LOS TIGRES DE MOMPRACEM, de Emilio Salgari
      Crítica de Óscar Camarero

Datos bibliográficos:
Título: Los tigres de Mompracem
Título original: Le tigri di Mompracem
Autor: Emilio Salgari
Año: 1900
Traducción: Emilio Pascual 
Editorial: Plaza & Janés
Colección: Aventureros y farsantes
Presente edición: 2000
Ilustración portada: Francesc Daranas
Páginas: 383
Formato: tapa blanda
ISBN: 84-01-54129-8

      Los tigres de Mompracem, que narra la última aventura del pirata Sandokán, es una novela de aventuras sin pretensiones, que aún así tiene destellos de calidad.
     La novela se halla dividida en treinta y dos capítulos, cada uno de ellos de una extensión de entre diez y quince páginas (aproximadamente) y la información que se da al lector está perfectamente repartida, con lo cual, en cada capítulo ocurre algo, si no de relevancia, de interés. De hecho, Salgari publicó sus casi cien libros a modo de folletines, siendo después recopilados en novelas. De ahí la necesidad de escribir cada entrega a modo de relato corto, usando una estructura ágil que captara al lector (tanto al que seguía asiduamente los relatos, como al esporádico).
     En otro orden, la premura de escribir casi compulsivamente para mantener a su mujer Aida y sus hijos (le pagaban una miseria por sus escritos) pudiera ser la causa de algún error en sus novelas, como en la página 171 del presente libro, en el que hace referencia a un sargento del ejército, cuando antes dijo de él que era un cabo.
     La novela tiene sus pros y sus contras, pero sin embargo, a mí me ha podido más una de las contras que el resto, aunque seguiré leyendo a Salgari, pues me gusta su estilo.
     Vamos a ello.
     El primer punto a favor se encuentra en el conocimiento del entorno en que se desarrolla la novela.
     Salgari, que ya desde pequeño sintió pasión por la aventura, nada más acabar sus estudios se ofreció como aprendiz de marinero y con tan solo diecinueve años ya era capitán de ultramar. De los viajes que entonces realizaría sacó la experiencia para escribir sus novelas, y por lo visto aprovechó esos viajes.
     Salgari no es autor de escribir cinco páginas seguidas con descripciones del entorno, si no que introduce esta información a modo de pequeñas cápsulas, que no distraen al lector de la trama principal y que permiten introducir al lector continuamente en la historia. En ocasiones, se tratan de meras descripciones de la flora y fauna del entorno, y en otras utiliza esas descripciones para evocar sensaciones al lector. Pongo ejemplos de ello al final de esta crítica.
     El segundo punto a favor se halla en la estructura folletinesca antes comentada, lo que le confiere una gran agilidad al texto (tengamos en cuenta que hablamos de una novela de aventuras sin mayor intención que la de entretener).
      Los contras son tres:
     El primero, el abuso en el uso de adverbios acabados en mente, error que no creo sea achacable a la traducción (que he encontrado cuidada, por cuanto el traductor no duda en hacer continuas acotaciones al texto para aclarar conceptos al lector). También os pongo al final los dos párrafos donde se dan más estos excesos (es el caso más claro, pero no penséis tampoco que toda la novela es así). En estos dos párrafos, fijaros también en la abundancia de gerundios.
     El segundo, diferentes reiteraciones, como unas producidas en unos diálogos de la página 379, a mi entender fácilmente subsanables.
     El tercero, y más importante, está en los personajes, y más concretamente en el de Sandokán y la ingente masa de piratas (que son un solo personaje, pues todos están cortados por el mismo patrón) a excepción hecha de Yánez (el portugués y mano derecha de Sandokán) y de Giro-Batol, el pirata malayo, que adquiere una mayor profundidad.
     Sandokán deviene una especie de demonio para sus enemigos y prácticamente un guía espiritual para sus piratas.
     En una ocasión, un soldado inglés está apuntándole con un fusil, mientras que el tigre de Mompracén solo empuña un sable, y al final el soldado acaba de rodillas implorando perdón (página 106 y 107).
     En otra, uno de sus piratas (cuya misión es estar ante Sandokán en el momento del abordaje) desatiende su misión, y otro hombre ocupa su lugar, acabando muerto por una bala que se dirigía a su jefe. Acto seguido, Sandokán le dice que en la siguiente batalla se deje matar, pues por su culpa murió su compañero, acto que realiza sin pestañear en cuanto tiene ocasión.
     Aparte de todo esto, el comportamiento de Sandokán (por muy particular que sea el personaje) resulta histriónico (desafía en voz alta a la flota enemiga que se acerca, a la tormenta que se abate sobre ellos, o a un tiburón) y con un carácter arrojado que le habría llevado a la muerte a la primera de cambio y que Salgari justifica con la gran suerte del personaje (información que da de labios de Sandokán para hacerla más creíble al lector).
     El problema del personaje, que evidentemente ocupa toda la novela, echa al traste los atisbos de credibilidad de la misma, que sí dan, por ejemplo, el personaje de Yánez o las descripciones antes mentadas.
     Aún así, os la recomiendo como lectura estival, si queréis una lectura trepidante y evocadora. Pero tomadla como lo que es, una lectura de entretenimiento.
     Ahí van los fragmentos.
 

