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LA
ESPADA ROTA, de Poul Anderson
Crítica
de Óscar Camarero
Datos bibliográficos:
Título: La espada rota
Título original: The broken sword
Autor: Poul Anderson
Año: 1954
Traducción: Javier Martín Lalanda
Editorial: Anaya
Colección: Última Thule
Presente edición: 1993
Diseño y cubierta: Blanca Ortega
Páginas: 314
Formato: tapa dura y sobretapa
ISBN: 84-207-4827-7
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Cuando
llegó esta novela a mis manos ya llevaba varios años intentando hacerme
con ella. Venía precedida por el aura de ser una de las mejores novelas
de espada y brujería que se habían escrito jamás, junto a El señor
de los anillos de Tolkien.
Por ello he de decir que me produjo una cierta
pesadumbrez en algún momento, aunque al final la novela llega a cautivar.
Pero como se trata de hacer una crítica voy a
explicar el porqué.
El mayor fallo que le veo (y único si mi memoria
no me falla) está en el tratamiento que Anderson le da a la magia.
Parece escudarse en el tono fantástico del
mundo de faerie (mundo de las hadas) para justificar todo lo que sucede en
él. La novela viaja al principio entre el mundo real y el de faerie, por
los cuales irán apareciendo algunos de los personajes de la novela y que
será la única parte en la que los dos mundos tengan semejante
protagonismo. A medida que avance el texto, el mundo de faerie tomará las
riendas del libro. Si bien al principio, cuando los dos mundos tienen
igual protagonismo, el “recurso” parece justificado por cuanto el
contraste auspicia la maravilla, no pasa después, cuando el mundo de
faerie toma relevancia. Os pongo un párrafo que no os desvelará nada de
la trama para que comprendáis mi opinión:
“-¿Para qué ir a ver a los amigos cuando los
tienes al alcance de la mano? Y en lo que se refiere a tierras... mira.
Habían llegado
a la cima de una colina, que formaba parte de un grupo de otras que
rodeaban un pequeño valle. Allí abajo, Skafloc había conseguido que
fuera verano. Los árboles estaban (...)”
Como veis, Anderson no intenta explicar que tipo
de artes ha usado Skafloc, ni tampoco hace referencia antes ni después
del texto. Lo introduce sin más. No hubiera quedado mal que hubiese
invocado a un espíritu del bosque para que creara el verano, o que
hubiese invocado a Eolo o algo así para que mandase vientos cálidos al
valle para propiciar el verano. Supongo que me hago entender. No hablo de
tejer un complejo sistema mágico, pero sí algo que ayude a hacer más
creíble el fenómeno.
Lo mismo puede aplicarse a otros fenómenos de la
novela. En muchos casos la capacidad de los elfos de crear maravilla tras
maravilla es apabullante (ni siquiera hablamos de dioses), pero en el caso
de Skafloc, que es un humano que ha sido criado entre los elfos, resulta más
increíble su capacidad de hacer magia. Y más con esa facilidad.
Es importante destacar que si bien en el caso de
Skafloc (y a veces de los elfos) resulta
chocante ese trato de la magia por parte del escritor, no pasa lo mismo en
el resto del relato. El protagonista tomará contacto con
elfos, trolls, gigantes,
dioses, y en general todo el mundo mitológico nórdico, amén de algo del
romano, celta, etc, y la interrelación llegará a ser tan vasta que llega
un momento en que el punto de incredulidad queda totalmente superado. Además,
la capacidad de crear o usar poderes mágicos va en concordancia con su
“rango”. El mayor punto chirriante se encuentra en Skafloc, como ya he
dicho.
Hay otro buen ejemplo en la página 296 (párrafos
tercero y cuarto) pero revelaría parte importante del contenido de la
novela si los transcribo. Si podéis, echarle un vistazo, que aunque lo
relea no deja de parecerme un “deus ex machina”.
Sobre otros aspectos de la novela, destacaré:
1)
Inclusión de canciones (poemas) recitadas por los protagonistas,
al modo de los pertenecientes a las sagas nórdicas (Eddas). Un efecto que
recrea ese tono épico antiguo.
2)
Conocimiento militar. Anderson conoce bien los sistemas de batalla
antiguos y los plasma en esta novela. Parece una tontería comentarlo,
pero hay muchos autores que cuando llega el momento de describir un
combate utilizan imágenes generales. A Anderson le gusta incluso
recrearse en el detalle. Incluso perteneció a un grupo de gente que se
dedicaba a recrear combates antiguos. Más abajo os pondré algunos
ejemplos.
3)
Interrelación del mundo real y el de faerie. Si como ya he dicho
el mundo real sólo aparece de manera abundante al principio de la novela,
no deja de estar presente en ningún momento. Creo que eso acentúa aún más
la visión maravillosa del mundo de las hadas.
4)
Profundidad de los personajes. Es algo de agradecer, pues en
numerosas novelas de espada y brujería a veces ni se dan descripciones y
el escritor se basa en las ideas preconcebidas de los lectores para ir
metiendo un personaje tras otro. A diferencia de otras novelas, los
personajes de La espada rota son muy interesantes: Skafloc, Valgard, Imric,
o Leea no dejan indiferente al lector.
