La Espiral Descendente

 

Por Marco Navarro Guerrero

Valencia. 21 Octubre de 2001

 

 

Notas

Este guión debe ser interpretado de la misma forma que ha sido escrito: simbólicamente. Cada tramo en el camino de Duna, representa un sentimiento distinto (Playa: soledad e introversión; pueblo costero: duda y oscuridad; avenida: vacío, soledad y locura; ciudad vieja: caos y maldad), y atendiendo a esto debe ser interpretado tal personaje. Respecto a Israel, uno debería fijarse en el coronel Kurtz de la película Apocalypse Now (Francis Ford Coppola) para comprender su estado de gracia muy lejos de lo humano. El resto de los personajes representan actitudes fácilmente reconocibles y presentes en la vida de la mayoría de las personas que han sufrido por amor. Tanto Dulce como Lucia y Cristina. Serán personajes familiares, de ese tipo que a uno/a le encantaría tener siempre a su lado. Sandra en cambio es un poco más complicada porque debe verse que la mancha en el alma de Israel también han estado en ella, aunque parece que ya está escarmentada y lejos del infierno que Israel lleva consigo.

 

 Guión

 

-Una habitación en penumbra, con las luces de la calle bañando tenuemente el dormitorio. En una cama de matrimonio, con la espalda apoyada en la pared, y mirando hacia la ventana, está Israel, fumando un cigarro ya a la mitad. El espectador lo observa mientras piensa y enciende otro cigarro. Su pensamiento es:

 

Israel (voz en off): Soy un adicto (calada y suelta humo), mi adicción son las emociones. Siempre ha sido así...

Qué existencia tan (levanta los dedos como tocando con las yemas el aire) suave, tan vacía...

Qué aburrimiento... ¿Quién soy? ¿Qué he hecho en mi vida? ¿Cuántos amigos tengo? ¿Crees que he alguien me ha amado alguna vez? Puedo asegurarte que no, que nadie puede tocarme, que nadie puede quererme, que soy el único... puro.

Puro como la soledad, puro como la misma muerte.¿Sabes cómo se siente una persona que está muerta?

¿Sabes lo que es...? ver tu vida pasar manchada en sangre y en lágrimas con esas polillas que devoran tu estómago... poco a poco.

Cuan asfixiante es sentirse viejo, tan cansado de... vivir, de soñar con mundos imposibles que se hacen más reales que lo que mis ojos ven.

No vivo, estoy muriendo, esto es el capítulo final de la pesadilla, esto se acaba, y estoy tremendamente... feliz.

 

(Títulos)

 

-Atardece en la playa, el suave rojo alumbra a Duna, que está sentada en la arena con las piernas encogidas  mirando el infinito con gesto reflexivo.

 

Duna (off): Debo verle. Debo ir, encontrarle, saber cómo está, decirle que le quiero, que esto no se puede acabar así, que debemos vivir lo que nos queda juntos. Tengo que cuidar de él. Seguro que no está bien, que me hecha de menos, que no puede olvidarme. Seguro que se equivocó. Es normal, debió de ponerse tan nervioso cuando lo supo... Tengo que buscarle. Iré al lugar donde nos conocimos, no puede estar en otro sitio. Le diré que le comprendo, que le perdono, que no puedo vivir sin sentirle cerca. Cuando le diga eso me abrazará y todo, absolutamente todo, saldrá bien (Duna sonríe levemente, como esperanzada)

 

-Duna se levanta, y decidida encamina sus pasos hacia la ciudad. Llegando al borde del paseo, todavía en la arena, sus rodillas tiemblan y desfallece por un momento a la vez que se lleva las manos a la sien como si alguien le hubiese clavado una aguja en el cerebro. Se incorpora, y agiliza el paso tambaleándose hacia el interior de la Malvarosa. Camina por la calle en línea recta y poco a poco se para apoyándose en una pared tal como se encorva mirando hacia el suelo como si algo no la dejase respirar, llevándose la mano al pecho. Sufre un flashback:

 

-Duna y su hermana Dulce están en su casa mirándose la una a la otra. Hay un sobre abierto encima de la mesa. Duna está muy triste, y Dulce la mira entre la preocupación y la ternura.

