ALGUNOS SECRETOS NO SE PUEDEN ESCONDER
Por Rhea Carlysse
Capítulo
dos
Jean-Paul
observó al chico inconsciente que tenía a su lado. El pelo rubio caía
suavemente sobre sus ojos cerrados. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por no
alzar la mano y apartar esos mechones rebeldes de sus párpados. La visión le
hizo esbozar una pequeña sonrisa, que desapareció casi inmediatamente; en el
mismo momento en el que se dio cuenta de lo que estaba haciendo. No es que
debiera de darle demasiada importancia, la verdad. Después de todo, ¿qué
llevaba? ¿Cinco minutos viéndole dormir? Eso difícilmente se podía calificar
como un comportamiento extraño. El chico era guapo y le gustaba, no implicaba
ningún tipo de sentimiento más profundo. No era como si estuviese enamorado de
él, ¿verdad?
Rozó
con los dedos el pequeño trozo de hielo que emergía junto a su ojo izquierdo,
preguntándose qué sería. Bobby ni se inmutó, como si no hubiese sentido el
contacto. Quizá no lo había sentido. Quizá ahora mismo no podía sentir nada...
Se
mordió levemente el labio inferior mientras una peligrosa idea se le pasaba por
la cabeza. Podría no tener otra oportunidad. Mejor dicho, no tendría otra
oportunidad, y tampoco era como si se fuese a enterar. No lo sabría nunca, y
así podría ahorrarse toda la parte del rechazo.
Voy
a lamentar esto, pensó mientras se inclinaba suavemente sobre el rostro
inconsciente de Bobby. Tentativamente rozó los labios de Bobby con los suyos.
Sólo un roce, nada más, tampoco quería que se despertase de repente y causarle
un shock.
Se
separó lentamente y con los ojos cerrados, una parte de él esperando que el
otro hombre se levantara de repente para echarle en cara lo que acababa de
hacer. Una sensación demasiado profunda como para que no hubiera ningún tipo de
sentimiento implicado, pensó amargamente.
Cuando
volvió a abrir los ojos pudo observar cómo Bobby no se había inmutado. Ni
siquiera lo ha sentido, le advirtió una pequeña voz en su mente, y sintió algo
que no supo si calificar como alivio o lástima.
-
Bobby... – murmuró ejerciendo algo de presión sobre el brazo del hombre rubio – Despierta...
***
Bobby
sintió una suave presión sobre el rostro y oyó una lejana voz que le llamaba.
Hizo caso omiso de ella y siguió sumido en la oscuridad, se estaba demasiado
bien allí como para volver, había una extraña sensación de calidez. La voz
volvió a resonar en su cabeza, esta vez más cercana y seguida de un fuerte
golpe que le hizo abrir los ojos inmediatamente, encontrándose con una mirada
azul turquesa.
-
Ya era hora – dijo Jean-Paul apartándose para que Bobby pudiera incorporarse.
Nada
más elevarse un poco del suelo su cabeza comenzó a dar vueltas. Cerró los ojos
durante unos segundos, hasta que su mente se aclaró un poco, cuando los abrió
recorrió la habitación donde se encontraba con la mirada.
Las
paredes eran de un color gris crudo y la única diferencia entre ellas era que
en una había una pequeña línea más clara que, supuso, sería una puerta.
- Te lo dije.
Bobby
se giró para colocarse frente a Jean-Paul, que le observaba con una expresión
de irritación.
-
¿Qué? – preguntó todavía algo aturdido.
-
Te lo dije. Te dije que había oído un ruido. Pero no... el
señorito no podía callarse por una vez en toda su
vida.
Parpadeó
más de lo normal hasta que procesó toda la información. Le estaba... ¿Le estaba
echando la culpa? Lo dejó pasar, ahora no estaba en condiciones. Además, hacía
tiempo que había desistido en desentrañar el gran misterio que era la mente de
Jean-Paul Beaubier.
-
¿Dónde estamos?
Jean-Paul
se encogió de hombros.
-
No lo sé, estaba inconsciente cuando me trajeron.
Bobby
examinó el rostro del canadiense con atención. Conservaba su habitual expresión
de arrogancia, pero esta vez era más superficial, como si estuviese
enmascarando algo.
Jean-Paul
le devolvió la mirada con curiosidad.
-
¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?
El
otro negó con la cabeza, más por apartar esos pensamientos de su mente que por
responder a la pregunta.
