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Japón, Dai Nihon, o Nipón, cuyo significado en castellano es imperio del sol naciente, comprende las islas de Hokkaido, Shikoku y Kyushu, además de la gran isla que comúnmente se entiende por Japón, cuyo nombre es Honshu. Todas estas pertenecen a una gran cadena de montañas originalmente del continente asiático, que se separaron durante el cenozoico. El pico más alto es el monte Fuji Yama de 3776 metros, un volcán apagado como otros 150 diseminados a lo largo de las cuatro islas, a los que añadiremos 50 más que todavía están activos. Existe poca variedad de minerales, entre los cuales destacamos solo la obsidiana por su importancia durante el neolítico nipón.

Ningún punto de Japón está a más de 161 kilómetros del mar, por ello se trata de unas islas cuya superficie costera rebasa la superficie interior, de montañas altas y valles profundos, con muchas pequeñas llanuras. Por lo escarpado del paisaje, solo un 11% del terreno japonés es cultivable.

Es
un territorio de fuertes perturbaciones sísmicas, con al menos tres de ellas al
día. Esto lleva a que la costa occidental de las islas se asiente, mientras que
la oriental está en ascenso..
Las condiciones climáticas varían mucho dependiendo de la parte del país y de la altura; encontramos veranos húmedos y cálidos que producen una enorme variedad de exuberante flora, y unos gélidos inviernos cuya intensidad aumenta conforme nos acercamos a Hokkaido. Por sus condiciones y su estructura, Japón es un lugar de fauna más bien escasa, descontando por supuesto la abundante pesca que se haya en sus costas.
Prehistoria
y jomon
Los datos que se han obtenido sobre los antiguos pobladores de Japón, nos trasladan de 100 a 50000 años hacia atrás en la Historia. Durante esta era, que allí es llamada senshi (o prehistórica), se produce la separación de la isla respecto de la masa continental de Asia.

Los primitivos habitantes pudieron llegar a través de los puentes naturales previamente a que Japón quedase aislada por varios miles de años. Algunos autores creen que los primeros en llegar fueron los que más tarde serían llamados tribu de los ainu, que se asentaron en la isla de Hokkaido, al norte, y hoy en día siguen existiendo aunque de forma muy reducida.

Sobre la procedencia de esta tribu, existen opiniones muy diversas; algunos creen que cazadores paleolíticos llegaron persiguiendo elefantes de Naumann y grandes cérvidos desde Mongolia, dado que no solo el pliegue de los ojos del hombre japonés es idéntico al del mongol, sino que aparece en los recién nacidos la llamada mancha mongólica, una mancha azul en la espalda que desaparece al año de vida, y comparten japoneses y mongoles.

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Poco se sabe del paleolítico y mesolítico en la isla del sol naciente salvo que su población era cazadora recolectora, y diestra en el uso de armas y herramientas de piedra microlítica, muchas de ellas talladas en obsidiana. La arqueología, todavía joven en aquel país, nos sitúa entre los años 8000 a 7000 antes de Cristo para iniciar el estudio pormenorizado: el neolítico nipón también llamado periodo Jomon, cuyo significado literal es huella de cuerda. Los nativos vivieron en viviendas hundidas con techo de paja, habitadas por un núcleo familiar unicamente con carácter semipermanente, y cerca de la costa, dado que la climatología empeoró durante la época, forzando al ser humano a abandonar las laderas y refugiarse en la costa . Durante esta época predomina la alfarería, gracias a la cual sus habitantes pudieron preservar agua y alimentos, dado que no poseían las técnicas de cosecha propias del neolítico.. Después de torneado, los alfareros jomon cocían el barro en oquedades abiertas en la tierra a temperaturas de entre 500 a 600 grados centígrados. Los diseños exteriores de estas piezas eran marcas en bambú o cuerdas mayoritariamente, sobre el barro todavía blando. Y no solo para guardar alimentos, las vasijas jomon pudieron alcanzar tamaños mayores llegando a servir como ataúdes para niños, o como lugar donde agrupar las ofrendas religiosas antes de ser enterradas. La tradición de la inhumación del cadáver en vasija continuará durante varios milenios, y veremos como durante la restauración meiji, en el siglo 19, todavía se deposita el cadáver en una tinaja. Aparecen otros tipos de alfarería, como representaciones de animales y otras antropomórficas destacando las figuras dogü, donde prevalece la imagen de mujer embarazada con rostro como máscara y ojos prominentes. Es posible que las figuritas dogü tuviesen un significado ritual, dado que se han encontrado muchas de ellas rotas y de una manera aparentemente intencional, como queriendo transmitir a la figura algún mal del cuerpo o del espíritu. Pero esta época no es solo alfarería. Se han encontrado círculos de piedra de aparente significado religioso, de los cuales podemos inferir que veneraban, como tantas otras culturas, la fertilidad, y donde celebraron ritos por la pesca del salmón. En el aspecto funerario encontramos peines lacados, horquillas de espina de pescado, abundantes conchas, y otros ornamentos enterrados junto al cadáver.
