ENCONTRAR A UN HOMBRE MUERTO
Por Kenneth Robeson
(Emile Tepperman)
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ENCONTRAR A UN HOMBRE MUERTO
por Emile C. Tepperman

Un testigo de confianza vió como Dick Benson arrojaba a un antiguo abogado por la ventana... ¡y su única coartada era un hombre que llevaba muerto dos años!



 DICK BENSON torcía por Summer para entrar en la calle Chatham, cuando, desde algún lugar por encima suyo, una mujer, desde una ventana, gritó:
 -¡Cuidado!
 Reaccionando instintivamente ante aquel repentino grito de aviso, Benson se arrojó hacia adelante y a la derecha, aterrizando junto al muro del edificio, justo en el instante en que algo se estrellaba contra el pavimento con un macabro y enfermizo sonido.
 Benson se pueso en pie al instante. Un simple vistazo fue suficiente para decirle qué era lo que había estado a punto de caerle encima. No era un espectáculo agradable, contemplar el cuerpo reventado de aquel hombre, que yacía siniestramente inmóvil sobre la acera. Benson limpió una gota de sangre que había salpicado su mejilla. Su rostro mostró una expresión dura, severa, mientras saltaba a la calzada y miraba hacia arriba.
 La mujer que le había gritado el aviso yacía con los brazos colgando sobre el quicio de una ventana de la segunda planta, con una laxitud que parecía mortal. Por encima de ella, el hotel -de aspecto más bien pobre- ascendía cinco plantas más. Todas las ventanas en la zona de la fachada por la que el cuerpo del hombre se había precipitado, estaban a oscuras. No había otra manera de saber desde donde había caído. Incluso podía haber sido desde la azotea.
 Un ruidoso gentío, formado por espectadores asombrados comenzaba a congregarse junto al cuerpo destrozado, y un patrullero se abría paso entre ellos. Por unos instantes, Benson fue olvidado. Consiguió apartarse de la multitud de curiosos, y se dirigió hacia la entrada del hotel.

 Algunas personas habían salido corriendo del inmueble, con el rostro pálido y desencajado. Uno de ellos detuvo a Benson para preguntarle:
 -¿Quién era?
 Benson se encogió de hombros.
 -¡Si no lleva documentación va a resultar muy difícil saberlo!- Se zafó de aquel hombre tembloroso y pasó a través de la puerta de vaivén hasta el edificio del Hotel. Sus ojos estaban alerta, y sus labios firmemente apretados. Si su presentimiento era cierto, conocía perfectamente la identidad del muerto. Pero no estaba dispuesto a compartir con nadie ese conocimiento... al menos de momento.

 Al entrar en el inmueble, comprobó que la recepción se hallaba desierta. El encargado debía ser uno de los que habían salido corriendo al exterior. Benson se giró sombríamente hacia los ascensores. Uno de ellos se hallaba en la planta baja, pero el ascensorista no estaba. También él debía haber salido corriendo a la calle. Benson se encogió de hombros, y comenzó a entrar en el ascensor.
 Pero justo en ese momento, escuchó unas rápidas pisadas en las escaleras, y una joven apareció; descendía torpemente, agarrando la barandilla con una mano, mientras que con la otra, asía un fino camisón. Había sangre en su rostro, que provenía de un corte, en un lado de la cabeza. Su cabello, corto y oscuro, estaba manchado, y había un poco más en la parte delantera del camisón. Tenía los ojos enfurecidos y vidriosos, y su labio inferior temblaba.
 Tropezó en el último escalón, cayendo asustada sobre el suelo. Permaneció allí, apoyando la cabeza sobre uno de sus brazos.
 -¡Asesino!- musitó ella. -¡Él ha matado a mi padre! Le empujó por la ventana. Y luego intentó matarme a mi también...
 Dick Benson se disponía a acercarse a ella, cuando un soplo de aire penetró en el edificio; provenía de la puerta, por la que estaba entrando el patrullero.
 -¿Qué está pasando aquí...?- dijo el policía.
 Benson se inclinó sobre la chica y el patrullero se acercó a la carrera. Miró a Benson con la sospecha pintada en su rostro.
 -¿Quién es ella?
 -Creo que es la hija del fallecido,- le dijo Benson.
 La muchacha levantó la cabeza y repitió su acusación.
 -¡Dios mio!- Musitó el patrullero. Agarró a la joven por el brazo. -¡Pobre chiquilla! Tu sólo dinos quién ha sido, y te aseguro que le atraparé. ¿Quién ha empujado a tu padre por la ventana? ¿Quién ha intentado matarte?
 Los aterrorizados sollozos de la joven aún hacían que su cuerpo se agitara. Giró la cabeza y miró a Benson, y, entonces, le señaló con el dedo, acusándole.
 -¡Ha sido él! ¡Él ha empujado a mi padre por la ventana!
 -Espera un momento, chiquilla,- dijo Dick Benson. -Intenta dominarte. No sabes lo que estás diciendo.- Lanzó una rápida mirada al patrullero y le dijo, -Esta chica está histérica...
 -Así que está histérica, ¿Eh?- gruñó el patrullero. -Puede que lo esté, o puede que no. ¡Pero no se mueva, señor!- Sacó su revolver de servicio y apuntó a Benson. -Apártese de esta chica, ¡Y mantenga las manos donde yo pueda verlas!
 Por encima del hombro, llamó a la multitud que había entrado desde la calle:
 -Uno de ustedes, por favor, llamen a comisaría. ¡Díganle al sargento que tengo aquí a un asesino!
 -¡No me sea estúpido!- dijo Benson agriamente. -Acabo de entrar desde la calle. Yo no podría haber matado a su padre. ¡Y mientras usted está aquí, perdiendo el tiempo, el verdadero asesino está escapando!

 El recepcionista del hotel se encontraba llamando a la comisaría, y el gentío murmuraba excitadamente, mirando a Benson con descaro. Uno de ellos dijo:
 -¡Habría que linchar a estos condenados asesinos!