-
¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? – preguntó mientras intentaba aplacar el
dolor de cabeza.
-
Desde que me desperté yo unos diez minutos, pero no sé cuánto tiempo más hemos
estado inconscientes.
- Genial.
- Oui, merveilleux.
Permanecieron
unos segundos en silencio, segundos en los que Bobby evitó fijar su mirada en
la de Jean-Paul. No era nada en especial, pero nunca le miraba a los ojos si
podía evitarlo. Le producían una ligera sensación de vértigo que no podía
explicar. Siempre tan fríos y tan... era muy difícil de expresar.
-
¿Sabes si han cogido a alguno de los demás? – preguntó para romper la tensión.
-
Si los tienen no los han traído aquí.
-
Al menos eso es buena señal.
-
Según se mire... – comentó el canadiense sin darle demasiada importancia.
- Por favor, no seas tan optimista.
Bobby
se sorprendió bastante al ver que había conseguido arrancarle una pequeña
sonrisa a Jean-Paul. Después de todo el canadiense no era de hielo, pensó y
luego sonrió él también ante la ironía de esa frase.
-
¿Qué le pasa a tu ojo? – preguntó de repente Jean-Paul.
Bobby
se paralizó de inmediato y llevó instintivamente su mano hasta el pequeño trozo
de hielo que había en su rostro.
-
No sé de qué hablas.
Jean-Paul
le observó entre incrédulo y divertido.
-
Drake, he estado despierto diez minutos más que tú.
Eso es tiempo suficiente para saber de lo que hablo, y para saber que tú lo
sabes. Ni siquiera tú eres tan tonto.
-
¿Me has estado observando mientras dormía? – preguntó con resentimiento
fingido.
Por
un momento Jean-Paul pensó que iba a sonrojarse. Afortunadamente tenía
suficiente práctica para este tipo de momentos.
- No te creas tan importante Drake. Es sólo que me
gusta el silencio. Temía que si te despertaba rompieras la armonía.
-
Eso me ha herido Jean-Paul – contestó llevándose una mano al pecho y con la
otra secándose una lágrima fingida – Me has hecho mucho daño.
Jean-Paul
puso los ojos en blanco ante tal dramatismo.
-
¿Qué le pasa a tu ojo? – volvió a preguntar cuando Bobby terminó su
interpretación.
- No le pasa nada.
- Claro, por eso tienes hielo en la cara incluso llevando un inhibidor en el
brazo.
Bobby
dirigió inmediatamente la mirada hacia su brazo para ver que el canadiense
tenía razón. Llevaba un inhibidor. Bueno, no es que fuera demasiado
sorprendente, habría sido estúpido por parte de... por parte del que los
hubiese encerrado allí, dejarle usar sus poderes con toda libertad.
-
¿Y bien? – preguntó Jean-Paul.
El
hombre de hielo levantó la mirada pesadamente, esperando encontrar la típica
expresión de arrogancia en el rostro de su compañero de celda, pero en su lugar
lo único que encontró fue una mirada de curiosidad y hasta un ápice de...
¿preocupación?
Respiró hondo.
-
Es una mutación secundaria. Warren y algunos más se
enteraron hace poco. Me sorprende que no lo supieras.
-
No me gusta meterme en la vida de los demás – hubo una pequeña pausa – ¿En qué consiste?
-
Básicamente me estoy convirtiendo en hielo. Permanentemente.
- Oh... Lo siento.
Bobby
se encogió de hombros.
- Son cosas que pasan, supongo.
El
silencio volvió a hacerse con la habitación.
-
¿Desde cuándo?
-
Desde poco antes de que llegases a la mansión. De todas formas tampoco es para
tanto. Es la evolución, ¿no? – rió con una carcajada
amarga y cambió súbitamente de tema – Entonces... ¿Qué hacemos?
Jean-Paul
miró a su alrededor intentando encontrar alguna vía de escape.
-
Supongo que esperar a que nos rescaten. O que quien nos tenga aquí decida
soltarnos.
-
Se supone que somos nosotros los que tenemos que rescatar a los demás.
-
Sí, bueno, supongo que para todo hay una primera vez – contestó Jean-Paul
inclinándose hacia atrás, hasta quedar apoyado en la pared.
