Título original: Maskerade
Última edición disponible: DeBolsillo, 2004
352 páginas · 19x13cm · 7'21 €
Traducción: Javier Calvo
ISBN: 978-84-8346-386-4
En castellano:
> 2006 Plaza & Janés - Descatalogado
> 2007 DeBolsillo, BestSeller - Disponible
> 2008 Altaya (Coleccionable)
En inglés:
> 1994 Tapa dura - Descatalogado Buscar
> 1996 Bolsillo - Disponible
> 1998 Obra de teatro - Disponible
> 2005 Audio - Disponible (Abreviado)
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18 Mascarada
«"¿Qué clase de persona -preguntó Salzella pacientemente- se sienta y escribe una risa maníaca? Y todos esos signos de exclamación, ¿los ves? ¿Cinco? Un claro signo de alguien que lleva los calzones en la cabeza. La ópera puede hacerle eso a un hombre."»
Las brujas no tienen demasiado trabajo entre manos. Además de que en Lancre no pasa nada desde aquel asunto de los elfos, Magrat Ajostiernos está en palacio haciendo de reina y Tata y Yaya, sin nadie a quien fastidiar, se están poniendo de los nervios mutuamente. Esa es la razón por la que las brujas funcionan mejor de tres en tres: así todas se ponen de los nervios a todas y se compensan entre sí. Tres brujas son buenas para el reino. Solamente dos podrían acabar con él de un plumazo. Por eso Tata anda buscando una joven que se una a ellas.
Pero esta chica, Agnes, una muchacha enorme que apuntaba maneras de bruja, se ha marchado a Ankh-Morpork para huir de su destino (la brujería, por supuesto) y ha acabado en el lugar más enloquecido de todos: la Casa de la Ópera, donde el Fantasma se está dedicando a matar gente. Además, Tata ha publicado su libro de cocina picantona y Yaya, al descubrirlo, cree que el editor debería pagar algo de dinero a Tata. Y, aunque a los editores les cuesta bastante hacer esto, lo cierto es que tampoco tienen por costumbre enfrentarse a Yaya.
Por lo que nuestras brujas favoritas ven motivos suficientes para desplazarse a Ankh-Morpork y meterse de lleno en el cosmopolita mundo de la edición, el dinero y... la ópera.
Maskerade es un descarado homenaje a El Fantasma de la Ópera, una crítica a las convenciones del canto y una apología de algo tan sencillo como la necesidad de ver lo que uno tiene delante en realidad.
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