MEMORIAS DE UN VETERANO
Por Xavi Segura Marti;
XII regimiento de fusileros de Zarzaguda
Prólogo
Saludos lector, bienvenido a éstas mis memorias, en las que escribiré los recuerdos que guardo de los viajes entre las estrellas, de la guerra y de la muerte, de cómo luche contra los orcos, los éldar y otras razas por el Emperador y la humanidad; y de cómo sobreviví hasta terminar participando en cruzada que liberó 14 mundos bajo el mando del coronel Sartosa y junto a los valientes soldados del Imperio.
I
Nací en el caluroso planeta de Zarzaguda, un mundo estéril y casi muerto cuya principal función comercial eran (y espero que siga siendo), los minerales de las montañas de la Sierra de la Batalla. Nunca supe el porqué de su nombre, pero algo debió ocurrir en el pasado; algo muy importante que quizás marcó el actual destino del planeta, aunque también podría ser que simplemente tuvo lugar en la sierra una batalla de tantas como hubo para liberar el planeta. Por lo que sé, éste fue uno de los mundos liberados por Solar Macharius, así que Zarzaguda se encuentra en el Segmentus Pacíficus, muy cerca de Charaxadis, donde tuvo lugar la famosa batalla del mismo nombre, aunque quizás donde tú vivas no sea tan famosa. Sea como fuere, el caso es que los asentamientos imperiales en nuestro planeta tienen unas 4 centurias, y anteriormente aquí sólo habitaban los Kroots. Fueron una raza de infectos seres alienígenas contra la que Solar Macharius libró una corta guerra de exterminio.
II
Me reclutaron en el 5443156M41 para el 12º regimiento de Zarzaguda, lo sé porque todos los chicos de mi compañía nos lo tatuamos en el hombro izquierdo. Nuestro regimiento era el primero en recibir ese nombre. Nos reclutaron para combatir en la quinta guerra Bahabonoide. Yo me presenté voluntario, al igual que muchos de los hombres de mi familia en el pasado. Nunca conocí la historia completa, pues nadie la recuerda ya, y todos los archivos sobre los primeros 200 años de historia del planeta se perdieron durante una incursión de piratas Eldar en el 4789698M40. Lo único que sé es que mi primer antepasado en este planeta se quedó en la guarnición como reconocimiento por las valerosas acciones llevadas a cabo por la compañía a la que pertenecía. En total 400 hombres que permanecieron en este planeta por el resto de sus vidas; primero solos y luego junto a los colonos que comenzaban a llegar.
Desde entonces mi familia ha sido de tradición militar, aunque ni mi padre ni el padre de mi padre se apuntaron, pero es que ellos son ajenos al militarismo de mi familia, pues esta belicosidad me llega por línea materna, aunque fue mi abuelo materno el que realmente me habló sobre el ejército y me contó historias de los héroes Imperiales. Sin embargo, él nunca se apuntó al ejército, aunque quizás fue eso lo que le permitió tener nietos. Tanto mis tres tíos maternos como el hermano de mi abuelo se apuntaron, muriendo éste último en la cuarta guerra Bahabonoide. Bien, yo he acabado lo que él empezó.
III
Voy a comenzar mi historia desde el principio, desde mi reclutamiento. Lo hice acompañado por 6 amigos: Ricardo, Muah´dib, Ninfo, Kenny, Gregorio y Álvar. Gregorio se apuntó como tripulante de carro, por lo que con un poco de suerte acabaría avanzando hacia el enemigo en el estómago de un monstruo de acero de varias toneladas. El resto sólo pudimos apuntarnos como infantería regular. Los pies de barro. Los revientabotas.
Comenzamos nuestro entrenamiento en el propio Zarzaguda, entrenando en las llanuras del astudillo (una especie local). Recuerdo que yo tenía el récord de tiempo de la compañía en el montaje de nuestro rifle láser reglamentario.
