¿QUE ERES QUÉ?

 Por Rhea Carlysse

 

Capítulo tres

Oyó un suave sonido, como el de una puerta al cerrarse, y abrió un poco los ojos. A un par de metros distinguió una mata de pelo moreno con reflejos plateados y unos penetrantes ojos azules. No sabía que Jean-Paul había salido.

-          ¿Dónde has ido? – preguntó adormilado.

Jean-Paul se tumbó a su lado.

-          A comer algo. Te he traído una bolsa de patatas fritas, no había más cosas transportables.

Bobby sonrió un poco y se acercó más a Jean-Paul.

-          Merci – dijo imitando el acento francés lo mejor que pudo.

-          De nada. ¿Sabías que Alex no tenía ni idea de lo nuestro?

-          Sí.

-          Pues ya lo sabe.

-          ¿Se lo has dicho?

-          Oui.

-          ¿Y qué tal ha reaccionado?

-          Le ha dado un ataque de risa, no sé si eso puede calificarse como bueno o como malo. Y Carter le ha preguntado si como ya salió con Lorna y ahora está saliendo con Annie después iba a salir conmigo.

Bobby le observó divertido.

-          Te lo estás inventando.

-          No. Carter ha encontrado el patrón de conducta de Alex, así que yo que tú tendría cuidado. A lo mejor intenta raptarme.

-          No te preocupes, – dijo dramáticamente mientras se incorporaba – yo te protegeré del malvado ladrón de novias.

-          Te recuerdo que no soy una novia.

-          Ya, pero de momento Alex no tiene antecedentes en robar novios, así que tengo que llamarle ladrón de novias.

-          Supongo que tiene sentido... sintácticamente hablando.

-          Por supuesto que tiene sentido, yo no me invento cosas. Aunque no lo parezca soy un erudito.

Jean-Paul lo observó impasible durante unos segundos, hasta que comenzó a reír.

-          Sabía que tarde o temprano te ibas a reír. Es físicamente imposible permanecer como un bloque de piedra todo el santo día.

El canadiense le rodeó la cintura con el brazo y le obligó a sentarse bien en la cama.

-          ¿Qué vas a hacer después?

Bobby se encogió de hombros.

-          No lo sé. No me apetece demasiado salir.

-          No te puedes esconder siempre Bobby.

-          Lo sé. Es sólo... Me parece que he tenido demasiadas malas experiencias por hoy.

-          Bueno, también ha habido buenas reacciones, ¿non?

-          Sí, pero me afectan más las otras.

Hubo un silencio cómodo.

-          Estoy seguro de que reaccionarán tarde o temprano. Sólo dales un poco de tiempo.

-          No lo sé. Parecían muy convencidos de lo que decían.

-          A algunas personas les cuesta más tiempo aceptarlo, pero eso no significa que no se preocupen por ti. Créeme, hablo por experiencia.

-          ¿Y qué sugieres?

-          Salir ahí y demostrarles que no vas a cambiar de opinión porque a ellos no les guste tu estilo de vida.

-          ¿Y no es mejor quedarnos en la cama todo el día? – preguntó esperanzado.

-          No me tientes – dijo Jean-Paul – Además, tengo que hacerle una visita a Emma para conseguir unos escudos psíquicos decentes.

-          Eres un aguafiestas – contestó Bobby tumbándose en la cama.

-          Me quieres y lo sabes.

El otro respondió sacándole la lengua.

-          ¿Qué hora es? – preguntó Bobby sin incorporarse para mirar el reloj.

-          Deben ser las cuatro y media, ¿por qué?

Bobby abrió completamente los ojos.

-          Mierda – dijo mientras se levantaba a toda velocidad.

-          ¿Qué pasa?

-          Tenía un reconocimiento médico con Hank a las cuatro.

-          ¿Y qué ha pasado con la idea de quedarse en la cama todo el día?

-          Se ha evaporado. Tú ve a hablar con Emma y entonces podremos pasar en la cama toda la noche – contestó con una sugerente sonrisa.

