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Los forjadores de los dioses. Este pueblo bajo y robusto fue creado en los primeros tiempos del mundo para ayudar a los inmortales a forjar los maravillosos instrumentos de poder que les permitieron dar forma al mundo de Mesene.
Hijos de Tubal el Herrero, los enanos han sido liberados de sus tareas como servidores y ahora viven como pueblos independientes en sus enormes ciudades de las montañas. Artesanos del metal incomparables, soberbios mineros. Los enanos son un pueblo rudo, directo y amante del oro y la plata. Los enanos son capaces de dar las más soberbias muestras de valor y tenacidad, pero al mismo tiempo son capaces de dejarse llevar por su codicia.
En Mesene hay tres ciudades enanas: Tarsis, en los montes Suras; Artina, en las Montañas Verdes al norte de la Marca de Poniente; y Pirene en las Montañas de Fuego, al norte de Gotia.
Los enanos comerciaban habitualmente con los humanos, algunos de ellos ejercen como hojalateros, herreros, banqueros, joyeros, orfebres, ingenieros y mercenarios en los reinos de la superficie. Firmemente organizados en clanes, un enano jamás olvida una deuda, y bien él, bien sus descendientes, vendrán un día a cobrarla, en metal o en sangre.