Antes de finalizar el entrenamiento mínimo nuestro regimiento fue designado para combatir en la 5ª guerra Bahabonoide, y embarcamos sin perder tiempo en los transportes de La Flota que llegaron al planeta. Tardamos un día en subir todo el regimiento a órbita, a unos 200 hombres por hora, mas después todos los tanques y el equipo. Aprovecho para señalar que en nuestro planeta tenemos fábricas de armamento como en todos los mundos, y también plantas de montaje de todas las variantes del popular chimera que conozco: Hellhounds, Griffons, Basilisks, Hydras; y otros diseños con función de tanque zapador o de suministros. También disponemos del Alacrán, un modelo de tanque local armado con lanzamisiles varios. El caso es que cuando embarcamos en los transportes clase Cetaceus, quedamos gratamente sorprendidos al ver por primera vez a los famosos Leman Russ, tanques más pesados que nuestras versiones de chimera. También tuvimos contacto con los súperpesados Baneblade y Shadowsword, así como con las armas de plasma, un tipo de armamento que no se construye en nuestro todavía poco poblado planeta natal, y que no se ve por allí en años, desde que las traídas por los veteranos hace 4 siglos se estropearon, supongo. También vi a las tropas de asalto, el cuerpo de élite por excelencia de la Guardia Imperial, y a algunos ogretes: enormes, cuadrados, de unos 2 metros (y eso que siempre parece que van encorvados)... Unas moles, vamos.
Un día, durante la “hora de esparcimiento”. o tiempo libre, como lo llamamos casi todos, nos reunimos los 7 amigos que nos alistamos juntos en Zarzaguda:
Allí estábamos todos: Álvar, Gregorio, Muah´dib, Ricardo, Kenny, Ninfo y yo mismo. Ricardo, Kenny, Muah´dib y yo estábamos felices por haber vuelto a encontrar a Gregorio, a Ninfo y a Álvar. A Gregorio dejamos de verle al terminar el entrenamiento básico; le mandaron a “vehículos de combate”. A Álvar también le perdimos la pista en ese momento, pero a él, por algo que le vieron, le enviaron derechito a la escuela de oficiales, y ahora era el orgulloso teniente de nuestra compañía. Ninfo forma parte de otra compañía, por lo que no nos vemos a menudo. Gregorio nos instruía sobre vehículos acorazados con cara de excitación.
Ricardo se apoyó en una pared, se estiró y habló:
- Y bien, Álvar, ¿Qué tal te sientan la autoridad y el mando?
- Dímelo tú mismo.
- No sé, hace días que no te veo.
- Me ves ahora.
- Sí bueno... - rió Ricardo
Le hice un gesto con la mano a Gregorio para que interrumpiera su discursito sobre motores de tanques y le pregunté a Álvar:
- ¿Cómo entrenáis?
- ¿Eh? Oh, bueno... el entrenamiento base se parece mucho al vuestro, sólo que ya no utilizo el rifle láser, y...
- ¿No? ¿Y qué usas? ¿Una pistola bólter, una espada de energía? ¡O quizás un puño de combate! - preguntó excitado Muah´dib.
- Tengo un bólter de asalto. - una sonrisa triunfal se dibujó en su rostro.
- ¡No jodas! - saltó Kenny.
-¿Qué es eso?
- Verás, Ricardo, son como 2 bólters juntos que disparan a velocidad frenética y abren unos agujeros gordísimos. - A Ricardo se le empezaron a abrir los ojos y la boca desmesuradamente .- Bueno, sabes lo que es un bólter, ¿no?
- Sí, claro.
- Pues lo mismo pero con una cadencia increíble y un retroceso que tira pa´ atrás. Me han dicho que muchos marines pueden disparar con una mano, pero no sé si creérmelo.
- Anda ya, tío. ¡2 bólters! Joder...
- ¿Pero qué son exactamente los marines? ¿Cómo son? ¿Realmente existen? - preguntó Ninfo
- Nadie lo sabe seguro. Álvar, tú deberías saber algo más sobre ellos por tu estatus de teniente. - Álvar se encogió de hombros - No sé... Cómo son... Qué hacen...
