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| En la esquina noroeste de
Mesene se extiende la Marca de Poniente, una provincia militar que guarda
las tierras del valle del Doros de las amenazas que se ocultan en los
profundos bosques de las Montañas Verdes y en la misteriosa selva llamada
el Bosque del Trueno. A su capital, Saral, emplazada en la península que
se extiende entre los ríos Larcea y Doros, junto al gran Océano,
llegaron un día de verano dos aventureros en busca de empleo.
Sus nombres eran Ragnar y Baran y estaban destinados a convertirse en
leyenda.
De momento, la fortuna no parecía estar del lado de los jóvenes aventureros, sus anteriores andanzas por el vecino ducado de Ofión, al sur de Saral, se habían saldado con la muerte de su patrón y ahora era difícil que volviesen a encontrar un empleo. Desesperado, Baran convenció a su amigo para ir a ahogar penas en la taberna el Dragón Marino y allí comenzó a cambiar su suerte. El Dragón Marino había estrenado una nueva camarera, la adorable Erika, entre la cual y Ragnar nació inmediatamente una fuerte atracción que venció la timidez natural de la muchacha y la hizo interesarse por los apuros de los aventureros. Erika les sugirió a estos que participasen en el próximo torneo que iba a celebrar el Marqués Odón en honor a una embajada enviada por su esposa, la Reina de los Elfos Oscuros, la célebre Onice. Pero el embajador de Onice, el mago Morgalad, no sentía ninguna simpatía hacia Odón, su hija Rowena o hacia su misma reina. Como muchos elfos oscuros, Morgalad deseaba destruir a los humanos de Mesene y tenía un plan para castigar a Odón, un viejo héroe humano que había osado mancillar a una mujer elfa y que hasta había tenido una hija con ella que podría llegar a convertirse con el tiempo en reina de Averno. ¡Un reino élfico regido por una mestiza! Morgalad encontraba aquello intolerable, pero en el torneo de Odón podía encontrar las herramientas que necesitaba para la consecución de su plan, así que prestó atención a los acontecimientos que se desarrollaban ante él. Ragnar acababa de ganar el certamen de lucha y Baran se disponía a hacer lo mismo con la competición de arco cuando apareció una misteriosa encapuchada que le puso las cosas difíciles. Por sus bronceados miembros, su gracia de movimientos y su fino arco, la enmascarada parecía ser una representante del pueblo de los elfos y en la prueba de precisión se hacía difícil que Baran pudiese ganarla con su tosco arco de combate. Pero el arquero era un joven astuto y engañó a su contrincante para que se intercambiaran las armas. El resultado fue que Baran ganó la última prueba, humillando así a la muchacha que decidió convertirse en la sombra del aventurero. Después del torneo, Morgalad reclutó a los dos ganadores para que se internasen en el Bosque del Trueno en busca de la Torre del Dragón. Una fortaleza erigida por los elfos mil años atrás para señalar el lugar de la victoria de Brendan de Is sobre el dragón Ariador. Se decía que en la torre, protegida por mil peligros y un terrible guardián, se ocultaba la gema el Corazón del Dragón, suma de las esencias de Brendan y Ariador y fuente del más terrible poder. Ragnar y Baran aceptaron la misión, pero antes de partir, Erika les advirtió contra las intenciones de Morgalad y les dio un talismán de protección. Apenas habían penetrado los dos aventureros en las lindes del Bosque del Trueno, cuando éstos se dieron cuenta de que les seguía alguien. Ragnar y Baran tendieron una trampa a su perseguidor y descubrieron que éste era la enmascarada del torneo, o más bien, Rowena, la hija de Odón de Poniente. Ragnar y Baran no tuvieron tiempo de devolver a la joven con su padre. Un grupo de trasgos cayó sobre ellos y hubo que abrirse paso combatiendo hasta alcanzar un tumultuoso torrente cuyas aguas les llevaron a una solitaria cabaña del bosque. Sin saberlo, el destino les había llevado al punto de cita de Morgalad con un segundo conspirador. Damrod el renegado. Un noble de Mesene que en la anterior guerra con Eocar se había pasado al enemigo y que se veía ahora forzado a vivir como rey de los trasgos en las Montañas Verdes. Enemigo personal de Odón, Damrod accedió a poner sus fuerzas a disposición de Morgalad siempre y cuando éste se comprometiese a destruir las defensas de Saral con el poder extraído de la gema. Conocedores de la conspiración, Ragnar, Baran y Rowena decidieron seguir adelante con la misión. El control de la gema era vital y no podían dejar que esta acabase cayendo en manos de Morgalad y sus