 Benson se volvió hacia la muchacha, que aún se hallaba tendida en el suelo.
 -¡Escúchame! Tu eres Elsa Hammond, y yo soy Richard Benson. Tenía una cita con tu padre, para las ocho en punto de esta tarde. Me hallaba de camino a dicha cita cuando todo ocurrió...
 -¡No, no!- Exclamó la joven. -Ya habías llegado. Entraste en la habitación y yo te ví. Estaba allí. Vi tu rostro, y recuerdo tu vestimenta. Incluso esa corbata verde. Se suponía que ibas a ayudar a mi padre. Tu eres Richard Benson... el detective. Papá te llamó para pedirte ayuda... ¡Y le mataste!
 El patrullero les miró confundido.
 -¿Un detective?- dijo. -¿Usted es detective?
 Benson asintió.
 -Matthew Hammond... el padre de esta chica... me telefoneó esta misma tarde. Se había topado con cierta información que podía provocar que le mataran. No se atrevía a salir del hotel. Me pidió que acudiera aquí esta misma tarde, después de que oscureciera. Pero antes de que yo llegara, alguien debe de haber dado con él...
 -No ha sido "alguien"-, dijo dramáticamente Elsa Hammond. -¡Has sido tu! Llegaste aquí y hablaste con papá durante cinco minutos, mientras yo me quedaba leyendo, en una esquina. Entonces te levantaste de repente, sacaste un arma y heriste a papá en la cabeza, y luego le arrojaste a través de la ventana. Luego fuiste a por mi, y me heriste con el arma, pero sólo me arañaste la cabeza. Yo grité, y corrí a la habitación de al lado, cerrando la puerta, y tu te fuiste. Cuando escuché que la puerta se cerraba, salí al vestíbulo y corrí escaleras abajo. Cuando llegué aquí abajo, estabas justo donde estás ahora mismo. ¡Debes haber bajado justo delante de mi!

 Frunciendo el ceño, Benson estudió a la chica. Tendría unos dieciocho años. Había en ella, un extraño aire de inocencia poco sofisticada, que no acababa de encajar con la terrible mentira que estaba contando. Pero era difícil pensar que realmente creía lo que decía, o que había sido coaccionada por alguno de los muchos enemigos de Benson.
 El hecho de que fuera capaz de actuar de esa manera... con el cadáver destrozado de su padre yaciendo ahí fuera sobre el pavimento... era algo bastante macabro.
 Pero, mientras tanto, el verdadero asesino de Matthew Hammond debía de haber escapado tranquilamente por la salida trasera. Con toda seguridad, el asesino habría elegido no permanecer en el hotel. Ya no tenía sentido buscarle allí ni registrar el lugar. Benson se encogió de hombros y se resignó a esperar la llegada de los detectives de homicidios.

 No tuvo que esperar mucho tiempo. En pocos minutos, un grupo de hombres pequeño y compacto, se abrió paso a través de la multitud que había en el edificio. Al frente de aquellos hombres, se hallaba el Capitán Dolson.
 Dolson conocía bastante bien a Dick Benson. Frunció el ceño cuando vio que el patrullero apuntaba a Benson con el revolver.
 -¿Qué es todo esto, McClure?- Preguntó. -No me diga que el señor Benson es su famoso asesino.
 -Si, señor,- dijo el patrullero McClure. -¡Esta muchacha le ha acusado!

 Sólo unos pocos minutos después, el edificio había sido despejado de la multitud de curiosos, y el Capitán Dolson escuchó el relato de la joven. Cuando la muchacha hubo concluido, el policia miró a Benson.
 -¿Cree que podrá aclarar todo esto con facilidad?
 -¿Qué? Oh, si. Eso creo. Todo lo que necesito es probar que me encontraba en la calle cuando el cuerpo aterrizó. Y habría caido encima mio si una mujer, allí arriba, no me hubiera gritado un aviso. Estaba asomada por una ventana del segundo piso. Podemos subir, y ella podrá decirle que me vio en la calle.
 -Pues entonces subamos,- dijo el capitán.

 Hizo una seña a uno de sus hombres, que entró con ellos en el ascensor. Mientras subían, Dolson dijo:
 -¿De qué trataba esa información que Hammond quería proporcionarle?
 Los ojos de Dick Benson mostraron una mirada pensativa.
 -Trataba acerca de un muerto,- dijo.
 -¡Un muerto!- Exclamó Dolson. -¿Quiere decir que ha habido otro asesinato más?
 -No. Esto concierne a un hombre llamado Egon Black.
 -¡Egon Black! Ese es el tunante que usted capturó hará cosa de un año... ¡El tipo que dirigía el Sindicato de la Muerte!
 -Exactamente.
 -Fue usted el que le capturó. Le entregó a la policía, y él escapó. Contaba con una Organización muy poderosa, y pudo hacerse con un avión para su fuga. Pero el avión se estrelló, y él se quemó hasta morir en aquel accidente.
 -Exacto,- dijo Benson.
 -Pero ¿Qué podría haberle contado Hammond sobre eso? ¿Qué tipo de información podía haber tenido Hammond como para que significara su muerte?
 -¡Me contó que Egon Black aún estaba vivo!
 -¡Imposible!
 Benson se encogió de hombros.
 -Eso es justo lo que pensé yo. Pero Hammond me dio ciertos detalles... detalles que nadie podría conocer, excepto el mismo Egon Black o mi propia agencia.
 -¿Y vino usted aquí pensando que Egon Black seguía con vida?
 -No podía estar seguro de nada, pero tenía que investigarlo. Ahora, tras ver el cadáver de Hammond, me inclino a pensar que si.