Una vez hubo recogido sus gafas de sol se inclinó para besar a Jean-Paul.

-          Te veo luego.

Jean-Paul le observó salir de la habitación. Antes no se quería ir y ahora le había dejado plantado. Si alguna vez llegaba a entender a Bobby Drake le darían un premio.

Cogió la bolsa de patatas fritas que Bobby ni siquiera había tocado. Bueno, si él no se las comía alguien las tendría que aprovechar, ¿no?

***

-          ¿Se puede? – preguntó Bobby entreabriendo la puerta del laboratorio de Hank.

-          También se podía a la hora programada Robert – contestó su mejor amigo desde el microscopio.

Bobby se mordió el labio inferior y entró.

-          Lo sé. Lo siento. He estado un poco... ido hoy.

-          Tranquilo, me lo imaginaba.

Hank se volvió para observarle.

-          Warren vino a verme.

El otro hombre palideció ligeramente mientras se dirigía a sentarse en una camilla.

-          Está algo desconcertado.

-          Sí, bueno, no es el único. Scott tampoco ha reaccionado demasiado bien que digamos.

-          Lo siento Bobby.

Bobby se encogió de hombros.

-          No hay nada que sentir. Son cosas que pasan, supongo. Por una vez me siento bien conmigo mismo y es un proceso para descubrir quienes son mis verdaderos amigos, ¿no crees? – preguntó con una risa amarga – Tarde o temprano tenía que pasar.

El rostro felino de su amigo esbozó una sonrisa.

Bobby se desabrochó la camisa para dejar al descubierto el trozo de hielo que cubría su pecho mientras Hank se acercaba con lo que parecía una jeringuilla el doble de grande de lo normal. Un escalofrío recorrió su cuerpo, tendría que haberse quedado en la cama.

***

Jean-Paul se aproximó a la puerta del despacho de Emma Frost y la golpeó suavemente con los nudillos.

-          Está abierto Jean-Paul – contestó su fría voz desde el interior de la habitación.

El canadiense abrió y entró en el despacho. Estaba decorado elegante y uniformemente. En cierto sentido parecía no tener personalidad. Sin fotos, sin... nada. Sólo paredes desnudas y obras de arte sin significado alguno.

Emma estaba sentada en una silla frente a un escritorio de aspecto victoriano que de algún modo encajaba a la perfección con su personalidad y con la no-decoración del despacho.

-          No te esperaba tan temprano – dijo mientras ordenaba unos papeles. Dejó las hojas a un lado y le señaló una silla vacía que había frente al escritorio.

-          No tenía nada mejor que hacer.

Emma asintió y se levantó para colocarse en la silla que había frente a él. Parecía estar pensando en un asunto completamente diferente.

-          ¿Estás bien? – preguntó Jean-Paul.

La mujer le miró a los ojos y enarcó las cejas.

-          Logan me dijo que le habías dado un ultimátum a Scott.

Emma rió suavemente.

-          Vaya, las noticias vuelan en esta escuela.

-          A mí me lo vas a contar. ¿Entonces...?

-          Sólo le he dado a Scott algo en lo que pensar – dijo mientras colocaba una mano sobre la frente de Jean-Paul, aunque sin llegar a rozarla.

-          ¿Cómo qué?

-          Algo – contestó – Cierra los ojos y relájate, no tardaré mucho.

Jean-Paul cerró los ojos y tragó saliva. Estaba nervioso, no le gustaba que manipularan su mente, tenía malas experiencias con eso.

Un haz de brillante luz blanca envolvió todo, hasta que sólo quedó la nada para rodearle.

La voz de Emma resonaba en su mente, pidiéndole que se relajase.

La habitación ya no existía, sólo había un extraño... vacío. Era difícil de describir.

Un torrente de imágenes de lo que había sido su vida pasó ante sus ojos y un extraño zumbido inundó la atmósfera, sin embargo no era un sonido molesto.

