LLUEVEN CUERPOS EN CHINATOWN
LLUEVEN CUERPOS EN CHINATOWN
(It’s Raining Corpses in Chinatown)
de Russell Gray (Bruno Fisher)Strange Detective Mysteries, (Nov-Dec 1939)
Traduccion de José Castresana González
Capitulo 1
La cosa en el saco
El sol pasaba a traves las ventanas hasta el suelo. George Simms los ojos medio abiertos miro hacia las mesas que estaban en la sombra, y se dio la vuelta hacia el barman.
- ¿A visto usted a Ethan Burr, hoy?
El barman miró hacia Simms con recelo. En tiempo normal el barman no se hubiera fijado en el hombre. El hombre se acercó.
- No esta aquí por el momento pero si quiere voy a ver si lo encuentro.
El barman desapareció por el otro extremo del mostrador y un minuto más tarde apareció e hizo una señal a Simms.
Ethan Burr estaba en un salón sentado con un vaso de cerveza en la mano.
- Hola George, como estás, saludó Burr, sientate. Dos cervezas, Al.
- Bien, contestó George sentándose en una silla.
Burr bebió el resto de su cerveza, Simms miró hacia Burr, recordaba a este cuando estaba en lo más alto de su carrera como detective en el departamento de detectives de homicidios. Y después la muerte de su hermosa esposa que murió al no poder pagar los gastos del hospital.
En su rostro habia desaparecido para siempre su encantadora sonrisa que dejó paso a su dura mirada en sus ojos grises.
Después creó su agencia de detectives para poder ganar lo bastante para criar a sus dos hijos.
Sus servicios son caros pero si alguien busca justicia los gastos valen la pena.
El barman trajo dos cervezas. Simms bebió un gran trago y miró hacia Burr.
- ¿Tienes miedo, George?
- Estaba loco, -dijo Simms- gano bien mi vida pero cuando he visto cuanto dinero se puede hacer como detective privado me volví ambicioso.
No comprendo.
Bueno, la agencia va bien pero hace dos días que le estoy dando vueltas y estoy muy preocupado. He perdido el dinero del préstamo. Si muero, a mi mujer y a niña no les quedará nada.
Burr, no dijo nada, su cara no expresaba nada.
Después de un suspiro Simms dijo:
¿Que sabes de los chinos?
Lo que se es que la comunidad china en esta ciudad no es tan importante como la de Nueva York, como la de San Francisco, pero es importante.
¿Confías en ellos?
Los chinos son gente honesta y amable por lo que sé- contestó Burr.
Hay excepciones, pero no tanto como entre nosotros, francamente los aprecio.
Si, ya veo.
¿Cuánto quieres por este caso?
Eso depende.
Te doy $500.
Lo siento, George.
Burr se paso el dedo por la cicatriz, iba del cuello a la boca, era a consecuencia de una pelea de cuchillo.
Te pido $1000.
Esto no es un juego- dijo Burr.
No puedo darte más, necesito ese dinero.
Burr vio a Simms desanimado y triste abandonar el bar, Burr no tuvo tiempo de llamarlo y lo vio desaparecer en la esquina. Burr bebió el resto de su cerveza y pensó en otra cosa.
A la mañana siguiente Ethan Burr fue al deposito de cadáveres. Saludó a Higgins, el encargado.
Quisiera ver a Simms - dijo.
No hay mucho que ver - le contestó Higgigns
No ha sido cosido todavía.
Lo puedo ver.
Higgins encogió los hombros y lo dejó pasar. El cuerpo de Simms estaba sobre la mesa. Burr ya había visto esto en otras ocasiones. La cabeza de Simms estaba separada del cuerpo al igual que los otros miembros del cuerpo. Los ojos de Simms estaban aun abiertos.
Le había prevenido- dijo Higgins!, al mismo tiempo que acompañaba Burr hacia la salida.
- Quien le informó del crimen - preguntó el detective.
Como han dicho los periódicos - dijo Higgins - un policía lo encontró en un saco que chorreaba en la cera. Lo abrió y se encontró con el cadáver, eso es todo.
Burr abandonó el deposito de cadáveres y se dirigió hacia las afueras de la ciudad hacia una casa rodeada de un jardín.
Burr llamó pronto a la puerta de una casa de la cual le abrió una mujer, alta y joven. Burr no pensaba que la mujer de Simms fuera tan hermosa.
- Señora Simms.
Soy Zelda Simms, su cuñada. La señora Simms no esta en condiciones de recibirle en estos momentos.
Me llamo Ethan Burr, un amigo de George.
Los ojos de la mujer se fijaron en su cicatriz en el cuello.
Ah.. si, George nos ha hablado mucho de usted.
Una vez en la casa Burr vio por una puerta una pequeña mujer que parecía sin vida sentada en una silla y a sus pies una niña de unos siete u ocho años, una hermosa niña con una cabellera rubia que le caían hasta los hombros.
Zelda Simms le cogió por la mano y lo llevó hasta la cocina.
Es mejor que no les moleste usted - dijo la joven.
¿Vive usted aquí? - le preguntó Burr.
- Si, mi hermano era bueno y me dejaba vivir en su casa, -apretó los labios. - No se que voy hacer ahora, tendré que mudarme, claro. George alquilaba esta casa y no ha dejado nada, por suerte tengo un trabajo.
¿Cuanto gana usted?
La joven pareció enfadarse, pero de pronto sonrió y dijo. - Supongo que como amigo de George quiere ayudarnos.
Gano $20 por semana pero todo ira bien no aceptó favores.
Burr miro hacia donde estaba la viuda y la niña en la otra habitación. Tres mujeres sin recursos. Burr se sentía culpable por no haberle ayudado a salvar la vida de George.
- No quiero darle más que lo que le debo. Ayer noche George me pidió que coja un caso que esta relacionado con su muerte. He aceptado dinero de él, $5.000.
Durante un corto instante la joven tubo dudas pero satisfecha aceptó la respuesta de Burr, y que decía la verdad.
- ¿No le dio la mitad? -preguntó.
- Claro, me dio $10.000.
