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La colaboración de Bach con el universo de Mesene se limita al coloreado de dos portadas del arco argumental Cantares, sin embargo, y pese a le brevedad de la colaboración, es uno de esos lujos de los que podemos presumir. Aquí va un perfil de la carrera de Ramón: |
Pese a su juventud se puede decir que, en los últimos años, Bachs es uno de los autores nacionales más habituales en nuestras librerías, y no sólo porque haya dado el salto a los Estados Unidos, donde ha entrado con fuerza, sino porque además ha estado inmerso de un modo u otro en todos y cada uno de los movimientos editoriales importantes que se han registrado en nuestro país, dejándonos un buen montón de páginas creadas exclusivamente -al menos de momento- para nuestro mercado, lo que sin duda le ha dado la experiencia necesaria para enfrentarse al duro mundo de las fechas de entrega americanas, a la vez que ha ido definiendo su estilo hacia lo que ahora le conocemos.
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Ramón Bachs |
Podríamos decir que su andadura nacional comienza en el momento en que decide estudiar en la escuela JOSO, lugar donde conoció a Busquets -que sería uno de sus dos guionistas dentro de nuestro mercado-. Ya juntos presentaron a Camaleón el número uno de Manticore, ya un clásico de la historieta nacional de los últimos años, en lo que fue el debut por todo lo alto de Ramón. Nos encontrábamos ante un tebeo de aventuras -género hacia el que a lo largo de los años ha mostrado predilección-, lleno de personajes interesantes y con gancho para el público que, además por ese momento, vigilaba expectante lo que la editorial catalana le ofrecía. La buena aceptación del público del número uno, así como las buenas críticas al dibujo dinámico y con un toque cartoon de Bachs, animaron a los autores a embarcarse en la segunda entrega de la serie: un homenaje a las películas de monstruos de la serie B americanas que, quizás por las prisas, acabó siendo el episodio más flojo de la serie. Sin embargo, lo mejor de Manticore que pudimos ver -porque sin duda lo mejor aun estaba por llegar- fue la historia dividida en tres partes que vino a continuación, donde ya sin restricción de un número único Busquets tejió una trama más compleja donde un más experimentado Bachs ofreció un dibujo muy definido. Posteriormente, Planeta de Agostini recopiló los cinco ejemplares en un solo tomo para disfrute de los aficionados.
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Crónicas de Mesene: Cantares nº 3, color de Ramón F. Bachs |
Sin embargo, de gestación anterior, y de publicación también anterior al arco largo de Manticore, nos encontramos con Yinn, serie limitada de cuatro capítulos editada por Planeta de Agostini dentro de su línea Laberinto, en la que con guiones de José María Polls -su profesor en JOSO y su otro guionista en nuestro país- se nos contaba una nueva historia de aventuras, con toques de ciencia ficción, ambientada ligeramente en el mágico universo de las mil y una noches.
Con el mismo equipo creativo, y ahora en la casi recién estrenada Dude Comics, se editó Castor y Pollux, volumen en formato prestigio que volvía al universo de Yinn, más concretamente a una precuela en la que el protagonismo recaía en los dos robots del mismo nombre que aparecían en la serie limitada. Aquí Bachs cambió un poco su estilo -probándose de cara al mercado americano-, acercándose más a autores como Jason Pearson y recargando más los fondos de sus viñetas.
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Crónicas de Mesene: Cantares nº 4, color de Ramón F. Bachs |
Tras esta experiencia, y de nuevo con Busquets, realizó sus dos últimos trabajos hechos directamente para nuestro país. Por un lado, y de nuevo para la línea Laberinto, el número especial Saturn Babe: cómic de ambientación espacial, con un personaje que parecía pedir más números para seguirse desarrollando. Y por otro lado, y dentro de la célebre línea FanHunter de Cels Piñol, realizó el especial Golden Pussy: claro homenaje a las películas de James Bond. Ambos trabajos mostraban ya un autor completamente maduro y listo para afrontar nuevas metas.
La nueva meta no fue otra que la aventura americana que, en este caso, comenzó en forma de serie limitada de cuatro episodios para la editorial Dark Horse. Se trataba del crossover entre el Joker y La Máscara, prueba de fuego que parecía, por la propia idiosincrasia de los personajes, encajar como anillo al dedo de Ramón. Tras aprobar con nota, y con la excepción de alguna ilustración, colaboraciones breves y algún proyecto fallido, recayó en el célebre universo de La Guerra de las Galaxias en el que ha permanecido hasta la actualidad realizando ya varios arcos argumentales, desde el primero: El fin del Infinito -donde no se le notaba demasiado cómodo, quizás tratando de adaptar su estilo a lo que venía publicándose dentro de las series de Star Wars-, hasta el último con protagonismo para Jango Fett. Dejando en medio sus tres episodios de Starfighter, su serie limitada de Obi-Wan/Qui-Gon y la que es, probablemente, su mejor obra dentro de este universo de ciencia ficción -en compañía del guionista Darko Makan-: su serie Jedi versus Sith, en la que con el estilo al que nos tiene acostumbrados y con un dibujo magnífico, nos cuenta una de las mejores historias sobre la guerra que hemos leído en los últimos años -con el permiso del Guerra de Clanes que, no casualmente, también era guionizado por Macan-.
Hasta aquí el recorrido de Bachs, un autor con el que tengo la misma sensación que con su Manticore: lo visto es muy bueno, pero lo mejor seguro que está aun por llegar.
Jorge Iván Argiz