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La primera de las bestias del mundo, Set, el padre de todos los dragones, nació en el mismo momento de la creación como una de las manifestaciones del poder incomparable de Rhea, diosa de la Tierra.

Hay una casta de dragón por cada uno de los elementos, y fueron destinados por los dioses a guardar eternamente los secretos del poder del mundo. Inmortales, dotados de una fuerza y una magia capaz de rivalizar con los mismos dioses, los primeros dragones desempeñaron muy bien su tarea, hasta que Set se enamoró de la primera mujer y le reveló los secretos de la magia.

Los dragones fueron terriblemente castigados por el pecado de Set, pero de su amor por Draina nacería una nueva casta de grandes serpientes de la tierra, menos poderosas, pero igualmente capaces de desempeñar las tareas impuestas por los dioses.

Desde el principio de los tiempos, los dragones y los humanos están pues estrechamente vinculados. Pero, por designio de los dioses, aquellos hibridos de dragón y humano que opten por usar sus poderes dragoniles, son despojados de su inmortalidad y potencia, y convertidos en meros seres humanos que conservan el perenne recuerdo de su anterior grandeza. Eternamente atraidos y a la vez malditos por esa misma atracción hacia los humanos, los dragones están extinguiéndose lentamente, y con ellos buena parte de la magia del mundo esta desapareciendo.