La Concha de Gran A'Tuin -- Diversiones -- Gremio de Artesanos -- Relato

La Vida en el Ankh

Por Carlos Zornoza (Gaztakin).

Historia ambientada el el Mundodisco (© Terry Pratchett).


      Ankh-Morpork no es una ciudad cualquiera, hay muchas cosas que la hacen excepcional, por ejemplo el mundo sobre la que se asienta, un disco plano, apoyado sobre los lomos de cuatro colosales elefantes que a su vez se sostienen sobre el caparazón de una singular tortuga estelar que navega por el espacio sin rumbo conocido [1]. También es excepcional la ciudad en sí misma; partida por la mitad por el río Ankh (si consideramos como río a una masa casi pétrea de mugre y otros efluvios), Ankh-Morpork es la ciudad de los desequilibrios, desde la pompa y el glamour de la parte más noble, pasando por el derroche gastronómico de los magos de la Universidad y llegando hasta la más inmunda pobreza de la gente del barrio de Las Sombras. Pero lo que hace que la ciudad más grande del disco sea excepcional son sus habitantes. Pese a todo, en Ankh-Morpork, dejando de lado las particularidades, hay, como en todas las ciudades del multiverso, gente normal, o prácticamente normal, personas que se dedican a sus quehaceres cotidianos y que llevan unas vidas de alegrías o penas, pero que nunca salen del anonimato, por lo que no son merecedores de que nadie nunca hable de ellos o los recuerde una vez muertos. Eso siempre que no ocurra nada excepcional, por supuesto.

      Hasg es una de ese tipo de personas; un viejo hombre de aspecto melancólico con barba y pelo descuidado, que fuma en su pipa continuamente y que pasea por la ciudad con aire distraído sin, al parecer, tener nada que hacer. Hasg se crió en un pequeño pueblo pesquero del reino de Istanzia, que se encuentra junto a la desembocadura al Mar Cicular del río Smarl. Dio sus primeros pasos sobre las tablas de la cubierta de una embarcación de pesca y pasó los mejores tiempos de su juventud encaramado a un mástil, pescando con caña de junco en el río, cantando grotescas canciones de marineros mientras limpiaba pescado o durmiendo sobre las redes con su cálido y característico olor envolviéndolo todo a su alrededor.

      Mucho hace ya de todo aquello. Una gran ola se tragó su barca y a su familia y compañeros y lo escupió a él sobre una playa cercana a la ciudad de Ankh-Morpork. Nunca intentó regresar a su pueblo pues sabía que el recuerdo de su familia perdida lo volvería loco, y acertó tan sólo en parte, pues estar lejos de su patria no evitó que no pudiera salir de su estado de shock y que perdiera totalmente la consciencia. Hasg acabó convirtiéndose en uno más de los miles de locos que pueblan Ankh-Morpork y que, de ponerse de acuerdo, formarían un gremio tan poderoso como el de ladrones, pues al fin y al cabo, locos, al igual que ladrones, hay en todas partes.
 


 
      Y en todo mundo que se precie, por muy original que sea, debe existir al menos un Dios. Nunca ha sido realizado un censo divino en el Mundodisco, pero se especula con la posibilidad de la existencia de decenas de Grandes Dioses y de algunos miles de otros Dioses Menores y que cada día se crea y se destruye alguna religión. Los más importantes de todos éstos habitan en las cumbres de Cori Celesti, situadas en el Eje del Disco, donde se dedican a los quehaceres propios de un Dios, que pueden resumirse en emborracharse, pelearse entre sí, divertirse persiguiendo y cortejando mortales o jugar. Y los Dioses no se contentan con jugar a las cartas o los dados [2], sino que buscan día tras día formas de entretenimiento que les liberen de la monotonía del poder.