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Comienzo
mitológico
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Pero estás no son las crónicas oficiales del pueblo japonés. En el siglo octavo de nuestra era, los emperadores ordenan la compilación del Kojiki, cuya significación es anales de hechos antiguos., y el nihonshoki, cuya traducción es crónicas de Japón. En estos dos relatos, se narra el mito de cómo japón fue creado: “Al principio solo había caos, el aire puro ascendió, y el turbio bajó, formando el cielo y la tierra. Los dioses Izanagui e Izanami removieron el mar con un bastón salpicando algunas gotas que al caer formaron una isla, en la cual yacieron juntos. El fruto de esta unión fue un niño sin manos ni pies, producto de la seducción de la diosa sobre su conyugue. Lanzaron al niño tullido al agua en un bote de caña. Más tarde, la diosa Izanami dio a luz a las islas del país primero, el dios de la casa, el de los ríos, el del viento, el de los árboles. El de la montaña, el de los campos, y el del fuego, muriendo su madre en el parto debido al calor que éste desprendía. El triste y furioso dios Izanagui, mató a su último hijo en venganza, antes de bajar al mundo de los muertos a pedir a la diosa que volviese a la vida, descubriendo que ésta se había tornado una horrible criatura tras ingerir los alimentos del no mundo. Izanagui huyó espantado, y su esposa lo persiguió, ante lo cual el dios desencantado le declaró el divorcio. |
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De vuelta al mundo de los vivos, el dios se purificó en agua, naciendo de su ojo derecho la diosa sol Amaterasu, y de su ojo izquierdo el dios luna. Cuando se lavó la nariz, vio la luz Susano-o, que sería dios de los mares. Este último echaba de menos a su madre, secando con su llanto los montes verdes, y vaciando mares y ríos. En su furia, subió al cielo a visitar a su hermana haciendo temblar la tierra a su paso. La diosa sol lo recibió con sus huestes en armas. Susano-O y su hermana combatieron, saliendo el amo de los mares vencedor , y aumentando con esto su arrogancia. Aunque la diosa perdonó todas las afrentas, Susano-O lanzó la piel de un caballo desollado en la estancia donde su hermana cosía un vestido junto a sus sacerdotisas. Esto mató del espanto a una de estás últimas, por lo que la diosa decidió ocultarse en una cueva celestial, haciéndose la oscuridad en el mundo. |
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| El
resto de los dioses después de un largo debate, idearon un alboroto y
un reclamo para hacer salir a la más benigna de todas las diosas de su
cueva. Una vez ésta asomó la cabeza para ver lo que ocurría, los
demás la ataron con una cuerda y tiraron hacia fuera hasta que salió,
volviendo la luz al mundo. Susano-O fue capturado y exhiliado al cielo. |
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La
suprema diosa solar, o Amaterasu, quiso que el primer país fuese gobernado por
su hijo, por lo que mandó en sucesivos intentos a los suyos, hasta llegar a
Ninigui, su nieto, que bajó a la tierra con tres tesoros: un espejo de bronce,
una espada de hierro, y una piedra preciosa. Ninigui se casaría con la hermosa
Konohana-sakuyahime. Con su unión se iniciaría el linaje de los emperadores de
la tierra del sol naciente, cuyos tesoros serán hasta nuestros días los
objetos que trajo Ninigui consigo. |
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Periodo
Yayoi
| En el año 300 antes de cristo, comienza el segundo periodo de la historia de Japón, el periodo Yayoi, denominado así por los lugares donde los arqueólogos encontraron la cerámica correspondiente a este periodo. A través de Corea, el imperio Chino, que conocía a las gentes de las islas como los Wa, exporta el cultivo encharcado del arroz, el tejido, la tecnología para cocer cerámica a altas temperaturas, y las herramientas de hierro y bronce. |
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| Por esta época, Japón
