
Por los miembros de la Bugarup University
Historia ambientada el el Mundodisco (© Terry Pratchett) escrita por la Universidad de Bugarup. La historia aún no está terminada, pero iremos traduciendo a medida que avance...
La Muerte estaba repantigada en la gran silla de su estudio. Estaba de mal humor.
ALBERT.
-Sí, Maestro -replicó el anciano que había estado quitando el polvo de esa manera ineficiente que no quita el polvo, sino que lo recoloca a unos dos centímetros de su posición original. Se sabe que los mayordomos de todo el multiverso utilizan esta técnica en las ocasiones en que el acto de limpieza queda en segundo lugar respecto al acto de interferir en los problemas personales de su amo.
ALBERT. NO LO ENTIENDO.
Su sirviente leal dejó la bayeta y dirigió a su amo una Mirada que se puede ver siempre que un padre intenta explicar cómo funciona el mundo a un niño.
-Manzanas, Maestro -replicó pacientemente-. Está hecho de manzanas. Bueno... principalmente manzanas...
Siguió el silencio. La confusión se instaló.
Albert suspiró.
-Escuche, Maestro. Es una bebida. Tiene manzanas. A la gente le gusta -explió por ciento onceava vez. Uno de los problemas menores de trabajar con una personificación antropomórfica inmortal es que tienen toda la eternidad para pensar sobre las cosas... y, desafortunadamente, creen que a todo el mundo le ocurre lo mismo. La Muerte había estado observando con atención a una esfera llena de neblina que había en su mesa durante dos días, bueno, si es que se puede medir el tiempo en el hogar de la Muerte. Muy dentro de la niebla, sus brillantes ojos azules estaban enfocados en una escena que tenía lugar en los picos más altos de las Montañas del Carnero.
Dejemos que el ojo de la mente se enfoque ahora hacia ella...
Tres brujas. Bueno, al menor dos brujas y una joven... mujer... a la que, con buena educación, se podría llamar 'bien intencionada'. Estaban de pie alrededor de una enorme bañera en medio de una lavandería, cada una con una expresión diferente. Una de las más ancianas estaba utilizando un cucharón del tamaño de un troll para remover y probar el sabor de lo que estaban preparando.
-Esme -dijo finalmente-. ¿Tú qué crees? ¿Unas pocas manzanas más? Acabo de tirarme una gota en la bota y le ha costado dos segundos agujerearla -dijo, decepcionada-. No creo que sea bastante fuerte todavía.
Su compañera le dirigió una mirada que pretendía sugerir desaprobación, pero que revelaba a su mejor amiga un interés que haría que las drogas fueran legalizadas.
-No es mi especialidad, Gytha -replicó Yaya con tozudez-. Tú eres la que... experimentaste... con el esfumino cuando eras joven. Dabas a los hombres una mala impresión de ti misma, ¿sabes? No es que fuera equivocada ni nada de eso -murmuró, pero lo suficientemente alto como para que Tata Ogg lo oyera.
Desafortunadamente, la respuesta que estaba esperando no llegó nunca, ya que Tata fingió sordera y tomó otro sorbo del esfumino casero. Cayó otra gota al suelo al devolver el cucharón a la olla. El suelo, al lado del pie de Tata, emitió un ruido sibilante y se volvió de un color verde enfermizo antes de desaparecer en la no-existencia.
-¡Oooooh! ¿Has visto eso? -chilló Tata-. ¡Medio segundo para comerse el suelo! ¡Y utilizo la la madera más resistente! Creo que está listo -Yaya Ceravieja gruñó con tozudez-. Creo que necesitamos una canción -siguió Tata-. Siempre se canta una canción después de hacer esfumino. Es la tradición.
-Oh, no, Tata -las dos brujas más ancianas se volvieron hacia la tercera integrante del grupo, olvidada hasta el momento.
-¿Qué pasa, Magrat? -preguntó inocentemente Tata. Magrat abrió la boca para hablar pero la interrumpió Yaya.
-Sí, Magrat, ¿qué ocurre? -preguntó mirándola, decidiendo de repente que, aunque no le gustara alinearse con Tata, le gustaba todavía menos que se supiera que se había puesto del lado de Magrat-. Es la tradición. Hay que cantar si es tradicional.
-Pero... -dijo Magrat- La gente podría oirlo.
Las dos brujas la miraron. La mirada de Yaya era conocida por todas las Montañas del Carnero como la única que podía hacer que el despellejamiento, incineración y descuartización, por ese orden, fueran preferibles. Tata simplemente tenía una forma de mirarse la nariz bizqueando que podía hacer que lloraran los ojos al guerrero más curtido. No hace falta decir que Magrat se rindió.
-No creo que tus canciones sean... apropiadas -replicó, con tanta diplomacia como pudo-. ¿No podríamos cantar una canción bonita e inocente sobre pajaritos o algo así?