La joven le cogió las manos en las suyas, y había un brillo en sus ojos. Iba a decir algo pero Burr tenía una mirada extraña en sus ojos.
La dulce cara de Zelda Simms le siguió en su mente hasta que Burr llegó al barrio chino donde detuvo su coche.
En el escaparate de una pequeña tienda en una de las calles llena de gente, un cartel anunciaba donde estaba colgado un periódico y en la hoja principal ponía «Agresión japonesa» más abajo de la calle un enorme panel con caracteres chinos bajo los cuales estaba escrito en su idioma:Sam Ming: importador
Ahí era donde se dirigía Ethan Burr.
Burr miró de reojo cuando vio caer algo en la cera en un momento pensó que lo habían tirado sobre el y salto hacia un lado. Casi al mismo tiempo vio un viejo chino que le seguía los pasos pegado a la pared, y de repente ya no había nadie en la calle.
Burr sólo necesitó una mirada rápida para ver que objeto había caído. Era un saco de tela gruesa atado con un alambre a pinchos del cual chorreaba sangre. Burr Corrió en el interior de una casa al mismo tiempo que sacaba su pistola y subió las escaleras corriendo. No había ningún ruido y no oyó ninguno cuando pasó delante de las puertas en el pasillo.
Jadeante Burr llegó al tejado de donde se encontraba, vio cuatro pisos que tenían el tejado al mismo nivel, todos vacíos. El saco tenia que haber caído de algún lado, de alguno de esos tejados.
De nuevo en la calle cerca del saco Burr vio que habían arrastrado el saco y siguió las huellas que le llevaron a una de las casas sobre la derecha pero una vez el la casa no vio huellas de sangre puede que alguien hubiera puesto el saco en otro para no dejar huellas y dejar ver de donde venia.
Burr sabía que era inútil mirar en las habitaciones perdería demasiado tiempo y además el asesino ya debía estar lejos.
Cuando volvió a la calle se encontró con un policía de patrulla de pie delante del saco, lo había abierto, a parte de él no había nadie.
« Burr » -refunfuño el policía,- tenia que ser usted.
¿Quien es? -preguntó.
- Un chino, -contesto el policía,- nunca sabremos quien es, por lo visto lo han hecho pedazos.
Burr no tenia estomago para ver eso, pero se esforzó en mirar lo que contenía el saco. Había la cabeza de un chino con una mirada de horror.
Un coche pitó. Burr soltó el saco y corrió hacia la tienda de Sam Ming.
Capitulo 2
El hacha asesina
Sam Ming era delgado, agradable y calvo. Un joven gordito con un grano en la cabeza señaló el despacho.
Ah... Ethan Burr -Dijo Sam Ming al mismo tiempo que daba la vuelta a la mesa de su despacho para saludar al detective de un apretón de mano.
Es siempre un placer de verle -dijo, Sam Ming tenia un pequeño acento de Oxford.
Burr se sentó en la silla que le trajo el gordo y joven ayudante chino.
Estoy buscando.... -Ethan Burr se cayó y miró de reojo al joven gordote.
Es Lin Fu, puedes hablar en su presencia, es mi secretario -le aseguró Sam Ming.
Burr se encogió de hombros, no confío en nadie por eso estoy aun vivo. Usted es uno de los pocos.
Lin Fu inclinó su cabeza en forma de saludo. Burr llenó su pipa y dijo.
Sam Ming, usted es el alcalde no oficial del Barrio Chino. Es usted el que ha hecho que los Tongs estén en paz, su acción como juez y árbitro en problemas es reconocido por todos. Yo quisiera saber porque George Simms a sido asesinado.
Las caras de Sam Ming y Lin Fu quedaron sin expresión alguna.
Burr esperó un rato hasta que Sam Ming hablara.
He leído ese trágico incidente en los periódicos, porque piensa que supiera algo más de lo ocurrido ¿.
Burr se levanto y fue hasta la ventana. A través del cristal de la ventana Burr distinguía un montón de policías en uniformes y otros de paisano pero ningún chino en la calle.
Usted sabe lo que ha pasado hace unos minutos arriba de las escaleras. Y a vosotros dos no les pareció extraño verme aquí. eso quiere decir que lo sabíais. Tengo una pequeña idea de la conversación entre George Simms y el chino metido en este asunto.
Burr se giró hacia Lin Fu que no se había movido y salió a la calle.
Se encontró con el sargento Howell de Homicidios y encargado de este asunto de chino.
¿Que sabe de este asunto le preguntó, Howell?
Lo hice yo con mi hacha, -dijo Burr,- de burla.
La cara de Howell se puso roja como un tomate.
- Sabíamos que habían asesinado a Simms, su mujer no sabe nada en que estuviera metido su marido. Sabemos que era para los chinos que trabajaba. Simms obtuvo el contrato de la misma persona que el chino muerto, y ahora esta usted en el Barrio Chino para cobrar ese dinero para cual el ha trabajado.
Si yo pudiera -dijo Howell a Burr- yo le aplastaría.
Usted esta muy lejos detrás de mi en lo que se refiere a la pista de este asunto, -dijo Burr de mal humor. Dio media vuelta en dirección opuesta.
Las calle por donde iba Burr no estaba vacía, los chinos iban a sus cosas de manera furtiva como si tuvieran miedo de algo? Cuando les miraba todos agachaban la cabeza y seguían su camino deprisa. Los únicos que parecían no tener ni la menor idea que hubiera un peligro, eran la gente de raza blanca que paseaba, iba a restaurantes o se paraba delante los escaparates.
Una hermosa niña de unos diez años que jugaba se acerco haciendo rebotar unas monedas en una lata.
Un hombrecillo vestido enteramente de blanco hechó un cuarto de dólar en la lata al mismo tiempo que le susurró algo y la niña sonrió.
Burr buscó en su bolso a ver si tenia alguna moneda. La niña no tubo tiempo de llegar a donde se encontraba, cuando por una ventana surgió una pequeña hacha que fue a clavarse en el pequeño carneo de la niña. Un chorro se sangre chorreó por el cuerpo hasta la cera. La lata rebotó en el suelo y las monedas rodaron hasta la cuneta, al mismo tiempo se oyó el grito de una mujer de raza blanca.