- Hombre, puedo decirte bastante sobre sus armaduras, sus armas, sus tanques, su modus operandi, los principales capítulos... Ahora me enseñan muchísima teoría.
- ¿Sí?
- Oye Álvar. ¿Por qué eres teniente? Quiero decir... ¿Qué te han visto?
- Bueno,... Mi padre es el comandante de la guarnición en Zarzaguda... Bueno, ya lo sabéis, claro... Y... Bueno... Supongo que ...
- Déjalo ya, lo hemos entendido. Menudo enchufe.
- Tenía entendido que los tenientes lo eran por méritos de guerra.
- Sabéis que como con los demás oficiales, por lo cual les conozco, y la mayoría fueron sargentos de escuadra que han destacado en el cumplimiento de su deber y tienen alguna medalla, tanto los de Zarzaguda como los de Carcedo. Muchos adivinan por mi edad que me hicieron teniente al alistarme, y me miran como si no mereciera estar ahí.
- Y no lo mereces. - a Ricardo se le notaba cierta hostilidad en la voz.
Y así seguimos viéndonos de vez en cuando.
NOTA DEL AUTOR: En lugar de contar la historia toda explicada, voy a proceder a relatar fragmentos, según me dé la cosa, de conversaciones, batallas, o lo que quiera. También cambiaré de 1ª a 3ª persona según me dé el aire.
Una tremenda explosión reventó a la izquierda de Xavi, enviando framentos de tierra y rocas en todas direcciones. Xavi masculló una plegaria al Emperador y se acurrucó lo mejor que pudo entre las rocas. A su lado, Muah´dib intentaba apuntar entre gritos del sargento al camión orko que se acercaba a toda velocidad. Haciendo acopio de coraje, Xavi se incorporó y miró hacia el camión. Encima de él un grupo de enormes orkos disparaban sus piztolas y se agarraban como podían a la carrocería.
El misil diparado por Muah´dib surcó el aire envuelto en humo para estrellarse de frente con el conductor orko del camión. El orko quedó volatilizado, pero el orko artillero tiró de una enorme palanca y el vehículo se detuvo en seco sin más consecuencia. En seguida los orkos saltaron al suelo y corrieron hacia Xavi vociferando gritos feroces y blandiendo sus armas en arcos aterradoramente amplios.
- ¡Atención chicos! ¡Levantáos y enfrentaos con la muerte! ¡Fuego! -
Xavi se incorporó de un salto y apuntó. Podía ver a los alienígenas a través de la mirilla de su rifle láser. Podría haber disparado pero de repente tuvo miedo. Se le hizo un nudo en el estómago y era incapaz de moverse. Como un sólo hombre, toda su escuadra disparó, y junto con el fuego de apoyo de los chicos del pelotón verde, 8 orkos rodaron por los suelos y no se levantaron más. Xavi estaba avergonzado, pero no podía hacer otra cosa que sentir rabia. En todo esto, los 2 orkos supervivientes llegaron hasta sus líneas. Xavi sintió que les odiaba, les odiaba por lo que eran y por la herejía que representaban. En su cara fue dibujándose una mueca de odio hasta que saltó hacia adelante.
- ¡¡Por el Emperador!! - Gritó. Golpeó con la culata de su rifle a uno de los orkos mientras este preparaba su ataque, le tiró al suelo y cayó sobre su brazo izquierdo. Saltando encima de él comenzó a aporrearle, a lo que se unieron 3 culatas más. A pesar de este constante vapuleo, el orko levantó el brazo, arrojando a Xavi con un rugido a 2 metros, pero después de rodar por el suelo, el soldado imperial dio una votereta y se enderezó, justo a tiempo para ver como un medio incorporado orko de piel verde clavó su espada en el estómago de Kenny, antes de que un culatazo especialmente bien dirigido de Figo le tumbara definitivamente. El mismo Figo sacó su cuchillo y lo pasó violentamente por la garganta del guerrero verdoso.