 

Dulce: Duna, cálmate, seguro que encontramos una solución a esto. (se muerde los labios como sabiendo que no dice la verdad)

 

Duna: No, no la hay.

 

Dulce: Con esa actitud seguro que no. Tienes que dejar de pensar en él, porque te ha dejado, no te merece. Sabes que Israel jamás me cayó bien. Yo sabía que tarde o temprano te traicionaría porque ese chaval no estaba bien de la cabeza, solo hacía falta mirar a sus ojos para verlo.

 

Duna: No es verdad, nada de lo que dices lo es. Israel es un ángel que vino del cielo para ayudarme a soñar, y él sigue enamorado de mi, estoy segura de eso. Pero no entiendo como me ha podido hacer esto. No entiendo quién más había.

 

Dulce: (Rogando) Por favor, olvídate de él ya porque cuanto antes comiences, antes volverás a ser feliz. Soy tu hermana y te conozco muy bien. Ahora estás desesperada y pondrías cualquier excusa para no apartarlo de tu corazón, pero te digo en serio que Israel es un canalla y merecería estar muerto por lo que te ha hecho

 

Duna: No digas eso...

 

Dulce: Duna, por favor, olvídalo, y luego seguirás con tu vida como si nada hubiese pasado, volverás a las cosas que hacías antes, a tus viejas amistades, y pronto volverás a encontrar a alguien, pero esta vez merecerá la pena de verdad.

 

Duna: Pero yo no quiero a otro...

 

(Dulce entristece ante la futilidad de sus palabras)

 

-Duna recobra el aliento y continua andando mientras mira todo extrañada, como si las cosas no fuesen lo que solían ser. Está perdiendo la noción de realidad. Finalmente alcanza la avenida (Blasco Ibáñez) y tras cruzar, comienza la ascensión del paseo, que se presenta como una prueba de amor pero también como el túnel que lleva a la muerte. Duna para unos metros más adelante, y mira sumamente inquieta sus manos, como viendo mil gusanos que se deslizan sobre ellas, en realidad está viendo algo que ocurrió en el pasado cercano. La imagen se funde con el momento donde ella se haya mirando el mismo sobre abierto que estaba en la mesa de su casa. Lo tiene en las manos. Cuando mira hacia delante está sentada en un banco de piedra del Jardín de Ayora, y su amiga Cristina está delante. Deben ser las cinco de la tarde.

 

Cristina: Yo lo tendría muy claro: pasa de él. Mira, yo no te voy a fallar solo porque estés enferma. Para mi nuestra amistad es más importante que todo eso, pero por favor, ódiale porque es lo único que puedes hacer ahora mismo. Se que le sigues queriendo y que sientes que nadie te comprende, pero no es verdad. Yo te comprendo y lo que quiero es que no sigas sufriendo. Lo único que puedes hacer para dejar de sufrir es olvidar, y tú ahora mismo no quieres oir hablar de eso, pero aunque duela, es lo que debes hacer. Te lo digo yo que estuve en las mismas. (Duna mira el sobre que sigue en su mano, y vuelve a mirar a Cristina). Desde luego que mi situación ni se parece a lo que te ha ocurrido, pero en lo que se refiere a los chicos se de que hablo, de verdad.

 

Duna: Cristina, no lo se. Es verdad lo que me estás diciendo, pero no puedo hacerlo. Mire donde mire allí está él. Me parece verlo en todas partes, cada vez que veo un chico con el pelo largo se me acelera el corazón, y cuando descubro que no es él, siento alivio pero también inquietud porque no se donde está ni con quien está. No se nada de él, y cuanto menos se más le hecho de menos. No puedo evitarlo.

 

Cristina: Te entiendo, espero que cuando descanses lo suficiente  veas con más claridad la situación, que te centres un poquito en ti misma, y a partir de ahí seguro que la vida volverá a su cauce. Tía, el mar está lleno de peces.