Burr había corrido hacia el lugar donde había visto volar el hacha, la puerta estaba cerrada. Con la pistola en la mano y con precauciones abrió la puerta. Detrás de la puerta la luz del día le deslumbró y enseguida, pocos segundos más tarde pudo ver una cara amarilla y poco segundos más tardes hubo un disparo.
El disparo que vino de no se donde rozó Burr que saltó hacia delante y se lanzó sobre otra puerta, pasó a través y siguió su persecución hasta llegar a una escalera. Hay se encontró con un hombre de pies con una hacha levantada amenazándole. Burr disparó tres veces y saltó hacia la puerta detrás de él y llegó a un patio rodeado de una alta alambrada. Siguió la alambrada y llegó a otro patio donde uno de los hombres que perseguía estaba tumbado en el suelo, herido en la espalda, más adelante en otro patio encontró un segundo hombre herido que no había tenido tiempo de soltar la alambrada, tenía una bala en el hombro. Burr siguió su caza, el tercer hombre había corrido hacia una de las casas delante, estaba herido pero armado y era peligroso para Burr y él lo sabía. Había una serie de pasillos con vestíbulos. Él hombre tenía que encontrase en uno de ellos. Este sitio parecía la casa de la muerte, vivían una cien personas en este lugar, pero no se oía ni un ruido. Burr fue hasta el tejado desde ahí veía la calle llena de policías, vio el bloque donde se encontraba el lugar, donde la niña fue asesinada, estaba a un bloque de ahí.
Burr llamó a los policías.
He herido a uno de ellos esta herido en la espalda, debe estar en unos de los patios, es un chino, un gordo.
Miraremos en todos!, le contestó uno de los policías
Burr vio que ya no podía hacer más, bajó a la calle. Lo demás era el trabajo de la policía.
El cuerpo de la niña china estaba aun en el mismo sitio donde había caido ahora cubierto con una manta.
Burr estaba disgustado de ver eso.
El sargento Howell estaba escuchando al pequeño chino, aquel que había dado una moneda a la niña justo antes que la mataran.
Había un hombre ahí, -decía él, señalando hacia Burr.- Iba hacia él cuando la niña recibió esa terrible hacha y después se oyeron disparos.
Burr, -refunfuñó el sargento Howell,- ya me decía yo, tenia que ser usted cuando me encontré con el chino en el vestíbulo.
Ethan Burr! -Dijo el pequeño hombre,- el que llaman «El Ejecutador» -le tendió su mano.- Deje que le felicite, soy S. Hartley Kern, el procurador (Attorney). Puede que haya oído hablar de mi.
He herido a otro hombre puede que sus hombres lo hayan cogido.
Esos malditos chinos, con sus malditas hachas, -dijo Howell con rabia,- ahora matan niñas.
El hombre de la hacha era blanco, -dijo Burr, -los otros chinos y llevaban pistolas.
Howell quedó sorprendido.
Blanco, ¿esta seguro de eso?
Claro que lo estoy, -contestó Burr.
Vamos a ver, -dijo el sargento.
Un par de detectives estaban cerca del hombre que Burr acababa de matar, le dieron la vuelta y se encontraron con la cara no afeitada de un hombre blanco.
Yo quisiera oír su versión, -dijo Howell a Bur con actitud de desafio.
Estoy seguro que sabían que yo estaría en esta calle, -contestó Burr.
Han matado a la niña delante de mis ojos porque sabían que les iba a perseguir adentro de la casa. El hombre blanco estaba escondido detrás las escaleras con una hacha listo para darme con ella. Un chino estaba detrás de la puerta. Me he dado cuenta de la trampa cuando el chino se dejó ver y disparó tan de repente y de la manera como lo había hecho era seguro que no podía darme.
Dice que han matado a la niña sólo para hacerle caer en una trampa?, -pregunto el sargento Howell.
No sólo por eso, -dijo Burr,- hubieran matado a la niña de todas formas, y así hubieran eliminado dos pájaros de un golpe.
Pero, porque? -dijo Howell -¿Que podrían tener contra esa niña inocente?
Burr llenó su pipa.
No lo se, -contesto lentamente observando como el humo de su pipa ascendía hacia la luz del sol, -pero lo averiguaré cueste lo que cueste.
Capitulo 3
Estrangulados
La policía estaba por todos el distrito. Por el momento Ethan Burr les acompañaba en la búsqueda del hombre herido y los agentes interrogaban a los ocupantes de las casuchas de los alrededores. Los chinos a quienes encontraban habrían grandes los ojos cuando les interrogaban y giraban la cabeza de un lado para otro como si una fiera les iba a caer encima, contestaban en un ingles deformado más que de costumbre o por medio de un interpreta que no habían visto nada ni nadie que hubiera deseado matar a esa pobre niña china o un detective blanco.
Tenían miedo, seguro que habían mentido.
Un detective se acercó a Burr.
El capitán Rowland le quiere ver, esta abajo de las escaleras.
El jefe de homicidios era un gordo, con mejillas parecidas a dos bolsas. Estaba masticando con fuerza lo que le quedaba de cigarro. También estaba ahí el sargento Howell.
Venga aquí Burr, -le pidió apuntándole con el dedo. - Los chinos le querían hacer caer en una trampa porque usted esta metido en algo importante, ¿Quiere decirme que?
Non tengo ni la mínima idea, capitán, se tanto como usted.
Usted me quiere hacer creer eso ! Como siempre quiere jugársela solo, entonces que hace usted en el Barrio Chino.
- George Simms era un amigo, -dijo Burr.
Humm... susurró Rowland, ¿Entonces como ha conocido los chinos que quisieron matarle ?
He hablado ayer con él, es todo lo que se de este asunto.
Miente!
Ethan Burr no mentía de la manera que Rowland creía, solamente no mencionó que iba detrás de una recompensa.