      En un rincón de un jardín del palacio de Cori Celesti, se encuentran sentados en un banco de madera y hablando animadamente dos de los Grandes Dioses del Disco, se trata de Ghotep y Twaihir. Ghotep es un Dios reconocido y venerado en multitud de culturas del Disco, y se le conoce como el Dios de los imposibles y de los casos perdidos. Suele estar bastante ocupado con las oraciones de sus fieles, pero siempre encuentra algún rato para dedicar a sus compañeros de profesión. Twaihir es el Dios al que acuden todos los jugadores del Disco, se trata del Dios del juego y el azar; pasa su tiempo jugando y apostando con los demás Dioses, a los que ha conseguido ganarles un buen puñado de fieles jugando a los dados [3]. Últimamente se había dedicado a enseñar a algunos Dioses cómo jugar a un juego de cartas con mucho auge entre los mortales, llamado "Descabezar al señor Cebolla", pero no había conseguido muy buenos resultados. Tras unos momentos de conversación intrascendente entre los dos Dioses, acerca de ofrendas, sacrificios y vírgenes, Twaihir se quedó un momento pensativo, y una sonrisa leve se adivinó en su rostro.

      -La verdad es que hace tiempo que no disfruto de un buen reto -dijo Twaihir intentando atraer la atención de Ghotep, llevándolo hacia su propio terreno.
      -Ummm... es curioso, vengo un tiempo pensando acerca de una cosa. Estoy harto de las peticiones de mis fieles, siempre lo mismo, enfermedades, dinero, amores platónicos, nada demasiado interesante; es muy difícil encontrar verdaderos retos hoy en día. Me paso el día escuchando sus plegarias pero nunca hay nada por lo que valga la pena molestarse. Pero ayer por primera vez desde hace mucho tiempo, encontré una súplica original y un verdadero reto.
      -Vaya, parece interesante, cuéntame -le cortó Twaihir con su mueca sonriente en aumento gradual conforme iba escuchado la historia.
      -¿Conoces Ankh-Morpork?
      -Por supuesto, tengo miles de fieles devotos en esa gran ciudad del vicio y la perversión. Algunos de los mejores casinos del Disco están allí, y también algunos de los peores antros, pero en la gran mayoría tienen alguna imagen mía o, al menos, mi frase más famosa se encuentra presidiendo el local: ALEA JACTA EST, que la fuerza te acompañe.
      -Bien, veo que sabes de qué ciudad hablo, pero, ¿conoces el río que la atraviesa?.
      -En efecto, el Ankh, allí han acabado más devotos míos de los que te puedas imaginar. No sé qué necesidad tiene la gente de hacer eso, sólo por hacer pequeñas trampas, con lo bonita que era la vieja costumbre del alquitranado y emplumado -dijo Twaihir, que no podía dejar pasar un buen tema de conversación.
      -Supongo que han actualizado la tradición y han ahorrado algo en plumas.
      -Sí, supongo...
      -Pues bien, resulta que un mortal me pidió con todas sus fuerzas algo verdaderamente novedoso, algo que no estaba basado en el egoísmo como la mayoría de veces. Me pidió que le concediera un verdadero deseo imposible, que es, todo sea dicho, para lo que se supone que existo.
      -Habla, habla...
      -El caso es que el mortal me pidió que le diera vida al río Ankh.
      -¿Qué? ¡Eso es imposible! ¿Tú has visto ese río?, pero si llamar agua a su contenido es como decir que una cucaracha es un ruiseñor.
      -Lo sé, ¿entiendes ahora mi interés?
      -Umm, vaya, pues sí. Ah, y espero que entiendas también el mío: ¿Qué apostamos?
      -No tenía nada pensado, pero supongo que una apuesta alta hará que me esfuerce más en conseguir mi objetivo. ¿Qué propones?.
      -Bien, dado que la apuesta no es nada habitual, el premio tampoco debe serlo. Si ganas te diré dónde hay una gran cueva natural recubierta en su interior por metales preciosos y cristales minerales e iluminada por luz de octarino eterna. Es el lugar perfecto para un gran altar de adoración y su magnificencia atraerá a muchos fieles. Lo encontré por suerte en uno de mis paseos por el territorio mortal, me lo mostró un pastor después de devolverle todo su rebaño que le había ganado a los dados y ahora te lo ofrezco siempre y cuando puedas igualar la apuesta -las palabras salían de la boca de Twaihir como un torbellino.
      -Vaya, no suena mal. Yo te ofrezco como apuesta un pozo de la suerte mágico en la ciudad de Al-Khali, el cual tiene el don de conceder algunos deseos sin que tú te hayas de preocupar por ellos. Es una buena fuente de fieles, te lo aseguro, peregrinan al lugar desde lejanos lugares, te rezan y el pozo se encarga de autoabastecerse de fieles concediendo algún que otro deseo, y encima, algunos hasta echan monedas.
      -Parece interesante; de acuerdo, trato hecho. Si consigues encontrar una sola criatura que no sólo consiga sobrevivir en el Ankh habrás ganado la apuesta, pero para evitar artimañas, será el mortal el que hará el trabajo y tendrás de tiempo hasta que Gran A'Tuin haya alcanzado la órbita [4] de la estrella Leo24 [5].
      -¡Pero eso es tan sólo un mes!
      -Sí, más o menos...
      -Está bien, voy a ponerme ya a trabajar en ello.
 