 Los tres hombres llegaron a la segunda planta, y caminaron por el pasillo hasta la puerta de la habitación que daba a la fachada, desde la que la mujer le había gritado el aviso. El encargado del hotel, que también les acompañaba, dijo:
 -La dama que se aloja aquí es una tal Señora Linton. Lleva aquí ya un par de semanas.
 Dolson asintió, golpeando la puerta.
 -Todo lo que necesitamos, señor Benson, es la declaración de esta mujer de que le vio en la calle mientras el cuerpo caía. Eso probaría su inocencia...- Frunció el ceño, volviendo a llamar a la puerta. -Pues parece que no contesta. Debería saber que vendríamos a interrogarla...
 -Creo que se desmayó cuando el cuerpo se estrelló,- dijo Benson. -Puede que aún no haya recobrado la consciencia.- Miró al encargado. -Será mejor que abra la puerta.
 El encargado asintió, nervioso, y extrajo del bolsillo su llave maestra. En unos instantes, abrían la puerta y entraban en la habitación.
 Indudablemente, el cuerpo de la mujer yacía contra la ventana, con la cabeza sobre el quicio.
 -¡Es demasiado tiempo para ser un desmayo!- dijo Dolson. Caminó hacia ella, mientras decía al encargado: -Traiga algo de agua, haga el favor...- Entonces se detuvo de repente, observando a la mujer. -Olvide eso del agua,- dijo en voz queda.
 Dick Benson sintió un súbito escalofrío por todo el cuerpo. Se movió hacia el lugar en el que permanecía el capitán, y una vez allí vio lo que Dolson estaba mirando.
 La mujer estaba muerta. Había una herida de bala, pequeña pero nítida, en su mejilla derecha. Después de todo, no se había desmayado. ¡Había sido disparada desde la calle, probablemente con un rifle con silenciador!
 -Bueno,- dijo el Capitán Dolson, -¡Esto echa al traste su coartada!- Su tono era ligeramente menos cordial que antes. Había un cierto brillo de sospecha en sus ojos.
 Benson frunció el ceño mientras observaba el cuerpo de la mujer.
 -Pobre mujer,- dijo. -Ha sido una víctima inocente. Tuvo la mala suerte de estar mirando por la ventana cuando cayó el cuerpo de Hammond. Debieron dispararla nada más gritarme el aviso.
 -La han disparado, si,- repitió Dolson. -Pero ¿Quién lo hizo?
 -Uno de los hombres de Egon Black.
 -¿Por qué? ¿Por qué querrían matarla a ella?
 -¿Acaso no lo ve? Querían eliminar cualquier coartada a la que pudiera aferrarme.
 -¿Quiere usted decir que ese tal Egon Black... suponiendo que aún esté vivo... planeó enrredarle en el asesinato de Hammond?
 -Puede que no lo planeara anticipadamente,- dijo Benson pensativo.- Puede que el tirador estuviera aparcado en la calle para abatirme cuando yo apareciera. Pero entonces, cuando el cuerpo de Hammond cayó hacia la calle justo en aquel minuto, el tirador se vio en la necesidad de pensar rápidamente. Debió figurarse que yo entraría a toda prisa en el hotel, y que Elsa me acusaría del asesinato...
 -Espere un momento,- dijo el capitán de homicidios. -¿Cómo iba a poder saber el francotirador que Elsa iba a acusarle a usted del asesinato?- En aquel instante, sospechaba abiertamente de Benson. -La única razón por la que Elsa Hammond le acusara del asesinato de su padre es que le viera cometerlo.
 -Por supuesto,- dijo Benson. -Ella me vio hacerlo.
 -¿Qué... quién... ?- Dolson empezó a atragantarse. -Primero dice usted que estaba en la calle; y luego me dice que Elsa le vió mientras mataba a su padre...
 Benson sonrió friamente.
 -Ella cree que me vio hacerlo. ¡El hombre que asesinó a su padre debe haber sido maquillado para parecerse mucho a mi!
 -Está usted loco...
 -Egon Black debe haberse enterado de mi cita con Hammond; seguramente incluso escuchó la conversación telefónica. De manera que ordenó a uno de sus hombres para que se maquillara para imitarme, y para que llegara cinco minutos antes. No olvide que Hammond no me conocía en persona, de modo que el engaño sería muy sencillo de realizar. El objeto de la farsa era, desde luego, conseguir que Hammond revelara su información al impostor, y luego matarle. Y eso fue lo que hicieron. Se disponían a matarme también a mi, en la calle; pero cuando cayó el cuerpo por la ventana justo en ese momento, decidieron que intentarían inculparme del asesinato.
 El Capitán Dolson estaba muy lejos de quedar convencido.
 -Eso es un montón de teorías, señor Benson; pero lamento decirle que no hay nada que las pruebe. La única evidencia que tenemos hasta ahora es la declaración de Elsa Hammond, asegurando que USTED fue el que asesinó a su padre.
 -Vamos abajo,- dijo Benson. -Hay varias personas del edificio que se toparon conmigo en la calle justo después de que cayera el cuerpo de Hammond. Quizás ellos puedan identificarme.

 Pero en la parte inferior del edificio, la suerte estuvo de nuevo contra Richard Benson. El único que podía recordar haber parado a alguien para preguntar qué había ocurrido, era el recepcionista del hotel; se limitó a mirar fijamente a Benson, y dijo:
 -Lo siento, pero no sabría decir si este era o no el hombre al que pregunté. Había muy poca luz en la calle, y todo estaba en penumbra... y yo acababa de salir de un edificio bien iluminado, de modo que, por unos instantes, no pude ver bien. Además, estaba demasiado nervioso como para fijarme en el rostro del hombre. De todos modos, ¡No creo que se trate de él!
 Elsa Hammond estaba sentada en uno de los sillones del vestíbulo, bajo los cuidados de una policía femenina. Señaló a Benson con un dedo tembloroso, y exclamó:
 -No permitan que se libre tan fácilmente. ¡Él es el asesino, él mató a mi padre!- Entonces enterró la cara en sus manos, y comenzó a llorar de nuevo.
 El rostro del Capitán Dolson motró una expresión adusta y severa.
 -Richard Henry Benson,- dijo, -Queda usted arrestado, acusado de asesinato con premeditación. ¡Le prevengo de que cualquier cosa que diga, podrá ser utilizada en su contra!
 Dick Benson sonrió con amargura. Otra vez la maldita identificación de Elsa Hammond... Por lo visto, no le quedaba ya más que una vía de acción. Para exculparse, debería atrapar al verdadero asesino... Egon Black.
 Pero lo único que tenía era el susurrado informe de un hombre que había sido asesinado, diciéndole que Egon Black seguía con vida. Legalmente, Egon Black había fallecido. De modo que, con el fin de probar su inocencia... ¡Debería encontrar a un hombre muerto!
 Pero antes de poder hacer todo eso, debería liberarse. Como preso, retenido para comparecer ante el gran jurado, por un cargo de asesinato, no tendría ninguna posibilidad de encontrar a Egon Black.
 -Venga conmigo,- le dijo el Capitán Dolson, agarrando su brazo y mirando a sus detectives para que se situaran alrededor suyo. -Iremos a la oficina del Fiscal de Distrito...
 Y fue en ese preciso instante cuando Nellie Gray entró en el inmueble.

