Por Dawn
Bobby Drake, alias el Hombre de Hielo, estaba sentado en su habitación rellenando una declaración de la renta. Asombrosamente un acto en teoría tan rutinario le estaba causando una agradable satisfacción y un profundo interés. Mientras revisaba todos los papeles entregados por Estrella del Norte había encontrado la forma de que la declaración le saliera no solo negativa sino con una devolución más que interesante.
Lo que empezaba a interesarle era la envergadura de los negocios de Estrella. Uno no vive bajo el mismo techo que algunas de las mayores fortunas del país sin ser capaz de reconocer cuando alguien hace una magnífica gestión. Le sorprendió descubrir que ambos habían hecho varias inversiones idénticas.
Estaba claro que el canadiense era bastante engreído y arrogante, pero al menos sabía manejar sus negocios mucho mejor que Warren. Quizás pudieran comentar sus inversiones en el desayuno, los últimos días habían coincidido en casi todas las comidas y habían hablado mucho de economía en general y de sus clases en particular.
Tras terminar de rellenar los formularios, Bobby los metió en el sobre y se levantó de la silla. Estiró los músculos de la espalda y se crujió algunas vértebras. Pasándose los dedos por el cabello se lo apartó de los ojos y se acercó a la ventana. Con gesto distraído apartó una de las cortinas y vio a algunos de sus estudiantes jugando al baloncesto. Debían de haber terminado de cenar y se relajaban jugando con los amigos.
Una punzada de resentimiento le golpeó, últimamente no había pasado demasiado tiempo con sus amigos. Primero la traición de Xorn, después la muerte de Jean, la transformación de Hank, su propia transformación, el cambio de la escuela, la relación de Emma y Scott, la vuelta del grupo de Ororo, Warren liándose con Paige, el jaleo con la vuelta de Alex, la proposición de matrimonio y lo que es peor la despedida de soltera de Lorna. Demasiados cambios y sobre todo demasiada gente viviendo su propia vida. A veces se sentía como si su propia vida hubiera sido un cúmulo de despropósitos, eso sin mencionar su vida amorosa. Hasta Pícara y Gambito habían conseguido una relación estable y se les veía paseando felices por los jardines.
Con gesto enfadado cerró las cortinas y se sentó en la cama. Despacio se quitó la camiseta tirándola al suelo, después pasó el dedo corazón de su mano derecha por el trozo de su pecho transformado en hielo. Estaba frío, pero no era desagradable. No parecía que hubiese aumentado de tamaño desde la última vez que lo miró y parecía menos transparente, algo mas opaco.
- Al menos no tengo que preocuparme por tener citas en un futuro cercano, en cuanto me viese cualquier chica saldría despavorida- una sonrisa cínica en sus labios- y luego se preguntan por qué estoy malhumorado – girando la cabeza su mirada recayó en el sobre situado en la mesa – Será mejor que me acerque a que Estrella lo firme, así mañana aprovecho y lo llevo a la oficina con la mía. Tengo que ganarme la comida.
Levantándose de un salto recogió la camiseta y la lanzó al cesto de la ropa sucia. Le siguieron los pantalones y la ropa interior antes de introducirse en la ducha. Ducharse siempre le sentaba bien, una especie de catarsis para su mal humor. Agua recorriendo su cuerpo, relajando músculos tras un día de tensión, arrastrando su mal humor, su tristeza y su soledad. Cerró los ojos y dejó que el agua recorriera su cuerpo enjabonado mientras apoyaba las manos en la pared de la ducha. Se quedó así, inmóvil, hasta que sintió por fin el picor de las lágrimas en los ojos, lloró durante casi un minuto, cerró el grifo y se secó los ojos con las palmas de las manos antes de coger una toalla para secarse el pelo y el resto del cuerpo. Tras envolverse en la toalla se encontró con su relejo en el espejo. Unos ojos color miel le miran desde un rostro agradable, el cuerpo musculoso pero flexible, manos fuertes de largos dedos que se peinan un revuelto cabello rubio oscuro que necesita un buen corte.