 
      Entretanto, Hasg contemplaba meditabundo el río desde uno de los puentes que lo cruzan. Muchas veces había intentado pasar sus horas muertas reviviendo sus buenos tiempos de la juventud, se había colocado su gorra azul, y había probado suerte con una vieja caña de pescar que años atrás encontró en la playa y él mismo reparó. Apoyado en la base que sirve de soporte a las estatuas de los hipopótamos que flanquean el puente, echó su caña vez tras vez, día tras día. Nunca tuvo suerte, todo lo que consiguió sacar del río se podía resumir en una palabra: inerte. Trozos de tela, cuerdas y otras basuras varias estaban a la orden del día y minaban la moral del viejo pescador. Siempre mantuvo la esperanza de que algún día conseguiría una buena pieza, aunque se conformaba con conseguir una, fuese buena o no. La mente trastornada de Hasg creía que volviendo a su vieja afición conseguiría de nuevo la felicidad que antaño tuvo. Llegó a tal punto su desesperación que incluso se acercó al templo de Ghotep, Dios de los imposibles, e invirtió sus pocas monedas en un momento de plegaria ante el altar mayor del Dios.

      Esa misma noche, Ghotep se le apareció en sueños en forma de un gran pájaro de colores con un aura de fuego. Le anunció que su plegaria había sido escuchada, y que él mismo se encargaría de ir comprobando si diferentes formas de vida podían habitar el río; en el sueño, el gran pájaro abría sus alas y bajo ellas podía verse la imagen difuminada de lo que Hasg identificó como animales, si bien, la mayoría de ellos le eran desconocidos. Antes de desaparecer, Ghotep le pidió que se trasladara a vivir a un viejo almacén abandonado, parte del antiguo muelle fluvial. Acabado el discurso divino, el gran pájaro se marchó con un impresionante batir de alas llameantes que sobrecogió al marinero en su sueño. En unos instantes, la oscuridad volvió a ser protagonista de su mente, pero un eco de voz grave resonaba en su cabeza: Si no cumples, lo pagarás con tu vida...

      Hasg despertó sudoroso y muy nervioso; sabía que todo había sido un sueño, y que los Dioses no se dedicaban a sutilezas, como aparecerse en sueños a los mortales o encomendarles misiones, ni siquiera seguramente se dedicaban a escucharles; y aunque el eco final lo había inquietado internamente, tampoco le daba gran importancia, pues la Muerte no es algo que le preocupara. Sin embargo, motivado quizás por la curiosidad o por el simple aburrimiento, Hasg decidió visitar el viejo muelle abandonado.