 Nellie Gray era de pequeña estatura, pelo claro, hermosa y delicada. No aparentaba tener más edad que una estudiante de último curso del Instituto. Pero en su caso, las apariencias engañaban. Más allá de su talante inocente, se escondía una mente tan fría y decidida como la del más rudo luchador; y el entrenamiento que había recibido de Benson para convertirse en su ayudante, la había hecho más que capaz de cuidar de si misma... y de otros... en cualquier situación, por peligrosa o desesperada que fuera.
 En el interior del hotel, todo el mundo estaba tan impresionado ante el terrible drama del asesinato y posterior arresto, que nadie pareció notar su llegada; es decir, nadie excepto el mismo Benson.
 Benson arqueó las cejas, sacudió la cabeza casi imperceptiblemente, y Nellie captó al instante su señal. La joven paseó distraidamente hasta situarse detrás de los sillones del vestíbulo, donde quedó completamente oculta a la vista.

 Benson permitió que el Capitán Dolson le llevara del brazo en dirección a la puerta. Dolson llamó a la mujer policía por encima del hombro:
 -Traiga a Elsa Hammond con nosotros, señora Merkle. Nos acompañará al centro de la ciudad. El Fiscal del Distrito querrá tener una declaración jurada suya para encarcelar a Benson.
 
 Benson salió con él a la calle, y Dolson le condujo hacia un sedán de la policía que estaba aparcado en frente. Los dos detectives se pusieron a su altura, cada uno de ellos al lado de Benson, agarrando su brazo; a pocos pasos por detrás, les seguía la mujer policía junto a Elsa Hammond. Dolson abrió la puerta del coche y señaló a su prisionero que debía entrar en él. Tan pronto como Benson estuvo en el interior del vehículo, hizo una señal afirmativa a Elsa Hammond, que también entró. Benson se sentó en el borde del asiento, con los musculos tensos, como si estuviera esperando que ocurriera algo. Dolson empezó a entrar en el vehículo. Puso el pie sobre el interior del automóvil...
 Y como si aquello hubiera sido algún tipo de señal, en aquel mismo instante se escucharon cuatro estampidos de pistola, en rápida sucesión, provenientes del interior del hotel.
Inmediatamente después, se escuchó el alarido de una joven, presa del más absoluto horror. 
Y después de aquel grito espantoso, se escucharon las palabras: 
  

 -¡Socorro! ¡Asesino! Policía...
 La última palabra fue acallada por otros dos disparos más.

 Benson permaneció sentado en silencio, junto a la aterrorizada Elsa Hammond, intentando reprimir una sonrisa. Evidentemente, había reconocido la voz como la de Nellie Gray. Estaba representando su drama teatral con gran talento, con ayuda de su automática como pieza orquestal.
 El Capitán Dolson y los detectives no perdieron tiempo en ponerse a la acción. Frenéticamente, extrajeron sus revólveres, y empuñándolos, regresaron hacia el hotel, olvidando momentáneamente a su prisionero.
 Benson siguió sentado e inmóvil, observándoles durante los dos segundos escasos que les llevó cruzar la puerta hasta el interior del edificio. Entonces chasqueó la lengua, pasó junto a Elsa Hammond y cerró la puerta del auto.
 Elsa le miró con los ojos asustados, y muy abiertos.
 -¿Qué... qué va a hacer usted?
 Benson no respondió. Pasó las piernas por la parte superior del asiento delantero, y se deslizó ante el volante del conductor. Giró el contacto, apretando el botón del starter, y metió primera. Apretó el acelerador, giró un poco el volante, y el coche se apartó de la acera con la velocidad de un antílope que estuviera siendo perseguido.
 Elsa Hammond había abierto la boca para gritar, pero se derrumbó en silencio sobre el asiento; se había quedado sin aliento.

 Benson giró la esquina a tal velocidad que el coche se puso sobre dos ruedas, recorrió la calle lateral a toda velocidad y volvió a girar a la derecha, llegando hasta la calle a la que daba la puerta trasera del hotel.
 Redujo la marcha, escrutando en la oscuridad de la calle en penumbra, hasta que divisó la esbelta figura de Nellie Gray, que salía corriendo por la puerta trasera. Apagó y encendió las luces dos veces; al momento, la joven se dirigió hacia el coche, abrió la puerta y entró.
 -¡Qué sincronizados, Dick!- murmuró sonriente, mientras se sentaba detrás, junto a la aterrorizada Elsa Hammond.
 Benson sonrió friamente y pisó a fondo el acelerador. El vehículo salió disparado, justo en el momento en que Dolson y sus dos detectives salían corriendo del hotel. Para entonces, Benson se encontraba ya girando la siguiente esquina, y los disparos que le dirigieron se perdieron en la calle.
 Benson recorrió dos manzanas a todo gas, luego giró otra esquina y redujo un poco la marcha. Miró hacia atrás y dijo:
 -Y tan sincronizados, Nellie. ¡Lo has hecho a la perfección!
 Nellie le dedicó una sonrisa coqueta.
 -Funcionó a las mil maravillas. En cuanto terminé mi representación de gritos y disparos, esquivé al encargado y me dirigí a la salida posterior. Durante un momento, me temí que no pudieras estar esperándome en la puerta.