De repente el vacío desapareció. La luz se apagó dejando sólo la oscuridad de sus párpados. El zumbido se había ido y ninguna voz resonaba en su cabeza. Fue como si de repente su cerebro y su cuerpo hubieran conectado de nuevo.

Abrió lentamente los ojos.

-          ¿Ya está? – preguntó.

Emma asintió distraídamente y se levantó de la silla.

-          Si los bloqueos fallan te avisaré – le aseguró mientras empezaba a reordenar sus ficheros.

-          De acuerdo. Hasta luego, y gracias.

La mujer asintió con la cabeza, como señal de que le había oído.

***

-          No puedes estar hablando en serio.

-          ¿Por qué no? – Danielle Moonstar depositó su taza humeante de café sobre la mesa.

Lorna la miró con incredulidad.

-          No me puedo creer que te parezca... – hizo una mueca extraña – normal lo que está pasando entre Bobby y Jean-Paul.

-          Escucha Lorna, Shan es una de mis mejores amigas y es lesbiana, y sí, me resulta raro verla besando a otras mujeres pero eso no influye en nuestra amistad. No creo que haya que armar tanto revuelo porque dos profesores estén saliendo juntos.

-          Oh, por favor. No me vas a decir que no te importa en absoluto.

-          No estoy diciendo eso. Digo que es algo en lo que no podemos entrometernos.

-          Bobby está cometiendo un error. Tú lo sabes. Yo lo sé. Todo el mundo lo sabe.

-          Lorna, creo que te estás pasando un poco con este tema.

-          ¿Con qué tema? – preguntó una voz desde detrás de la mujer de pelo verde.

-          El último rumor – contestó Danielle pesadamente.

-          Rumores, genial. ¿Puedo unirme?

Ororo se sentó en la silla que había al lado de Lorna y colocó los codos sobre la mesa.

-          Bueno, ¿qué es exactamente lo que se discute aquí?

-          Jean-Paul y Bobby – dijo Lorna.

-          Oh.

-          ¿Tú también vas a decirme que te parece normal?

-          Bueno... No puedo negar que es algo extraño, después de conocer a Bobby todos estos años, pero...

-          ¿Ves? Exactamente eso era lo que quería decir – continuó Lorna – Mirad cuanto tiempo hemos conocido a Bobby, ¿Creéis que es normal que después de tanto tiempo cambie de acera?

-          Estás exagerando Lorna – dijo Dani tomando un poco de café – Eso me suena más a celos que ha preocupación.

-          ¿Celos? – preguntó con incredulidad – Ni hablar.

-          Me parece que lo que te preocupa es el hecho de quieres monopolizar a Bobby pero pasar olímpicamente de él – comentó Ororo - ¿Me equivoco?

-          Estáis locas – murmuró.

***

-          Sabes... – comentó una voz a sus espaldas. Una voz conocida – Te he estado buscando todo el día. Eres un hombre difícil de encontrar Summers.

Scott se dio la vuelta para encontrar a Jean-Paul apoyado en el tronco de un árbol. Observándole.

-          No estoy de humor Jean-Paul.

-          Ni yo.

-          ¿Qué quieres?

-          Hablar. ¿No podemos hablar?

-          Si vas a echarme una charla sobre lo de Bobby...

Jean-Paul sonrió y se acercó a Scott.

-          ¿Charla? Claro que no. Sólo me gustaría dejar claros un par de puntos.

Scott recorrió al hombre de arriba abajo con la mirada. Por mucho que le costase admitirlo, Jean-Paul imponía. Aunque él también.

-          Como por qué Bobby estaba destrozado justo después de hablar contigo. No lo entiendo, ¿me lo explicas?

-          ¿Qué quieres que te diga Jean-Paul? No. No apruebo esto. ¿Y sabes por qué? Porque, simplemente, no creo que Bobby se haya despertado un día y haya dicho: “Vaya, si resulta que soy gay.”

-          Bueno, quizá si le hubieseis prestado algo de atención durante los últimos... digamos, ¿cinco meses? Os habríais dado cuenta de que el cambio ha sido algo más prolongado.