      Recorrió andando el trayecto que separaba su vieja choza del río. Paseando tranquilamente a lo largo del cauce en dirección al muelle, pudo confirmar lo que ya suponía: el muelle era uno de los muchos elementos decrépitos de la ciudad. Aún podían distinguirse los amarraderos de piedra, pero las construcciones de madera hacía tiempo que no eran más que un montón de escombros. Había sido utilizado mucho tiempo atrás, como centro de comercio y amarradero de barcos pesqueros, pero llegado un momento en el que fue necesario bajar a los esclavos del barco a cavar en el agua del río para que se pudiese pasar, el viejo muelle dejó de ser utilizado y se construyó uno nuevo a orillas del mar.

      Hasg estuvo curioseando por allí pero no hubo nada que le hiciese denotar la presencia de Dios alguno; decidió acercarse al único habitáculo que no parecía tener riesgo de derrumbe inmediato, que era una caseta de madera con vigas y suelo de piedra, que seguramente había pertenecido a algún poderoso comerciante o al funcionario encargado del puerto. La puerta de madera hinchada opuso alguna resistencia, pero acabó cediendo ante el empuje de Hasg y ofreció la vista del interior. La habitación era pequeña, húmeda y sin ventanas; un escritorio y un viejo armario agrietado por la humedad eran todo el mobiliario. Se podía distinguir un hueco donde una vez hubo una chimenea y que había sido tapiado con maderas posteriormente, pero una cosa le llamó la atención: en aquella habitación abandonada durante largos años, había una pequeña caja de madera fina y clara envuelta parcialmente por una manta roja de aspecto limpio y nuevo. Su corazón le dio un vuelco y Hasg empezó a temer seriamente que su sueño no hubiese sido totalmente casual. Recogió la caja, la abrió lentamente como temiendo encontrar algo muy desagradable y, por fin, descubrió lo que contenía; era una urna de cristal con lo que parecían ser una pareja de anguilas comunes con una raya blanca que las recorría casi totalmente. Pegada a la urna, una nota decía:
 

Especie: Anguila rayada (Apodus albus)
Origen: Marismas de Genua
 
      Hasg estaba totalmente convencido ya de que su sueño había sido real y de que un Dios no sólo había escuchado sus súplicas, sino que les daba respuesta rápidamente. Parecía totalmente encantado con la idea y estaba convencido de que esa pareja de anguilas, en unos años, habrían llenado el río con generaciones y generaciones de pequeñas anguilitas que él podría disfrutar capturando y degustando. Se acercó al borde del embarcadero, echó un vistazo al río y sin pensárselo dos veces volcó el contenido de la urna. Los escurridizos animales, sintiéndose libres al fin de su prisión, reptaron alegres sobre la superficie del río, pero cuando decidieron que era el momento de desaparecer de la vista, se encontraron con que el supuesto líquido fangoso al que estaban acostumbradas tenía la solidez de un muro. Pasaron horas intentando liberarse de aquella mugrienta sustancia desesperadamente, hasta que una benévola y poco remilgada gaviota marina las libró de su sufrimiento, consiguiendo una sabrosa y nutritiva cena a base de anguila tropical aliñada con una salsa densa de alquitrán [6].

      Hasg pasó la noche acurrucado en una esquina de la caseta y envuelto en la pequeña manta roja, sin poder apenas dormir debido al temor de represalias divinas. Al alba se levantó dispuesto a ir a rezar para pedir perdón, pero al salir de la caseta se encontró con otro cajón de madera envuelto en una manta, aunque esta vez era bastante más grande. Iba montado sobre un pequeño artilugio con ruedas a modo de carrito que llevaba un tirador en un lado.Hasg deslió la manta y encontró de nuevo una nota que decía:
 

ATENCIÓN, PELIGRO:
Especie: Cocodrilo gigante del Djel (Aligatorus djelibus)
Origen: Río Djel
 
      'Claro, por supuesto, ésta sería la solución, una especie mucho más robusta que podría superar las condiciones adversas del Ankh y que además, dada su mayor fuerza y peso podría atravesar la costra superficial del río', dijo para sí Hasg. 'Además, una vez se hubiese establecido definitivamente, constituiría todo un reto su caza'.