Todo lo que sé - siguió diciendo Burr, - es que están perdiendo el tiempo en buscar al chino herido, pienso que se escapó y aunque lo encontraran no hablaría porque los chino son duros de pelar, nadie puede hacer hablar a un chino si el no quiere, solo estará un poco asustado. Lo que quiere es la cabeza del jefe de este asunto.
Cual jefe, - preguntó Rowland.
Todo esta es una organización, sabemos que Simms fue asesinado porque buscaba algo y estaba a punto de descubrirlo.
Supongo que la niña fue asesinada porque era miembro de del bando rival, -dijo Rowland, - faltoso.
¿Quien sabe? - dijo Ethan Burr lentamente, Burr tenia una idea pero no quería exponerla hasta estar seguro de ella.
Ahora vayan y descubran el fondo de este asunto, - Burr dio media vuelta y se alejo bajo el sol por la calle estrecha.
- Señor Burr! - Le llamó una voz al mismo tiempo que una mano le cogía por el brazo. El detective se dio media vuelta y se encontró frente a la hermosa cara de Zelda Simms.
Que hace usted aquí?
Me he enterado por los periódicos que han encontrado un saco con la cabeza de un pobre chino y después que una niña ha sido asesinada en circunstancias muy extrañas.
Las manos de Zelda Simms le apretaron más fuerte el brazo. Sé lo que esta haciendo para mi cuñada su hija y para mi. No queremos ese dinero si eso significa algún peligro para usted. Temblaba ligeramente.
Burr se daba cuenta que la joven deseaba que dejara el caso y pedírselo le era difícil, Burr lo vio en los labios de Zelda Simms .
Lo siento, si le molesto, - dijo la joven, se veía que hacia un esfuerzo. - Yo quisiera pedirle que la suma que le deben de dar la divida en dos partes, entre usted y mi cuñada.
De acuerdo, - contestó Burr, - Y ahorra sea una buena chica y vuelva a casa por favor.
Ethan Burr vio la alta y atractiva silueta de Zelda Simms bajar por la calle. Se dijo viéndola desaparecer que le gustaría mucho ser su amigo. De repente el detective se dio cuenta que deseaba que la joven pensase también en él.
Burr se dirigió hacia la oficina de Sam Ming. A estas horas el despacho estaba vacío. Una docena de empleados que había antes se habían ido, sólo estaba el gordito Lin Fu sentado leyendo un periódico chino.
Lin Fu se puso sobre sus pies con un ligero salto cuando vio entrar al detective.
Feos acontecimientos están ocurriendo con nuestra gente, refiriéndose a los asesinatos, - dijo el chino. - Supongo que desea ver a mi ilustre patrón. Está en su despacho, contemplando la tragedia que ha caído sobre nuestro pobre pueblo.
Supongo que habrá sacado eso de un libro, - dijo Burr.
Lin Fu, - frunció los ojos.
Burr se dirigió hacia el despacho de Sam Ming al fondo del almacén. Abrió la puerta, no había luz, con lo poco de luz que pasaba por las persianas Ethan Burr vio a Sam Ming tirado en el suelo. Burr saltó hacia él y levantó la cabeza del chino, estaba muerto, lo habían estrangulado, una marca roja se veía en el cuello ahí donde le había apretado la cuerda.
Lin Fu, - llamó Burr, su voz era dura.
El gordo secretario apareció en la puerta, este al ver el cuerpo en el suelo dio un grito.
¿Esta muerto ? - preguntó Lin Fu, - ¡estrangulado !
Si, quien ha estado aquí desde la ultima vez que lo has visto vivo ?
Nadie, contestó Lin Fu, hace una hora Sam Ming me dijo que quería estar solo. Yo dije a los empleados de que podían irse a casa, les daba el día, yo me puse a leer el periódico.
Burr fue hacia la ventana no había escalera de incendios en esta parte del piso. Un hombre podría a lo mejor bajar por el tejado con una cuerda pero con tantos policías en la calle no habría sido inteligente. Burr se dijo que la sola entrad era por la puerta del despacho y también era imposible ya que Lin Fu estaba sentado enfrente.
Lin Fu se puso blanco.
Dios mío! no pensara que he sido yo, ah... ahora me acuerdo que fui al cuarto de baño unos quince segundos como mucho.
Tu patrón tubo que ver al asesino entrar por la puerta, de otra manera como este hubiera podido llegar hasta él para estrangularlo, sin pelea ni gritos.
Lin Fu tragó saliva con dificultad.
Yo hubiera dado mi vida por él, - los ojos de Lin Fu miraron alrededor del despacho. - A lo mejor el asesino esta aun aquí. He regresado demasiado deprisa para que pudiera escaparse.
Hay otro cuarto de baño en esta habitación, -dijo Burr, cogiendo su pistola se acercó. Rece para que el asesino se encuentra ahí porque de otra manera necesitará otro cuento. Ethan Burr abrió la puerta del baño, nada!, estaba vacío.
Lin Fu gritó cuando algo se deslizó de detrás de unos ficheros.
La silueta golpeo a Lin Fu, haciéndolo rodar por el suelo, Burr intentó disparar pero no lo hizo por no herir al gordito chino. Unos momentos después la silueta saltó hacia la puerta y salió al otro cuarto. Bur saltó por encima de Lin Fu y persiguió al hombre delgado que corría a toda velocidad entre las mesas hacia la salida.
Párese o disparo, - grito Ethan Burr
El hombre siguió corriendo, Burr tenia el tiempo suficiente para disparar al fugitivo ahí donde el quisiera, ajusto su disparo y apretó el gatillo en el momento en que su víctima iba a desaparecer por una puerta.
El hombre herido en una pierna seguía intentando escaparse, arrastrándose. Burr llegó a él en unos segundos.
Vamos, -dijo, - ya no puedes ir a ninguna parte con una bala del 44 en la pierna, lo cogió por los pelos y le dio media vuelta. Ojos de odio le miraron.
Lai Soong, - se exclamó Lin Fu acercándose.
¿Lo conoces ?
Es uno de nuestro empleados más fiel - y se volvió hacia Lai Soong, gritándole un montón de maldiciones en chino.
Porque has matado a Sam Ming, - le preguntó Burr.
