Historia ambientada el el Mundodisco (© Terry Pratchett).
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El universo. O para ser más exactos, uno de ellos, posiblemente el antepenúltimo. Un gran espacio oscuro surcado de estrellas y mundos de curiosas formas. Todo esto contenido en el interior de un saco, transportado por un viejo que a su vez está en el interior del saco. ¿No lo entendéis? Tranquilos, es normal. En ese universo hay una tortuga. No es una tortuga terrestre, aunque tampoco es exactamente una tortuga marina. Y no es pequeña, precisamente. De hecho, es inmensa. Gigantesca. Lo suficientemente grande como para transportar cuatro elefantes sobre su concha. Elefantes grandes. Elefantes muy grandes. Elefantes que llevan un mundo sobre sus lomos. Un mundo con forma de disco, de hecho. Era un día completamente normal en Ankh-Morpork. El río Ankh fluía como la miel (aunque esa no es la comparación más acertada) y las calles bullían de actividad [1]. Había comerciantes, aventureros, asesinatos, fiestas, sacrificios, asesinatos, atracos, peleas, más asesinatos... Y en medio de todo, sobresalía la Universidad Invisible, posiblemente el único edificio de toda la ciudad que podía explotar tres veces en un día y continuar en pie. La Universidad Invisible también era conocida por ser el lugar donde la mayoría de los hechiceros del Mundodisco aprendían a ser eso: hechiceros. La Universidad Invisible, un edificio más grande por dentro que por fuera. Un lugar que se encuentra repartido por varias dimensiones, algunas de ellas inexistentes. Un sitio donde las altas acumulaciones de magia lo retuercen todo, provocando suelos que son a la vez techos, pasillos que se cruzan consigo mismos, hojaldre en las cocinas... Un edificio cuyo interior no se puede representar en un mapa de papel [2]. Un lugar en el que es fácil perderse... No muy lejos de allí [4], en el despacho del Archicanciller, el profesor de Hechicería Abstracta Para Universos Alternos discutía con Mustrum Ridcully [5]. -Pero aun así no debiste hacerlo -decía Ridcully, más preocupado por engrasar su ballesta que por el profesor. -Pero es que es una... una... -el profesor de Hechicería Abstracta Para Universos Alternos tragó saliva-. Una chica. -¿Y qué problema hay? -Pues que sabe más que y... El problema es que es mi mejor alumna. Eso es inaudito. Creí que en la Universidad Invisible estaban prohibidos los Mejores Alumnos. Ridcully sabía que hacer en esos casos. No era la primera vez que algún profesor venía a verle con quejas de algún tipo. Su estrategia era darles unas cuantas palmadas en la espalda, y decirle cosas como "Tranquilo, veremos que se puede hacer". Y luego, por supuesto, atravesarles el sombrero con una flecha, para asegurarse de que no volvían. Pero algo le interrumpió. Un estruendo llenó la sala cuando una pared reventó, y un baúl con patas apareció allí, intentando masticar una escoba malhumorada. La escoba saltó y se subió a la mesa de Ridcully. El grito del profesor de Hechicería Abstracta Para Universos Alternos quedó cortado con un chasquido cuando la tapa del Equipaje se cerró. -Caramba -se limitó a decir Ridcully. La escoba saltó por la ventana, y el Equipaje la siguió. Los gritos no tardaron en oírse. Ridcully suspiró. Dejó la ballesta a un lado, y miró el agujero de la pared. Acababan de aparecer cuatro magos, uno de los cuales era una chica y el otro un orangután. -Caramba, Tesorero. Me alegro de verle. -He sido muy bueno, mamá. -Tú eres... Winswand, ¿no? -Rincewind. -Claro, claro... -Ridcully miró a Esk-. Y tú eres... la chica. -Eskarina. -Claro, claro. Bien, Rincewind. ¿Ese baúl es tuyo? -Eh... -Rincewind dudó un instante. A veces no sabía quien pertenecía a quien-. Supongo. -Y esa escoba... -Es mía -dijo Esk-. Es mi cayado. -A mi papá le gusta la pizza de plátano. -Oook -el Bibliotecario no conocía a la familia del Tesorero, pero decidió que su padre le caía bien. -Bravo, Tesorero -exclamó Ridcully-. Gracias por su aportación. Veo que el nuevo tratamiento es tan... útil como el anterior. -El tren sale a las seis. -Rincewind, tu Equipaje se ha comido a otro profesor. Es el cuarto esta semana. -Lo siento -mintió Rincewind. -Que no vuelva a pasar. De ahora en adelante solo se comerá a quien yo le diga. -Por supuesto -volvió a mentir. -Oook -el Bibliotecario señaló por la ventana. Se acababan de producir un par de explosiones en la ciudad, y varias casas se habían derrumbado. -Esa escoba... -dijo Rincewind- no será de madera de peral sabio, ¿verdad? -Sí -dijo Esk. -Bien, asunto resuelto -exclamó Ridcully. -¿Asunto resuelto? -dijeron Esk y Rincewind casi al mismo tiempo. -Claro -Ridcully les dio la espalda para contemplar el panorama de caos y destrucción que eran las calles de Ankh-Morpork-. Esos dos artefactos son de madera de peral sabio. -Eso no soluciona nada -dijo Rincewind. -Verás, esos dos posiblemente fueron parte del mismo árbol. Cuando dos artefactos de madera del mismo peral sabio se encuentran, inician una especie de... danza tradicional. -Que consiste en destruir todo lo que encuentran mientras pelean a muerte -Rincewind lo dijo con tono sarcástico, pero a medida que las palabras surgían de su boca, se fue dando cuenta que tenía cierto sentido. Después de todo, él conocía bien a su Equipaje. -Eso es. Para ellos es como saludarse, darse un abrazo, y todo eso. Bien, ¿Alguien tiene hambre? -Oook. -Bueno -Esk se encogió de hombros, y miró como más edificios caían-. Supongo que, después de todo, no es mas que una tradición familiar. FinNotas al pie:
1: O más concretamente, los habitantes de la ciudad, porque la ciudad era solo eso, una ciudad. De echo, los habitantes tampoco bullían, aunque habría sido divertido. Dejémoslo en que en las calles había mucha gente haciendo muchas cosas al mismo tiempo. Volver. |
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Esta sección de La Concha de Gran A'Tuin está escrita por Luís Guallar.