|
|
![]()
|
Hasta ahora hemos aprovechado esta sección para acercarnos a muchos autores y obras imprescindibles dentro del género fantástico. Por lo general hemos procurado centrarnos en trabajos que, siendo de ilustres autores, tuvieran sentido completo en si mismas y que no fueran nada difíciles de obtener en casi cualquier librería. Sin embargo es difícil, por no decir imposible, cerrar esta segunda entrega de la sección sin acercarnos al trabajo de Robert E. Howard ya que, no en vano, es el padre de uno de los personajes del fantástico más universalmente conocidos y que forma ya parte de la iconografía universal. Me refiero, como no, a Conan el bárbaro. Personaje que ha acabado por eclipsar casi por completo el resto de la creación de su autor, formada también por numerosos relatos de detectives, del oeste o deportivos, entre otros muchos. Muestra de la gran importancia del personaje es que a menudo, especialmente con los lectores menos "especializados en el tema", suele ser necesario explicar que fantasía no ha de ser necesariamente un sinónimo de bárbaros y de enormes batalles, sino que puede ser también sinónimo de mágicos mundos repletos de excepcionales personajes. Tal es la influencia de Conan que, en cierta forma, ha acabado siendo identificado como emblema del género por un nutrido grupo de personas que han crecido viéndolo poblar las páginas de numerosas ediciones de libros, vertiendo ríos de tinta a través de miles de cómics e, incluso, moviéndose en la gran pantalla con la forma de Arnold Swarzenneger. Con Howard aún vivo se llegaron a publicar dieciocho cuentos del personaje, siempre relatos cortos, y años después de su temprana muerte (alcanzó tan sólo los 30 años de edad), se han adaptado un sinfín de relatos del personaje a partir de sus manuscritos, notas o apuntes. Conservando por lo general, eso sí, el mismo espíritu de los relatos originales. De todas esas historias de Conan, la que he elegido para integrar esta sección es la de Conan: El Conquistador. Y lo he hecho por ser la única que tiene la extensión suficiente y la estructura necesaria para ser considerada una novela. Además mantiene todas las características básicas de la obra del autor: historias sobrenaturales ubicadas en un mundo fantástico tan repleto de poderosos guerreros y de bellas mujeres como de increíbles aventuras y de míticas criaturas. La novela fue publicada originalmente por entregas, con el título de La hora del Dragón, dentro de la nunca suficientemente ensalzada revista Weird Tales (allí compartió páginas, entre otros, con Howard P. Lovecraft) y, por tanto, tiene una estructura de capítulos y de acción bastante lineal. Característica por otra parte presente siempre en la obra de Howard. Sin duda una novela imprescindible en cualquier biblioteca de fantasía que se precie, al igual que la presencia de su autor y de su personaje. No tanto por su calidad literaria intrínseca, que no es demasiado alta, ya que Howard era un narrador nato, capaz de mantener el ritmo de la aventura de principio a fin haciendo las delicias del lector, pero no era un gran escritor. Probablemente debido a que la función de sus relatos era la de entretener al aficionado a la revista más que la de satisfacer el paladar exquisito de la crítica. Sin embargo, el paso del tiempo acaba haciendo que aquellos autores capaces de llegar al público alcancen el lugar de privilegio que les corresponde (¿acaso cuando se escribe no se escribe para la gente?) y así ha sucedido también con Howard, actualmente considerado, con todos los merecimientos, uno de los escritores con más intuición y talento para captar al lector episodio a episodio de todos los tiempos (con permiso de Edgard Rice Burroughs y su Tarzán). Y esta novela será un excelente ejemplo de todo su buen hacer, así como de su habitual gusto por lo sórdido y lo macabro que, a buen seguro, os hará volver a la librería a por más dosis de las aventuras del personaje.
Jorge Iván Argiz. Comentario aparecido en Noviembre del 2002 en el número 6 de Cronicas de Mesene, Periplo |