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Los elfos que habitan Mesene son un pueblo subterráneo y nocturno. Descendientes de los moradores de las perdidas islas Eldar, el pueblo de Atlas, dios del Océano, dominó antaño las costas del gran mar Exterior.
En el momento en que se inician Crónicas de Mesene, los elfos son una raza en decadencia. Los mil años pasados desde el Gran Cataclismo no se han borrado de sus mentes inmortales. La gran aflicción que les ha producido la pérdida de sus verdes islas y de la gran ciudad de Ys ha hecho que sus pieles se oscurezcan, pero todavia conservan el fino cabello claro de sus tiempos de gloria. Sus grandes ojos de claras pupilas les permiten ver tanto de día como de noche.
En Mesene los elfos tienen un reino subterráneo en las raíces de las montañas de Oritia. El reino se llama Averno y su capital Erix es una de las maravillas del mundo. Soberbiamente tallada en roca roja, la ciudad desafía a la noche eterna del lago Estigio con sus miles de lámparas de luz blanca y los mil colores de las gemas engarzadas en sus calles.
Durante tres cuartos de milenio, los elfos han vivido allí separados de los humanos. Pero tras diversas querellas internas se ha hecho frecuente que algunos de los miembros de esta raza visiten la superficie e interfieran en la política humana.
El más destacado de estos miembros es la reina Onice, la cual se ha aliado con los reyes de los hombres para defenderse de la oscura amenaza del Reino Brujo de Eocar.