Oda a Miyazaki
Siempre que reflexiono sobre mi patrimonio cultural, hay un arte cuyo nombre se repite una y otra vez: el cine. Desde que tengo uso de razón, o al menos, desde que mi memoria lo permite, toda la vida me ha invadido una extraña admiración por el celuloide. Nombres como los de Kubrick, Spilberg o Kapra, no solo representan una pieza clave en mi crecimiento, sino una forma diferente de ver el mundo, un mundo, que sin esos grandes personajes, no seria el mismo.
Pero existe una persona que, supongo por circunstancias ajenas a mi voluntad, no descubrí hasta ya muy entrado en la adolescencia. Y es una pena, pues sin él, eso que llaman séptimo arte, no lo sería tanto. Por supuesto, hablamos de un genio destinado a revolucionar el mundo de la animación y por supuesto, hablamos de Hayao Miyazaki, una persona que sorprende por su desbordante imaginación y conmueve con sus historias, porque, sinceramente, muy pocas películas me hicieron sentir (y hablo de cine con mayúsculas) tánto como La Princesa Mononoke. Resulta, cuan menos desalentador, la poca repercusión de la obra cinematográfica de este dinosaurio de la pantalla, pues, sin sofisticados métodos, sin efectismos y sin bobaliconería, Miyazaki ha hecho derramar lágrimas y palpitar corazones a mas de uno. Tan acostumbrados como estamos al cine con estética video-clip, a la violencia sin sentido y al drama lacrimógeno; es de agradecer la llegada de este poeta del dibujo en movimiento. Cierto que Disney siempre ha estado ahí, con masterpieces como Blancanieves , pero que por desgracia se ha anclado en el pasado, y sus ultimas obras ya no poseen el encanto de antaño. Y por eso ha llegado el momento de revindicar a este coloso y su legado. Películas como Mi Vecino Totoro, Kiki o Porco Rosso, revelan a un director de calibre excepcional, y es que, cualquier adjetivo se quedará corto para describir a tan bellísima persona (porque, joder, lo tiene que ser) Incluso su única intervención en el manga, Nausicaa del valle del Viento, esta destinada a convertirse en clásico del medio, una lectura obligada.
Y qué decir de su capacidad de creación de personajes, adorables todos ellos, especialmente las llamadas chicas Miyazaki: alegres, inteligentes, tenaces, impulsivas, incluso cuentan con esos defectos que hacen a una mujer mas adorable aún. Y es que, yo siempre lo digo. Pon una chica Miyazaki en tu vida, y serás más feliz.
Pero bajemos de las nubes. Bien es cierto que teniendo en cuenta la situación del mundo actual, resulta paradójico el idealizado mundo que nos describe el genio nipón en sus producciones. Pero por favor, hacedme caso, y dejaos inundar por su candor, dejaos caer en su precioso mundo. Os sentiréis mas felices. Y yo también.
Pablo

Actualizado: martes, 04 de mayo de 2004
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