se hallaba dividido en cientos de estados, acorde con los testimonios chinos al
respecto. Un rey japonés llamado Na, envió a sus vecinos en el continente un
embajador de cortesía, al cual el emperador chino otorgó un sello de oro,
encontrado en la región de Himuka por un campesino hace doscientos años. |
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Periodo
Kofun
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Cincuenta
años después, en el año 300, se inicia una breve etapa en la historia de Japón,
conocida como periodo kofun, o de las grandes tumbas. Durante 200 años, y
paralelamente a la historia política y militar, se edificarán enormes tumbas
como la del emperador Nintoku, tumbas que marcaban la posición social del
difunto puesto que su tamaño era proporcional al del poder que ostentó en vida
el señor o emperador. Estas tumbas, a muchas de las cuales hoy en día todavía
no se puede acceder por la prohibición del gobierno japonés, se llenaban de
espejos, piedras preciosas, espadas, armaduras, hachas, sierras, hoces, y las
figuras de barro que se conocen como haniwa. La costumbre de enterrar estas
miniaturas junto al caudillo, comienza cuando durante el siglo IV, el emperador
ordena enterrar a su hermano muerto junto a sus pajes, aun con vida. Estos
lloraron durante días, y al morir, animales carroñeros devoraron sus restos.
El emperador, horrorizado por tal situación, prohibió las inmolaciones y se
sustituyó el séquito del muerto por una serie de figuritas que acompañarían
al difunto hasta el no mundo. |
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Periodo
Yamato
Como
decíamos, paralelamente al kofun, sigue desarrollándose la vida política y
militar durante el siglo cuarto La autoridad política pasó a la región de
Yamato, cuya dinastía se ha perpetuado hasta nuestros días, sumando así 15
siglos de representar a su pais ante el resto del mundo y ante su propio pueblo.
Algunos historiadores entienden que los Yamato son los descendientes de Yamatai,
y por esto la desaparición súbita de la historia de la región años antes
dominaba por la reina Himiko. Los gobernantes de Yamato usaron una forma primitiva de la
religión ssintoista, que adoraba a Amaterasu, la reina sol, como instrumento
político para dominar sobre las tribus guerreras. Con un dominio relativamente
consolidado, los Yamato deciden el inicio de las hostilidades contra China, para
anexionar territorios coreanos. Aun así, en el año 538, un rey chino regala al
emperador japonés una estatua de buda y la biblia budista.
El
budismo fue fundado en el siglo V por Shaka de Magadha, al norte de la India.
Poco después de su aparición, se convierte en una religión general para prácticamente
toda Asia, incluido Japón, que la adaptará más tarde a su shintoismo por
motivos de los que más tarde hablaremos.

Budismo
El
budismo no quiere satisfacer las necesidades metafísicas del individuo. Más
que una religión, una ética, el budismo busca el conocimiento sobre la situación
humana, los sufrimientos, y las frustraciones del hombre. Adaptó conceptos
tradicionales de la religión hindú como el karma o el nirvana dándoles una
interpretación psicológica para un uso más dinámico y relevante.
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La
iluminación de Buda gira en torno a las cuatro nobles verdades:
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La vida es sufrimiento que nunca termina puesto que, dado que la vida es cíclica,
también lo es el sufrimiento.
::
Sufrimos por el desconocimiento de nosotros mismos, que nos produce terribles
ansiedades, y por el apego a lo material.
::
Dejamos de sufrir cuando superamos nuestra ignorancia y vamos más allá de lo
mundano.
::
Para conseguir esto último, deberemos recorrer el camino de las ocho sendas,
que consiste en tener una adecuada visión de las cosas, buenas intenciones, un
modo de expresión correcto, realizar buenas acciones, tener un modo de vida
adecuado, esforzarse de forma positiva, tener buenos pensamientos, y dedicarse a
la contemplación del modo adecuado.
Periodo
Azuka
Volviendo a la historia del país, hacia el año 593, dentro del periodo Azuka, el príncipe Shotoku, un hombre de mítica inteligencia, se convierte en emperador. Era un convencido budista, que gobernó siguiendo las enseñanzas del boddishatta, construyendo a lo largo de su vida 7 templos, y consolidando el budismo en Japón. Promulgó un código de 17 artículos cuyo fin era crear una nueva ética y política, es decir, la primera constitución japonesa. Estos artículos no eran sino máximas morales de cierta ambigüedad, influidas por el pensamiento chino, los cuales no quedaron muy satisfechos al recibir al embajador japonés portando este nuevo códice, y con un mensaje de Shotoku que decía: “El emperador del país del sol naciente envía esta carta al emperador del país del sol poniente”. El emperador chino se consideraba cima de un imperio que abarcaba toda Asia, y donde él era el único descendiente de los dioses. Esto marca la primera seña de identidad de los japoneses respecto a China.

En
el año 622, Shotoku muere de una enfermedad, siendo considerado tiempo después
como un dios, una encarnación del mismo Buda, y venerado como tal. La
desaparición de este elemento unificador no pudo traer peores consecuencias:
los clanes volvieron a pelear entre si, y las intrigas en la corte derivaron en
el asesinato del hijo del emperador, el suicidio de éste, así como el de
Yamase, hijo de Shotoku. Como nuevos líderes quedaron el emperador Kotoku, y su
príncipe sucesor Nakano-oe, el cual promulgó una serie de cambios en el país,
conocidos como la reforma de Taika, que pasaría por cambiar la capital del
estado a Nara, y la abolición de la propiedad privada, que ahora estaría en
manos del emperador. Las tierras se redistribuyeron más equitativamente, y
funcionarían por un sistema de tributos periódicos al emperador a cambio de
trabajar los campos y vivir se sus frutos.
El
periodo Azuka se cierra con otra serie de incidentes cruentos. Tras la muerte de
Nakano-oe, el cual quería ser sucedido en el trono por su hermano Oama, que
declinó la propuesta, Otomo, hijo de Nakano-oe, asumió el puesto de lider
supremo, y mandó matar a su tío Oama. Éste reclutó soldados en sus
territorios. Y atacó la capital durante la guerra civil conocida como disturbio
jinshin. Oama ganó la guerra, con el correspondiente suicidio de su sobrino, y
se proclamó emperador, bajo el nombre de Tenmu, que favoreció la veneración
del shintoismo, a la vez que dio poderes a los templos budistas, y ordenó la
redacción del Kojiki, y el Nihonshoki, los primeros tratados sobre la historia
del país que existen, y de los cuales derivan las leyendas sobre la creación
del país, y gran parte de la historia precedente a la etapa Azuka . Durante el
siguiente siglo, el budismo llegaría hasta todos los rincones de Japón, y en
la capital, Nara, se construiría un colosal palacio donde se arraigará una
burocracia que marcará el carácter de la política japonesa durante muchas
etapas.
Periodo
Nara
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El
periodo Nara constituye la más fuerte diferenciación de clases vista hasta
ahora en la historia de Japón. Mientras los numerosos nobles celebraban
opulentos banquetes y recitales de poesía, el pueblo vivía una situación de
miseria absoluta debido a que los tributos que debían pagar, tanto en bienes
como en trabajos, no eran proporcionales a los campos que les eran asignados. En
esta época era muy común recitar poemas para cargar el habla de ritmo y emoción.
Uno que define el sentimiento del pueblo es este:
“Siempre
que veo que mi marido va a pie mientras otros esposos van a caballo, lloro en
voz baja y sufre mi corazón. Tengo un buen espejo y un chal, recuerdos de mi
madre, compra con ellos un caballo, mi amado” “Si hiciese eso, irá a pie mi
esposa mientras yo voy a caballo. Quiero que caminemos juntos pisando
piedrezuelas”
Este
poema está recogido en una obra de gran importancia que vio la luz durante el
periodo Nara, el Man-yo-shu, recopilación de unos 4500 poemas entre los que se
hallaban indistintamente aquellos que los emperadores habían escrito, como los
pronunciados por campesinos.