      Con renovadas esperanzas, el antiguo marino inspeccionó más atentamente la caja y comprobó que estaba provista de un artilugio para abrir la puerta tirando de una cuerda que había en la parte trasera, y que también había una rueda que si se giraba, alzaba la parte de atrás, dejando la caja en posición diagonal. Con mucho esfuerzo consiguió arrastrar el cajón hasta el borde del amarradero y una vez allí giró la rueda; tras unos instantes de nerviosismo abrió la trampilla lateral. Se oyeron tres golpes amortiguados consecutivos, con lo que Hasg supuso que tres animales habían caído al río; se acercó cuidadosamente al borde y pudo ver que la caja ya estaba vacía y que los tres reptiles estaban en el Ankh. Al parecer aún estaban aturdidos por el golpe pero parecían moverse con relativa soltura sobre la superficie fangosa del río.

      Los animales estuvieron todo el día explorando el entorno y al parecer no mostraban gran dificultad para desplazarse, pero caída la tarde, los tres reptiles, uno tras otro, nadaron río arriba y desaparecieron por una de las salidas abiertas del alcantarillado de Ankh-Morpork, que probablemente constituía un hábitat mucho más agradable que el propio río, lo cual no es algo que se pueda decir muy a menudo de un lugar como el alcantarillado de la ciudad más pestilente de todo el Mundodisco. Pese a encontrar un lugar más acogedor, los reptiles no tuvieron mucha suerte; no fueron muy bien acogidos por la población local de cocodrilos que, si bien no puede ser calificada como racista, no suele aceptar muy bien la presencia de individuos extraños. Sobretodo si pueden convertirse en su cena.

      Tras este nuevo fracaso las esperanzas de Hasg se desplomaron, pero cada nuevo día encontraba una nueva especie con la que probar. Poca suerte tuvieron la Anaconda de Howondalandia, los grandes cangrejos ermitaños del río Tsort, el pato azulado del lago Yo-yo y algunos de los peces más resistentes del disco provinentes de diferentes lagos y marismas, pues apenas pudieron sobrevivir unas horas. Tampoco hubo suerte con las pruebas con tortugas que, si bien sobrevivían unas horas en el río, tenían siempre la idea de salir a buscar un buen lugar para echar la siesta y acababan en el fondo de una olla, haciendo las delicias de algún morporkiano. Utilizó también especies que vivían en hábitats extremos, como la salamandra del fuego, que resultó el mayor éxito experimental, pero que murió al tercer día tras intentar alimentarse de los restos orgánicos que flotan en el río. Una de las apuestas más fuertes fue con una criatura de las llamadas de rápida evolución, originaria de un continente de reciente creación; este tipo de animal es conocido por conseguir evolucionar en muy poco tiempo hacia una forma que le permita la supervivencia en cualquier tipo de lugar. Tras ser liberada sobre el río, tardó doce segundos en cambiar su colorido pelaje por un recubrimiento plástico impermeable, tres minutos en generar un robusto pico y grandes garras y, tras varios intentos de zambullirse, nueve segundos en conseguir unas grandes alas que lo llevaron muy lejos.

      Nunca nadie vio a Hasg liberar a los animales, pero durante ese mes, los habitantes de la ciudad estuvieron bastante extrañados por el repentino aumento de fauna extraña. El tritón espinado que escapó del río encontró cobijo en la fuente central del Templo de los Dioses Menores y fue confundido con Che-tu, Dios de los metales preciosos, al que automáticamente se le construyó una gran estatua dentro del templo con estanque incluido, y que casi tan automáticamente fue secuestrado por los veneradores del Dios de las maderas nobles, lo que derivó en un grave conflicto. Por otra parte, varias son las personas que afirmaron haber visto pasar rápidamente por la calle Corta (la más larga de la ciudad) un grupo de grandes ranas cornudas. En los jardines de la Universidad Invisible encontraron su hogar una pareja de gansos salvajes de las montañas del carnero, que se dedicaron a aterrorizar a los estudiantes desde que un escape de magia aumentó seis veces su tamaño. Y desde esos tiempos corre la leyenda de un extraño pájaro con grandes garras y afilado pico que habita en la torre del palacio del patricio y que se alimenta de niños pequeños y de gaviotas [7].