Exhausto y satisfecho, Xavi miró a su alrededor. El otro orko había muerto al abalanzarse directamente sobre la espada sierra del sargento. O al menos esto le había condenado, pues con la espada clavada en el pecho, aún pudo levantarse y poner en apuros a algunos chicos. El sargento se dirigió hacia él.
- Bien hecho, pero la próxima vez desenfundad antes los cuchillos; recordad que el rifle lo tenéis para disparar. -
- ¡Yaaaaaaaaahh! - Gregorio gritó cuando la parte posterior de su sentinel se escabulló tras el edificio en ruinas, escapando de los últimos disparos eldar. Frenó su vehículo y respiró profundamente; por el intercomunicador avisaban de la pronta llegada de una columna blindada para combatir al enemigo, y Gregorio esperaba que llegasen a tiempo. Agachando su sentinel, podía ver a través de un agujero en la pared a la infantería alienígena acercándose. Una vez a la distancia adecuada, podría incinerar a unos cuantos y después pisotearlos. Fácil.
{{fyyiiiiiiii...}} Gregorio giró el cuello violentamente al escuchar ese sonido tan peculiar, y lo que vio no le gustó. No, realmente no. Girando su sentinel 120º, agarró el disparador del Milán C-VII y apuntó.
- ¡Cómete esto! - Dicho y no hecho, el cohete partió dejando sólo un rastro de humo, pero el falcón lo esquivó fácilmente.
- ¡No! - El sentinel dio la vuelta y entró en las oscuras ruinas derribando un tabique. Una lluvia de disparos hipercalientes de plasma lo siguió, pero milagrosamente, el vehículo imperial sólo perdió la pintura en algunas zonas expuestas. - ¡Mierda! - Gregorio apretó los dientes; el peligro todavía presente le impedía celebrar su suerte.
Un fuerte pitido pudo oírse detrás de Gregorio, seguido de una explosión que sonó cercana del Falcón. Un zumbido alejándose acabó con las ilusiones de Gregorio, indicándole que el Falcón no había sido derribado y se retiraba. A pesar de su relativa seguridad entre los altos cascotes y medio derrumbadas paredes, esto suponía para el soldado imperial un incierto malestar e incertidumbre.
Gradualmente, los sonidos de la batalla fueron aumentando en número y cercanía, Gregorio ya podía distinguir disparos de Leman Russ, cohetes, fuego de armas láser y armas eldars varias. Lentamente, enderezó el encogido sentinel para mirar por encima de los restos del edificio de menor altura.
Pudo ver claramente a los guardianes acercándose a la cobertura que proporcionaban unas ruinas cercanas. Como una exhalación, el sentinel de Gregorio abandonó las ruinas en dirección directa a los guardianes, mientras diparos eldars provenientes del sudeste silbaban a su alrededor. Los guardianes le vieron y una lluvia de proyectiles shuriken se estrelló contra la parte frontal del vehículo, con un impacto tan fuerte que casi lo tiran para atrás. Gregorio agachó la cabeza mientras los disparos rebotaban en la misma cabina y gritó para dominar el miedo y la rabia mientras intentaba mantener el rumbo y el equilibrio, pero su voz se perdió en el estruendo de sonidos metálicos que producía la carrocería de su vehículo al deflectar el ataque enemigo. Cuando ya casi estaba a distancia para hacer blanco con su lanzallamas, una salva aterradora proveniente de la plataforma flotante que manipulaba un eldar le arrancó limpiamente el arma; pero entonces los alcanzó y le clavó una coz en el pecho a uno de ellos que le atravesó el pecho, partiendo como un cristal su armadura. Gregorio no sabía nada de la tecnología eldar, pero hubiese jurado que esa placa rígida partida, en algún otro momento se había movido al compás del eldar, como si fuese tela o goma. Totalmente erguido y libre de la amenaza de los disparos, Gregorio intentaba movimientos bruscos para atrapar entre sus piernas algunos eldars, pero no conseguía matar a ninguno más.