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En
el año 743, el emperador Shomu quiso construir una enorme estatua de Buda, y
para ello pidió a los fieles de todo el país que le ayudasen y proporcionasen
cobre y madera para su realización, puesto que consideraba irracional forzar al
pueblo a construir una obra de estas características religiosas. Cooperaron
cerca de medio millón de voluntarios en una trabajosa elaboración que duró 9
años, y no estuvo exenta de la explotación de los burócratas para con los
fieles implicados, a pesar de las buenas intenciones del emperador Shomu. El
emperador bondadoso, al mismo tiempo que mandaba construir la enorme estatua,
privatizó de nuevo las tierras presionado por los nobles, que querían
administrar sus territorios independientemente del estado. Esto provocó un
debilitamiento del poder imperial, porque a pesar de que los tributos se mantenían,
debían llegar a la capital a través de los gobernantes locales, los cuales en
la mayoría de ocasiones en vez de remitir los diezmos a Nara, lo guardaban para
ellos mismos y su séquito. Adicionalmente, Shomu mandó construir dos templos
budistas en cada región, lo cual supuso una fuerte dilapidación de los
recursos estatales |
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Periodo
Heian
| No solo los humanos han incidido en la historia de Japón, también lo sobrenatural ha dejado mella en el devenir de los siglos; hacia el año 770 gobernaba el emperador Kanmu sobre la capital de Nara, recientemente mudada al norte de la misma región.Uno de los ministros más cercanos a éste, fue asesinado, y el mismo hermano de Kanmu, el príncipe sucesor Sawara, fue uno de los supuestos cómplices. |
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Sawara declaró ser inocente y, en protesta, mantuvo un ayuno y confinamiento que finalmente acabó con su vida tras muchos días de reclusión. Tres años después, morían la emperatriz, la madre, y la esposa favorita de Kanmu. También el país fue azotado por una terrible epidemia, se quemó el palacio real, y la salud del nuevo príncipe heredero empeoró: el espectro vengador de Sawara atormentaba a su anciano hermano.

| En respuesta a esta sucesión de fatalidades y, tratando de escapar a la maldición, Kanmu mudó la capital a Heian, en la actual Kyoto. Resultó una hermosa y gigantesca ciudad a imitación de la capital china. |
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Desde allí mandó conquistar una de las pocas zonas que aun no estaban bajo
control imperial dentro de la isla japonesa, el norte, donde residían los ainu,
primeros pobladores de nihon. Al general que volvió victoriosos de los
territorios controlados por estos bárbaros se le dio el título de shogun, cuyo
significado es “gran comandante general de los forasteros”.
Ya
por el año 804, se incrementaban los deseos del emperador y de los nobles por
aprender lo máximo posible de la esplendorosa y avanzada cultura china. Dos
monjes fueron enviados a su capital para imbuirse de sus conocimientos y
avances. Como resultado, ambos volvieron con el ánimo de fundar las dos sectas
budistas que más importancia tendrían dentro de la historia japonesa a partir
de este periodo: el budismo tendai, y el budismo shingon.
De
estos, nos interesa hablar brevemente del shingon porque despertó un especial
interés sobre la nobleza nipona. Shingon significa “palabras verdaderas”, y
enfoca sus prácticas en los misterios de el cuerpo, la palabra y la mente. Uno
de los factores que hicieron esta variante del budismo tan importante, fue su
plena comunión con el shintoismo clásico, ya que por ejemplo su objeto de
veneración, Buda Vairocana, era idéntico a la diosa del sol shinto, Amaterasu.
Paralelamente
a las nuevas formas de religión importadas del continente, la época heian vería
un auge de su arte arquitectónico, pictórico y poético, donde se verían ya
los rasgos que desmarcarían el arte japonés del chino. Los nobles se convertirían
en no solo políticos sino estetas. En concreto pasarían a la historia dos
sirvientas de las emperatrices, Murasaki Sikibu y
Seisho Nangon. Además de una loable y abundante obra poética, la
primera escribió una novela que hoy en día sigue siendo un clásico de la
literatura nipona, el Guenzi-Monogatari, donde con una expresión sencilla,
argumento ingenioso y profundidad psicológica, se narran los amores de un príncipe
con varias mujeres.