Bobby
hizo lo mismo y el canadiense observó cómo cerraba los ojos. No pudo evitar
imaginarse cómo sería convertirse poco a poco en hielo, debía de ser algo
parecido a lo que le pasaba a Pícara. Hablar de algo así con tanta
despreocupación tenía que requerir mucha fuerza de voluntad, dudaba que él
pudiera hacerlo.
Siguiendo
el ejemplo de Bobby cerró los ojos y se dejó arrastrar por la oscuridad.
***
El
sonido de una lejana explosión hizo que Bobby abriera los ojos. Primero se
sintió desorientado, pero enseguida fue consciente de donde se encontraba. Giró
la cabeza y distinguió la figura dormida de Jean-Paul, agazapado en una de las
esquinas de la habitación.
Otra
explosión volvió a sonar y Bobby se acercó a su compañero para despertarle.
Jean-Paul abrió pesadamente los ojos.
-
¿Qué pasa? – preguntó adormilado.
-
Está pasando algo fuera – dijo mientras la tercera explosión sonaba, esta vez
más cercana a ellos.
Jean-Paul
se incorporó y Bobby se apartó para acercarse a la puerta, que estalló elevando
una gran nube de polvo.
Bobby
comenzó a toser desde el sitio donde le había enviado la fuerza de explosión.
Forzó la vista hacia el hueco que había ahora en la pared y distinguió la
figura de un hombre.
-
Lo tuyo no es la sutileza, ¿verdad Alex? – preguntó cuando la nube de polvo
desapareció.
***
Jean-Paul
tenía la sensación de haber pasado la experiencia más humillante de toda su
vida. ¿Quién se deja capturar en una misión de vigilancia? Nadie. No es que no
hubiera tenido su contrapartida buena claro... Pero seguía siendo humillante.
Al menos Bobby sabía tomárselo con humor.
Basta
de pensar en Bobby, tenía que pensar en cualquier cosa menos en Bobby. ¿Y desde
cuándo había empezado a llamarle Bobby? Cuando empezó la misión era Drake y ahora, de repente, era Bobby. La situación era más
preocupante de lo que quería admitir.
Enterró
la cabeza en la almohada de su cama. Desde que habían vuelto a la mansión había
permanecido allí encerrado, analizando lo patética que se estaba volviendo su
vida. Al menos su captura había puesto en evidencia que la empresa de genética
no tenía buenas intenciones. Y ya no tenían que preocuparse por ella, porque Summers la había hecho volar prácticamente entera, con su
característica sutileza.
Y
ahora tenía que ir a otra reunión para evaluar la misión... ¿Por qué Dios no le
mandaba una notita diciendo: te odio? Sería más rápido, sencillo y se ahorraría
la humillación.
Se
hundió aún más en su almohada. Aún le quedaban un par de horas para disfrutar
de la autocompasión.
***
¿Qué
había más humillante que ser capturado mientras vas de incógnito? Que cuando te
rescaten el primero que te encuentre sea tu enemigo mortal. Lo sabía, Alex se
lo iba a recordar toda la vida. Aprovecharía para sacarlo en todas las
conversaciones.
-
No es para tanto Bobby... – dijo Pícara mientras alzaba su cuchara para coger
más helado del bol que tenía delante – Podría haber
sido peor.
-
Lo dudo. ¿Por qué tiene que estar relacionado con cada cosa mala y/o humillante
que me pasa?
-
Es el destino cariño.
Bobby
la miró acusadoramente.
- Se supone que tienes que animarme.
-
Y lo hago, pero tú no haces más que auto compadecerte, así que he decidido
apoyarte.
El
rubio se encogió de hombros y cogió algo de helado.
-
Y lo peor de todo es que como si no fueran ya bastantes los que piensan que
todavía soy crío, cuando se enteren de esto el número va a aumentar.
-
No te preocupes, estoy segura de que Jean-Paul se encargará de que no salga a
la luz. Es demasiado orgulloso para eso.
Bobby
observó un momento a Pícara mientras ésta intentaba arrancar el último trozo de
helado que quedaba.
-
Le conoces mucho, ¿no?
La
chica levantó la vista hacia él.
-
¿A qué te refieres?
- Bueno, parece que sois muy amigos.
Pícara
se encogió de hombros.
-
Una vez absorbí sus poderes y sus recuerdos, así que se podría decir que le
entiendo.
-
No parece tan malo una vez hablas con él.
-
No lo es. ¿Y a qué viene esta repentina curiosidad acerca de nuestro canadiense
preferido?