Como un único organismo, la escuadra alienígena se replegó ordenadamente. Lleno de euforia, Gregorio forzó su motor para pisarles mientras huían, pero los eldars, asustados, convirtieron una retirada controlada en una huída desenfrenada.
De repente, un disparo de algo muy potente explotó justo delante suyo, lo que le recordó que a su alrededor la batalla seguía y que debía volver a sus líneas.
Xavi vio cómo se llevaban a Kenny en una camilla sin ganas siquiera para levantarse y seguirlo. Recordó la de heridas que llevaba Kenny encima: la primera vez que le hirieron fue luchando contra los orkos en Strata-9, de camino a los mundos natales bahabonoides. Le dejaron el páncreas hecho un asco. Otra vez fue ya en la guerra contra los Bahabonos, cuando el haz de cuchillas de un Ténere le arrancó el brazo derecho; que le fue rápidamente cambiado por uno robótico. También tenía un tímpano de diafragma de plasteno y en el otro oído llevaba un potenciador acústico; además de un ojo biónico. Le habían herido una docena más de veces con heridas incapacitantes, pero había salido de todas con mucha fortuna. Esta última vez parecía grave: el torso de Kenny había quedado abrasado. Xavi recordó por un momento a todos los que habían muerto por heridas similares y a los que él había conocido; y le parecieron demasiados. Demasiados. Pero fueron héroes, todos y cada uno, por morir por el Emperador cumpliendo su deber. Ese mismo día había visto morir a 3 compañeros de escuadra; y otros 2, contando a Kenny, tardarían un tiempo en volver a ponerse de pie.
Xavi se levantó al ver un sentinel que le resultaba familiar. Todavía con el comunicador a la espalda y el rifle láser colgando delante del estómago se dirigió hacia el interior del campamento para saludar a Gregorio, al que no saludaba desde que le viera huyendo de los disparos eldars hacia las líneas propias; con unas tiras de metal desgarrado colgando donde antes había estado el lanzallamas del sentinel.
Precisamente le encontró mirando preocupado el hueco donde antes había habido un lanzallamas pesado. Habían ordenado a la compañía azul del 12º de Zarzaguda mantener esa posición, y hasta que llegaran los suministros Gregorio no podría remplazar su arma.
- Grego, tío... - La voz de Xavi indicaba todo su agotamiento.
- ¡Xavi! - El efusivo saludo de Gregorio tomó a Xavi por sorpresa, que no pudo evitar que Gregorio le aplastase con un abrazo que hizo que le doliesen los riñones. El quejido resultante tuvo por efecto la inmediata retirada del doloroso abrazo.
- ¿Todavía te duele? - Preguntó Gregorio, sin borrar la sonrisa de su cara.
- Sí. - Dijo Xavi agarrándose debajo de las costillas izquierdas.
- Eres un quejica. -
- No, tú eres un cabrón. Y además, estás de muy buen humor; no deberías.
- Hemos ganado, ¿no? -
- Sí, pero tú has jodido tu Sentinel y yo he perdido varios colegas de escuadra. Han vuelto a herir a Kenny. -
- Va, pero Kenny siempre ha aguantado de todo. -
Xavi bajó con fuerza su machete, cortando varias ramas de vegetación alienígena. Llevaban ya varios días marchando a través de la jungla sin ningún tipo de contacto enemigo y estaba hastiado de cortar ramitas. Como evaluando su situación, levantó un trozo de liana que acababa de cortar y lo observó un momento. Su color amarillento-limoso le revolvió las tripas y lo arrojó con fuerza a lo lejos. A su alrededor el resto de su pelotón de infantería daba tajos a diestro y siniestro produciendo un particular ritmo.
