|
|
![]()
|
Seguro que todos vosotros habéis cogido en alguna ocasión un libro que os haya atrapado de una forma tal, que sin daros cuenta os ha hecho recorrer una y otra vez sus páginas, que os ha impulsado a leer un capitulo más cuando en el anterior ya os habíais prometido que ese seria el ultimo de esa tarde o de esa noche, que os ha mantenido inmersos media hora más cuando en vuestro apretado horario erais conscientes de que esa media hora debíais dedicarla a otra cosa e, incluso, que ha conseguido que en vuestra mente tras aparcar la lectura siguierais dándole vueltas y más vueltas a las peripecias de sus protagonistas. En resumen, que dicho libro conseguía que no desearais salir de él ¿o tal vez era que no pudierais?. Esta es la premisa, pero llevada mucho más allá, de la que parte Michael Ende en su libro "La Historia Interminable", una obra que es ya un clásico de la literatura de fantasía y, probablemente, el libro que más veces ha servido de enlace entre la imaginación de un niño y su descubrimiento de las mágicas virtudes de la literatura. Los motivos de esto son fácilmente deducibles, es un libro lleno de personajes maravillosos, facilita que los niños se identifiquen desde el primer capitulo con Bastián, el protagonista, y sobre todo que desde siempre ha gustado tanto a niños como a adultos, lo que impulsa a muchos padres a recomendárselo a sus hijos, ¡ojalá nunca imponerlo!, como una de sus primeras lecturas "serias", para que nos entendamos y a sabiendas de lo mal empleado del adjetivo. Bastián es un muchacho soñador, para quien el colegio y la vida diaria no son solo un continuo ciclo rutinario, sino que además le recuerda constantemente que no es demasiado popular, que no goza de demasiados amigos y que, si no fuese por su poderosa imaginación y capacidad de abstracción, se vería abocado a una vida sosa y aburrida, como la de casi todos. Hasta que un buen día, los personajes de "La Historia Interminable", el libro que al igual que el lector esta leyendo, le piden ayuda para participar en la salvación del fantástico reino sin fronteras de Fantasía. A partir de ahí recorrer ese mundo mágico a lomos del dragón de la suerte, ayudar al valeroso guerrero de piel verde Atreyu, correr peligros, codearse con silfos, gigantes comerrocas, espectros, tortugas, caballos voladores, brujas, magas y mil seres fantásticos y, si hay suerte, conquistar el corazón de la bellísima Emperatriz Infantil. Michael Ende ha sido el creador de este libro, que le reportó no sólo popularidad y una presencia imborrable en el limitado y selecto club de los creadores de clásicos y mitos de la literatura, sino además el reconocimiento de sus compañeros como uno de los últimos grandes continuadores de los clásicos creadores de cuentos. Y por ello, entre una variedad enorme de premios, le han otorgado el Hans Christian Andersen por sus méritos dentro del género. Nacido en Garmisch-Patenkirschen (un pueblo alemán) en 1929, sintió el teatro como su primera vocación y así, tras estudiar en la Escuela de Teatro de Cámara de Munich, se hizo profesional de la interpretación para luego dedicarse a la literatura. Empezó escribiendo actuaciones para clubes nocturnos que le daban el dinero necesario para centrarse al mismo tiempo en lo que seria su primer libro infantil "Jim Botón y Lucas el maquinista". Otro de sus grandes éxitos fue Momo, obra en la que acentúa esa notable tendencia suya a mezclar sabiamente realismo y fantasía. Característica esta que se considera una de sus grandes "virtudes" como escritor y que, en "La Historia Interminable" lleva al máximo mezclando la realidad de Bastián con el fantástico mundo que el propio protagonista lee. Nos encontramos en definitiva ante un libro para todos los públicos, que despierta las ganas de leer, y que forma ya parte de la cultura popular de este siglo. Tan sólo se le puede achacar haber sido víctima de una serie de películas verdaderamente nefastas, a excepción de la primera de ellas que al menos es soportable.
Jorge Iván Argiz Comentario aparecido en Junio del 1999 en el número 2 de Cronicas de Mesene, Cantares |