-          ¿Cinco meses? ¿Tanto tiempo habéis estado saliendo?

-          No. Me refiero a su mutación secundaria. Ha estado pasando por muchas cosas sin que nadie le apoyase. La semana pasada salió corriendo en medio de una reunión y ¡oh! ¡Sorpresa! Nadie movió ni un dedo. ¿Cómo crees que le sentó eso?

-          Yo no...

-          ¿Crees que después de no tener a nadie que le ayudase va a hacer caso de lo que le digáis simplemente porque os parece mal? Crece de una vez Summers.

Scott forzó una sonrisa.

-          Escucha Beaubier, conozco a Bobby mejor que tú. Por lo tanto creo que conozco mejor que tú lo que es o no es conveniente para él.

-          ¿Y qué es conveniente para él? ¿Ser normal? ¿O fingir ser quien no es para que todos vosotros sigáis viviendo en vuestra pequeña fantasía de cuento de hadas?

-          No tengo tiempo para esto – murmuró Scott girándose y comenzando a caminar hacia la escuela.

Un pequeño viento se levantó y, en un abrir y cerrar de ojos, Jean-Paul se encontraba de nuevo frente a él.

-          Pues me da igual el tiempo que tengas Summers. He perdido toda la mañana buscándote y no voy a dejar que te largues ahora que te encuentro.

-          Voy a dejarte algo claro Beaubier: no me gustas, nunca me has gustado y nunca me gustarás. Así de sencillo, así que deberías aprovechar para largarte antes de que me enfade de verdad.

-          Que miedo... – contestó Jean-Paul fingiendo un escalofrío - ¿Y qué vas a hacer si no me voy? ¿Soltarme un discurso hasta que me muera de aburrimiento?

Scott apretó fuertemente los puños.

-          Jean-Paul, yo sólo he dicho lo que pienso. Siento que Bobby esté así, pero no voy a cambiar de opinión y me niego rotundamente a creer que lo que le está pasando sea normal.

-          Bueno, eso no es algo que te toca decidir a ti, ¿no crees? – preguntó fríamente Jean-Paul.

Cíclope permaneció en silencio unos segundos y, de repente, sus labios esbozaron una sonrisa.

-          ¿Y si no me toca a mí decidir nada, entonces, por qué estás aquí?

-          Aburrimiento mayoritariamente, y luego está una gran carga de energía negativa que no me dejaba dormir.

-          ¿O es que tienes miedo de que me haga caso?

-          En tus sueños.

-          Es eso, ¿verdad? Quieres que me retracte porque crees que Bobby podría preferir tener a sus amigos en lugar de a ti, ¿me equivoco?

-          Bobby ya ha elegido, no tengo miedo de nada.

-          Bueno, entonces, ¿por qué estás aquí?

-          Ya te lo he dicho.

-          En el fondo tú lo sabes, ¿verdad? Sabes que lo que Bobby ha elegido no es lo correcto, y sabes que tarde o temprano se dará cuenta y te dejará tirado. Lo único que quieres es asegurarte que tenga a sus amigos para que eso no ocurra.

-          Te estás pasando Summers.

-          Yo creo que no. Asúmelo de una vez Jean-Paul. Esto no ha sido más que un estúpido error de Bobby y, un día, se levantará y se dará cuenta de que yo tenía razón y de que...

No llegó a terminar, ya que un puño colisionó fuertemente contra su mandíbula, haciéndole caer al suelo.

-          No vuelvas a hablarme así – dijo Jean-Paul lentamente, como si le costase articular las palabras – Puede que durante mucho tiempo hayas controlado todo lo que pasa aquí, pero ya no. No vuelvas a decirme lo que es o no correcto, ya sé bastante sobre eso.

Se arrodilló junto a Scott, mirándole a los ojos.