Lai Soong cerró los ojos y apretó los labios, Burr sabia que no le sacaría nada de él.
¿Que hacemos ahora le preguntó Lin Fu?
Sabes muy bien que si Lai Soong ha hecho eso es porque alguien se lo ha mandado, no lo habría hecho por su propia iniciativa. ¿Quieres encontrar al verdadero asesino de tu patrón?
Lin Fu se rascó la mejilla.
Con el honorable San Ming que ha ido a reunirse con sus antepasados la responsabilidad es muy grande para la humilde persona que soy.
¿Quiere que los asesinos se salgan con la suya? - le pregunto Burr.
Lin Fu respiró hondo y contestó. - De acuerdo, usted siga la investigación donde George Simms la ha dejado, si usted descubre a los asesinos de mi honorable patrón tendrá una buena recompensa.
Cinco mil dólares!
Es mucho dinero, - Lin Fu se rascó la cabeza y dijo, - bueno vale la pena.
Ahorra podrá darme alguna información - le dijo Burr.
No va a ser posible, - dijo Lin Fu - ya que, primero no conozco en absoluto esa gente infernal, y segundo, la publicidad seria mala para esta clase de trabajo. Tengo que pedirle que no hable de esto a nadie, ni a los periódicos ni a la policía.
Burr miró al chino regordete unos segundos sin decir nada y ...
Tienes razón, - le contestó.
Se oyeron pasos en el hall y la puerta se abrió y el sargento Howell y dos policías de paisano entraron.
Uno de mis hombre ha oído un disparo y vio a Lai Soong tendido en el suelo los ojos cerrados sin ninguna muestra de dolor a pesar de su herida.
¿Que pasa con él ?
Fue uno de mis disparos que lo han herido en la pierna. Viene de matar a Sam Ming. Lo he cogido para usted pero no quiere hablar.
Dios mío! - grito Howell, mirando hacia donde yacía Sam Ming.
Capitulo 4
Invitados en el infierno
Una hora más tarde, después de haber comido en un restaurante chino Ethan Burr salió a pasear, empezó a rellenar su pipa tranquilamente cuando un hombre vestido enteramente de blanco cruzó la calle corriendo hacia él.
Se acuerda de mi, señor Burr, soy S. Hartley Kern el testigo que ha asistido al asesinato brutal de esa pobre niña china.
Si, me acuerdo.
S. Hartley Kern tiró el restante de cigarro que mordía entre los diente.
Es verdaderamente escandaloso lo que esta ocurriendo, Señor Burr, entube hablando con un policía y nos preguntábamos porque razón está ocurriendo eso. Conozco su reputación y tengo confianza en usted, en su habilidad. Aunque no soy un hombre rico quisiera pedirle que investigue y descubra el monstruo que ha cometido ese crimen tan horrible, pobre niña.
Usted me está pidiendo que coja el caso y me pagará por ello, -le cortó, el detective.
Exactamente, le pagaré dos mil dólares si usted coge a esos asesinos que han matado a la niña. Creo que son responsables de la muerte de otras muertes pero no importa eso, tanta brutalidad hacia una inocente niña tiene que ser castigado.
Es un contrato lo que quiere, -le cortó de nuevo Burr. Este cogió su libreta y su lápiz de anotaciones de su bolsillo y empezó a rellenar un contrato.
Necesito dos testigos para la confirmación. Supongo que no será difícil encontrar dos personas. -Ethan Burr entró en un restaurante y fue hacia el mostrador donde el propietario y un cliente, después de leer atentamente el contrato, firmaron el papel. Burr nunca había visto esas personas.
Ethan Burr se dijo que la cosa no iba mal del todo, con este ya hacia tres clientes que le pedían sus servicios, tres y para el mismo caso, incluyendo la familia de George Simms que era para quien trabajaba realmente. Eso era bueno para sus asuntos de dinero.
- Iré por el dinero Señor Kern -dijo Burr en voz alto, -dentro de una hora habré pillado al asesino, muerto o vivo como dice nuestro contrato.
Todos los presentes en el restaurante le oyeron y es eso que Ethan Burr quería, que cuantos más testigos lo oyeran, mejor.
S. Hartley Kern sonrió con amabilidad.
- Creo que con su reputación sólo los traerá muertos.
Una vez fuera del restaurante vio acercase un chaval de unos siete o ocho años que le depositó un papel en la mano y escapó corriendo a toda velocidad.
La nota que Burr leyó enseguida estaba escrita con una letra pequeña y en letras capitales con un pincel:ESTE MENSAJE SERÁ EL PRIMERO PARA PREVENIRLE QUE ZELDA SIMMS ESTÁ EN NUESTRAS MANOS. PODEMOS LLEGAR A UN ACUERDO SI QUIERE QUE LA DEJEMOS EN LIBERTAD. SI NO PODEMOS LLEGAR A UN ACUERDO LA MATAREMOS DELANTE DE USTED. SI DECIDE NO TENER EN CUENTA ESTA NOTA LE PODEMOS ASEGURAR QUE LO PASARÁ MUY MAL Y QUE ACTUALMENTE LA SEÑORITA SIMMS ESTA EN UNA SITUACIÓN MUY INCONFORBABLE.
El mensaje no tenia firma alguna, no era necesario.
Un mensaje relacionado con el caso, -e preguntó Kern una vez a su lado.
Es personal, muy personal -le contestó Burr arrugándolo en su mano y guardándolo en su bolsillo.
Ethan Burr se dirigió a pie hasta una tienda de cigarros y después cruzó varias calles y llegó por fin a una cabina de teléfono y entró en ella.
Al otro lado se hizo oír la voz cansada de la señora Simms.
No, señor Burr, Zelda no está en casa, lo siento. A salido hace unas horas y dijo que estaría de regreso para cenar, no ha regresado aun.
La señora Simms estaba verdaderamente cansada.
Los ojos de Burr era como dos pedazos de hielo azules-grisáceos, marcó el número del cuartel de la policía, preguntó por el teniente Wade Kirk de homicidios.
Burr! -Dijo la voz al otro lado de la línea. -Al parecer pasas mucho tiempo en el barrio chino, lo siento pero eso está fuera de mi jurisdicción.
Ya sé, escucha hay muchos policías aquí incluyendo al capitán Rowland, pero no puedo hablar con ellos, podrías dar este mensaje a Rowland.
Lo haré.
Burr le leyó el contenido de la nota que el chaval le había puesto en la mano.
Burr oyó la risa de Wade Kirk al otro lado del teléfono, esto es la trampa más infantil que jamás he oído.
Ya se pero puede que Zelda Simms esté ahí.
No son tan tontos.
Seguramente que no, pero ¿Porque me enviaron esta nota? y ¿Porque Zelda Simms se encuentra metida en este asunto? y ¿Porque la quieren utilizar como cebo?
Puede que la redada en el 17 de la calle Elm dé algo.
De acuerdo! -Dijo Kirk, -buena caza y colgó.
Durante unos diez minutos Burr hizo varias llamadas sin importancia en ese momento. De repente de donde estaba vio la calle animarse. Dejó la cabina de teléfono.
Toda la policía que hasta ahora estaba en el barrio chino empezó a dirigirse hasta el numero 17 de la calle Elm, la cosa fue tan deprisa que ni una mosca podría escaparse. El bloque de pisos se componía de cuatro viviendas y una tienda de pescado.
Después de media hora la policía estaba convencida que Zelda Simms no se encontraba en los pisos, buscaron por todas partes bajo las miradas asustadas de los chinos.
El cansancio se dejaba ver sobre el rostro de Ethan Burr, la cicatriz en su mejilla parecía más roja que de costumbre, era de rabia.
El capitán Rowland se acercó.
Déjeme ver esa nota -le pidió con furia el policía. Rowland la leyó deprisa y la arrugó en su mano.
Desde cuando usted fue con esta información a la policía, ladró Rowland. Tengo la impresión que usted sabia lo que iba a ocurrir, que no encontraríamos nada, ¿Verdad?
Hay una chica en peligro.
Usted recibe una nota tirada por no se quien y así de simple llama la policía, pienso que no debe esta bien de la cabeza.
La nota no decía que la chica estaría aquí, solamente que yo tenia que venir aquí yo pensaba que con una incursión podríamos encontrar la chica viva. Me equivoqué.
Lo estaba, -grito el capitán Rowland.
La policía se fue. Ethan Burr se quedó donde estaba cerca de la farola, su pipa en la boca. A lo mejor Zelda Simms la habían matado antes de enviar la nota o puede que después del asalto de la policía. Su adorable cuerpo puede que esté ahora en un de esos asquerosos sacos de tela o puede que le haya ocurrido algo peor.
Pasaron horas y la policía lentamente fue dejando el barrio y sus cercanías. Las tiendas se fueron cerrando para la noche. Ethan Burr seguía como una estatua de piedra. Se le acabaron los cigarros, se dirigió hasta una tienda para comprar un paquete y regresó de nuevo cerca de la farola.
Poco después vio al chico que le había dado el primer mensaje dar la vuelta de la esquina dirigirse hacia él. El muchacho de nuevo introdujo un papel en su mano y escapó corriendo.
Este segundo mensaje decía:COMO SUPONÍAMOS USTED AVISÓ A LA POLICÍA, ESTABAMOS SEGUROS QUE LO HARÍA, NO ESTAMOS ENFADADOS COMO SERÍA NORMAL DE ESTARLO. ZELDA SIMMS AUN ESTA VIVA DIEZ MINUTOS DESPUÉS DE QUE USTED RECIBA ESTA NOTA. NECESITA LA MITAD DE ESE TIEMPO PARA LLEGAR AL 356 MARKET PLACE. ENTRE EN LA TIENDA DE ANTIGÜEDADES. SI USTED NO VA DIRECTAMENTE A SI USTED SE PARA A HABLAR CON ALGUIEN O LLEGA AL LUGAR Y ESTE ESTÁ VACIO, USTED NO VOLVERÁ A VER JAMÁS ZELDA SIMMS, VIVA.
Ethan Burr se esperaba a recibir algo semejante por parte de los secuestradores de la joven. Se dirigió hacia Market Place, no parecía una trampa el que había escrito esa nota quería realmente entrevistarse con él. El detective hubiera preferido no encontrarse con él, pero la vida de Zelda Simms era lo más importante y esta era la única forma de poder llegar hasta ella.
La ventana de la tienda de antigüedades del 356 Market Place estaba cubierta de anuncios y fotos de autores chinos. Cortinas hojas ocultaban las ventanas y la puerta para no dejar ver dentro de la tienda. Todo estaba oscuro.
Con la mano izquierda Burr intentó abrir la puerta, se oyó el clic de la cerradura en ese momento Burr cogió su revolver con su mano derecha.
El cuarto era grande y lleno de revoltijos chinos y baratijas, no se veía a nadie. Sobre un contador se veía los restos de una vela derretida, sus ojos se movieron de un lado para otro, la presión de su mano sobre la culata de su pistola se hizo más fuerte, cuando vio una sombra detrás de una fila de estanterías, la sombra podía ser la de un hombre. Momentos después se puso a reír dirigiéndose hacia la sombra. Esa sombra era lo que se podría llamar un dragón o los restos de un fósil, sin embargo el objeto en cuestión estaba hecho de acero.
Ethan Burr sólo lo miró dos segundos y después fue hacia la puerta al fondo de la tienda, la abrió, de repente el detective oyó un ruido detrás de él y algo duro y largo le golpeó y antes que pudiera moverse de nuevo una fuerte cadena se enrolló sobre él inmovilizando sus brazos y dejándolo sin posibilidad de hacer ni un solo movimiento. Era el dragón de acero que había visto justo cuando entró que había cerrado sus brazos sobre él.
CAPITULO 5
En la guarida del dragón
Ethan Burr oyó unos pasos detrás de él, mirando hacia abajo vio una mano amarilla, saliendo de detrás del dragón. Burr se balanceó de un lado para otro intentando coger su pistola, pero algo le sujetaba los brazos. Una mano le quitó la pistola y una sonora risa ronca se dejó oír en sus oídos.
La risa hizo eco en el cuarto de al lado, al fondo de la tienda, durante unos minutos de silencio Burr intentó librarse de las garras del dragón de acero, pero sabía que era inútil dado la manera que estaba atado. Podría gritar pero sabia muy bien que nadie podría oírle. Sólo le quedaba esperar, no tenía nada más que hacer.
Al cabo de unos minutos, una puerta se abrió cerca del mostrador y un pequeño hombre vestido de blanco entró.
Los labios de Ethan Burr se retorcieron.
S. Hertley Kern! Ya me imaginaba que tenía que ser usted, parecía muy afectado por la muerte de la niña china, usted sabía que sus intereses y su vida estaban en peligro y no quería correr ningún riesgo.
S. Hertley Kern sonrió y dijo.
Se da cuenta señor Burr que le tengo en mi poder y que puedo matarle cuando quiera, esta a mi merced. No me río de usted y aunque le llaman “El Ejecutador” admiro su coraje y reconozco que se necesita sangre fría para venir solo aquí, en las garras de la muerte.
- Sabe que me darían dos mil dólares por matarle a usted señor Burr, es gracioso.
Ethan Burr no contestó
Dos mil dólares se burló Hartley Kern, ¿Es así como usted ha ganado su reputación, trabajando por esas cantidades.? No le gustaría ganar cinco mil dólares por semana ¿ Por semana a oído usted ? ! y con un extra además a finales de mes.
Intenta usted comprarme, ¿Quiere que yo sea su asesino profesional?
El pequeño hombre siguió, - ¿Que le molesta usted ya ha matado varios hombre por dinero, conmigo puede ganar muchísimo dinero.
Y si digo que no.
Ethan Burr seguía encadenado, sus ojos sin expresión alguna, no dijo nada.
Le voy a dar animo para escoger, le voy a enseñar algo. Kern dio de palmas y un chino salió de detrás de la estatua del dragón y otro de otra puerta y después el detective oyó una mujer llorar.
Segundos después Zelda Simms apareció por la puerta. Su camisa estaba desgarrada y caían en jirones sobre sus caderas, era evidente que se la habían desgarrado en el momento de su rapto. Sus brazos desnudos estaban cruzados sobre sus pechos que le cubrían los restos de seda de un sujetador blanco. Su alto cuerpo temblaba fuertemente y lloraba lastimosamente. En ese momento la joven vio al detective y sus lloros se volvieron llantos.
Una voz ordenó.
- Ven aquí!, muévete. - Brutalmente un pié la empujó a través del cuarto y la joven cayó hacia delante. Antes que llegase al suelo, dos manos invisibles la cogieron y la sujetaron, la joven quiso gritar, su boca se abrió pero no se oyó ningún sonido. Rodó por el suelo sin gritar.
Un hombre, un blanco con cara de pocos amigos se acercó, Burr vio que sujetaba una cuerda, vio también que la otra extremidad de la cuerda estaba atada al cuello de Zelda Simms, la soga se apretaba cada vez que la joven caía.
Burr estaba furioso como un perro rabiosos de ver las magulladuras sobre la piel blanca y suave de la joven, había sufrido malos tratos.
Hemos sido bastante buenos con ella, -dijo Kern,- he intentado retener a mis hombres, pero ya sabe, además ya sabe usted que los chinos son especialistas en torturas y les gustaría practicar su arte sobre ella.
¿La soltaran si acepto lo que me pide?
Hartley Kern sonrió con malicia. - A sido un gran desafío atraerles a usted y a la joven hasta aquí, puede que si usted acepte mi proposición y si gana mucho dinero intentaría un día traicionarme, puede que su plan sea de aceptar durante una temporada hasta que yo la liberase. La chica la guardaré en un lugar que no podrá encontrarla, si me traiciona o si me ocurrieses algo a mi, le aseguro que la muerte de la joven sería extremadamente horrible y dolorosa.
- Le hago la promesa que si llegamos a un acuerdo ella tendrá todas las comodidades. Como puede comprender ella seguirá siendo mi prisionera, de esta forma, usted no intentara nada que le pueda ser perjudicial.
No!.... Se quejó la joven, prefiero morir ahora mismo.
No morirá enseguida, mi querida joven, -dijo Kern,- mis hombre saben matar muy lentamente. Kern hizo una señal a los chinos. El hombre se puso detrás del detective, Burr oyó las cadenas y los brazos del dragón se apretaron más fuerte y ahora el detective ya casi no podía respirar.
Vayamos al grano, dijo Burr, jadeante.
Hartley Kern levantó una mano y los doce brazos del dragón soltaron a Burr y este pudo en fin llenar sus pulmones de aire.
Se que vuestro asunto consiste en robar el dinero de las colectas de la organización de socorro a la gente en China. La niña la mataron cuando estaba colectando las monedas, era un aviso para la organización y la habían enviado en la calle. Sam Ming era el jefe del grupo que recaudaba esos fondos, los blancos como los chinos daban muchísimo dinero. Usted actuaba junto con una banda de asesinos que incluía a gente que trabajaba para Sam Ming, como ese tal Lai Soong, que usted ha corrompido. Supongo que habrá enviado amenazas, pero cuando se dio cuanta que no hacían caso entonces sus asesinos entraron en acción.
- Incluso puede que hayan matado una o dos personas a las cuales la policía no han oído hablar. Usted estaba en buena posición porque Sam Ming estaba preocupado, porque la gente no había oído hablar de la matanza por el control de la organización, estaba desconcertado. La gente no sabia si era una organización legal y puede que nunca lo sepan.
- Usted no se preocupaba, porque los fondos seguían llegando en abundancia, pero a Sam Ming si le preocupaba y por eso alquilo los servicios de George Simms. Se ha desecho usted de él. Uno se sus hombres me ha visto entrar en la tienda de Sam Ming y entonces sospechó que este me pidió mis servicios en lugar de Simms. Habéis organizado el ataque en la entrada de la casa contra mi al mismo tiempo que matabais a la niña. Cuando habéis visto que habiéis fallado enviasteis a Lai Soong para quitar de medio a Sam Ming pensando que si el jefe de cabecilla estaba muerto alcanzabais vuestro propósito. Después habéis pensado que Ling Fu podría trabajar para vosotros.