Las brujas continuaron mirándola de una forma que sugería que la respuesta era no. En la boca de Tata se desarrolló una sonrisa a la vez que Yaya enviaba un aviso telepático a los animales cercanos de los bosques que quisieran salvar la vida.
Tata abrió la boca, respiró profundamente, y cantó.
Unos pocos problemas eran lo que le vendría bien al Comandante Vimes ahora mismo. Sí, una buena tajada de problema, vuelta y vuelta y con la sabrosa salsa de un crimen. Era la primera vez desde hacía mucho tiempo que se sentía así. Mucho tiempo. Mucho, mucho, mucho. ¿Por qué tienen que durar tanto estas malditas cenas? Hablando de tiempo, Lady Smothers llevaba mucho tiempo hablando. Mucho, mucho, mucho. Ni siquiera sabía de qué estaba hablando. Pero ésta era su casa, ésta era su cena, ella era una amiga de Lady Sybill, y un hombre tiene ciertas obligaciones con su esposa. Pero la comida ni siquiera era buena cuando finalmente llegó. Consistía en cosas redondas y pequeñas, con las que se disfrutaría más intentando averiguar qué eran que comiéndolas.
Maldita sea, eso se podía conseguir de YVALR Escurridizo por la mitad de lo que costaban las especias de este plato. Mejor comerlo, para parecer interesado. Y ya que estás comiendo, con un poco de suerte nadie te dirá nada. Tienen una buena puerta 2.
Ojalá alguien entrara por esa puerta justo ahora. Alguien que necesitara los servicios del Comandante de la Guardia. Alguien que se me llevara para resolver algún problema.
Incluso el Capitán Zanahoria, preocupado por si la Guardia debería tener mayor presencia en el Festival de la Cerveza de esta noche. "Es como un festival de la cerveza cualquiera", le había explicado Zanahoria esa misma mañana, "pero es sólo para enanos, así que es... más corto. Pero los enanos se ponen un poco... alterados cuando beben un poco, señor. Recuerdo un festival en casa cuando el tío Hans, descanse en paz, empezó a decir que el oro no tenía ningún valor..."
-¿Y...? -había preguntado Vimes.
-Y descanse en paz, señor.
-Bueno, pues llévate a Colon. Seguro que los podrás mantener a raya, Zanahoria.
Vimes sería feliz incluso si entrara Nobby por esa puerta. Y, cuando te encuentras a ti mismo deseando la presencia de Nobby, ha llegado el momento de hacer algo al respecto. Por fortuna, alguien entró por la puerta. Desafortunadamente, era una de las Emmas intercambiables de Lady Ramkin. Seguramente querrá hablar con Sybil sobre alguna pequeña emergencia draconiana. Esto fue lo que ocurrió, por supuesto, pero salió bien. La anfitriona de esta noche "entiende la... incomodidad de cuidar dragones" y Vimes pudo escapar con su esposa.
Una hora después, Vimes salía de casa. Sybil estaría atada al santuario de los dragones durante lo que quedaba de noche. Mejor se acercaba a ver cómo les iba a los chicos de Pseudópolis Yard. Y a las chicas. La Guardia puede ser una organización muy confusa, especialmente con enanos en nómina. De camino, se encontró con Colon y Zanahoria.
-Bueno, chicos, ¿qué tal el Festival de la Cerveza?
-Ha sido bastante agradable, señor -dijo Zanahoria.
-¡¿Agradable?! -gritó Colon-. ¡Uno de esos mamones me dio un cabezazo en la rodilla!
-Bueno, estabas apoyando la cerveza en la cabeza de su hija.
Colon murmuró algo. Entonces, en voz más clara, dijo:
-Pero no sé qué pasará con esa competición de esfumino la semana que viene, Comandante.
-¿A qué te refieres, Colon? -preguntó Vimes-. No he visto un esfumino decente desde hace cometas. Me apetece bastante.
-Sí, todo el mundo está diciendo que será jodidamente divertido, pero tengo un... presentimiento. Un mal presentimiento. Ya sabe, en los intestinos.
-Ya, la cerveza de los enanos puede hacer eso.
-No -continuó Colon-. Quiero decir, ese tipo de cosas atrae a la clase de gente equivocada, ¿sabe? Quiero decir, gente del campo.
Zanahoria frunció el ceño, pero lo ocultó.
-Y donde está la gente del campo, están las brujas. Y no soporto a las brujas.
-Venga ya. No pueden ser peores que los magos.
-Y ellos también van a competir. He oido que las brujas y los magos son infinitamente peores cuando se juntan. Brujas, magos... otras cosas. Yo creo que habrá problemas...
1: Como muchas lunas, sólo que más tiempo. Volver.
2: No es que Vimes estuviera alcanzando el límite del aburrimiento. En realidad, llevaba muchos años siendo un gran conocedor de las puertas. Cuando estás de patrulla por la noche, descubres tus propios entretenimientos. Volver.