 

-Duna guarda el sobre en su bolso. Ahora uno de los lados del sobre asoma por su bolso recostado sobre un banco de vuelta a la avenida. Duna ha sufrido otro desvanecimiento, y en su delirio ha conseguido alcanzar sin que el espectador lo sepa un asiento donde su pesadilla ha transcurrido durante unos minutos. Ahora ella, que comienza a estar terriblemente agotada, se levanta con dificultad y sigue el camino recto. Ya es totalmente de noche. El paseo continua largo fugando en el horizonte oscuro mientras los coches pasan a ambos lados. Duna está totalmente ida ya, y la realidad que ella ve no parece ser la misma que la que el espectador puede ver. En uno de sus desfallecimientos, el bolso cae y con él el sobre. En su cabeza se suceden varias imágenes, y una de ellas muestra como sentada en el mismo lugar donde ocurre el diálogo con su hermana, abre con extrañeza una carta. El texto de la carta, de parte de una clínica privada, es (al menos esto es lo que el espectador ve): Lamentamos comunicarle, que según los análisis realizados, es usted seropositiva. Duna está aterrorizada. Ese momento de su pasado se funde con el presente de la noche en la ciudad, y violentamente recoge el sobre y sus cosas como si alguien se las fuese a quitar. Se levanta pero sus piernas fallan y vuelve a caer al suelo. Se queda de rodillas unos instantes, llevándose las manos a la sien de nuevo, mirando con horror dándose cuenta de lo grave de la situación. Esta vez no es solo un chico. Duna va a morir y se acaba de dar cuenta. Se levanta rápidamente y aprieta el paso.

En la siguiente escena vemos como sigue su trayecto por la avenida, pero ya está llegando a su final. Está muy cerca de Israel, y es eso lo que la guía. Las universidades a ambos lados de la calle son tétricas a estas horas, y mientras sigue caminando, vuelve a recordar.

Duna está en una cafetería con Sandra, una amiga de Israel. Duna ya sabe que es seropositiva, y también hace unos días que perdió a Israel. Trata de mostrarse madura, pero más bien parece insegura. Sandra la mira como si ya hubiese estado en esa escena antes.

 

Sandra: ¿Eso te dijo?

 

Duna: Si

 

Sandra: La verdad es que Isra a cambiado mucho desde que nos conocemos. ¿Sabes que cuando estábamos en le colegio era listísimo? Nunca sacó menos de un notable, y a los 12 años ya era casi un adulto. Isra siempre ha sido demasiado mayor, incluso para los que tenían más edad que él.

 

(Duna sonríe cortadamente)

 

Sandra: De pequeño decía que se casaría conmigo cuando fuésemos adultos. Soy su mejor amiga, pero de verdad Duna que no comprendo qué le ocurre. No se porqué te ha dejado. Me parece muy fuerte que Israel tenga el sida. A mi nunca me ha dicho nada, y no lo veo capaz de haberte puesto los cuernos.

 

Duna: Pues entonces ya me dirás que coño ha pasado

Sandra: Me pregunto si él lo sabe también.

 

Duna: Yo tampoco se nada. Precisamente te he llamado porque no tengo ni idea de lo que debo hacer.

 

Sandra: La verdad es que si que me extraño un poco que me llamases, sabiendo que nunca te he caído bien (Duna agacha un poco la cabeza). Mira, Israel es super raro. Es el chico más inteligente y a la vez extraño que conozco. Conmigo siempre se ha portado bien, pero creo que es porque siempre hemos estado juntos. Aun así, muchas veces he notado auténtico odio en su mirada... no se, era como si viese un eterno fantasma delante de él. ¿Sabes lo que quiero decir?

 

Duna: Si... Sandra, tía, ¿qué hago? No me coge el teléfono, no está en su casa, y yo quiero verle, de verdad. Aunque esté enferma y puede que muera pronto, quiero pasar esos últimos meses con él.

 

Sandra: Isra vino a verme hace unos dos o tres días (Duna se alarma ante la información nueva). Me dijo que habíais cortado pero no me dio ninguna explicación. Se tomo su café y luego se marchó. Su aspecto era incluso más tétrico que antes de salir tu con él. ¿Cuánto tiempo llevabais? ¿tres años?

