengo dos semanas para robar tu nombre - Dijo con una hermosa sonrisa.

La Princesa miraba como el ladrón preparaba sus cosas para pasar un tiempo allí. Y cuanto mas le miraba, mas la costaba dejar de hacerlo. Al final del día se descubrió bordando de frente a la ventana solo para ver como el ladrón se hacía la cena.

Durante los siguientes días no hacían mas que hablar, el ladrón la hablaba del mundo, de sus robos mas famosos, de como había crecido en una ciudad, que era huérfano, que había sido criado por una hermandad de ladrones y que acabó siendo el mejor ladrón del mundo. La contó cuando robó la Princesa Momentánea, cuando robó los secretos del Rey Sombra y finalmente hablaron de lo solos que se sentían. Ella encerrada en la torre, él sin un sitio donde estar.

- ¿Cómo es el amor? - preguntó La Princesa una noche, estaba sentada junto a su ventana observando al ladrón haciendo un solitario.

- ¿El amor? buena pregunta. Nunca he estado enamorado. He conocido mujeres hermosas, he reído y me he divertido con ellas, pero nunca he conocido a nadie que hiciese que mi corazón vibrase. Supongo que el amor es lo que te impulsa a hacer locuras y hace que todo tenga sentido - en sus ojos se veía una sombra de tristeza - Una vez creí estar enamorado, pero fue hace tiempo.

- ¿Que pasó? - Ella estaba intrigada. Nunca había estado el tiempo suficiente con nadie como para tener un amigo y menos enamorarse.

- ¿Curiosidad, Princesa?- preguntó el ladrón con una sonrisa burlona.

- Si fue importante para tí, me gustaría conocerlo.

- Murió - sus ojos ya no tenían tristeza, parecían una mascara fría que ocultaba sus sentimientos.

- ¡Oh! Lo siento, ¿Como ocurrió?, si no es indiscreción, claro. - En su expresión no había maldad, solo ingenua curiosidad.

- Yo la maté - Sus labios se curvaron en una sonrisa cínica y de sus ojos cayó una lágrima mientras continuaba - se llamaba Belladona, y era una asesina. En mi ciudad, como te dije antes, hay hermandades de asesinos y ladrones. Nos conocimos de pequeños y nos divertíamos juntos, sabíamos que estaba prohibido por que nuestras hermandades no se llevan bien, pero no nos importaba. Hace unos años tropecé en un trabajo con un miembro de su hermandad, tuvimos un desacuerdo y...bueno, acabó cayendo desde 3 pisos de altura. La mandaron a ella para matarme. Yo confiaba en ella, no me di cuenta de sus intenciones hasta que me clavo un cuchillo en el pecho- se desabrocho la camisa y la enseñó la cicatriz - me salvaron mis reflejos.

- Lo siento - sus ojos estaban llenos de lágrimas - no tenia que haber preguntado algo así, debe de ser duro recordar que alguien en quien confías te ha traicionado, ojalá pudiera hacer algo para compensar tu dolor.

- Ya lo has hecho - la sonrisa del ladrón ya estaba también en sus ojos, era triste pero autentica - nunca se lo había contado a nadie, pensé que no le importaba a nadie y gracias a ti, he podido compartir mis secretos. GRACIAS. Eres una persona realmente especial.

La Princesa se ruborizó al sentir como la miraba el ladrón, nunca nadie la había hecho sentir así. Su corazón no paraba de latir alocadamente y de su mente no se apartaba la imagen de su pecho desnudo. Era algo nuevo y estaba asustada, tanto que dio las buenas noches apresuradamente y corrió a acostarse, aunque no durmió nada en toda la noche.

Fuera de la torre el ladrón estaba inmóvil, no recordaba haberse sentido tan a gusto con nadie nunca, ni siquiera con Bella. Era como si estar con La Princesa fuera su destino. Sacudió su cabeza para apartar tal pensamiento de su mente y se preparó para dormir. Tumbado en su saco, miraba a las estrellas y se preguntaba cual seria su nombre, ya había probado con todos los que conocía y ninguno había dado resultado. Debía de ser un nombre que hiciese honor a su belleza, por que era la mujer mas hermosa que había visto jamás. Su piel era puro marfil, sus ojos dos esmeraldas brillantes cuya luz variaba con su humor y sus labios, ummmmmmm besarla debía ser lo mas dulce en la vida de un hombre. Se sobresaltó al notar por donde iba el hilo de sus pensamientos, no se había interesado de esa forma en una mujer desde hacía mucho tiempo y tras lo de Bella se había prometido a si mismo que jamás se enamoraría. No permitiría que otra mujer le hiciese daño.

A la mañana siguiente ella se arregló todo lo que pudo, nunca lo había hecho antes y no sabia muy bien por que lo hacia, escogió un vestido rojo y se colocó una hilera de perlas adornando el recogido del pelo. Intentó estar lo mas hermosa posible para él, y al pensar en lo que estaba haciendo se sonrojó al tiempo que su corazón se aceleraba. "¿Será esto enamorarse?"

Él la vio bajar por las escaleras de la torre, y supo sin lugar a dudas que había un ladrón mucho mejor que él por que se había llevado su corazón antes de que se diera cuenta. Estaba mas hermosa de lo que creyó que fuese posible y cuando le sonrió tímidamente desde el otro lado de la ventana exhaló el aire que había estado reteniendo y decidió que o descubría su nombre o moriría en aquella torre, por que no podría vivir sabiendo que ella existía y no podría tenerla.

