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LA CASA DE ARABÚ Y OTROS RELATOS,
de
Robert E. Howard
Crítica
de Andrés Díaz Sánchez
Datos bibliográficos:
Título: La casa de Arabu y otros relatos
Autor: Robert Ervin Howard
Año: 2005
Selección y
Traducción: Carlos Díaz Maroto y Luis Alboreca
Editorial: Ediciciones Jaguar
Colección: La Barca de Caronte
Presente edición: 07.11.05
Ilustración de portada:
Páginas: 208
Formato: Rústica
ISBN: 84-96423-09-3 |
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Robert Ervin Howard es uno de los más famosos escritores de
Fantasía y eso no plantea duda alguna. Aunque su gloria llegó a título
póstumo, de la mano de su héroe Conan, famoso tanto en la literatura,
como el cine y el cómic, con legiones de aficionados en todo el mundo,
no son menos meritorios otros personajes y textos creados por el
escritor de Cross Plains, Tejas. Así pues, resulta extraño, y para
muchos de sus seguidores casi sangrante, que una ingente cantidad de
relatos de Fantasía Heroica y Horror, de los muchos que escribió Howard,
permanezcan aún sin publicar. Al menos en España, muchas de estas obras
han sido conocidas de forma minoritaria gracias al heroico y esforzado
papel de fanzines como “Lhork”, “Berserkr” o “Fan de Fantasía”. Y es una
lástima, pues sagas desconocidas, como las de El Borak o Cormac Mac Art
no desmerecen en nada a las de Kull, Conan o Solomon Kane, editadas de
manera correcta y digna. Por ello, es meritorio que haya editoriales
que, de manera más o menos modesta, rescaten poco a poco este material
inédito. “La casa de Arabu y otros relatos” es uno de tales intentos.
En primer lugar, un gran acierto de la editorial es la
portada, magnífica ilustración del ilustrador Frazetta, que a pesar de
estar centrada en el personaje Conan —no aparece en ninguno de los
relatos— sí refleja la filosofía y el ambiente propios de las historias
howardianas.
El libro contiene diez relatos de variada índole, un
prólogo y una introducción. En estos dos últimos casos, se trata del
casi obligatorio artículo en el cual acudimos a lugares comunes para los
aficionados a Howard, como por ejemplo su biografía. Dada la amplia
difusión de este tema, es mejor pasarlo por encima en esta reseña, pues
cualquier lector podrá acceder a él a poco que busque.
Sobre los relatos, el criterio de selección parece ser
el de ofrecer una visión de conjunto de toda la obra de Howard,
intentando mostrarnos una miscelánea temática para, de un solo vistazo,
tratar de abarcar todos los paisajes narrativos que tocó.
Así, abundan los relatos de Horror, siempre con ese
aire “cósmico” típico de los antiguos pulps, que si bien en la mayoría
de las ocasiones no ha resistido el paso del tiempo, en algunos casos,
como en Lovecraft, Ashton Smith o el propio Howard, y debido a su
calidad y sobre todo honradez, ha pasado la prueba y todavía sigue
captando el interés de miles de lectores. “El morador del anillo”, “El
negro sabueso de la muerte”, “No me des sepultura” o “Kelly el
hechicero” son ejemplos de una dedicación exclusiva al Horror con
mayúsculas, única imagen de la Fantasía que tenía Howard en cuanto a lo
sobrenatural. Esto es tanto así, que la magia de Howard siempre es
negra, sus magos son siempre nigromantes y sus seres ultraterrenos jamás
son entes benéficos, sino criaturas espeluznantes vomitadas de los
rincones oscuros del Universo. Esta visión pesimista, negativa y
terrorífica del campo sobrenatural es quizás lo que hace la Fantasía de
Howard (y de otros escritores famosos del pulp) más atractiva y
sugerente. Cultos satánicos, maldiciones que atraviesan siglos y eras,
sacrificios humanos, dioses y divinidades crueles y ávidas de almas,
páramos tenebrosos, islas atávicas en océanos perdidos... Todo ello
produce una mitología propia, sólida y coherente, llena de fuerza,
dramatismo y profundidad, que consigue hechizar al lector.
Esta Fantasía “oscura” aparece también en otros relatos
del volumen, como “La Casa de Arabu” —casi una novela corta— o “Delenda
Est”, pero en ellos surge el otro gran pilar de Howard: la heroicidad.
