| El siguiente artículo, escrito por su seguro servidor Manu Viciano, apareció en el número 10 de la revista Mathoms, de la Asociación Tolkien Argentina, en junio de 2003. |
|
El Mundodisco de Terry Pratchett es una serie de novelas que transcurren en un planeta plano como una pizza cósmica 1. Es tremendamente popular en el Reino Unido por su combinación de fantasía, humor del bueno y una visión irreverente y ácrata de la condición humana. El planeta plano viaja por el universo a lomos de cuatro elefantes que descansan sobre el caparazón de Gran A’Tuin, la tortuga estelar –sexo desconocido-. En otros planetas construidos con menos imaginación puede parecer que los barcos que desaparecen por el horizonte se están cayendo por el borde del mundo. En el Disco, si parece que caen por el borde del mundo es porque realmente caen por el borde del mundo. Las dos primeras novelas de la serie son El Color de la Magia y La Luz Fantástica, ambas editadas en castellano por Plaza&Janés. En la primera Terry Pratchett nos presenta su mundo de fantasía y se lanza a la parodia descabellada de toda la literatura fantástica de la mano de un hechicero inepto y cobarde llamado Rincewind, que no puede memorizar hechizos, y del primer turista conocido en el Mundodisco, Dosflores, que se describe perfectamente mediante una frase del libro: "Turista, decidió Rincewind, significaba 'idiota'". En esta primera novela se lanzan a la carrera (o, más bien, a la huida) a lo largo y ancho del Disco. Este pretexto permite al autor dedicarse a parodiar sin tregua el género de la fantasía heroica. Encontramos referencias a Fafhrd y el Ratonero Gris de Fritz Leiber, a H.P. Lovecraft, a las novelas de Pern de Anne McCaffrey y, por supuesto, a El Señor de los Anillos. Pratchett no se queda sin darle la vuelta a ninguno de los tópicos de la literatura fantástica: espadas parlantes (con sus propios traumas y complejos), objetos mágicos (normalmente psicópatas homicidas), dragones que solamente existen si se cree en ellos y, aunque esto llegará más avanzada la serie, dioses que solamente existen si se cree en ellos. Y todo ello sin dejar en ningún momento de arrancar sonrisas y alguna carcajada a mandíbula batiente del lector. En La Luz Fantástica, segunda novela de la serie y continuación de la primera (parece una obviedad, pero resulta que todas las demás novelas se pueden leer independientemente) volvemos a encontrarnos con Rincewind y Dosflores sobre el Mundodisco, sólo que en esta ocasión parece que no por mucho tiempo: hay una estrella roja en el firmamento que se hace más grande a cada día que pasa. Pronto superará en luminosidad al pequeño sol orbital del sistema Disco. Gran A’Tuin –sexo desconocido 2- parece estar pensando en impactar contra ella y acabar con toda la vida sobre la faz de la pizza cósmica que transporta. Y resulta que nuestros antihéroes son los únicos que pueden evitarlo. Terry (permítaseme la familiaridad, son ya muchos años) vuelve a la carga con la parodia. Imagínense al mejor de todos los héroes bárbaros del Mundodisco, Cohen el Bárbaro. Ser el mejor significa que nadie haya conseguido matarle, y Cohen lleva mucho tiempo siendo el mejor y sobreviviendo. Mucho. Tanto que ya no le quedan dientes ni siquiera para pronunciar bien la palabra "dientes". Imagínense las botas de siete leguas, un medio de transporte mágico que consiste en poner un pie a una distancia enorme del otro. Imagínense el estado de los dientes de un gnomo que viva en una casita de mazapán. El genio humorístico de Pratchett reside en tomarse los clichés de la fantasía con lógica y sentido común y ver qué ocurre entonces. En esta novela, aparte de dichos clichés, Pratchett desmiembra con alegría cuentos infantiles como Ricitos de Oro o mitos urbanos como las tiendas de antigüedades y objetos extraños que ya no están en el mismo lugar al pasar por la calle el día siguiente. (¿Qué clase de vida llevan los propietarios de esas tiendas? Léanse el libro para averiguarlo). El Color de la Magia y La Luz Fantástica se escribieron porque el autor pensaba que había "demasiada fantasía sub-Tolkien suelta en los años ochenta, novelas que hacían algún boceto de un escenario y entonces se escribían solas. A principios de los ochenta no se podía mover uno de tantas novelas que habían, que degradaban las cosas buenas que se estaban haciendo". Las primeras novelas del Disco fueron una especie de vacuna contra la lluvia de novelas basadas en los incontables mundos del juego de rol Advanced Dungeons & Dragons.
Pero la serie del Mundodisco no se limita a estos dos libros. Pratchett lleva publicadas 29 novelas ambientadas en el Disco, una de ellas para lectores jóvenes, dos de ellas ilustradas, y el consenso de público y crítica 3 es que la serie, contrariamente a lo que suele ocurrir en las series de fantasía, mejora con cada libro. A medida que seguimos leyendo novelas, el tono se vuelve menos paródico –o al menos de una parodia más sutil- y Pratchett se dedica a utilizar sus historias, siempre espléndidamente hilvanadas, para tratar casi cualquier tema, desde la guerra hasta el chocolate, pasando por dioses, rock’n’roll o la misma naturaleza de las historias. En algunos libros el tono (y el humor) incluso se hace algo más oscuro si la historia lo requiere, pero siempre obligando a los lectores a tener que contener las risotadas cuando leen en el metro, no vaya a ser que el resto de viajeros les tomen por majaras. Quizá lo mejor sea recurrir a las citas y dejar que el mismo Pratchett termine este artículo explicando por sí mismo la evolución de su mundo: "El Mundodisco toma el clásico mundo de fantasía y le permite crecer. Muchos de sus problemas son cívicos, políticos o sociales. No son necesarios los Señores Oscuros que moran en torres lejanas: hay maldad más que de sobras en la calle de al lado". "Lo que escribo ahora no es ni más ni menos 'fantástico' que, por ejemplo, El Color de la Magia. La fantasía no es una cuestión de escenario, es una cuestión de enfoque. Es tratar absolutamente todo como si fuese algo raro y extraño". "Yo soy un escritor de fantasía. Puedo reírme de ella, y puede no gustarme mucho de lo que escriben otros, y puedo estar llevando las cosas en direcciones extrañas, pero un escritor de fantasía es lo que soy". Notas al pie:
1: Aunque, como dice Pratchett, sin anchoas. O al menos no a escala. Volver. |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |