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         El verdadero mazo "Grond"

            
            ¿Quién no se acuerda del ariete utilizado por las legiones de uruk-hai y olog-hai al servicio del rey brujo para derribar las puertas de Minas Tirith? Una de las escenas más apasionantes de la película El Regreso del Rey por Peter Jackson presenta este aterrador momento de forma casi gloriosa, en el que puede escucharse a la inhumana soldadesca recitando la letanía "¡Grond! ¡Grond!" conforme avanza el ariete, conformado con la figura el mazo que portara Morgoth durante las primeras guerras contra los elfos de Beleriand.
            Es muy posible que J.R.R. Tolkien se haya inspirado en algunos arietes verdaderamente monstruosos que existieron durante la edad media, y que hubieran impresionado al orco más aguerrido: concretamente los "beliers" utilizados por cruzados durante el asedio de varias ciudades levantinas en el siglo XII.
            El obispo de Besancon y el duque de Suabia encargaron la construcción de dos monstruosos "beliers" para asediar la ciudad de Acre, en poder de Karakush, el lugarteniente de Saladino. Estos arietes guardaban la forma de castillos de hierro recubiertos de cuerdas que apuntaban hacia el muro a escalar; sus niveles superiores estaban fortificados y en su abertura inferior colgaba la cabeza de una bestia de metal, lista para ser basculada contra los muros de la ciudad o una de sus puertas.
            Los "beliers" avanzaban lentamente sobre sus ruedas sin importarles los esfuerzos realizados por los musulmanes que defendían Acre. Karakush lo intentó todo--desde arrojar columnas de mármol contra ellos hasta incendiarlos con grandes cantidades de madera en llamas, pero las bestias de hierro proseguían su camino de manera inexorable. Bombas de vidrio llenas de nafta, vasijas llenas de alquitrán y azufre, y cilindros del misterioso "fuego griego" impactaban contra las moles sin efecto.
            Cuentan las crónicas que uno de los "beliers" sucumbió por fin ante la golpiza que había recibido, y que los ingenieros musulmanes por fin lograron incendiarlo con grandes infusiones de "fuego griego". El otro acabó siendo capturado por las tropas de Saladino, que no resistieron la tentación de internarse dentro de la gran máquina para satisfacer su curiosidad. Atando cadenas y ganchos de hierro a la estructura, la arrastraron -- cual caballo de Troya -- hacia el interior de Acre, donde la inspeccionaron con calma. Estimaron el peso del armazón y las planchas de hierro que conformaban al "belier" en unas diez mil libras. (4500 kg). Luego consiguieron desmontar la enorme cabeza animal que decoraba la punta del ariete, para enviársela a Saladino..


por Scott Corrales