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LA
SERPIENTE URÓBOROS, de E. R. Eddison
En un mundo fantástico, y bajo un entorno medieval, la narración se centra en la lucha entre dos fuertes naciones: Demonlandia y Brujolandia. También hay otros países, como Duendelandia, Trasgolandia o Goblinlandia, pero son más bien estados accesorios y satélites, aliados de una de las dos grandes potencias. Entre Demonlandia y Brujolandia se produce una encarnizada guerra, en la cual no se combate sólo con las espadas, sino también con la magia, esgrimida por el temible rey de los brujos. Con este trasfondo, la historia nos presenta a héroes, guerreros, consejeros, reyes, y también a sus esposas, acompañantes y amadas (las mujeres tienen un enorme peso específico en la historia que se cuenta). También hacen presencia seres sobrenaturales como los hipogrifos, mantícoras, hadas, faunos e incluso entidades casi divinas. Se suceden las aventuras, viajes y desafíos que deben resolver los esforzados héroes de Demonlandia, en una narración plagada de elementos épicos. Esto, que no parece muy distinto de tantas sagas fantásticas de la actualidad, lo desarrolla Eddison con una habilidad y una maestría envidiables. Y es que no estamos ante un autor mediocre, ni siquiera bueno. Se trata de un autor excelente, que por su solera debe erigirse en maestro. Eddison maneja con la misma facilidad las tramas de intriga palaciega como los hechos de armas y las batallas. Es muy versátil a la hora de desarrollar personajes, y aunque los buenos buenísimos a veces resultan predecibles y un tanto insulsos, el retrato con miles de matices de los malvados y los personajes que están entre el bien y el mal, es muy atractivo. La obra se nos presenta como una especie de libro de caballería, o bien un cuento de hadas, una crónica de hechos de estilo juglaresco y medieval. Por tanto no es una narración "realista", sino más bien idealizada y a veces onírica. Sin embargo, se consigue una sensación de proximidad y verosimilitud que no tendría un simple cuento de caballerías, y es que los personajes, a pesar de estar idealizados, también tienen su "punto" necesario de humanidad, de picaresca, bajezas y contradicciones, para que no parezcan de cartón piedra. Por ejemplo, los diálogos son inteligentísimos y hay un uso chispeante del erotismo entre las damas y los caballeros de las cortes de los reyes, mezclado además con las ambiciones políticas de cada cual. Por otro lado, a veces el autor desprende un fino sentido del humor, y en otras sabe causar una impresión tenebrosa y sobrecogedora. El estilo merece un capítulo aparte. La forma de expresión de Eddison es rica, elegante, hermosa, poética y también sólida. Hay pasajes de gran belleza, como las múltiples descripciones de parajes naturales, o de un amanecer o un crepúsculo. Y otros están llenos de carga épica, como las batallas entre los guerreros. Es un prosista formidable y un virtuoso de la palabra. El lector se deja llevar de su estilo, que consigue "hechizar". Aunque es muy descriptivo, también resulta fluido. Como defectos, al libro le falta un mapa para seguir las andanzas de los protagonistas. También hay que señalar el descarado maniqueísmo, pues unos son los buenos buenísimos (los de Demonlandia) frente a los malvados hasta la médula de Brujolandia. No obstante, el tono "trovadoresco" de la narración y el sorprendente final explican esta falta de grises entre tanto blanco o negro. El uso de nombres un poco infantiles para los países: Demonlandia, Brujolandia, Duendelandia, etc., también puede tomarse como un punto flaco, pero puede explicarse por ese aire de "cuento de hadas" que el autor desea generar. Falta también una mayor sensación de verosimilitud en el elemento sobrenatural, el cual parece a veces producto de un "deus ex machina", necesario para justificar desenlaces en la narración. En todo caso, los errores quedan en nada, en comparación con los aciertos. En definitiva, es un libro de Espada y Brujería con elementos típicos, pero bien desarrollados y muy, muy bien escrito. Un clásico, por méritos propios. |
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