      Durante todo este tiempo, Hasg había ido perdiendo su esperanza, y al mismo tiempo, su cabeza. Liberó uno tras otro a todos los animales que le iba enviando Ghotep y comprobó con sus mismos ojos como todos los intentos fracasaban. Recibió un par de apariciones nocturnas en las que el Dios le daba algunos consejos y le reprendía por los malos resultados; en la última de estas visitas le hizo sabedor de cuándo acababa el plazo.

      Y el día llegó; su última oportunidad se esfumó con la desaparición del pez espiga del Mar Circular (que consiguió llegar saltando/reptando hasta la desembocadura del río donde volvió a ser libre). Hasg, consciente de haber fallado en su cometido, falto de toda esperanza y sin fuerzas para enfrentarse a la ira de un Dios, decidió acabar con todo su sufrimiento y quitarse la vida.
 


 
      Mientras tanto, Twaihir y Ghotep observaban la escena desde su atalaya de la montaña sagrada.

      -Ha sido un bonito juego, pero ahora paga tu deuda -dijo Twaihir.

      Resignado, Ghotep se presentó personalmente en Al-Khali y cambió el cartel con su nombre por otro con el nombre de Twaihir [8].

      Cuando Ghotep llegó a Ankh-Morpork para hacer pagar a Hasg el no haber conseguido su objetivo, le encontró ya al borde del amarradero dispuesto a saltar. Y saltó. La caída fue rápida y el contacto con el río menos fuerte del esperado; el fango amortiguó la caída, pero Hasg se hundió hasta la cintura y poco a poco el río le fue engullendo. Cuando el lodo le cubría prácticamente entero, tomó una gran bocanada de aire y aún pudo ver una colorida silueta recortada sobre el borde del embarcadero. Y se hundió.

      Pasados unos momentos de angustia, Hasg iba hundiéndose en el río; pasó una capa superficial de color negro, con muchos restos y con una gran densidad. Siguió hundiéndose en una capa amarillenta mucho más fluida que transcurría por debajo de la anterior y que, incluso, llevaba una ligera corriente. Muy cerca ya del lecho el río volvió a experimentar otro cambio de fase: un flujo de agua turbia pero prácticamente limpia. Y tocó fondo.

Allí pudo ver algo increible. Un mundo de vida se extendía a su alrededor. Pequeños peces de varias formas y colores nadaban raudos de un lado a otro, las piedras se hallaban colonizadas por varios tipos de moluscos y entre ellos Hasg pudo ver a un par de grandes cangrejos; además el fondo arenoso estaba lleno de almejas y cubierto por una vigorosa vegetación.

      -¡Eh, sí que lo he conseguido! ¡Hay vida en el Ankh!
      NO ES NECESARIO QUE GRITES, ESTOY A TU LADO, Y NO CREO QUE NADIE MÁS PUEDA OIRTE.
      -¿Tú eres...?
      SÍ, Y HE VENIDO A BUSCARTE.
      -¿Eso significa que... estoy... muerto?
      EN EFECTO, MI QUERIDO AMIGO, EN ESO CONSISTE MI TRABAJO.

      Hasg vio en ese momento como su cuerpo, que aún había seguido hundiéndose, llegaba al fondo. También le pareció ver sonreír a un par de peces [9] que había cerca.

