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Los humanos son la raza más abundante entre las múltiples razas que pueblan el mundo de Mesene. Los humanos son el pueblo del dios Kium, la deidad principal del panteón de Mesene. Adaptables, con una gran capacidad para dominar las artes de la magia y una notable resistencia, los humanos se han extendido por el planeta en los últimos siglos con notable éxito.

En el caso de Mesene en concreto, los primeros pobladores del país, la oscura raza de Kur o Kurii, también llamada los Macraeones, han habitado las laderas de las montañas centrales del reino desde el principio de los tiempos.

De cabellos negros, ojos oscuros y cuerpos magros y ágiles, los Kurii dominaron con sus arcos las sierras de la peninsula situada entre el Océano y el mar de Thetis.

Centurias más tarde, dos oleadas de migradores llegaron a la región. Del norte venían las dos tribus de los Hijos de Cet, el pueblo de la Serpiente y el pueblo del Castor. De cabellos rubios o castaño, talla media y constitución robusta, este pueblo de guerreros con carros de combate se instaló en los valles de Mesene y fueron dominados por los elfos de Eldar.

No fue hasta la llegada de los Danan de Hor a través del mar de Thetis que Mesene tuvo su propia dinastía, que hizo que se fundieran las tribus. Los Danan eran un pueblo de cabello oscuro, piel pálida y ojos claros venidos de las montañas del Tauro al otro lado del mar de Thetis. Fieros guerreros y hábiles navegantes, adoraban a Bal y a su esposa Dana (Tanit) y construyeron las ciudades más importantes del reino.

De la mezcla de estas razas nació el tenaz pueblo de Mesene. Gentes orgullosas, crueles y generosas hasta llegar al extremo de la extravagancia. Pero también capaces de dar muestras de gran valor y nobleza.