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Aunque como os podéis suponer la elección de los libros que aparecen en esta sección responde a un criterio arbitrario (el mío), lo cierto es que todos han de cumplir unos requisitos o, lo que es más importante: todos han de ser buenos exponentes del género fantástico al que aludíamos en la introducción del número uno allá por el mes de mayo, o de algunas de sus características principales. El Iniciado, el libro que nos ocupa este mes, es el primero de los tres volúmenes que conforman una trilogia titulada "El Señor del Tiempo", y como es lógico, cumple las condiciones a las que nos referíamos, y las cumple por partida doble. Por un lado, es ejemplo de la habitual lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal que suele acontecer entre las páginas de los libros de fantasía, y por otro nos sirve para reconocer el talento y el trabajo de una autora, Louise Cooper, dedicada casi por completo al género. Louise es hija única de una familia inglesa relativamente bien acomodada, y aunque su primera vocación profesional fue la música popular inglesa (que además llegó a interpretar como instrumentista e, incluso, como cantante), ya de joven era una voraz lectora de narraciones fantásticas y de temas mitológicos. Hasta el punto de que con quince años decidió abandonar los estudios por ser esta una "perdida de tiempo y esfuerzo demasiado absorbente y real". Tras su primer gran éxito de crítica y público que fue este libro, escribió los dos volúmenes que cerraban la trilogía y, continuando dentro del género fantástico, realizó la que sería su gran consagración: Espejismo, un libro que venía a demostrar que el éxito de la saga anterior no respondía tanto a algo casual como a una enorme calidad narrativa. Más recientemente a realizado una saga de ocho partes titulada Índigo, con el mismo éxito, pero siendo ya una autora con una legión de incondicionales detrás, que le permite poder trabajar con un respaldo editorial detrás en sus proyectoa más ambiciosos, como el que lleva preparando en secreto desde hace unos años. El Iniciado tiene la gran ventaja de ser el ejemplo perfecto del estilo de Louise para abordar la fantasía… repleto de intriga y misterio, de conceptos cotidianos con ambientes sobrenaturales y, por encima de todo, con una intensidad que abraza al lector desde el primer capítulo y que no le deja hasta la última página, manteniéndolo con ganas de saber y de avanzar en la lectura, tanto si es un amante de lo fantástico como de lo mitológico (conceptos muy relacionados y, a veces, indisolubles). El libro cuenta la fascinante historia de un joven llamado Tarod, que sin saberlo ha sido el elegido por los antiguos señores del mundo para restablecer la primitiva sabiduría en el mundo. Probablemente en ningún otro libro fantástico como en este, se recree el periodo iniciático por el cual el protagonista es informado de su destino, matizando su nerviosismo, sus angustias, sus preocupaciones, y haciendo además que el lector se vaya enterando de los secretos de la trama al mismo tiempo que su protagonista. Con una tensión creciente, Tarod deberá recuperar el poder de los ancianos usurpado atrás en el tiempo por hombres incapaces de comprender sus conocimientos, en una vuelta de tuerca a los conceptos eternamente antagónicos de Bien y Mal, de Orden y Caos, pero buscando un equilibrio entre ellos y no la eterna lucha. Louise consigue conectar con las dudas de lector sobre nuestra propia actualidad, sobre nuestro propio mundo, acercándose a la crítica social a la par que nos hace viajar por un mundo de ficción repleto de paisajes fantásticos y de personajes alegóricos maravillosamente descritos y tratados. Y, por si os sabe a poco, la trilogía se completa con "El Proscrito" y "El Orden y el Caos", realizados con la misma maestría y con las mismas características que este libro, que sin duda, merece estar en esta sección y en vuestras estanterías.
Jorge Iván Argiz Comentario aparecido en Julio del 1999 en el número 3 de Cronicas de Mesene, Cantares |