ILUSTRES ANTECESORES: BURTON, BECKFORD, HAGGARD...
 

   La fascinación por el Oriente Próximo y Lejano no es nada nuevo en la literatura. Desde aquel increible Libro de las Maravillas, de Marco Polo, el lector occidental ha sentido una irresistible atracción por lo que es, por su cultura, su arte, sus costumbres... otro mundo.

Las 1.001 noches

   Existe una obra clave de la literatura "oriental": indiscutiblemente, "Las 1.001 noches" es la obra magna del cuento oriental de todos los tiempos, creadora de toda una mitología de ogros, genios -o Djinns-, caballos voladores, brujos malvados, ghules, alfombras mágicas, princesas con atuendo de harém...
   Todos conocemos el argumento base: Debido a la absoluta traición de su mujer, a la que amaba ingenuamente, el Sultan Schahriar se vuelve un misógino peligroso: decide casarse todos los días, y, tras "beneficiarse" a su nueva esposa, entregarla a la cimitarra del verdugo. La hija del gran visir, Sherezade, decide sacrificarse para evitar la constante matanza de vírgenes: accede a casarse con el Sultan, pero esa noche, tras consumar su matrimonio, comienza a contarle una historia que le engancha tanto, que no puede permitirse no conocer el final. 
   Por ello, Sherezade es perdonada por un día, para que pueda finalizar el relato. Mas, al concluirlo, comienza otro, que obra sobre el Sultan, los mismos efectos. De este modo, Sherezade consigue prolongar su vida durante 1.001 noches, narrándonos además un sin número de cuentos, enlazados entre sí a modo de lacerías árabes, en los que encontramos personajes de la talla de Aladino, Simbad o Alí-Babá...
   Los cuentos de la 1.001 noches fueron llevados a Occidente de la mano del explorador y orientalista Sir Richard Burton, que tradujo, adaptó, y en muchas ocasiones censuró el contenido de algunos relatos, publicándolos bajo el título: "Arabian Nights". Hay que decir a favor de Burton (autor del libro "En las montañas de la luna", y descubridor de las fuentes del Nilo), que además tuvo el detallazo e traducir el Kamasutra, y que en su edición de las Arabian nights, acompañaban al texto unos grabados bastante explícitos... Bueno, que nos apartamos del tema...Pese a las mutilaciones de algunos relatos, eso no impidió que los cuentos -y sus ilustraciones- excitaran la imaginación de los lectores de la época. La versión de Burton produjo un auténtico revuelo en los círculos literarios de aquel puritano siglo, y no tardaron en salirle imitadores, continuadores y versionadores.
   Robert Louis Stevenson, el excelente escritor de Edimburgo, creció en cama debido a su frágil salud durante su infancia. La necesidad de guardar reposo le impulsó a devorar compulsivamente todos los libros que caían en sus manos, desarrollando una imaginación desatada, y una auténtica pasión por la aventura. En esa época de su vida, anterior a sus viajes y aventuras de juventud, uno de los volúmenes que más impactó al joven Stevenson fue Las 1.001 noches. Stevenson, años más tarde, escribió: "New Arabian Nights" (algo así como Nuevos Cuentos de las 1.001 noches), que podéis encontrar en inglés, en el Proyecto Guttemberg.

   Otra curiosa adición al mito, es el relato de Poe "El cuento mil y dos de Sherezade", fácilmente encontrable en español, y auténtica sátira de toda la parafernalia oriental.

Ambiente oriental

   Durante el siglo XIX, muchos populares escritores recurrieron a la fanfarria exótica en sus obras:
-el genial Alejandro Dumas la utiliza para dar ambiente en los episodios centrales de El Conde de Montecristo, en los que el joven Franz descubre la "cueva del tesoro" de Dantés, y es recibido por éste (que usa el sobrenombre de Simbad el Marino), deslumbrado por el lujo, y drogado mediante hachís. Otra obra de Dumas con connotaciones orientales es Las aventuras de John Davys, que se desarrolla antes de "El Conde...".
-Gustave Flaubert, usó a menudo el tema exótico, tanto en su barroca (y pesada) Salambó, donde retomaba el mundo cartaginés de la antigüedad, como en Las tentaciones de San Antonio. Sus descripciones del templo de Moloch y del robo del velo de Tanith, influirían notablemente en escritores del pulp, como R. E. Howard o C. A. Smith, aunque personalmente, me quedo con Dumas.
-Gerard de Nerval, en su "Viaje a Oriente", nos narra una serie de relatos de semejante inspiración. Un fragmento de dicha obra se ha publicado en español en "El club Diógenes": se trata de la "Historia del Califa Hakem/Historia de la reina de la Mañana y de Solimán, Príncipe de los genios".