5)
Uso de prosa poética y un estilo literario plagado de figuras, que
nunca llegan a la sobreabundancia, y que dan un tono épico similar al de
las sagas nórdicas antes comentadas o a los cantares de gesta. Más abajo
os pongo algunos ejemplos entre los fragmentos que os reproduciré.
6)
La traducción. Soy de esas personas incapaces de comparar la
traducción de éste libro con un original escrito en lengua vernácula
porque no sé inglés (bueno,
algo, pero no con el nivel necesario), pero si un libro lleva al Doctor
Javier Martín Lalanda como traductor, ya es garantía de trabajo serio y
meticuloso. Por si alguien no le conoce, es el autor de La canción de las
espadas, magnífico estudio sobre la obra de espada y brujería de Robert
Ervin Howard, el creador del personaje Conan (os podéis descargar este
libro desde aquí). Lalanda mira de hacer una traducción lo más
fidedigna posible con el manuscrito original, intentando dar con el
significado que el autor quería dar a tal o cual palabra. Mantiene
algunos vocablos (debidamente explicados, ya que son imposibles de
traducir), traduce los arcaísmos buscando símiles en castellano antiguo,
etc. El resultado con los poemas me ha gustado mucho. Lástima no poderlos
leer en inglés.
En fin, un libro altamente recomendable con una
parte final que al que le gustan las descripciones de batallas no le puede
dejar indiferente. Y es que, como comenta el Doctor Lalanda en el prólogo
del libro: La espada rota (...) resulta ser, en una primera aproximación,
algo así como una mezcla, explosiva, sin dudarlo, y a partes iguales,
entre el Robert E. Howard más salvaje y sombrío, y el J. R. R. Tolkien más
élfico que uno se pueda imaginar (...)”.
Y ahora, los fragmentos:
“Valgard
aulló cuando la berserkirgangr hizo presa en él. Sus ojos refulgían con
el color verde de la mirada del gato montés, mientras la baba caía de
sus labios. Orm, que le había seguido, rugió, tomó una espada y le atacó.
Valgard sacó muy a tiempo el cuchillo que usaba para comer, desvió la
hoja de Orm, golpeándola de plano con su brazo izquierdo, y plantó la
suya en la garganta del padre.
La sangre le salpicó. Orm cayó al suelo.
Valgard cogió la espada. Llegaba más gente. Le bloqueaban la salida.
Valgard abatió al que estaba más cerca. Su aullido resonaba entre las
vigas.”
“La espada
llameó en lo alto, silbó al caer y cantó en huesos y cerebro. Audun se
derrumbó en el suelo y chocó contra una pared, quedando apoyado en ella,
horriblemente inerte.”
“Se le
saltaron las lágrimas, dulces como el agua de una fuente en medio del
bosque, pero la boca le sabía a sal”
“Poco
antes de abismarse en la negrura, el sol ardió con el color de la sangre.
Una luna gibosa parecía volar a través de nubes empujadas por un viento
cortante. Aquella noche habría tormenta; el largo otoño que diera la
bienvenida a los elfos ya había pasado y el invierno se acercaba al
galope”.
“La
cabalgata de Asgard, la Caza Salvaje... Freda se quedó inmóvil, cubierta
por un sudario de pánico. ¿Por qué nadie de la casa parecía oír aquel
ruido? Su hijo lloraba encima de su pecho. El viento azotaba los postigos
de la ventana.
Entonces oyó un tremendo ruido de cascos de
caballo en el patio. El cuerno volvió a sonar de nuevo, como si fuese a
tirar abajo la casa. El clamor de los perros inundó las paredes, como una
música de hierro y bronce”.
"Los
arcos cantaron en la oscuridad reinante”
“La luna
subió de las aguas donde había construido un puente –qué extraño que
estuviesen tan tranquilas- y remontó las alturas del castillo. Su luz se
derramó sobre aquel horror. Las espadas volaban, las lanzas se hundían
en la carne, las hachas y las mazas golpeaban, el metal y los guerreros
gritaban de dolor. Los caballos se encabritaban, relinchaban, coceaban,
con las crines manchadas de sangre seca. La contienda iba y venía por
encima de los muertos, pisoteándolos, hasta convertirlos en algo
irreconocible”.
“Un guerrero lanzó a Skafloc una lanza tan gruesa como el tronco de un
árbol joven. La paró con su escudo, echó el asta a un lado, se acercó
a su atacante y le golpeó. Su hoja de acero penetró, ardiente, en su
hombro, hasta llegar al corazón. Con el rabillo del ojo vio una maza que
le llegaba desde la izquierda, capaz de aplastar yelmo y cráneo al mismo
tiempo. Adelantó el escudo en aquella dirección. El golpe resonó en su
borde de hierro, y le hizo retroceder, titubeando. Cayó sobre una
rodilla, pero pudo extraer su espada del cadáver y cortarle al troll una
pierna. Levantándose, imprimió a su arma una trayectoria curva y
sibilante y otra cabeza de troll abandonó su cuello dando saltos”. |