secuaces bajo ningún concepto. Tras una marcha de varios días, el terceto llegó a la Torre del Dragón y tras vencer a las múltiples trampas y guardianes que les salieron al paso, llegaron a la cámara central de la misma. El emplazamiento de la gema. En ese momento, el guardián de la torre se dispuso a intervenir. Éste no era otro que Fafnir, el hijo de Ariador, uno de los grandes dragones de la tierra. Pero antes de que pudiera intervenir, Fafnir recibió una inesperada visita. Su hermana Erika, la segunda hija de Ariador, había venido a interceder por el gallardo guerrero humano que le había robado el corazón. Se dice que un dragón puede sacrificar tres de sus vidas por un humano, pero cuando lo hace, pierde su derecho a la inmortalidad y sus poderes dragoniles. En recuerdo a su madre humana, Fafnir accedió a esperar y ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Después de todo, ni Ragnar, ni Baran, ni Rowena eran los instigadores del plan para robar la gema. Con la joya en sus manos, el terceto se dispuso a regresar al Saral, pero Damrod y sus huestes les cerraban el paso. Baran llamó en su ayuda a los cuervos con los que mantenía una larga y estrecha relación desde hacía muchos años y aprovechando la confusión, nuestros héroes iniciaron la huida. A lo largo de su aventura, Baran comenzó a sentirse atraído por Rowena. La hija del Marqués Odón era tan adorable como su legendaria madre, había demostrado ser también una joven con muchos recursos, valiente, de ánimo aventurero y buena arquera. Era todo aquello que Baran pudiera desear y siempre que surgía la ocasión, Baran no perdía el tiempo en decírselo. Juntos, Baran y Rowena consiguieron mantener a distancia a sus perseguidores gracias a su letal habilidad con el arco y pocos días más tarde llegaban a las puertas de Saral. Pero el bosque ya se había acabado y los arqueros ya no tenían más flechas. Era el turno de Ragnar de cerrarles el paso a sus perseguidores y el estrecho puente que cruzaba el Larcea fue el punto elegido. Allí Ragnar desafió en solitario a todo un ejército de trasgos y allí fue donde nacería su leyenda en los reinos del sur. Mientras, Baran se disponía a enfrentarse con Morgalad y con las dos guardaespaldas de éste. Nira el Cuchillo y Adaris, Espada del Mar. Con su plan puesto al descubierto y la gema en Saral, Morgalad se decidió a dejar caer la máscara y atacar directamente a Odón. Tras barrer a Baran de su paso como aquel que quita de en medio a una mosca, Morgalad entró en la Sala de Audiencias de su anfitrión y se dispuso a destruir la ciudad. Mientras, en el puente del Larcea se vivían los últimos momentos de un drama. Ragnar, agotado y sangrando por múltiples heridas, estaba a punto de caer cuando un enorme dragón se materializó sobre él y barrió a buena parte de sus oponentes con una terrible llamarada. Damrod, no teniéndolas todas consigo, decidió replegarse al bosque. El dragón emprendió de nuevo su vuelo y se dirigió a la ciudadela de Saral. Allí, Morgalad se enfrentaba nuevamente con Baran. El amuleto que Erika les había dado a los aventureros al principio de su aventura había protegido al arquero contra la energía mística de su oponente y éste tenía que perder unos cruciales minutos más en deshacerse del entrometido. Baran intentó solventar el encuentro arrojando su espada, pero Nira interceptó el disparo con una de sus dagas. Entonces, Morgalad se dispuso a romperle el cuello a su oponente, pero éste tenía un último as en la manga. La espada que había lanzado era mágica y volvía a su propietario. O así lo hubiera hecho si Morgalad no hubiera estado en medio… Malherido, el elfo oscuro se arrastró hacia el Corazón del Dragón sólo para descubrir que la energía de la gema era demasiado potente como para que pudiera controlarla. Morgalad murió envuelto en una salvaje llama mística en el momento en el que hacía acto de presencia el último actor en el drama…El dragón Fafnir que había venido a recoger su herencia… La gesta había terminado. Ragnar se dirigía herido hacia la ciudad que acababa de ayudar a salvar y Baran y Rowena hacían frente a un irritado Odón que exigía explicaciones. Tras acabar con éstas, Baran le preguntó a la joven si la volvería a ver. Rowena le expuso unas buenas razones por las que lo suyo jamás podría llegar a funcionar, pero Baran le propuso cambiar. Rowena sonrió y le dejó entrever que si así era, su incipiente romance podía llegar a buen puerto y con esta nota de esperanza termina la primera crónica de Mesene.
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