      -Una pregunta.
      DIME, ESTOY ACOSTUMBRADO A PREGUNTAS DE ÚLTIMA HORA, PERO POR FAVOR NADA DE ACERTIJOS NI TRUCOS NI NADA RARO QUE LLEVO UN DÍA MUY CANSADO.
      -¿Esto siempre ha sido así?
      SI TE REFIERES A LO DE LA GUADAÑA, LA VERDAD ES QUE ANTES HACÍA UN RITUAL UN POCO MÁS LARGO, PERO DECIDÍ ACORTARLO PORQUE SE ME AMONTONABA EL TRABAJO.
      -No, el río.
      AH, NO, ANTES, HACE MUCHO TIEMPO, ANTES INCLUSO DE QUE LA CIUDAD NO FUESE MÁS QUE UN PEQUEÑO POBLADO, EL RÍO ME DABA BASTANTE MENOS TRABAJO. LOS COCODRILOS E HIPOPÓTAMOS HACÍAN BIEN SU TRABAJO, PERO NI PUNTO DE COMPARACIÓN CON EL INVENTO CIVILIZADO DE LA MUGRE. CASI TODOS LOS DÍAS VENGO A RECOGER A ALGUIEN AQUÍ.
      -Pero entonces...
      LO SIENTO, ES HORA DE MARCHAR.

      La Muerte blandió su guadaña en el agua con la misma facilidad que lo hubiera hecho fuera, y liberó el alma de Hasg. Mientras tanto, la vida continuaba su curso en el fondo del Ankh y una pareja de esturiones encontraba refugio en una vieja bota de un olvidado pescador.
 

Fin

 
Notas al pie:

1: Por la gente del disco; por supuesto la tortuga debe saber a dónde va, si no, simplemente no iría. Pero esta discusión filosófica es casi tan complicada como la que intenta discernir el sexo del propio quelonio. Volver.
2: No se contentan, pero les encanta. Volver.
3: Hasta incluso llegó una vez a conseguir un bonito templo de adoración, con cientos de abnegadas vírgenes en el lote. A partir de ese día Ío el ciego ha dejado de apostar a las cartas. Volver.
4: En un universo en el que los planetas cabalgan a lomos de tortugas gigantes, no es de extrañar que puedan cruzarse órbitas, como si de fronteras entre reinos se tratase. Volver.
5: Descubierta por el célebre astrólogo Leonardo da Quirm, conocido tanto por su ingenio científico como por su falta de imaginación para poner nombres. Volver.
6: La gaviota es un animal muy común en la mayoría de mundos del multiverso. Un recurso muy útil y moderno para un Creador es utilizar formas de vida reciclantes que se encarguen de recoger lo que otros no quieren. Dentro de esta categoría, además de a la gaviota, encontramos a la rata y como logro más moderno de la ingeniería reciclante, a la cucaracha. Volver.
7: La introducción de especies en un hábitat distinto al suyo suele acarrear serios problemas, pero la conciencia ecológica en el Mundodisco es algo que no se ha desarrollado más allá de: " Por favor, deja de darle patadas a mi perro". Volver.
8: ¿Quién dijo que la religión era un asunto difícil? Volver.
9: Cosa harto complicada en un pez, pero que puede llegar a conseguirse tras una buena motivación consistente en varios kilos de comida fresca. Volver.

 

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Esta sección de La Concha de Gran A'Tuin está escrita por Gaztakin.

  Nota del autor: Ningún personaje, hecho o lugar que aparece en este relato corto tiene su origen en la realidad, todos son producto de la imaginación del autor. Este relato está basado en el Mundodisco, mundo creado por Terry Pratchett y, aunque pueda ser leído de forma independiente, no vendría nada mal el conocimiento del resto de la obra para su mayor disfrute. Ninguna de las criaturas que aparece en el relato sufre tortura o mal trato y su destino viene condicionado a fines absolutamente científicos, pero cabe resaltar que no se trata en ningún caso de especies en claro peligro de extinción en el momento de edición del relato (enero de 2002, Era del Murciélago frugívoro). Este relato va dedicado a todas aquellas personas que ofrecen su trabajo para el bien de la naturaleza y la totalidad de sus beneficios irá destinada a la Fundación Orangután.