-          Tú no controlas mi vida, y mucho menos controlas la de Bobby, así que – se acercó para susurrarle al oído – yo que tú dejaría de actuar comme un idiot y rectificaría todo lo que has dicho. – se separó y se puso en pie – Y pronto.

Jean-Paul se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la mansión. Andaba a velocidad normal, sin embargo si uno prestaba atención podía percibir la ligera vibración de sus moléculas, como si se estuviese esforzando por no echar a correr.

Scott permaneció impasible en el suelo con una mano frotando su dolorida mandíbula.

***

Jean-Paul continuó caminando. Despacio. Tenía que relajarse. Ese maldito hipócrita le sacaba de sus casillas. Luchamos – la voz de Scott Summers en uno de sus discursos se repetía sin descanso en su mente – por la libertad, la igualdad y la tolerancia... Y una mierda. Lo único que pretendían hacer era su propia colonia de soldaditos perfectos tipo boy scout. Honestos, incapaces de pensar por sí mismos y con la absurda idea de que saben qué es lo correcto, justo como Scott Summers.

Poco antes de llegar a la puerta de entrada de la mansión oyó cómo alguien se aclaraba la garganta.

Se volteó para encontrarse con Bobby Drake, y no parecía estar demasiado contento.

-          Te dije que no tenías que hablar con Scott.

Jean-Paul suspiró y se acercó un poco más a él. Definitivamente el día no tenía pinta de mejorar.

-          Sólo estábamos charlando Bobby.

-          Sí, eso parecía desde aquí cuando le pegaste un puñetazo – contestó sarcásticamente.

-          Se lo merecía.

-          Te dije que no hablaras con él.

-          Bobby...

-          No. Te pedí explícitamente que no hablaras con él.

-          En realidad sólo dijiste que no era nec...

-          Me da igual lo que dije Jean-Paul – le interrumpió irritado - ¿Crees que el hecho de que hayas hablado con él arregla algo? Eso sólo complica las cosas.

-          Escucha, lo único que quería era intentar arreglarlo.

-          ¿Ah sí? ¿Y en que parte de tu plan entraba pegar a uno de mis amigos?

-          Bobby...

-          Hablas de cómo ellos querrían controlar mi vida cuando tú haces exactamente lo mismo, y ni siquiera llevamos un día saliendo, ¿crees que es normal?

El canadiense respiró hondo.

-          ¿Cómo esperas que me crea algo de lo que me dices cuando haces exactamente lo mismo que ellos? – volvió a preguntar Bobby.

-          No es lo mismo y lo sabes. Sólo intentaba ayudarte.

-          ¿Cómo? No puedes librar mis batallas Jean-Paul – lanzó una pequeña risa – Esto ni siquiera es una batalla, sólo es un malentendido entre amigos, se arreglará con el tiempo. Tú mismo lo dijiste.

-          ¿Y si no lo hace?

-          ¿Qué? – preguntó Bobby confuso.

-          ¿Y si no se arregla? ¿Qué harás entonces?

-          ¿A qué te refieres?

-          ¿Qué valorarás más? ¿Lo que tienes o lo que has tenido?

Bobby le observó unos segundos en silencio con una expresión de incredulidad en el rostro.

-          No puedo creer que me estés preguntando esto.

-          Es igual, Bobby, olvídalo.

-          No. Te has... Te has pasado la mañana contándome que todo se iba a arreglar y yo he pasado toda la mañana diciéndote que no me arrepentía de nada y que no cambiaría lo que he hecho. ¿Y... y me preguntas si preferiría...? – hizo una pequeña pausa - Vete a la mierda Jean-Paul.

-          ¿Qué?

El otro hombre comenzó a andar en dirección a la puerta.

-          Bobby... – Jean-Paul alzó la mano hacia él.

Bobby se giró hacia él. La mano de Jean-Paul le agarró, sin embargo lo único que llegó a atrapar fue agua.

Jean-Paul observó algo atónito cómo la forma que antes había sido Bobby desaparecía de allí.

Maldito Summers. Todo esto era culpa suya.


Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse

Siguiente