 Elsa Hammond había dejado de sollozar. Comenzó a incorporarse, gritando:
 -¡Déjenme salir de aquí...!
 Nellie Gray aferró el brazo de la joven con sus fuertes y competentes dedos.
 -Tómalo con calma, hermanita,- dijo. -Vas a venir con nosotros... ¡Y a ninguna otra parte!- Elsa intentó zafarse, pero Nellie le retorció el brazo, inmovilizándola. -Estate quieta, hermanita. Pequeña estúpida ¿No te das cuenta de que estás entre amigos?
 La joven se relajó de nuevo, y comenzó a llorar.
 -M-me m-mataréis... igual que m-matasteis a mi p-pa-dre...
 -Chsss, chsss,- dijo Nellie. Depositó a la joven en la esquina más apartada del asiento, y con pasmosa tranquilidad se dedicó a introducir balas en el cargador de su automática. -¿A donde vamos, Dick?- preguntó. -Este coche será pura dinamita en cuestión de cinco minutos, en cuanto den el aviso por radio.
 -Lo primero que hay que hacer,- dijo Benson, -es encontrar algún lugar tranquilo donde podamos hablar con aquí, nuestra invitada, y convencerla de que yo no asesiné a su padre.
 -¡Jamás!- exclamó Elsa Hammond. -Nunca me convencerás de eso. ¡Yo te vi! ¡Te vi con mis propios ojos!
 -Y lo siguiente,- continuó Benson impertubablemente, mientras conducía hacia el norte, -es encontrar a Egon Black.
 -¡Egon Black!- Repitió Nellie. -¿Y cómo vamos a encontrar a un muerto?
 Benson chasqueó la lengua.
 -Es muy posible que nos resulte mucho más sencillo de lo que crees. Echa un vistazo a ese taxi, por la ventana de atrás. Lleva allí, pegado a nosotros, desde que nos alejamos del hotel. ¡Yo diría que el señor Egon Black va a echarnos una mano para que le encontremos!

 Nellie Gray miró hacia atrás, a los faros del taxi que les estaba siguiendo. Se mantenía a unos sesenta metros por detrás de ellos, disminuyendo la marcha cuando ellos lo hacían, y acelerando cuando Benson pisaba a fondo.
 -Bueno,- dijo Nellie, -no podemos ir a ninguna parte hasta que les despistemos.
 -No queremos despistarles,- replicó Benson. -De hecho, yo estoy aún más ansioso que ellos por mantener el contacto. Ese taxi es nuestra única esperanza de encontrar alguna vez a Egon Black. El padre de Elsa me contó bastante poco por teléfono; era un abogado retirado. En un tiempo, acostumbró a llevar los asuntos legales de Egon Black, y fue expulsado del Colegio de Abogados después de que nosotros desmanteláramos el Sindicato de la Muerte de Black. Si haces memoria, recordarás que Egon Black solía extorsionar a la gente, obligándoles a pagar grandes cantidades de dinero a algún teléfono de beneficencia, para, poco después, acabar con ellos. Cuando Black fue finalmente capturado...
 -¡Querrás decir cuando TU le capturaste!- Interrumpió Nellie. -¡Si no hubiera sido por ti, Egon Black habría continuado eternamente con su Sindicato de la Muerte!
 Benson le restó importancia a aquel asunto.
 -Todos sabíamos que Black había reunido varios millones de dólares, gracias a dicho plan, pero el dinero nunca fue encontrado. Se pensó que el secreto de su paradero había desaparecido con Egon Black, al estrellarse su avión. Pero Hammond me telefoneó esta noche para decirme claramente que Egon Black aún vivía. Dijo que Black había contactado con él, porque necesitaba la ayuda de Hammond para hacerse con el dinero oculto.
 -¿Pero te explicó cómo era posible que un muerto viviera aún?- Preguntó Nellie, mirando por la ventana trasera, con la pistola lista por si acaso el taxi aceleraba para alcanzarles.
 Benson asintió.
 -Si. Hammond me contó que Black tenía en su banda a un tipo llamado Dimitroff, que en otro tiempo había sido actor. Dimitroff maquilló a uno de los sicarios de la banda para que se pareciera a Black, fue ese don nadie quién abordó el avión, en lugar de Black. Y fue él quién murió en el accidente. El cuerpo estaba tan carbonizado que resultaba inidentificable, pero varias personas del aeropuerto, tras consultar las fotografías, aseguraron que Egon Black era el hombre que había subido al avión... de modo que la policía dio a Black por fallecido.
 -Ya veo,- dijo Nellie. -¡Y debe haber sido ese mismo Dimitroff el que maquilló al impostor que esta noche se ha hecho pasar por ti, en el cuarto de Hammond!
 -¡Exacto! Parece, por lo que Hammond me contó por teléfono, que Black había escondido el dinero bajo las planchas de revestimiento de un pequeño yate que tenía en propiedad, pero que había sido registrado a nombre de Hammond. Todo este tiempo, Hammond ha permanecido sin saber que el dinero estaba allí. Black había estado esperando durante dos años, tras el accidente de avión, y al final contactó con Hammond. Deseaba saber donde estaba amarrado el yate. Hammond desconfió, y se negó a decírselo hasta que Black le contara la razón por la que quería saberlo. Tras terminar de hablar con él, Hammond me telefoneó.
 Benson miró por la ventana trasera, y luego continuó:
 -Durante los dos últimos años, había vivido una vida honesta, intentando ocultar su desgracia para evitar que, aquí, Elsa, se avergonzara de él. No deseaba volver a mezclarse de nuevo con Black, pero, al mismo tiempo, le daba miedo acudir a la policía. Y por eso me llamó, y quedamos para esta noche. Debió decirle a aquel impostor donde estaba el yate, y fue entonces cuando el asesino le mató. ¡No querían que pudiera contarle a nadie que Egon Black seguía con vida!