Bobby
hizo una pequeña pausa para pensar.
-
Es sólo que... No lo sé. Siempre he pensado que era un arrogante y eso, pero
nunca me había parado a hablar con él o a intentar comprenderle.
-
La vida no le ha tratado bien, así que trata de escudarse de todo comportándose
así.
-
Ex-atleta olímpico, escritor, importante hombre de negocios... ¿y dices que la
vida no le ha tratado bien?
-
¿Has leído su biografía? – Bobby negó con la cabeza. Pícara se levantó y se
entretuvo buscando algo en una de las estanterías de su habitación.
Después
de unos segundos localizó lo que quería. Un libro azul con una foto de
Jean-Paul en la portada. Se lo lanzó a Bobby, que lo cogió al vuelo.
-
Deberías leértelo, ya que tienes tanta curiosidad.
***
Cuando
regresó a su habitación, Bobby, hojeó rápidamente el libro “Nacido normal”. La
verdad es que nunca había pensado en conseguir una copia. Se decidió a leerlo
cuando tuviera más tiempo.
Miró
el reloj para ver que llevaba el tiempo justo para acudir a la reunión. Genial,
como si no fuera suficiente tenía que llegar tarde.
***
Jean-Paul
se revolvía incómodamente en su silla durante la reunión. No es que estuviera
yendo mal (al menos no se reían de lo que les había pasado), sin embargo no
podía evitar sentirse ligeramente nervioso. Durante lo que llevaban allí no
había podido evitar las miradas furtivas a Bobby cada dos segundos (basta, no
hay que llamarle Bobby, se advirtió mientras intentaba concentrarse en lo que
estaba diciendo Worthington).
Respiró
hondo. Tenía una ligera idea de lo que le estaba pasando y no le gustaba en
absoluto. Ya tenía suficiente experiencia en los rechazos como para admitir uno
más. Gracias, pero no.
Worthington seguía
hablando. Dirigió otra mirada furtiva al Hombre de Hielo. Bueno, esta vez no le
había llamado Bobby. Llevaba puestas sus gafas de sol de nuevo y el trozo de
hielo no quedaba expuesto. En ese momento pudo ver cómo la expresión de Bobby
cambiaba, primero imperceptiblemente, y luego lo suficiente como para que todos
lo notaran. Una expresión de nerviosismo al principio que degeneró casi en una
expresión de terror y/o confusión.
-
Bobby, ¿estás bien? – oyó preguntar a Worthington.
Bobby
levantó la mirada.
-
Yo... Tengo que irme – contestó balbuceante mientras
salía corriendo de la sala.
Jean-Paul
le observó atónito, como todos los demás.
***
Al
principio lo único que notaba era una extraña sensación de picor en la mano,
luego una ligera sensación de entumecimiento. No se atrevió a mirarla e intentó seguir concentrado en lo que estaba diciendo Warren.
Después
de unos segundos la sensación se hizo más fuerte. Sabía lo que le estaba
pasando, pero no quería reconocerlo.
Al
principio sólo Jean-Paul le miraba, al poco tiempo todas las personas allí
reunidas tenían su mirada fijada en él.
-
Bobby, ¿estás bien?
La
pregunta le cogió por sorpresa. Abrió la boca para contestar y no salió ningún
sonido. No le podía estar pasando eso. Precisamente eso y en ese momento.
-
Yo... Tengo que irme – balbuceó al tiempo que se levantaba y salía corriendo de
la sala, con cuidado de tapar su mano derecha. Ahora prácticamente cubierta de
hielo.
Corrió
por el pasillo lo más rápido que pudo. Cuando llegó a su habitación cerró la
puerta de golpe y se miró la mano.
La
luz que entraba por la ventana se reflejaba en el hielo.
Cerró
los ojos e intentó revertirla. No le podía estar pasando esto. Volvió a
abrirlos y su mano seguía igual.
Volvió
a concentrarse sin ningún resultado. Podía sentir cómo los ojos se le
humedecían un poco. Respiró hondo. Tenía que concentrarse.
Cerró
de nuevo los ojos y permaneció así lo que a él le parecieron horas, hasta que
sintió el calor volviendo a su mano.
Abrió
los ojos temerosamente para encontrar que el hielo retrocedía en su mano.
Aún
tembloroso se acercó a su cama y se sentó en el centro. Abrazando sus rodillas.
Era la primera vez que le pasaba algo así y no había estado más asustado en
toda su vida.