- Algún día descubriré que tengo de malo- su sonrisa parece mas cínica de lo normal – a mi me parece un cuerpo bastante agradable, quizás no tan flexible como el de Estrella pero algo mas musculoso. – Se paró en seco pensando de donde habría salido ese comentario – Seguro que si tuviese las orejas puntiagudas como él tendría mas éxito – se mordió el labio inferior imaginando sus orejas puntiagudas mientras giraba la cabeza a un lado y otro.
Con una carcajada se acercó al armario: vaqueros, camiseta y zapatillas. Se vistió, recogió el sobre y todavía riéndose se acercó a la habitación de Jean- Paul.
Sentado en su escritorio, Jean Paul corregía los ejercicios de sus alumnos soltando exabruptos en francés cada vez que leía alguna barbaridad. De vez en cuando se paraba para dar unos mordiscos a alguno de los sándwiches que tenía en un plato junto a él sobre la mesa o para beber un trago de un vaso con zumo. Tan concentrado estaba que no oyó los pasos que se acercaban hasta que oyó los golpes en su puerta.
- ¿Oui? – preguntó sin levantar los ojos del ejercicio.
- Soy Bobby, ¿Puedo?
- Il est ouvert.- Fue lo último que fue capaz de decir. Cuando se giró para ver la puerta abrirse pensó que directamente se quedaría así para siempre. El cabello húmedo y revuelto de Bobby le daba un aire inocente acentuado por la amplia sonrisa que llenaba su rostro. Sólo las pequeñas arrugas que bordeaban sus ojos recordaban que ya no era un niño, eso y por supuesto el interesantísimo cuerpo que había debajo. La única nota discordante era el sobre amarillo de su mano derecha. ¿sobre amarillo?
- ¿Estás bien? Por un momento me ha parecido que estabas ¿ido?
- Non, es solo que estaba concentrado en los ejercicios y no pensaba que vendría nadie.- dice intentando no sonrojarse.
- ¡Ah! ¡Te he terminado la declaración! – su voz parecía la de un niño el día de Navidad justo antes de abrir los regalos - ¿Quieres repasarla? – se acercó dejándosela encima de la mesa.
- Merci. – y empezó revisar los folios de formularios, mientras por el rabillo del ojo observaba a Bobby cotillear su habitación.
La habitación era amplia, al menos tanto como la suya propia pensó Bobby. Estaba decorada con buen gusto pero con pocos objetos. La cama situada junto a la pared era amplia, de matrimonio, aunque no recordaba que Jean Paul hubiera traído nunca a nadie a pasar la noche. Al menos nadie lo había comentado y en la mansión todos se enteraban de todo. En la pared opuesta junto al escritorio había una estantería que iba de suelo a techo y que sin estar completamente llena tenía una gran variedad de libros, la mayoría en francés aunque una cantidad importante estaba en inglés. La sección dedicada a libros de economía era tan grande como la dedicada a los de lectura.
- Tienes una buena selección de títulos: Strategic Management, Contemporary Strategy Analysis, International Economy, Selling Prosperity, Time Series Analysis… estoy impresionado.
- Doy clases de Administración de Empresas. Lo lógico es que esté informado y tenga una buena biblioteca. Además es un tema que me gusta y procuro leer siempre que puedo las nuevas investigaciones. ¿Tú no usas libros en Contabilidad Financiera? – preguntó girándose hacia él y enarcando un ceja.
- Sí, pero me resulta curioso que los tengas, eso es todo. Supongo que a veces olvido que no soy el único con conocimientos serios de Empresariales. Siempre he sentido que era una parte de mi vida que no podía compartir con nadie del equipo. A Warren no le gusta hablar del tema, o al menos no conmigo. – comenta con una ligera sonrisa mientras pasa la mano con delicadeza por el lomo de varios de los tomos. - supongo que por eso me encantan nuestras conversaciones.