 

Duna: y seis meses

 

Sandra: Israel siempre tendrá la mente en otro sitio, eso lo sabemos todos aquellos que le conocemos bien. El piensa demasiado, y a veces se hace preguntas que son totalmente absurdas para una persona normal como tú y yo, pero a él le atormentan hasta el punto de no dejarle dormir. Lo que tienes que hacer es dejar que se le despeje la cabeza solo. Esas crisis no le suelen durar mucho, tal vez una semana. Ya me lo estoy imaginando, en cuanto te des cuenta estará llamando a la puerta de tu casa con un montón de palabras preciosas para ti y mil razones por las que te pedirá perdón y te prometerá que no volverá a ocurriros nada (dice esto como si no fuese la primera vez que lo dice en esta situación)

 

Duna: ¿Tu crees?

 

Sandra: Claro que si, tu déjale que se raye solo, ya volverá. De todas formas si le quieres ver, aunque no te lo recomiendo, seguro que lo encuentras en el Carmen el jueves por la noche.

 

Duna: Muchas gracias, me has ayudado mucho.

 

-Duna esta llorando ahora. No tiene esperanzas y se está lanzando a cometer un error. Se la ve visiblemente fatigada y enferma ahora. Está sobre el puente de enfrente de viveros ahora, el paso se hace lento y pesado, hasta que finalmente cae al suelo. No hay nadie allí para ayudarla. Duna se arrastra unos metros sobre el pavimento del puente. Mira hacia delante, y vuelve a recordar. Su casa, Israel está de pie en el salón mirando hacia las cortinas, las luces están apagadas, y la luz de la calle recuerda la primera escena. Duna está sentada en la misma silla donde habló con su hermana. Está triste pero su mirada es intensa. No sabe lo que decir. Hay un incomodo silencio. Israel se gira y Duna busca su mirada. El alza las manos levemente, las mira, y luego mira a Duna.

 

Israel: Mis manos están manchadas en sangre, y ahora tú también has sido tocada por mi destino. Nunca podrás escapar de esta maldición. No puedo decir que lo sienta, porque no tengo corazón para sentirlo.

 

-Israel avanza hacia la puerta y sale mientras Duna le sigue con la mirada sin decir palabra.

De vuelta en el puente, Duna se levanta y mirando la oscuridad del río dice: Necesita mi ayuda.

Camina ahora en dirección al casco antiguo.

Poco después, en la calle de la Paz, y sentada, una chica la está esperando. Se trata de Lucia, otra de sus amigas. Duna sonríe y acelera el paso hasta llegar donde está ella. Lucia se levanta y la abraza.

 

Lucia: (tono muy cariñoso) Cuanto tiempo sin verte peque.

 

Duna: Luci, estoy muy mal, he cortado con Israel.

 

Lucia: Lo se, ya me lo han contado.

 

(El abrazo cesa)

 

Lucia: Te acompaño un rato, y así hablamos.

 

(Duna y Lucia siguen hablando. Desde otro ángulo el espectador ve como Duna está hablando sola)

 

Duna: ¿Qué hago cuando lo encuentre?

 

Lucia: Se fuerte, y cuando llegue el momento, se lo más todavía. Un hombre solo quiere a una chica fuerte. No te tiene que ver así.

 

Duna: Tienes razón, debo ser fuerte.

(pasan por al lado de una superficie que reflecta, y una vez más puede verse que Lucia no está ahí)

 

Lucia: Dile que le quieres sinceramente, y que vas a ayudarle. Anímale, o si no lo perderás para siempre.

 

Duna: ¿Pero cómo?

 

Lucia: Con valor. Israel es el hombre de tu vida, y se que no le dejarás marchar.

 

-Duna vuele a sufrir otra vez un ataque, y cuando abre los ojos, Lucia ya no está ahí.

Duna llega a la ciudad vieja, y en nada más entrar en los callejones, le parece ver la sombra de Israel alejarse hacia el interior de la ciudadela. Ella corre, en la calle hay gente pero Duna no los ve. Empuja a un chico en su carrera, pero no oye cuando este se queja por el golpe, puesto que realmente ella se ve sola. Tal como se interna en el caos urbano, su visión se hace más y más grotesca. Está al límite de sus fuerzas pero no deja de andar.

Finalmente se para, como si lo hubiese perdido. Mira a su alrededor un par de veces con vértigo. No sabe donde ir ni a donde mirar. De repente ve la figura de Israel doblando una esquina, y sale corriendo hacia delante. Al llegar, él no está ahí.