     Ejemplo de descripción evocativa (pro), gerundios y abuso de adverbios acabados en mente (contra). Notar también el uso de las figuras literarias (pro):
     "Y entretanto el huracán seguía creciendo en intensidad, como si quisiera desplegar todo su poder para hacer frente a aquel hombre que lo desafiaba. El mar se alzaba en montañas de agua que corrían al ataque con mil alaridos, mil rugidos tremendos, amontonándose las unas sobre las otras y excavando profundos abismos que parecía iban a llegar hasta las arenas del océano; el viento aullaba en todos los tonos, lanzando ante sí verdaderas columnas de agua y revolviendo horriblemente las nubes, dentro de las cuales retumbaba incesantemente el trueno.
     El prao luchaba desesperadamente oponiendo sus robustos flancos a las olas, que querían arrastrarlo al norte. Derivaba cada vez mas espantosamente, se enderezaba como un caballo desbocado, se zambullía azotando el agua con la proa, gemía como si estuviera a punto de abrirse en dos, y en ciertos momentos orzaba tanto, que hacía temer que no podría volver a ponerse en equilibrio.”

     Un detalle de calidad:
     “Por todas partes surgían espesos matorrales, apretados, encajados entre árboles enormes que proyectaban sus gruesos y nudosos troncos a alturas extraordinarias, y por todas partes se entretejían, enroscándose como boas monstruosas, miríadas de raíces”.

     Una interesante comparación:
     “–Tengo miedo, capitán –dijo el dayako, que se agitaba entre las olas como el diablo en la pila de agua bendita.”

     Detalles del personaje:
     “–¡Vencerás, flota enemiga! –exclamó con voz triste–. ¡El corazón me lo dice!” (dirigiéndose a la flota enemiga).

     “–¡También tú vienes contra mí! –gritó–. ¡Veremos si el tigre del mar será más fuerte que el Tigre de Malasia!” (dirigiéndose a un tiburón).

     “–¡Huracán, ven a luchar conmigo: te desafío!”
     
     “–Prudencia, Sandokán –dijo Yánez, que se había puesto a su lado.
      –No temas, hermano.
      –Ten cuidado con los arrecifes.
      –Los evitaré.
      –¿Pero dónde encontrarás un abrigo?
      –Ya lo veré.”

     “Dio dos vueltas sobre sí mismo, y luego cayó en los brazos de su adorada Marianna, y aquel hombre, que jamás había llorado en su vida, estalló en sollozos (...)”