"Mini-Crítica hacia aquellos masters poco ingeniosos y aquellos jugadores que lo consienten todo"
Ay que ver cuán monótonos son los masters! Cada día vengo a esta taberna, la típica taberna de ese pueblo sin nombre, y me siento en la misma mesa. Tomo la misma mala cerveza y me preparo para la función. Desde mi mesa veo cada día entrar en el local a centenares de grupos de aventureros. Sorprendentemente, a la llegada de éstos (que por supuesto vienen exhaustos) se materializa en alguna mesa apartada un hombre, a veces gordo, a veces flaco. Alto o bajo. Joven o viejo. Eso es igual, lo fundamental es que este hombre va siempre encapuchado y tiene una extraño aura. No es su colonia, ni su falta de aseo, es algo indescriptible que le proporciona un aire misterioso y que causa una gran curiosidad en todo aquel que le ve, aunque sea fugazmente. A veces me pregunto que pasaría si me sentase a su lado y tratase de entablar conversación con él. Sería divertido ver como el director de juego explica a sus jugadores que su visita a la taberna ha sido muy tranquila mientras les aconseja que lo mejor es que reposen un poco en sus habitaciones antes de ir a dormir para no tener ardores. Es un clásico de cualquier historia a las que vosotros, los habitantes del mundo real llamáis partida. Normalmente suele haber dos variantes, el hombre misterioso que invita a los aventureros a cenar y el que espera a que estén tomando el postre para presentarse. De cualquier forma, él no deja disfrutar de la comida a sus comensales puesto que pronto les explica que les necesita para una misión importantísima y que de ellos depende la salvación del mundo.
Ellos por supuesto, aceptan, todos aceptan. Saben a que se exponen, grandes peligros, monstruos, posibles enfrentamientos con criaturas de otras dimensiones... pero a ellos no les importas. No les importan sus condiciones laborales, ni tener numero de la seguridad social, tan solo les interesa el dinero que obtendrán a cambio de su labor y la “cantidad” de experiencia que podrán añadir a ese extraño curriculum vitae al que llaman ficha. Los grupos de aventureros son los jornaleros de este mundo.
Cuando el trato está cerrado, todo el mundo coincide que ir a dar una cabezada antes de partir no es una mala idea. En la taberna siempre hay camas libres a pesar de que haya muchos visitantes. Parece sorprendente que un edificio tan pequeño y de solo dos plantas pueda albergar tantas habitaciones como el mejor castillo, pero es cierto, y además no hay ningún cliente insatisfecho. Todos los grupos se ponen en marcha al alba, presuntamente despertados por el canto del gallo y toman un “frugal” desayuno a base de tocino, huevos, pan, embutidos y demás alimentos igual de sanos para la salud. Naturalmente, después de cebarse llega la hora de partir.
¿Y
qué queda cuando todo este ritual llega a su fin, y los aventureros
abandonan la taberna para ir en busca de su destino? Pues sinceramente,
lo que queda somos un puñado de “extras” tomándonos un café
después de haber pasado otra noche en vela. Por cada grupo que se
va pronto a la cama miles trasnochan impunemente olvidándose de
la necesidad de dormir ocho horas cada día y el mal augurio que
supone comenzar una aventura con lo ojos hinchados.
Bueno,
ya he terminado mi capuccino (la verdad es que la nueva maquina de expressos
del tabernero es fantástica). Es el momento de irme a casa. Seguramente
me encontrare una pandilla de trolls que matarán. En el mejor de
los caso quizás me secuestren unos orcos. Pero en fin, que se puede
esperar de un mundo en que las leyes físicas están regidas
por un par de dados?
Bilbo Bolsón TukE-MAIL: bilbobt@hotmail.com