De repente, una lluvia de proyectiles barrió las posiciones de los guardias imperiales, destrozando la vegetación. Algunos guardias cayeron y los disparos láser comenzaron a sonar. Xavi se arrojó al suelo y se arrastró por entre los matorrales hasta llegar a un gran árbol mientras los disparos enemigos pasaban cerca. Se apoyó contra el tronco del árbol y abrazó con fuerza su rifle láser mientras le rechinaban los dientes. Sintió la imperiosa necesidad de encogerse, y acurrucarse, y hacerse pequeño, y desaparecer.
A 6 metros, un puñado de guardias intentaron llegar hasta su posición. A mitad de camino, con apenas 2 pasos avanzados, una salva les encontró en medio. Trozos de tierra se levantaban y explotaban mientras las ramas caían y de los árboles se desprendían pedazos de corteza. Los guardias se retorcieron y cayeron sangrando al suelo. Tres murieron en el acto, y otros dos se agarraron alguna parte del cuerpo mientras gritaban. Uno de ellos había caído boca arriba y se agarró el pecho vomitando sangre; y al intentar respirar con fuerza su misma sangre se le introdujo en los pulmones. El moribundo abrió desmesuradamente los ojos mientras intentaba coger aire y sus últimos estertores violentos fueron dramáticamente cortos. El otro murió al recibir un disparo en el cuello, manchando las grandes hojas de los arbustos. El único superviviente se tiró al suelo agarrándose la cabeza con las dos manos y temblando.
Durante un segundo el lugar quedó en calma, antes de que Xavi reuniese el suficiente valor para salir de detrás de su árbol apuntando con el rifle láser. Gritando como un poseso, se encontró con la espalda de unos pocos guardianes, que al oír su grito se dieron la vuelta. Aún y con todo, Xavi pudo disparar tres veces, sólo para destrozar un poco la flora del lugar. Justo antes de que los eldars pudieran matarlo, un lengua de fuego procedente de la selva incineró a siete de ellos. Uno de los que quedaban murió por una pequeña salva láser, antes de que media docena de soldados de Catachán surgieran del denso follaje y pasaran a cuchillo al único superviviente. Sin perder tiempo, los guardias imperiales volvieron a la oscuridad de la jungla y se alejaron en dirección a los sonidos de la batalla.
Xavi se quedó allí de pie, con su rifle colgando del brazo, escuchando los disparos que sonaban demasiado cerca y los gritos de los moribundos. Se volvió al oír al soldado de antes levantarse.
- Nos hemos salvado por poco, chico. Suerte que estaban aquí los chicos de la jungla. Venga, vamos. - Dijo el desconocido. - ¡No te quedes ahí como un pánfilo, debemos volver a nuestras líneas!
- ¿Y adónde vamos? - Xavi miró más allá del guardia, y no pudo ver ninguna señal de la Guardia Imperial, salvo los cadáveres de la primera salva.
- ¡En dirección al combate, cobarde! ¡Vamos! - El soldado se agachó y recogió un lanzallamas del suelo, abriendo con delicadeza la mano del cadáver que lo sujetaba.
Se pusieron en marcha acercándose como podían a los disparos, lentamente, mirando a todas partes antes de dar un paso. Pero en la jungla los tiroteos eran esporádicos y las tropas guardaban silencio para sorprender al enemigo. Apenas habían pasado diez minutos dando vueltas, pero se sentían como si llevasen extraviados días enteros.
- No veo nada con esta luz mortecina y tanta vagetación. Espero que no topemos con eldars antes que con los nuestros. - Dijo Xavi en voz baja.
Se habían quedado quietos, espalda contra espalda, aguardando a que algo ocurriera. Entonces se dieron cuenta de que la batalla había acabado, pues no se oía ningún ruido. Eso era lo más extraño, pues incluso después de las batallas había gran ruido en el campo de batalla, aunque sólo fuesen gritos de victoria, órdenes ladradas o el ronroneo de un motor encendido.
Xavi se quitó la braga de cuello y se secó el sudor, para guardársela en el bolsillo; se desabrochó dos botones de la camisa reglamentaria y resopló. ¡Hacía mucho calor!