Los días pasaron y al llegar el último día ella lloró, suplicó, incluso le amenazó para que se fuera, para que la dejara pero él se negó. No podía dejarla.

- Vete - suplicó - si no te vas en unos minutos morirás y no puedo soportar la idea de que mueras.

- Yo no soporto la idea de vivir sin ti, así que me pienso quedar hasta el último instante de mi vida junto a ti, pues ahora que se lo que es el amor, no aceptaré vivir sin él - la sonrió dulcemente pasando su mano por el delgado cristal mágico que les separaba.

Ella colocó su mano contra el hechizo justo donde estaba la suya y cerró los ojos imaginando que podía sentir su piel contra la suya y comenzó a llorar mientras las nubes de la tormenta se aproximaban, podía sentir la maldición sobre su cabeza y entonces sintió el primer rayo. Cayó a menos de un metro de él, pero no se movió. Se quedó mirándola a través de la ventana como si fuese el tesoro mas valioso del mundo y la dijo:

- Te amo, solo recuerda que te amo y que sin ti mi vida ya no tiene sentido.

No había lágrimas en sus ojos, solo una expresión de felicidad mientras intentaba atrapar todos los rasgos de su amada para llevárselos con él en la muerte.

El viento se intensificó, los rayos se aproximaban cada vez mas al ladrón, pero este no se movía. Nada podía separarle del amor que ahora había encontrado.

- Vas a morir solo por que no recuerdo mi nombre - lloraba sin parar, su hermoso rostro estaba inundado en lágrimas de agonía - Por algo tan tonto como mi nombre no podemos estar juntos..., solo por mi nombre...solo por mi nombre...

El rayo cayo a menos de dos centímetros de él, el próximo le mataría y moriría solo por un nombre....

La Princesa miró al negro cielo cuajado de relámpagos y vio el rayo formarse lo vio descender y con un grito de agonía vio como alcanzaba al ladrón. Sus manos golpearon el mágico cristal mientras veía como el cuerpo del ladrón caía sobre el suelo.

- ¡No!, ¡No!, ¡No!, No me hagas esto, no puedes morir...no me dejes...no me dejes..yo...yo...

- Prin...ce...sa – el ladrón dijo su nombre agonizante en un último esfuerzo por asirse a su amor.

-¡Amor mío aguanta! – La Princesa golpeaba desesperada el cristal mágico con los puños mientras su cuerpo empezaba a brillar, pero ella no se deba cuenta. Sus ojos fijos en el ladrón caído en el suelo.

El ladrón miraba como La Princesa golpeaba el hechizo y como empezaba a brillar y observó como los rayos que antes le azotaban ahora se acercaban a la torre como si ella los llamase, como si los alejase de él.  La torre empezó a brillar, el mármol tomó un color rojizo mientras La Princesa parecía arder en un fuego sobrenatural y los rayos comenzaron a golpear la torre con fuerza.

-Yo soy..yo soy..¡Yo soy la princesa del reino!, yo soy el reino, yo soy la heredera – La Princesa parecía haber entrado en trance. Su cuerpo estaba rodeado del mismo brillo rojizo que rodeaba la torre y en sus ojos ardía un fuego verde. Sus manos habían dejado de golpear el mágico cristal y ahora se cerraban fuertemente formando puños junto a pecho; su cabeza inclinada hasta entonces se levanto hacia el techo y gritó:

-¡Yo soy La Princesa! ¡Yo soy ADARA! ¡Y esta torre no me encerrará nunca mas! – Con esto abrió bruscamente los brazos y su brillo se expandió atravesando las paredes que explotaron al contacto arrojando los cascotes a cientos de metros de ella.

-¡Amor mio!- Adara corrió hacia el ladrón que se hallaba tendido en el suelo con las ropas destrozadas, y algunas zonas de piel quemada pero con una hermosa sonrisa en el rostro.

- Un hermoso nombre... para la mujer mas...mas  hermosa del mundo, coff, coff

- No hables, todo ha pasado y te curaras – Aun no le había tocado. Hacia tanto que no tocaba a nadie que tenia miedo de que fuese solo un sueño y despertar. Su mano se acercó tímidamente a su rostro pero antes de que pudiese tocarle, el ladrón le tomo la mano y la acerco a sus labios depositando un dulce beso en su palma.

Cuando los labios del ladrón rozaron la piel de la princesa los ojos de ella comenzaron a arder y un fuego verde los cubrió a ambos, cuando la luz desapareció el ladrón parecía completamente curado.

-¿He sido yo?

- Creo que si, además de belleza parece que posees otras cualidades – dijo con una sonrisa pícara que hizo que ella se ruborizase.- Esto...hay algo que se nos ha olvidado hasta ahora.

- ¿Qué amor mío?

- No es que me moleste que me llames “amor mío” o “ladrón” pero preferiría que utilizases mi nombre.

- No me lo has dicho – dijo ella ruborizándose al darse cuenta de que aun no conocía su nombre. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta de algo así? Mientras, él se levantó del suelo y se limpió el polvo de sus destrozadas ropas, luego tendió una mano hacia ella y la ayudó a levantarse. Cuando estuvo incorporada no la soltó sino que la acercó aun mas a él y mientras que con un mano la sujetaba de la cintura con la otra levantó su barbilla para poder mirarla a los ojos y la dijo:

- Puedes llamarme... - y acercando su rostro al de ella la besó con todo el amor que había dentro de él.

FIN

Este es el cuento completo del fanfic "La Princesa y el Ladrón"

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