Vathek
 
   Pero el ejemplo más destacado de revisitación de las 1.001 noches, lo encontramos con el señor William Beckford, un poeta maldito, nacido en Inglaterra en 1760. Beckford es el autor del conocido "Vathek", un Califa que, debido a sus excesos, es condenado a pasar la eternidad en el infierno árabe. Una vez allí, el desafortunado Califa se encontrará con diversos personajes, cada uno de los cuales le narrará las circunstancias por las cuales se encuentran allí, dando lugar a lo que se conoce como "Los episodios de Vathek". Por desgracia, Beckford dejó inconcluso el tercer episodio, pero, por suerte, el maravilloso Clark Ashton Smith completó dicho episodio muchos años más tarde.
   Existen varias ediciones en castellano de este clásico de la magia oriental:
"Los episodios de Vathek", editado por Valdemar (en su colección Valdemar Gótica), con una presentación fabulosa, pero con un contenido insuficiente: sólo los dos episodios y medio, sin el Vathek.
"Vathek", de Alianza editorial (libro de bolsillo). Esta edición es la que os recomiendo, sin ninguna duda: además de estar traducida y prologada por Javier Martín Lalanda, incluye entero el Vathek, además de los dos episodios y medio. Se corta donde lo dejó Beckford.
Por último, no os perdáis la edición del tercer episodio, (ahora ya, completo por Clark Ashton Smith) que ha editado recientemente Valdemar en su colección de bolsillo (El club diógenes). Tanto este último como el de Alianza, son bastante económicos.

Forofos de Oriente

No nos extenderemos sobre ellos, pero creo que es justo mencionar a dos figuras absolutamente fundamentales de la lieratura "orientalista":

T. H. Lawrence, o Lawrence de Arabia, un auténtico enamorado del desierto, moderno caballero andante (de esos que tanto desagradan a Harry Flashman), político, militar, aventurero, espía,... y escritor. Vertió en "Los siete pilares de la sabiduría" todo su amor por oriente.

Rudyard Kipling, un profundo conocedor de la India y Afganistán, trotamundos, masón, espía y escritor, regaló al mundo una obra literaria sincera y exótica. Kipling sabía de lo que escribía, y dicho conocimiento se plasma en sus obras, que resutan de una enorme verosimilitud, pese a su fantasía. Gracias a él, conservamos un excelente relato de los servicios de espionaje británico durante el llamado "Gran Juego", en la India y Afganistán (Kim de la India), además de un retrato de ciudades perdidas en el corazón de esos países (El hombre que pudo reinar, y El libro de las tierras virgenes).

H. Ridder Haggard

   Sin duda Alguna, el señor Haggard merece un puesto de honor en nuestra página, aunque no como escritor de pulps, sí al menos como autor de encendida imaginación, creador de nuevos conceptos en lo que se refiere a la literatura de aventuras, y uno de los primeros en abordar los temas de razas y civilizaciones perdidas.
   La obra de Haggard, fluctúa constantemente en cuanto a su calidad e interés narrativo. No obstante, si existe un precursor literario de las ciudades perdidas de Tarzán, las hermosas sacerdotisas de Merrit, las fantasías egipcias de Seabury Quinn... ese precursor es Haggard.
   Creador de personajes inolvidables, y de sagas fundamentales de la literatura de aventuras, Haggard nació en Norfolk en 1856. De joven, acepta un puesto junto al gobernador de Natal (Sudáfrica), donde permanecería de 1875 a 1879 y de 1880 a 1881. Allí se casó con una joven heredera (no era tonto, el joven Henry), pero tuvieron que regresar a Londres, debido a la guerra de los Boers. En 1882 comienza a publicar, pero la fama no le alcanza hasta 1885, año en que publica Las minas del rey Salomón. 1888, 1891 y 1892 son años negros para Haggard, debido a las muertes de su madre, su hijo y su padre. Consigue salir de la depresión tras el nacimiento de su hija Lilias, en 1892.
En 1912 se le otorga el título de caballero. Haggard continuó escribiendo hasta su muerte, en 1925.
Haggard estaba fascinado por el Egipto antiguo, y escribió varias novelas históricas ambientadas en dicha época: "La estrella de la mañana" (1910), "Smith y los Faraones" (1920), o incluso "Cleopatra" (1889).
 
  Dicha fascinación se ve tambien reflejada en una de sus dos series más conocidas: la saga de Ella, en la que Leo Vincey y el profesor Holly descubren en un paraje recóndito una civilización perdida, a semejanza del antiguo Egipto. Allí, Leo encontará a Ella, o La que debe ser obedecida, una faraona inmortal que lleva siglos esperando la aparición de la reecarnación humana de su antiguo amor: el Faraón Kalícrates. Ella desea conferir a Leo la inmortalidad, sumergiéndole en el fuego sagrado, para que pueda reinar junto a ella (valga la redundancia), pero cierto sacerdote tiene otros planes...
La saga consta de cuatro libros: Ella (1887), Ayesha o el retorno de Ella (1905), Ella y Allan (1921), un flashback y cross-over con la saga de Allan Quatermain, e Hija de la Sabiduría (1923), (que retrocede aún más en el tiempo).

   La segunda saga fundamental de Haggard es la de Allan Quatermain, que Haggard inició en 1885 con Las minas del rey Salomón, y que continuaría con múltiples relatos, amén de otras novelas como Allan Quatermain (1887), La esposa de Allan (1889), El viejo Allan (1920), Ella y Allan (1921), o Allan y los dioses del hielo, publicada en 1927, dos años despues de su muerte, (no os perdáis esta última, editada hace unos doce años por Ed. Obelisco: en ella, Allan se ve sumergido en una trama totalmente Lovecraftiana, con dioses innombrables y primigenios varios).
 

Bueno, basta de rollos macabeos. Pasen ustedes, effendis, y disfruten del color local y de las historias que este humilde mercader les ofrece...

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