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El
periodo que siguió hasta el siglo 12 estuvo marcado por las disputas entre los
gobernantes, los señores regionales, y las familias nobles. El poder militar
comenzó a pesar tanto como el religioso y político, teniendo lugar el
establecimiento de este nuevo orden con la derrota de la familia Taira a manos
de los Minamoto. La propiedad privada volvió a predominar así como el dominio
de los señores feudales independientes de los designios del emperador. De entre
la confusión surgió la figura del guerrero culto y profesional, el señor de
la guerra digno y honorable, el maestro de las armas y la armadura, que haría
leyenda sobre la historia del mundo: el guerrero samurai. Los samurai pertenecían
siempre a familias nobles, y más que una profesión, significarían una forma
de vida. Siguieron el camino del monje al igual que el del guerrero con una ética
y una decisión que solo su homólogo europeo, el templario ha llegado a
igualar. Sus códigos y valores son seguidos hoy en día por muchas personas en
todo el mundo.
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Periodo
Kamakura
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Yoritomo
fue el primer gobernante o shogun que lideró la nación sin contar con el
mandato supremo del emperador. El poder militar era ahora más fuerte que la
autoridad imperial, pero esta no fue depuesta, dado que el pueblo japonés jamás
hubiese aceptado la no presencia de la familia descendiente de la diosa del sol
Amaterasu, y que por ya un milenio, había dominado el país. Trasladó la
capital y la cúpula de gobierno o bakufu a una nueva capital, Kamakura. |
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Durante
el siglo 13, Japón se enfrenta a la amenaza de una invasión mongola. Nunca
antes se había intentado a esta escala un ataque contra las costas japonesas
por parte de otra nación. Dada su posición apartada del continente, y con ningún
puente natural de acceso, además de su escarpado terreno, el imperio del sol
naciente ha vivido siempre despreocupado de invasiones, y convencido de que en
sus islas tenían todo aquello que necesitaban. Desde 1274 a 1281, se sucedieron
los avances mongoles, que milagrosamente fueron rechazados y no por los ejércitos
japoneses, que desconocían las tecnologías militares extranjeras, sino por
fuertes vientos que azotaron los barcos invasores en plena mar, diezmando sus ejércitos.
Esto sucedería 2 veces durante esta época, y una tercera durante la segunda
guerra mundial, y sería considerada por los japoneses como una ayuda de los
dioses o como este pueblo lo llama, kamikaze.
Después
de este incidente, la existencia de un mundo diferente al propio y al de la
esplendorosa China, fue revelado a los japoneses, que abrieron sus puertas
plenamente al comercio exterior. El país pasó a ser un punto clave en la ruta
de la seda y, dado que el oro era barato en comparación con su valor en China,
los comerciantes europeos como Marco Polo, tuvieron un enorme interés en
conocer lo que aquellas tierras, que llamaban Zipango, podían ofrecerles. Se
generalizó el comercio y la moneda, que se importaba de China. Desde la segunda
mitad de este siglo, proliferaron los piratas, bandidos, ladrones y asaltantes,
que ante la inactividad del shogun y su bakufu, la descentralización del poder,
y las nuevas posibilidades de hurto fácil que ofrecía la moneda, aterrorizarían
a la población japonesa durante seis siglos más.
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En
1333, dos señores de la guerra deseosos de restablecer el gobierno antiguo,
libre de la dictadura militar, reunieron tropas a lo largo del país y atacaron
kamakura, poniendo fin a esta dinastía y dando lugar a que volviese a aspirar
al poder el sucesor de la familia imperial, Godaigo, que tiempo antes ya había
intentado sucesivos golpes de estado contra el gobierno kamakura. No obstante,
uno de los dos libertadores, Takauji, fue quien se convertiría en caudillo de
Japón, tras ofrecer la paz al sucesor de la familia imperial y trasladar la
capital a Kyoto de nuevo. Ni Godaigo ni sus sucesores quedarían conformes con
esta nueva situación, y en repetidas ocasiones desafiarían el poder
gubernamental como herederos legítimos del poder divino, siendo siempre el
resultado una estrepitosa derrota. Era
una época de constantes guerras internas, donde el código de caballería
comenzaba a corromperse; los samurai se volvían codiciosos y renegados, más
fieles a sus familias que a sus señores. Ya se adivinaba que una larga crisis
iba a azotar el país... |
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| Hacia el 1338, gobernaba el emperador Yoshimitsu, de ascendencia imperial y con el título de shogun otorgado por el emperador. Aun así algo faltaba en la corte de Kyoto: los símbolos imperiales, que se fueron junto al esplendor de los emperadores, varias décadas antes. Así, el gobernante hizo volver a la capital al emperador, residente en Yoshino, junto con estos. |
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| Después mandó construir en la región de Muromachi una enorme casa llamada Palacio de la flor, además de formar una tropa permanente establecida en la capital, fijar un orden entre las familias guerreras, construir el kinkakuji, un edificio bañado en oro, y viajar con todo su séquito en numerosas ocasiones para demostrar la alta autoridad del shogun. |
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El arte tuvo un gran esplendor a lo largo de esta época; se iniciaron estilos y formas que perdurarán hasta nuestros días. Yoshimitsu convirtió el teatro pupular conocido como No, que más tarde se convertiría en el famoso kabuki, en una forma artística reconocida entre todas las clases. La ceremonia del te también se inicia durante el periodo muromachi, así como los bellos arreglos florales, el arte abstracto zen, la poesía renga, y el estilo arquitectónico que se ha conservado hasta el siglo 20. Yoshimitsu murió en el 1408, dejando el puesto de gobernante a elección de sus vasallos, popularizando en el país una especie de democracia.
