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Acerca de la soledad del escritor (varios autores)

            
           
Para Kafka, que en Praga vivía con su. familia, la soledad era difícil de conseguir y al mismo tiempo imprescindible.  Por eso, las noches eran su momento preferido para escribir.  En una carta a Felice comenta:

            Para poder escribir tengo necesidad de aislamiento, pero no «como un ermitaño», cosa que no sería suficiente, sino como un muerto.  El escribir en este sentido es un sueño más profundo, o sea, la muerte, y así como a un muerto no se le podrá sacar de su tumba, a mí tampoco se me podrá arrancar de mi mesa por la noche.  Esto no tiene que ver directamente con la relación con los hombres, pero es que sólo soy capaz de escribir de esta forma sistemática, coherente y severa, y por lo tanto, sólo puedo vivir así.


            Susan Sontag recuerda al escritor de La metamorfosis cuando habla de su necesidad de soledad para buscar «la propia voz»:

            Kafka imaginaba un taller en el sótano de un edificio, donde dos veces al día alguien pusiera algo de comer en la puerta. Él decía: «Para escribir nunca se está suficientemente solo».  Pienso en escribir como en estar en un globo, en una nave espacial, en un submarino, en un armario.  Es ir a algún sitio donde no hay nadie a concentrarse, a oír la propia voz de uno.


            Solamente aislándose por completo -dice Oscar Wilde- se puede trabajar.  La ociosidad te proporciona la disposición para escribir y la soledad, las condiciones.  La concentración en ti mismo te devuelve al nuevo y maravilloso mundo que surge en el color y la cadencia de las palabras en movimiento.


            Paul Auster escribió tras la muerte de su padre La invención de la soledad, una de las reflexiones más lúcidas sobre la capacidad y la necesidad que tiene el escritor de estar solo:

            (... ) Creo que lo asombroso es que cuando uno está más solo, cuando penetra verdaderamente en un estado de soledad, es cuando deja de estar solo, cuando comienza a sentir su vínculo con los demás. (... )


            Creo, en realidad, que en el trabajo literario uno siempre está solo -dice García Márquez-.  Como un naufrago en medio del mar.  Sí, es el oficio más solitario del mundo.  Nadie puede ayudarle a uno a escribir lo que está escribiendo.