 Elsa Hammond había estado escuchando atentamente todo que Benson decía. También ella miraba nerviosamente hacia atrás, al taxi que les perseguía. Entonces, preguntó asustada:
 -P-Pero ¿Por qué nos siguen? Si de verdad, usted no es el que mató a mi padre... y si está diciendo la verdad acerca de ese hombre que le suplantó... entonces ¿Por qué siguen ahí, detrás de nosotros? Papá le dijo a aquel hombre donde estaba amarrado el barco...
 -¡Ah!- dijo Benson. Sus manos apretaron con fuerza el volante. -Y en el momento en que su padre se lo hubo dicho, entonces el hombre le atacó con el arma ¿No?
 -Si...
 -Entonces, ¿No comprendes por qué nos siguen? Tienen que matarnos a ti y a mi... y también a Nellie, precisamente por eso. Van detrás del dinero oculto en el yate... pero también tienen que atar los cabos sueltos.... ¡Han de asegurarse que no queda nadie con vida que pueda saber que Egon Black no está muerto!
 -Entonces... ¿Entonces esos hombres del taxi intentarán matarnos?
 -Por supuesto que lo harán. Y se lo están tomando con calma, porque saben que estoy buscado por asesinato... ¡Y no podré acudir a la policía!
 Elsa Hammond tenía los ojos muy abiertos, y su labio inferior temblaba. Aún no parecía muy convencida de que no fuera Benson el que había asesinado a su padre.
 Pero Nellie Gray posó una mano sobre su brazo.
 -Debes confiar en nosotros, querida,- dijo suavemente. -Tu vida... las vidas de todos nosotros... podrían depender de que confíes en nosotros.
 Elsa emitió un sollozo apagado.
 -Yo... ¡Ya no sé qué pensar!

 Benson continuó dirigiéndose hacia el norte, mirando constantemente por el espejo retrovisor.
 Nellie Gray pasó la mano por el hombro de Elsa.
 -Mira, querida, el señor Benson no ha matado a tu padre. Tienes que creernos. Tu... -De repente, Nellie se interrumpió, soltando un grito de aviso. -¡El taxi se acerca a nosotros, Dick!
 También Benson lo había visto. El taxi había ganado terreno, reduciendo a la mitad la distancia que les separaba. Habían llegado a una zona secundaria de la carretera del East River, y no quedaban más que unos pocos coches a la vista. Por delante de ellos, la carretera se hallaba, en aquel momento, libre de tráfico, y los asesinos del taxi pensaban aprovechar esa oportunidad.

 El taxi volvió a acelerar, hasta casi alcanzarles, y Nellie Gray exclamó:
 -¡Van a adelantarnos, Dick! ¡Y hay una ametralladora asomando por una de las ventanillas!

 Las manos de Benson permanecieron firmes sobre el volante, y no aceleró, ni intentó girar en otra dirección. El taxi se situó muy cerca, casi a la misma altura, y el rostro del hombre que sostenía la ametralladora resultó claramente visible. Elsa, a pesar de estar aterrorizada, consiguió murmurar:
 -¡Esa cara! Es... ¡Es la misma que la del señor Benson!

 Ciertamente, el rostro del hombre que les miraba sobre el cañón de la ametralladora, era casi una réplica del de Benson. De modo que, aquel era el asesino que le había suplantado.
 Resultaba evidente que estaba esperando para abrir fuego justo en el último momento, cuando el taxi estuviera adelantando al sedán de la policía, para poder aniquilar a sus ocupantes con la primera ráfaga.
 -¡Agachaos!- Gritó Benson por encima del hombro a Nellie y Elsa. Mantuvo constante la velocidad, las manos firmemente agarradas al volante y los ojos fijos en el taxi. Calculó el momento con una increible precisión. Esperó hasta que el taxi estuvo a punto de adelantarles. Aquel era el momento que el tirador elegiría para apretar el gatillo de su ametralladora. ¡Pero tambien fue el momento en el que Dick Benson pisó a fondo el freno!
 El sedán se detuvo a una velocidad increible, como si de repente hubiera topado con algún tipo de barrera invisible e impenetrable. El taxi continuó avanzando...  justo en aquel momento, la ametralladora comenzaba a escupir sus primeras balas.
 Pero el tirador había estado calculando la ráfaga sin tener en cuenta que el sedán pudiera frenar bruscamente. Su mortal lluvia de proyectiles se dirigió al punto en el que habría estado el sedán de haber continuado avanzando. Pero no estaba allí, y las silbantes balas no encontraron más que aire, y pasaron a escasas pulgadas por delante del radiador del sedán.
 El taxi, que había estado avanzando a una velocidad mucho mayor que el sedán de Benson, continuó avanzando durante unos diez metros, antes de que el conductor frenara frenéticamente, mientras el tirador se asomaba por la ventanilla, girando el cañón de su ametralladora para apuntar al sedán.