Duna camina por las calles oscuras, más que caminar está vagando sin rumbo. La situación es más caótica que nunca, y las voces de sus recuerdos se funden con la realidad. Ella se mueve poseída por la desesperación. Gira una esquina, y allí, desde el centro de la calle, ve a Israel, en pie, apoyado de espaldas contra una pared, y abrazándole, una chica. El no parece estar insatisfecho. Duna camina unos pasos con la mano extendida hacia delante, como queriendo tocarle, y cae de rodillas totalmente trastornada. Sus ojos solo reflejan locura.

Israel se da cuenta de que su ex novia está allí, aparta a la chica que tiene delante sin mucho apuro, y mirando fijamente hacia Duna, sonríe sarcásticamente, coge la mano de la extrañada muchacha, y se van hacia la dirección contraria a donde yace de rodillas la pequeña y paralizada Duna. Avanzados unos pasos, la chica se gira hacia Duna y detiene el paso de Israel.

 

Chica (mirando a Israel): ¿Y esa quien es?

Israel: No es nadie

Chica: Vale, me parece muy bien, pero ahora dime lo que pasa porque esto es muy raro.

Israel: Ella es una sombra

Chica (extrañada): ¿Qué?

Israel: Es una pobre niña muy lejos de su mundo. Creo que se ha perdido.

Chica: Entonces, ¿la conoces o no?

Israel: Conocí su fragilidad y lo mediocre de su alma en otro tiempo, cuando yo todavía estaba aquí.

Chica: ¿Qué estas diciendo?

Israel: Tú algún día también te iras. A todos se nos llevan tarde o temprano, pero no te preocupes. A donde ella y tú vais es un lugar mejor que mi destino.

Chica: Me estás tratando de decir algo, pero no te comprendo. Lo mejor será que ayudemos a esa chica

Israel: No, a ella nadie la puede ayudar.

Chica: ¿Y quieres decir que yo acabaré igual?

Israel: No, tu no, porque yo me iré antes que tú. Y ahora vamos, no me gusta esta calle.

 

Continúan el trayecto y se pierden tras una esquina. La chica ya no le coge de la mano.

Transcurren unos minutos. Una chica camina por la calle transversal a donde Duna ha perdido la razón. Vuelve la cabeza en una de las bocacalles y la ve allí, de rodillas y con los brazos desplomados sobre el suelo. Camina hacia ella.

 

Chica: Oye, ¿te encuentras bien?

 

(Sigue avanzando y se pone delante de ella, se asusta al ver su estado)

 

Chica: Venga cielo, levanta y te acompaño a tomar un taxi.

 

(Intenta levantarla pero Duna está mentalmente muerta, y el cuerpo pesa demasiado para la constitución de la chica)

 

Chica: Vamos, levanta (hace un esfuerzo y la pone medio de pie, apoyándola contra un coche). No me hagas esto. ¿Qué narices te has tomado?

 

(Una lágrima cae por la mejilla de Duna, y sus labios hablan débilmente)

 

Duna: Déjame aquí, quiero estar sola...

 

(La chica se aparta y ve como Duna puede mantenerse de pie)

Chica: ¿Seguro que puedo irme? ¿Sabrás llegar hasta tu casa?

(Espera una respuesta, pero Duna solo cierra los ojos)

 

Chica. Si así lo quieres... Esta bien. Oye, cuídate y nunca más te vuelvas a pasar tanto con las movidas que tomes.

 

-Se va y Duna queda sola otra vez, de pie apoyada en el coche, con la misma expresión vacía. Da cinco pasos, pero todo se enturbia para ella, y el último hálito de vida encarnado en una expresión de dolor mientras cae al suelo, es su despedida del mundo.

La calle sigue vacía, triste, oscura. El cuerpo de Duna está bocabajo con la cabeza mirando hacia un lado, con los ojos abiertos, inmóvil como una estatua. Su cuerpo reposa sobre la suciedad.

Duna ha muerto

 

 

Fin

Para bajar el cortometraje (versión con final alternativo) necesitas el programa emule y pulsar sobre este link.

Vuelve a Blues

Actualizado: lunes, 09 de agosto de 2010
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