Hartley Kern sonrió, - Un hombre debe ser bueno si quiere trabajar para mi y para que le pague bien. Tiene usted razón Burr, no sólo con una pistola, pero también con la cabeza.
- Una vez que hayamos tomado el control de la Organización de Socorro aquí en esta ciudad haremos lo mismo en Nueva York y San Francisco. No hay razón para no tener el mismo éxito. Enviaremos algún dinero a China, pero la mayor parte quedará en nuestros bolsillos, los suyos y los míos señor Burr. Con un hombre como usted en nuestra Organización nadie se atreverá a detenernos.
La mente de Ethan Burr trabajaba con rapidez. Ya había estado en situaciones difíciles antes, pero no como esta, no encontraba ninguna solución para salir de esta.
Si aceptaba el trato de Hartley Kern este llevaría a Zelda Simms y este haría todo lo posible para que él no la encontrase nunca y si por otra parte le daba una respuesta negativa el futuro de la joven sería de los más horrible y el detective no quería pensar en ello.
Pasaron unos largos minutos de silencio.
Zelda Simms miraba al detective tristemente acurrucada en el suelo como si una tormenta estaba a punto de caerle sobre la cabeza, sus dedos se apretaron sobre sus brazos la cuerda que la retenía estaba apretada a su garganta lo bastante fuertemente, pero la dejarla respirar. El chino quien la sujetaba al otro lado la sacudía de vez en cuando, sus ojos la miraban con deseo como brasas encendidas.
Bueno! soplo , -Kern,- lo toma o lo deja.
Ethan Burr se movió un poquito, solo los brazos hasta los codos, pero era lo suficiente para alcanzar el chino que sujetaba la palanca que hacia funcionar los brazos del dragón que le mantenían preso. Alcanzó el hombro del chino y lo sacudió con violencia al mismo tiempo que metía la mano en el bolsillo para recuperar su pistola. Sólo necesitó unos segundos para que su mano se cerrara sobre la culata de su pistola. El chino fue sacudido y Burr vio al segundo chino el que sujetaba la cuerda que retenía a la joven prisionera sacar su cuchillo.
Ya la pistola en su mano Ethan Burr vio el chino abalanzarse sobre él intentando clavarle el cuchillo, pero el detective no dudó ni un instante en disparar, el proyectil fue a dar en la cabeza a su asaltante. El cuchillo se le clavó en el hombro y el chino se derrumbó en el suelo. Durante ese breve tiempo, el otro chino buscaba su pistola debajo su ropa. Kern sacaba su pistola al igual que el otro hombre blanco. Ethan Burr sabia que no iba a poder con los tres hombres al mismo tiempo.
Ethan Burr pudo oír en alguna parte del local, un cristal que se rompía, ninguno de los otros se dieron cuenta.
De pies aun sujetado por los brazos del dragón Ethan Burr disparó y Hartley Kern recibió el proyectil, fue el primero en caer, no tubo tiempo para disparar. El otro hombre blanco disparó a su vez en dirección del detective, sin embargo la bala fue a parar en la cabeza del dragón.
Ethan Burr miró con sorpresa Lin Fu, el secretario de Sam Ming que había arrancado la cortina y detrás de él, la ventana destrozada. Una risa pintada en su cara y en una de sus manos, una enorme pistola.
De repente la sonrisa desapareció, hubo un pequeño grito y el gordito cuerpo de Lin Fu rodó sobre si mismo y fue a parar detrás de la prisionera, entre ella y el chino que la sujetaba con la cuerda, el otro chino buscaba su pistola, Lin Fu empujo a la joven detrás de él al mismo tiempo que disparaba y el chino con la cuerda caía al suelo, estaba muerto. Lin Fu ayudó a Zelda Simms a levantarse.
Esta es una pequeña compensación por todo, -dijo,- por suerte usted estaba en el suelo y no ha recibido ningún proyectil.
Nada de filosofía ahora, -dijo Burr,- ayúdeme a librarme de este chisme.
Lin Fu manejó unas palancas y las cadenas se aflojaron y los brazos del dragón soltaron su presa. Ethan Burr están libre.
- Soy la humilde criatura que después de la tremenda responsabilidad después de la muerte de mi honorable amo Sam Ming he pensado que debía tener un ojo sobre vuestros asuntos. Durante horas le he visto con mucha paciencia cerca de la farola. Después le he seguido a este lugar y como la puerta se había cerrado tuve que escuchar a través de ella. Me he enterado de toda la conversación, un poco difícilmente, pero lo había oído todo. Yo tenía que hacer algo para mi desdichoso pueblo, y ya ven estoy aquí.
Ha llegado justo a tiempo -dijo Burr, frotándose los músculos doloridos, gracias.
Zelda Simms se frotaba la garganta y tosía cuando sintió que la cogía por el brazo, miró hacia él y le sonrió y sin aviso se desmayó. El detective la cogió en sus brazos.
Le podrá dar mis honorarios de cinco mil dólares a la viuda de George Simms -le dijo el detective a Lin Fu,- usted le dirá que su marido estaba contratado por diez mil y que estos cinco mil era su parte, se lo dirá de manera que no tenga sospecha.
Lin Fu inclino su cabeza en forma de aceptación.
Comprendo, -dijo el chino abriendo grande los ojos como sorprendido.- Usted parece contento y satisfecho de no obtener ningún pago por este gran trabajo que acaba de hacer.
Una ligera risa apareció en los labios del detective. Tenía en su bolsillo el pagaré que le había firmado Hartley Kern y estaba seguro que el abogado o el sucesor de este no tardarían en pagárselos, Ethan Burr se retuvo de reír con ganas.Zelda Simms se movió en sus brazos, cogió un mantón y se lo puso encima, le ayudo a cerrarlo sobre ella, la tenía en sus brazos y sonreía felizmente.
FIN
Traducción: José Castresana GonzalezIr a "De Osos y Dacoits", de G. A. Henty
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