 Pero para entonces, Dick Benson había salido del coche, y se hallaba en la carretera, con una automática en la mano. Corrió hacia delante, disparando directamente hacia el taxi, y alcanzando con sus balas el rostro del tirador. Los rasgos del hombre se convirtieron en papilla ante el impacto de los proyectiles, y la ametralladora cayó hacia atrás por el filo de la ventana, de vuelta al interior del taxi.
 Alguien, dentro del vehículo, emitió un alarido, y el conductor puso el taxi en marcha otra vez. El vehiculo se alejó de Benson a toda velocidad.
 El Vengador contuvo el fuego, no volviendo a disparar. No podía perder un sólo segundo, ni tan siquiera para efectuar un solo disparo. Sabía que el tiroteo atraería hasta aquel punto a todos los coches patrulla de la zona... coches patrulla con radio, que ya habrían recibido órdenes de capturarle. Miró a su alrededor y llamó a Nellie y Elsa:
 -¡Seguidme!
 Nellie salió del sedán, arrastrando a Elsa de la mano. La aterrorizada joven no puso la menor objeción, y ambas siguieron a Benson, cruzando la calzada hasta las oscuras sombras de una calle lateral. La visión del rostro del impostor en el taxi debía de haberla convencido, como nada podría haberlo hecho mejor, de que era otro, y no Dick Benson el que había matado a su padre.
 Justo en el instante en que alcanzaban el cobijo de un portal, un coche patrulla bajó por la calle, haciendo sonar su sirena, y se detuvo ante la entrada a la carretera. Sus puertas se abrieron, y de él salieron varios policías que corrieron hacia el sedán, pistola en mano.
 Pero Benson no esperó a ver su decepción al encontrarlo abandonado. Salió de nuevo a la calle, y avanzó por ella en dirección opuesta, a la sombra de los edificios, y a paso rápido, con las dos jóvenes siguiéndole de cerca. A la altura de la Segunda Avenida, disminuyó el paso y dijo a Nellie:
 -Tu y Elsa, cruzad la calle y caminad a mi ritmo desde la acera opuesta. Estarán buscando a tres personas. Tendremos más posibilidades de pasar inadvertidos si vamos separados.
 Nellie asintió y agarró a Elsa del brazo.
 -Vamos...
 -¡Un momento!- dijo Elsa Hammond. Se acercó a Benson, y en sus ojos no había ya ninguna sombra de temor hacia él. -He sido una estúpida,- dijo. -Ahora sé que usted no mató a mi padre. Acudamos a la policía. Les diré que usted no ha sido...
 Benson negó con la cabeza.
 -No es una buena idea, Elsa. Tan sólo podrás decirles lo que viste. Y no importa lo que tu CREAS en este momento; el hecho fundamental, e indiscutible, es que viste a un hombre que era exactamente igual que yo, asesinar a tu padre.
 -Pero... pero ¿No hay algún modo de probar...?
 -¿Probar que fue otro el que le mató? Si. Encontrando el cuerpo de ese pistolero al que acabo de disparar. Exhibir su cuerpo, con su rostro... lo que quede de él... maquillado para parecerse a mi. El único problema es que no queda demasiado de esa cara. ¡Le he dado de lleno en ella!
 -¿Entonces no hay manera?
 -Me temo que el único modo es encontrar a Egon Black. No creo que él estuviera en ese taxi. Supongo que dispuso que fueran otros los que realizaran este trabajo, mientras que él, en persona, acudía al yate para retirar el dinero oculto. Si pudiéramos saber dónde está amarrado ese barco...
 -¡Pero yo lo sé!- Dijo rápidamente Elsa Hammond. -Yo estaba allí cuando papá se lo dijo a aquel impostor...
 Nellie agarró a Elsa por los hombros.
 -Habla, chiquilla... ¡Rápido!
 -Está... está en el muelle Follan, en City Island. Papá no volvió a utilizarlo desde que Black se estrelló en el avión. Intentó venderlo, pero el mercado de las embarcaciones de recreo estaba en baja, y era demasiado pequeño para emplearlo en la guerra...
 -¡Olvida el resto!- Dijo ansioso Dick Benson. -Tenemos que llegar allí antes de que Egon Black lo abandone. Si se nos escapa... ¡Nunca le encontraremos!
 Mientras se adentraban en la Segunda Avenida, Nellie dijo:
 -¿No íbamos a caminar separados...?
 Pero él negó con la cabeza.
 -No tenemos tiempo para la cautela. Ahora, cada minuto cuenta. ¡Tenemos que aprovecharlos al máximo!

 En la siguiente esquina, encontró un taxi aparcado en una parada, y urgió a las muchachas para que entraran en él.
 -¡Vamos a City Island!- Dijo al conductor del taxi.

 Justo en el instante en que el vehículo se ponía en marcha, un segundo coche de policía apareció recorriendo la Segunda Avenida; torció a la derecha justo delante de ellos, y desapareció por una calle lateral, en dirección a la carretera. Los dos policías, el conductor y su compañero, ni siquiera echaron un breve vistazo a los ocupantes del taxi.
 -Vaya,- dijo el taxista. -Debe de haber habido algún tiroteo en la entrada a la carretera. Ya es el segundo coche patrulla que he visto pasar por aquí.
 -¿Un tiroteo?- Dijo Dick Benson con voz horrorizada. -¡Eso es terrible! ¿Es que no hay ya bastantes tiroteos en todo el mundo?
 Se inclinó hacia delante y le entregó al taxista un billete de veinte dólares.
 -Es muy importante que lleguemos a City Island lo antes posible. Ya sé que hay reglas en contra de conducir rápido por las afueras, pero si esta noche, usted se las saltara, yo le pagaría bien... y le daría cien dólares más si llegamos a City Island en treinta y cinco minutos.
 -Hermano,- dijo el conductor, -¡Ya puedes contar con ello!

 La larga lengua de agua que se extendía frente a City Island estaba tan oscura como el pozo de una sima. Si en las afueras, el límite de velocidad era duro, era mucho más drástico allí, cerca de la costa. Salieron del taxi a unos doscientos metros del Muelle Follan, y Benson le entregó al conductor los cien dólares prometidos, diciéndole que esperara unos minutos, para un posible retorno.

 Afortunadamente, tanto Benson como Nellie Gray estaban familiarizados con la zona de City Island, pues, en una ocasión, Benson había mantenido allí un barco, para emplearlo en caso de emergencia. Caminaron rápida pero silenciosamente a lo largo de la orilla, pasando junto a oscuros muelles rodeados de neumáticos, mientras la espuma del agua salada les salpicaba en el rostro. Mientras avanzaban, Benson recargó su arma.
 -Quédate a unos tres metros por detrás de nosotros,- le susurró a Elsa Hammond. -¡Si ese taxi lleno de pistoleros ha llegado hasta aquí, puede que los próximos minutos sean bastante animados!
 
 Mientras se acercaban al Muelle Follan, Nellie señaló excitada a un delgado haz de luz que provenía de un barco, amarrado cerca del muelle. La luz emanaba de una fisura en la ventana de un camarote.

 Benson palmeó a Nellie en el hombro, pues no se atrevían a hablar, ni siquiera a susurrar. Por medio de un seña, le indicó a la joven que le cubriera, y ella asintió, entendiéndole al instante, y retrocedió un par de pasos. Estaba tan oscuro que ni siquiera podían ver a Elsa Hammond, que permanecía detrás, obedeciendo las órdenes de Benson.

 Benson avanzó tan silencioso como un gato, y se disponía a poner un pie en la embarcación cuando una figura se alzó de repente en la oscuridad, apuntándole a la cara con un arma.

 -Aquí estoy, Benson...