Porque si bien el universo es un lugar tenebroso, lleno de horrores
cósmicos que acechan al hombre, los héroes howardianos reafirman su
humanidad luchando contra estas pesadillas no con la razón, la lógica,
la religión o la magia “blanca”, sino con la pura fuerza, la voluntad y
el espíritu de lucha más inquebrantable. La respuesta de Howard ante el
Horror Cósmico no es la pasividad, sino el combate. Sus protagonistas
son guerreros que oponen los aceros y los puños, los músculos y el
sudor, a la magia. Y esa fuerza de voluntad volcánica les permite,
precisamente, vencer a lo ultraterreno. Quizás, para Howard, el Horror
sólo puede ser vencido mediante la voluntad de lucha y victoria en su
estado más puro, desnudada de la razón o la lógica. Finalmente, todo se
resuelve en una batalla implacable, en una lucha ciega. Y esto es, tal
vez, lo más tosco y criticable de Howard, pero también lo más hermoso y
lo que fascina a las legiones de seguidores del escritor tejano. A donde
no puede llegar con argumentos y tramas complejas, con idearios
abstractos, llega con la pura pasión. Porque Howard puede ser criticado
por muchas cosas, pero jamás por falta de honradez o coherencia. También
resulta atrayente el que no haya maniqueísmo. Los héroes no luchan para
que el bien se imponga al mal, para ayudar al mundo o a la sociedad. Eso
puede llegar como consecuencia, pero no como objetivo. Los personajes
son muchas veces “antisociales”, solitarios, inmorales, rehuyen las
grandes causas y la filantropía barata. Sólo quieren su propio bien, se
aferran a su propia libertad y su visión del mundo ni siquiera es
optimista. Al contrario, son radicalmente pesimistas, pues la vida
carece de sentido para ellos. Sólo lo obtiene cuando luchan, matan,
sangran y se entregan a los placeres de la carne. Entonces se sienten
vivos y plenos, pero tras el éxtasis de la batalla caen otra vez en la
melancolía. Como el propio Howard, que llegó a suicidarse, pero se
exaltaba en sus escritos, sus bárbaros son “de grandes alegrías y
grandes melancolías”. Este ideal de “anti-héroe”, profundamente
dramático y humano, no lo ideó a propósito, pero en mi opinión es la
fortaleza de sus personajes, que por ello siguen cautivando a pesar del
paso del tiempo. Ninguno de los continuadores de la obra de Howard ha
sabido captar tal profundidad, y menos en Conan, personaje bastardeado
hasta la saciedad, convertido a veces incluso en un héroe de las masas,
cuando no en adalid de las grandes causas, y hasta en bufón musculoso.
Todos han olvidado que los héroes de Howard son “sociópatas”, que buscan
de un modo u otro la soledad, melancólicos, pesimistas, oscuros,
instintivos y animales, que ven la vida como una mala noche en una mala
posada. Este mundo gris cobra sentido sólo en la sangre y la lujuria de
la batalla. Incluso Kull o Conan, siendo reyes, se sienten lejos de un
pueblo de súbditos que les adora hoy y mañana les teme y les odia.
Lideran a los hombres y recaban odios y adoraciones, pero en el fondo
siempre están solos, y ahí reside su genialidad.
Hay otro trasfondo interesante que toca la selección de
relatos de este libro. El histórico. En “La casa de Arabu” o “Delenda
Est” aparece la fascinación por la Antigüedad que siempre demostró
Howard, hasta el punto de que sus mundos fantásticos son remedos de
épocas pretéritas terrestres, y además sin recato ni disimulo alguno,
llegando a utilizar nombres históricos reales para muchos de sus
personajes y lugares imaginados. “La casa de Arabu” está ambientado en
el Oriente Medio babilónico y “Delenda est” en la decadencia del Imperio
Romano, cuando los bárbaros —tema recurrente en Howard— arramblan y
destrozan la civilización. En ambos, claro está, aparece el Horror
sobrenatural, bien encajado y creíble en un trasfondo histórico, pues no
se mueve en primer plano, a la luz del día, sino en los rincones y
oscuridades que rehuye el historiador.
Merecen reseña especial dos relatos: “Lanza y colmillo”
y “Un jeopardo devorador de hombres”. Aquél fue el primer relato
publicado de Howard y se detecta una tosquedad argumental mayor, con una
trama demasiado lineal. Está ambientado en la época prehistórica y, a
través de la violencia, aparece el tema de las razas: Cromagnon contra
Neandertal. Otro pilar howardiano: la importancia suprema de las razas
en el destino del hombre, como si la propia raza fuera el dueño tiránico
del hombre, y no un aditamento o una característica secundaria de su
ser. “Un jeopardo devorador de hombres” es un relato del Oeste, de los
muchos que escribió, bastante desconocidos en España, que, aunque épico
y entretenido, flojea por ser el menos lúgubre y profundo de todos, así
como el más “positivo y alegre”. Por otra parte, en ninguno de estos dos
relatos aparece el elemento fantástico.
En cuanto al estilo, mucho se ha dicho sobre la
tosquedad de Howard, pero estos relatos lo desmienten. Sus descripciones
de razas, demonios, la magia y el horror, así como de las batallas, las
luchas, la voluntad y la barbarie, están llenas de fuerza y colorido. En
algunos casos alcanza el grado de prosa poética, y entonces el estilo es
más importante que la narración en sí. Se trata de unos modos perdidos,
que los escritores de Fantasía modernos ya ni se plantean adoptar. Es el
estilo de los Pulps en su máxima expresión, con todos sus aciertos y
errores, elevados a la mayor potencia.
“La casa de Arabu y otros relatos” no es desde luego la
obra máxima de Howard, pero para sus aficionados será un plato de gusto,
y para los que lo desconozcan, representará una visión de conjunto de su
obra, a la que no volverán si les resulta tosca o pueril, o bien
rastrearán con avidez si les ha llegado al alma. En cualquier caso, esta
selección de relatos siempre resultará interesante.
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