Seamos francos: Nick Carter no es un gran personaje. 
    Comenzó su andadura a comienzos de siglo, como un émulo de Sherlock Holmes, si bien con marcadas diferencias, y lleva 100 años evolucionando y cambiando de autor. El resultado es un personaje sin una personalidad definida (cada escritor lo enfocaba a su manera), y al que es imposible seguir la pista, ni buscarle una cronología coherente (porque debería tener unos 130 años de edad).  No obstante, es importante, y hemos pensado que no deberiamos excluirle, porque es el detective más antiguo de los pulps y, a su manera, influyó de un modo fundamental en el desarrollo del género negro y la futura novela policiaca.
   Carter apareció por primera vez, como un jovenzuelo detective, el 18 de Septiembre de 1886, en "The old detective's Pupil or the Mysterious Crime of Madison Square" ("El pupilo del viejo detective, o El Misterioso Crimen de la Plaza Madison"). Carter resultó ser tan popular, que algunas otras historias suyas aparecieron en la publicación de Street and Smith "New York Weekly story paper". La Street&Smith era una recién llegada al mundo de las novelas de a diez centavos. Se trataba de una empresa familiar, fundada por Francis Scott Street y Francis S. Smith, y su compañía editorial comenzó cuando ambos editores se hicieron cargo de un semanario de Nueva York en el que habían trabajado como empleados. A finales de la década de 1880, la empresa no sólo publicaba dos revistas de ficción, una semanal y otra mensual, sino también toda una legión de dime novels, o novelas de a diez centavos.
 
    En 1889, tras el éxito obtenido por los relatos de Nick Carter en sus semanarios, Street y Smith decidieron producir una novela de diez centavos enteramente dedicada a Nick Carter. El problema era que el creador de Nick Carter, el señor John Coryell, se dedicaba también a escribir unas novelas románticas sumamente rentables, bajo el nombre de una tal Bertha Clay. Frederick Marmaduke Van Rensselaer Dey fue entonces contratado para continuar la serie; escribió la primera novela de la nueva serie, Nick Carter Detective, y continuó produciendo novelas, a una media de 25.000 palabras por semana durante los siguientes diecisiete años, una labor extenuante.
 
 
    En nuestro país se publicó aquella época del personaje (al igual que ocurrió con Holmes y Búfallo Bill), en un formato casi idéntico al original, y por lo visto, se vendía casi tanto como Sherlock Holmes (hoy en día, nadie lo recuerda, es curioso).
     En la "Feria del libro antiguo y de ocasión" de mayo del 2001, he podido comprobar que es un material que aún se puede encontrar, aunque no es fácil.

    Virtuoso hasta la mojigatería, Nick Carter no fumaba, ni decía tacos, no bebía, ni perseguía a las mujeres, y además era escrupulosamente honesto, además, claro está, de bien parecido. Era también (como no podía ser menos), un maestro del disfraz, capaz de adoptar cualquier otra identidad en cuestión de segundos, por el sencillo método de rebuscar en sus bolsillos y volverse el abrigo del revés. Los bolsillos de Nick Carter debían de ser enormes, pues en la mayoría de las historias, no sólo sacaba disfraces de ellos, sino armas, esposas, cuerda, y algunas otras herramientas útiles. Hasta la aparición de Batman y su cinturón utilitario, ningún otro detective tuvo nunca un guardarropa con tantas herramientas.
   Y aún así, el esquema funcionaba muy bien: un héroe virtuoso -que resultaba aceptable a los gustos de cualquier lector- luchaba contra el crimen en unos relatos repletos de la suficiente acción como para satisfacer al lector medio, de gustos poco sofisticados. Nick Carter apareció en formato de dime novel (o novela de a diez centavos) hasta el año 1915, siendo una de las últimas dime novels tradicionales en ser publicadas. Street & Smith fue la única editorial que realizó la transición a otras formas de publicación, sobreviviendo a la desaparición de las novelas de a diez centavos.

    En los años 20-30, en plena época dorada de los pulps, Nick Carter resurge con fuerza, publicado por la sempiterna Street and Smith. Ha evolucionado: ahora es un detective de los 20, y sus relatos se presentan en un formato más atractivo. Su resurgimiento fue provocado por un intento de Street&Smith de competir con la antigua revista Flinn's Detective, que había cambiado su formato, y amenazaba las ventas de Detective Story magazine. De manera que relanzaron al personaje en las páginas de la revista. Muchos autores escribieron historias sobre Nick Carter en esta época: Fredrick Van Rensselaer Dey (1862-1922) fue el más prolífico, con cerca de 1000. Muchos autores siguieron su trabajo, y se rodaron unas cuantas películas en los años 40 y, de nuevo, en los '70's (en Francia).
   Avanzados los años 30, la Street & Smith, animados por el éxito de su nuevo personaje, La Sombra, deciden dedicarle al bueno de Nick una revista para él solito. Esa fue la etapa que, en España, en la célebre colección "Hombres Audaces", se publicó con el nombre de "Jim Wallace". Curiosamente, las novelas las firmaba Nick Carter. En Estados Unidos, por el contrario, Nick Carter mantuvo el título de la serie.
¡Mírale qué chulo! ¡Coño, qué susto!

     Nick resurgió a comienzos de los '60's por uno de los sindicatos especializados en novelas de espionaje y super-agentes. Carter había vuelto a evolucionar, y por entonces se pretendía que le hiciera la competencia a James Bond (Fleming), Matt Helm (Hamilton), Sam Durell (Aarons), etc., en la nueva serie "Nick Carter Killmaster" (algo así como "Nick Carter Maestro de Asesinos"). Esta vuelta de tuerca a lo James Bond llegó a perdurar durante el notable número de 200 novelas, un logro muy significativo para los estándares actuales, aunque algo menor, si lo comparamos con las cerca de 800 dime novels que se publicaron de Nick Carter.

    Por lo que tengo entendido, en la actualidad aún continúan sus aventuras, aunque otro Sindicato se ha hecho con los derechos del personaje, y ahora tiene una aire a "El Ejecutor", o a "El Castigador" de la Marvel. Parece mentira que se trate del mismo personaje que comenzó su andadura a finales del siglo pasado.
     Evidentemente, el hecho de ser un personaje "público", sin un autor concreto, le ha perjudicado mucho, convirtiéndole en un mero "nombre" que poner en la portada del libro, tal como está comenzando a ocurrirle al pobre Conan, de quién comienzan a verse novelas absolutamente infames, realizadas por autores espantosamente mediocres, que amenazan con destruir, con el tiempo, con toda la credibilidad o interés que el personaje pueda tener.

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