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20
años más tarde, el shogun Yoshimochi moría, y los campesinos a lo largo del
país, hartos de la explotación y el expolio por parte de los samurai, los
comendadores, chambelanes y gobernantes, se armaron en una revuelta por primera
vez, la cual fue aplacada por la corte. A partir de esta fecha, las
insurrecciones serían constantes y, en el 1441, docenas de miles de mendigos y
campesinos sitiaron la capital, atacaron a los comerciantes y prestamistas,
quemaron los templos, y obligaron al shogun a realizar un edicto por el cual se
les devolvería a los campesinos las tierras y bienes hipotecados. Germinaba la
semilla de una conciencia social al margen del amor por la casa imperial, un
amor por lo público y colectivo, una responsabilidad ciudadana en oposición a
los corruptos y ociosos nobles, que hoy en día sigue vigente entre trabajadores
de todas las clases sociales.
Desde
1467 a 1473 se llevó a cabo la guerra entre Yamana Sozen y Hosokawa Katsumoto,
dos terratenientes muy influyentes que luchaban por la hegemonía. Onin-no-ran,
como fue llamada esta absurda guerra, arrasó por completo la bella capital de
las flores, Kyoto.
La
guerra desplazó a los nobles fuera de la capital mientras los señores de la
guerra se disputaban el liderazgo del país, pugna que duraría 100 años.
Japón
se convirtió en un gigantesco campo de batalla donde los campesinos irritados,
los samurai y los soldados luchaban sin tregua. Las tecnologías militares
comenzaron a evolucionar dando paso a la infantería y al espía ninzya, salido
de las filas de los campesinos, y preparado para ser instrumento de una guerra
cruel y traicionera, apartada de las antiguas y ordenadas formas de combatir que
durante siglos marcaron la vida militar en la isla nipona.
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La historia de Japón como pueblo pacífico y prolífico tocaba a su fin. Los guerreros bushi, o samurai, sufrirían duros golpes como el incidente de los 47 samurai ronin, que durante un año prepararon el ataque al noble que destruyó su clan, a sabiendas de que serían ejecutados una vez cumplido su objetivo.

A lo largo del siglo 16, venidos desde el este, aparecieron los
comerciantes europeos. Discutible sería decir si su llegada fue afortunada o
no. Los holandeses trajeron el terrible alcabuz, que pondría en jaque la
supremacía militar del samurai. Los españoles en cambio, traerían al padre
San Francisco Javier, que introdujo el cristianismo...
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Las nubes negras se cernían sobre el imperio. Los siglos venideros verían el surgimiento de importantes y legendarios señores de la guerra como Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi o Tokugawa Ieyasu, que establecería el gobierno en Edo, la actual Tokio. El comercio con el exterior, así como la religión cristiana, fue permitido durante una época para ser prohibido en la siguiente. La época feudal terminará en 1868 con la restauración Meiji, que reestructuró el sistema de distribución de tierra por el actual de prefecturas, y prohibió a los guerreros samurai.
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Actualizado:
lunes, 09 de agosto de 2010
Marco Code
Losvaize