     

 Benson actuó incluso antes de que el hombre terminara de hablar. Su pistola ascendió con fuerza, estrellándose contra la parte inferior de la muñeca de aquel hombre y desviando el disparo que éste último se disponía a efectuar. El arma disparó al aire, rompiendo el silencio de los muelles. Benson bajó la cabeza mientras subía el brazo con fuerza, y golpeó la sien de su enemigo con la culata de su pistola. El arma golpeó con fuerza, emitiendo un ruido apagado, y el hombre se derrumbó incosciente.
 La puerta del camarote se abrió violentamente, y, al mismo tiempo, se apagó la luz que había en el interior. Un arma disparó seis veces, en rápida sucesión, y las balas barrieron el muelle, justo en el lugar en el que Benson había permanecido hasta hacía un segundo. Pero Benson ya había saltado a la cubierta del barco. El ruido que había hecho al abordar el yate había quedado apagado por la detonación del arma.
 El hombre que había disparado, gruñó, y se dirigió a alguien que tenía detrás:
 -Dame la linterna, Egon. Creo que le he dado.

 Benson sonrió cruelmente. Avanzó por el lateral de la cubierta, con su calzado de suela de goma, y se lanzó contra el umbral, golpeando con furia con la culata de su arma. Golpeó hueso, se escuchó un escalofriante chasquido, y el hombre que asomaba en ese momento, se quejó, cayendo hacia delante. Benson le atrapó por el cuello de la chaqueta y le lanzó hacia delante, dejando tendido su cuerpo inmóvil sobre el suelo de la cubierta.
 En el interior del camarote, Egon Black maldijo en voz baja.
 -¿Estás ahí fuera, Benson?- llamó.
 -Si,- dijo Benson. -Aquí estoy.
 -¿Estás solo?
 -Estoy solo en la cubierta de este barco.
 -Tengo tres millones de dólares aquí dentro, Benson. Los compartiré contigo.
 Benson se rió ásperamente.
 -¡Voy a por tí, Egon Black!
 -¡De acuerdo!- Gritó Black. -He intentado hacerte matar una docena de veces. Pero en esta ocasión no fallaré. Esta vez te mataré. Nada puede detenerme ahora... ¡Con tres millones de dólares!

 Una ametralladora empezó a disparar desde el interior, y un diluvio de balas atravesó el umbral de la entrada al camarote. Benson se agazapó, esperando hasta que la primera andanada hubo terminado. Entonces, sus piernas se enderezaron. Sus poderosos músculos le enviaron por el aire a través de la entrada, y su pistola escupió plomo mientras la giraba con la muñeca para que disparara a todo el interior del camarote.
 Esperaba otra ráfaga de plomo proveniente de la ametralladora, y se arrojó de bruces contra el suelo, con su arma totalmente descargada. Yació inmóvil en aquella negrura absoluta, aguardando a que algún sonido le revelara si había fallado, o si, por el contrario, había acertado a su objetivo.

 Por fin, acertó a escuchar un débil sonido; un pie arrastrándose contra el suelo. Y, más tarde, la agónica y entrecortada respiración de un hombre herido. Benson supo que había alcanzado a Egon Black, pero que no le había matado. Ahora, su propia arma estaba vacía, de modo que permaneció inmóvil y en silencio... esperando.
 Un momento después se encendió una linterna, y su haz se dirigió hacia delante. Benson vio a Egon Black. Se hallaba en el suelo, en frente suyo, con las piernas extendidas, y la sangre manando a borbotones por una herida en el costado. Black sostenía la linterna con una mano, mientras que con la otra sujetaba la ametralladora, con el dedo en el gatillo. El rayo de luz se desplazó por el camarote, hasta detenerse en Benson.
 Benson se dio impulso y se puso en pie; el haz de luz le siguió, como si se hallara pegado a él.
 El rostro de Egon Black era una máscara de odio.
 -Todavía no estoy perdido, detective de tercera. ¡Voy a darte lo tuyo ahora mismo!- Levantó el cañón del arma para que apuntara al estómago de Benson. -¡Vas a tener el buche lleno de plomo caliente, Benson! ¿Qué te parece la idea? Vamos allá...
 Se escuchó un único y potente estampido, desde algún lugar del exterior. Algo pasó silbando junto a la oreja de Benson, y un agujero pequeño y redondo apareció milagrosamente en la frente de Egon Black. Su cuerpo sufrió una convulsión, y la ametralladora disparó hacia arriba. Un ráfaga corta barrió el techo del camarote, mientras su dedo muerto se contraía sobre el gatillo, y luego el arma cayó al suelo, junto al cuerpo muerto de Black.
 Nellie Gray entró corriendo en el camarote, casi sin aliento. Benson se giró hacia ella, asintiendo con aprobación. 
 -Ha sido un buen disparo, Nellie,- dijo. -Ya empezaba a temerme que esperaras demasiado.
 -Tenía que asegurarme,- musitó ella. Benson se agachó y recogió la linterna del suelo del camarote. Dirigió la luz a un panel de la pared, que se encontraba levantado dejando ver el fondo del casco. Estaba cubierto casi hasta arriba con dinero de todos los tipos, apretado en grandes fajos.
   

 -Por todo eso, es por lo que Egon Black mataba,- dijo.
 -¡Y mira para lo que le ha servido!- Susurró Nellie.
 Benson desplazó la luz de la linterna hasta topar con el cuerpo de un hombre, que había sido depositado en una de las literas. No era un espectáculo agradable, ya que era bien poco lo que le quedaba de cara. Nellie miró hacia otro lado, asqueada
 -Ese es el tipo al que disparé,- dijo Benson. -El que se hizo pasar por mi. Supongo que aún debe quedarle el suficiente maquillaje como para convencer al Capitán Dolson, ¿No te parece?

 Se giró hacia la puerta cuando unos ligeros pasos sonaron en cubierta. Elsa Hammond apareció en el umbral, con sus ojos abiertos de horror en el rostro pálido y desencajado. Cuando vio vivos e ilesos a Benson y Nellie, todo su cuerpo pareció relajarse.
 -¡Oh! Yo... ¡Pensaba que les habían matado a los dos!- Su mirada se posó en el cuerpo de Egon Black, con el agujero en la frente, como si fuera una negra marca de deshonor. -¡Veo que ha encontrado a su muerto!
 Benson sonrió amargamente.
 -Si. ¡Pero en esta ocasión, se va a quedar bien muerto!

FIN.