- ¿Has pensado en dejar los X-Men? – preguntó mientras firmaba los formularios y los guardaba en el sobre.
- ¡No! ¿Por qué?- su frente se llenó de arrugas de preocupación.
- Si alguna vez lo haces dímelo- el rostro del canadiense era serio y tranquilo – después de lo que has hecho con mi declaración te contrataría sin pensármelo para que llevases la contabilidad de mis negocios.
- Es la mejor oferta de empleo que me han hecho en la vida – dijo sonriendo y acercándose al escritorio. Observó que los papeles estaban en perfecto orden. Le robó un sándwich y mientras se lo comía bajo la mirada acusadora de Jean Paul cogió una de las dos únicas fotos que había en toda la habitación. Era de Jean Paul y una mujer asombrosamente parecida a él. - ¿Tu hermana?
- Oui.
Las emociones reflejadas en la voz de Jean Paul al contestar le sorprendieron, obligándole a levantar la cabeza de la foto para mirarle. Los ojos azules estaban entre tristes y ausentes. - ¿Un tema delicado?
- Oui. – alargando la mano recuperó la foto y volvió a colocarla a la izquierda de su escritorio. Jeanne-Marie y él eran muy jóvenes en esa foto. Al comienzo de Alpha Flight, antes de Walter, antes de que todo se fuera por la borda.
- Lo siento, no quería molestar, ¿y esta? ¿Una admiradora secreta? ¿O venía con el marco? – dijo cogiendo la foto de una niña de pocos meses.
- Ma fille – al ver la cara de incomprensión de Bobby repitió – Johanna, mi hija adoptiva. Murió de SIDA a los 6 meses de edad. Sus padres la habían abandonado al nacer, posiblemente al descubrir que era Sero positiva. – Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras acariciaba la imagen con las yemas de los dedos.- Si no te importa, preferiría no hablar de ello.
- Lo siento, yo… soy un bocazas. No digo nada a derechas. – tartamudeaba pasándose nervioso los dedos por el cabello aún húmedo y observando la ternura reflejada en los ojos de Jean Paul al mirar la imagen de la niña. No era una imagen que asociase con facilidad a Estrella del Norte. Se suponía que era un engreído y un arrogante, no un hombre que había perdido a una niña pequeña. – mira, lo que quiero decir es que no he intentado molestarte o entristecerte a propósito, parece que meto la pata constantemente y…
- Tranquilo, no tenías por qué saberlo.- la sonrisa era triste pero al menos estaba allí.
- Ya sé lo que vamos a hacer- sonrió ante la ceja que se enarcó en la cara del canadiense – te vas a venir conmigo a la maratón de Buffy que vamos a tener abajo.
- ¿Qué es un Buffy?
- ¡¿No has visto nunca Buffy Cazavampiros?!- la cara de susto y completo asombro que tenía Bobby hizo que Jean Paul sonriera – Eso lo arreglamos ahora mismo. Te bajas conmigo a verlo, entre todos te pondremos al día de los personajes.
- ¿Todos? ¿Quiénes son todos? – Jean Paul no se relacionaba con demasiados integrantes de los x-men, demasiada gente nueva que se conocían entre si desde hacía demasiado tiempo.
- Tranquilo, en los maratones de Buffy sólo están Pícara, Gambito, Júbilo, Hank, Paige, Kitty que se nos ha unido desde que volvió a la mansión y Logan arrastrado por Júbilo. O eso dice.
- Supongo que si está Logan no puede ser tan horrible.- dijo fingiendo una resignación que no sentía, mientras nervioso recogía los papeles. Se ve que no se daba la prisa necesaria por que en un momento dado Bobby le cogió del brazo y empezó a arrastrarle fuera de la habitación.
- Ya lo recogerás mas tarde. Si no nos damos prisa acabaremos sentados en el suelo.
La verdad es que la idea de estar gran parte de la noche sentado en el suelo junto a Drake en una de las salas de TV no le molestaba en absoluto. Pero nada en absoluto.
Fin Capítulo 2
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de mi web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Dawn