- Ya casi debe ser mediodía, en estas selvas es terrible el clima. - Xavi habló en un susurro, mirando al follaje como si algo terrible y salvaje fuese a saltar sobre él y descuartizarle.
- ¿Qué te crees, que vine ayer? - Respondió Dylan, así se llamaba, también en un susurro.
- Debemos seguir avanzando.
- ¿Ves alguno de los soles?
- Sólo uno; el otro está demasiado oblicuo como para verlo con tantas ramas. Creo que es Masa Primus.
- Todavía faltan veinte horas para que anochezca.
- ¿Te sabes muy bien esto, no? Yo no soy capaz de coordinar dos soles que crean ciclos diurnos y nocturnos discontinuos. Prefiero los días de 22 horas estándar de mi planeta natal. Siempre iguales.
- Estos días también siguen un ciclo constante.
- Sí, pero que se repite cada cuatrocientos días.
El silencio se apoderó del lugar; ambos se habían cansado de hablar sobre el número de horas solares de los planetas, y continuaron caminanado atentos a cualquier movimento. Muchas veces creían ver algo en el borde de su campo de visión, pero al girarse no había nada.
Una explosión sacudió toda la estructura de la nave imperial, obligando a Xavi a hincar la rodilla en el frío suelo de metal. A su alrededor sus camaradas se agitaban y caían, se ponían de pie y corrían. En el resultante caos, Xavi fue avanzando hasta llegar a un corredor lateral amplio por el que corrían muchos soldados de su compañía. Ajustándose las correas de su armadura antifrag mientras se apoyaba en la pared a la vez que otra vez todo temblaba, entró en la amplia sala. Cuando salió llevaba debajo del brazo su casco reglamentario, con el Auspex colgando de su cinturón y la pistola láser dentro de su funda, bien amarrada al muslo izquierdo. En su otra mano, la espada sierra, todavía enfundada.
Echó a correr por el pasillo principal , cruzándose con caras asustadas, resueltas, desesperadas, atónitas y furiosas. Dos soldados que agarraban fuertemente su rifle láser corrían justo detrás suyo. Tras girar por una serie de pasillos y amplios corredores, llegó hasta una sección de la nave por la que se veía el vacío y las estrellas por unas ventanas redondas de unos dos metros de radio. Allí mismo se encontraba el resto de su escuadra. Se dirigió hacia ellos con paso rápido.
- Vale, veo que estamos todos aquí. - Los dos guardias que le venían siguiendo se agruparon con el resto. - Debemos vigilar esta sección por si el enemigo consigue desembarcar. Ésas son nuestras órdenes.
A su alrededor, pequeños grupos de fusileros corrían de aquí a allá, acompañados por algún que otro pretoriano o tecnoadepto.
- Venga, comprobad las armas.
Juan, el chico del bólter pesado, le hizo señas a Jean y se pusieron a comprobar la entrada de munición en el arma pesada. El resto de la escuadra se puso a mirar la célula de energía de los rifles láser, sopesarlo, probar posiciones de disparo, o simplemente sacar frascos de piro-petróleo de los bolsillos y colgarlos en la banda del pecho.
Xavi miró a sus chicos orgulloso; había conseguido convertirlos en una unidad disciplinada. Todos ellos estaban siempre prontos para la lucha y no había duda en sus acciones. Especialmente José, Jean y Marco. Ellos eran los únicos supervivientes de su primera escuadra cuando le nombraron sargento, y también los mejores en el combate.