Respiró
hondo varias veces, intentando calmarse, diciéndose a sí mismo que no había
pasado nada.
En
ese momento oyó un suave golpe en la puerta de su habitación.
-
¿Bobby? – preguntó una voz con un leve acento francés.
***
Cuando
Bobby salió corriendo de la habitación todos permanecieron prácticamente
boquiabiertos. Después de unos segundos Worthington
negó ligeramente con la cabeza y reanudó su discurso.
Jean-Paul
le miró incrédulo. ¿Es que no había visto lo que le había pasado a Bobby?
Todos
los demás comenzaron a prestar atención al rubio de nuevo, olvidando el pequeño
incidente con el Hombre de Hielo.
Al
ver que a nadie más parecía importarle se levantó sin decir nada y siguió el
camino de Bobby.
Se
dirigió hacia su habitación, ya que parecía el lugar más probable al que habría
ido. Llamó suavemente a la puerta.
-
¿Bobby? – preguntó - ¿Estás bien?
No
recibió ninguna respuesta.
-
¿Bobby? ¿Estás ahí?
Al
no oír nada abrió la puerta.
Bobby
estaba sentado en su cama, pálido y tembloroso, con las rodillas pegadas a su
pecho y agarrando fuertemente su mano derecha.
-
¿Qué ha pasado? – preguntó acercándose a la cama.
Bobby
forzó una sonrisa y se sentó con las piernas cruzadas.
-
Nada. ¿Ha acabado ya la reunión?
- Bobby...
- En serio, no ha pasado nada.
Jean-Paul
le miró con incredulidad.
-
¿De verdad esperas me lo crea?
Bobby
tragó saliva y su sonrisa desapareció. Se encogió de hombros.
-
¿Qué ha pasado? – volvió a preguntar Jean-Paul.
El
otro chico se agarró aún más fuerte la mano.
-
No lo sé. Estaba bien y de repente... La mano... Al principio no creí que fuera
nada, pero luego...
- Al grano, Bobby.
-
Se convirtió en hielo – dijo tragando saliva de nuevo – En la reunión. Estaba
bien y de repente... ¡puf! y era de hielo, ¿sabes?
Miró hacia el suelo y Jean-Paul no dijo nada.
-
¿Ha terminado ya la reunión?
-
No – contestó el canadiense.
Bobby
le miró extrañado.
-
¿Y qué haces aquí?
Jean-Paul
le dirigió su típica mirada que parecía decir: “¿No es obvio?”
-
¿Los demás han dicho algo?
-
Sí... dijeron que iban a venir. Después.
Bobby
le observó divertido.
-
Salí y volvieron a lo suyo, ¿verdad?
- No...
-
Tranquilo, era de esperar. Lo único que me choca es que sea una persona con la
que prácticamente no hablo la que se preocupe por mí, y no mis amigos.
- Estoy seguro de que estaban preocupados, pero tienes que comprender a Worthington, le hace ilusión que la gente le escuche – hizo
una pequeña pausa – O que finjan escucharle.
El
rubio dejó escapar una pequeña risa. Jean-Paul le agarró del brazo y le hizo
levantarse de la cama.
- Vamos.
-
¿Dónde? – preguntó Bobby extrañado.
-
A ahogar tus penas y las mías.
***
Jean-Paul
no era propenso a la bebida, de hecho no tomaba alcohol si podía evitarlo, pero
una vez al año no hace daño ¿verdad?
Así
que allí estaba. Había arrastrado a su... no sabía si definirlo como amigo, al bar más cercano para ahogar todos sus problemas y, porqué
no, divertirse un poco. Y después de unas cuantas copas empezaba a ver todos
sus problemas de un modo más optimista.
-
No estaría de más que alguna vez se preocuparan por mí, ¿sabes? – comentó Bobby
mientras alzaba de nuevo la botella de cerveza hasta sus labios – No estoy
pidiendo que me hagan un monumento, pero una vez estuve casi una semana sin
aparecer por aquí y nadie se enteró.
-
Me acuerdo – dijo el canadiense y al instante deseó haber cerrado la boca, pero
Bobby pareció no haber oído el comentario.
-
Annie me besó una vez, ¿sabes? Bueno, en realidad dos
veces.
Jean-Paul
le miró extrañado, ¿a qué venía eso ahora?
-
¿Y eso?
Bobby
se encogió de hombros.