Con un movimiento perfecto de haberlo realizado tantas veces, Xavi desenfundó, comprobó y enfundó su pistola láser. Tras colocar la potencia en 3/4, sacó la espada sierra de su funda y la dejó colgando sobre su muslo. Los estáticos pinchos rebotaron contra las tiras rígidas de plástico dispuestas alrededor de su pierna derecha para evitar que le arañasen en el bamboleo de la espada. Otra vibración sacudió la nave, pero sólo uno de sus hombres debió apoyarse en el suelo con el brazo para mantener el equilibrio. Xavi apretó los dientes. En medio del combate siempre le acompañaba una determinación de la que pocos podían presumir, pero en el combate entre naves en el espacio sentía una inseguridad casi histérica. En aquellos momentos él no era más que un humano en una nave de desembarco tipo Devorador, que a su vez se alojaba en el vientre de un enorme transporte clase Cetaceus. No podía hacer nada y no importaba lo buen guerrero que fuese, si su nave caía él caería con ella.
Un sonido de advertencia comenzó a sonar por toda la nave. Indicaba que el Devorador iba a salir del Cetaceus.
- ¡Agarraos!
Varios de los soldados consiguieron agarrarse a las barras de sujección antes de que la inercia, acompañada del sonido de motores, tirase al resto al suelo.
En el espacio, una nave de desembarco clase Devorador salió del interior del transporte súperpesado Cetaceus. Detrás suyo, otros tres Devoradores se ponían en marcha. Delante suyo ya había veintitrés dirigiéndose hacia en mundo de Hálicon Tantis. A su alrededor, el crucero de batalla Venganza del Emperador y otras naves de escolta pugnaban por defender el desembarco de una flota orca. El Devorador, poco preparado para el combate orbital, intentaba pasar por entre las toscas estructuras móviles orkas para llegar a la superficie del planeta.
Xavi miró un momento por la ventana. En el caos de misiles, disparos y pequeñas naves pudo distinguir un cohete yendo recto hacia su nave. ¡Más concretamente, hacia su ventana!
- ¡Atención! ¡Preparados para el impacto!
Un fusilero que no pertenecía a su unidad pulsó un gran botón debajo de la ventana y al instante una plancha de plastiacero cubrió la ventana por la parte exterior.
Xavi sabía que eso era inútil, nada los salvaría del impacto directo de un misil, a no ser...
El impacto estremeció la nave y arrojó a todos los soldados al suelo, pero nada más. Apenas un instante después, el cohete se encontraba perfectamente encajado en el fuselaje del Devorador. Xavi se medio incorporó a tiempo para ver como una compuerta situada en el morro del misil caía con un ruido sordo, acompañado del monstruoso grito de batalla de los orkos.
- ¡En pie fusileros! ¡Por el Emperador!
Los orkos ya habían comenzado a salir del cohete de desembarco. El primero abrió un gran boquete en el pecho de un fusilero con su piztola, mientras clavaba su rebanadora en el cráneo de otro que aún no se había incorporado. El resto de los orkos salieron y comenzaron su matanza.
Xavi se levantó rápidamente y disparo sin apuntar mientras daba un fuerte tirón de su espada sierra. El enganche del cinturón se liberó al sentir una presión 250 gramos superior al peso del arma y Xavi apretó la palanca del mango y los dientes se agitaron en el aire y chirriaron mientras se movían rápidamente alrededor de la estructura de la hoja.
Con un grito, se lanzó contra el orko más cercano. Éste estaba levantando su tosca arma para rematar a un imperial, y Xavi no perdió el tiempo; quiso darle en el cuello, pero lo hizo en medio del pecho. El orko detuvo su golpe por la sorpresa, y Xavi siguió apretando mientras los dientes cortaban piel, carne, músculo y costillas alienígenas. Después de un tiempo que le pareció demasiado largo, liberó su presa y el alienígena cayó muerto al suelo. A su lado, José levantó el rifle de fusión y disparó. El piro-petróleo ardiendo recién salido del cañón del arma impactó debajo del cuello de otro orko y le fundió el pecho. Con una mueca de perplejidad, su cabeza cayó rodando al suelo y sus brazos se le desprendieron del tronco.
Encarándose con otro orko, Xavi levantó su pistola y disparó tres cargas de ardiente láser que impactaron al orko en el hombro y el pecho. Éste se giró indemne y... CONTINUARÁ
(si algún día me pongo, porque vamos...)