- Yo estaba depre.
-
¿Por la mutación secundaria?
-
Sí. Ya sabes, hundiéndome en la autocompasión, pensando en lo penosa que iba a
ser mi vida y todo eso. Y ella estaba toda despechada porque Alex se iba a
casar con Lorna, así que estábamos los dos auto compadeciéndonos.
-
No tiene por qué ser tan malo. Lo del hielo digo.
-
Claro... ¿De verdad crees que alguien sería capaz de estar conmigo siendo
permanentemente de hielo?
-
Yo puedo, ¿sabes? – volvió a desear haberse callado –
Quiero decir, mi mutación me permite soportar temperaturas extremas.
El
rubio sonrió levemente.
- Es bueno saberlo.
Jean-Paul
se llevó el vaso a los labios, tenía pocas dudas de que pudiese darle más
pistas a Bobby sobre por qué quería estar con él.
***
Bobby
avanzó por el pasillo de la mansión dando tumbos mientras Jean-Paul le
observaba entre divertido y mareado.
Después
de mucho esfuerzo consiguieron llegar hasta la puerta de la habitación del
canadiense.
-
Me parece que tú te quedas aquí – dijo Bobby apoyándose en la pared.
-
Sí.
Permanecieron
unos segundos en un silencio incómodo.
-
Entonces... – comenzó Bobby.
- Ya.
-
Tenemos que repetir esto alguna vez – comentó sonriendo.
-
Claro – contestó Jean-Paul sonriendo a su vez.
Se
entretuvieron durante un par de segundos más, mirándose a los ojos. De repente,
Jean-Paul desvió la mirada y alzó la mano hasta tocar el pequeño trozo de hielo
que había en la cara de Bobby.
-
¿No notas nada? – preguntó recorriéndolo con los dedos.
Bobby
negó con la cabeza mientras reprimía un pequeño escalofrío.
-
¿Nada?
- Nada.
Jean-Paul
siguió trazando la figura del hielo con los dedos.
-
¿Y cuándo eres totalmente de hielo puedes notar algo?
-
A veces – admitió Bobby mirándole a los ojos.
Mientras
tanto, Jean-Paul seguía como hipnotizado con el pequeño trozo de escarcha.
Siguiendo un extraño impulso el cuerpo de Bobby comenzó a bajar su temperatura,
convirtiendo cada rincón en hielo sólido y translúcido.
El
canadiense dejó caer la mano, rozando con los dedos la resbaladiza superficie
de su rostro, y deteniéndola en su cuello. Fue entonces cuando Bobby cayó en la
cuenta de lo cercanos que estaban el uno del otro, y de lo bien que sentaba que
alguien no se apartara de su lado estando en esta forma.
Jean-Paul
ignoró la creciente sensación de frío en los dedos y observó con atención a la
persona que tenía frente a él. La poca luz que había en el pasillo se reflejaba
en el rostro de Bobby haciendo que brillase con luz propia. No podía evitar
pensar que nunca había visto nada así de perfecto. Fijó sus ojos en los de
Bobby, ahora de un color más frío. Tenía la mirada perdida y cierta expresión
de soledad. Conocía esa mirada, la veía todos los días en el espejo.
Bobby
contuvo la respiración mientras el rostro de Jean-Paul se acercaba lentamente
al suyo y se detenía a unos pocos centímetros. Dejó escapar lentamente todo el
aire contenido mientras notaba una suave y cálida respiración junto a la suya.
-
¿Y qué es lo que puedes sentir? – preguntó Jean-Paul sin acercarse más.
El
otro chico no contestó, perdido en ese océano azul que eran los ojos de la
persona que tenía delante. Permaneció inmóvil durante un tiempo, sin atreverse
a hacer desaparecer todo aquello.
Jean-Paul
cerró los ojos y recorrió la mínima distancia que les separaba hasta juntar
suavemente sus labios.
Instintivamente
la temperatura de Bobby volvió a aumentar, y éste se inclinó para devolver el
beso. No sabía exactamente lo que estaba haciendo y, realmente, no le
importaba. Lo único que sabía era que lo necesitaba, que necesitaba entregarse
a esa calidez y necesitaba sentir la aceptación, aunque fuera por parte de una
sola persona.
Lentamente
el beso se tornó más y más pasional. Sin darse cuenta de nada de lo que pasaba
a su alrededor, olvidando todo lo demás, sólo viviendo el momento...
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse